jueves, 16 de noviembre de 2017

Los nietos de los dictadores también son diferentes



La foto del encuentro en La Habana entre el multimillonario Richard Branson y el nieto de Fidel Castro, Fidel Antonio Castro Smirnov, ha recorrido las redes sociales y provocado comentarios sobre las simpatías y los gustos de los descendientes del fallecido gobernante cubano: siempre se están codeando con ricos y famosos. Y el hecho —por lo general su demostración gráfica— es algo que incita tanto a la ira justa como a la crítica fácil.
Pero en este caso, hay un aspecto por lo general omitido en tales comentarios, y en el cual reside la verdadera naturaleza del asunto: entre pompa y circunstancia —que siempre Branson dosifica con una fantasía aventurera estilo guerrilla con lentejuelas y cierta nostalgia imperial británica a la inversa— reside el billete.
El millonario inglés —y aquí cabe un breve paréntesis para disfrute republicano— es tanto un cercano amigo de los Obama (la pareja viajó de vacaciones a su residencia en las Islas Vírgenes Británicas tras abandonar la Casa Blanca) como un reluciente aventurero y capitalista ingenioso, creador de un multimillonario conglomerado empresarial que es una verdadera maraña —donde caben todas las acepciones de la palabra— de fideicomisos y compañías.
Alguien que para promover su persona y empresa —¿no son una las dos?— ha recurrido a las tácticas más diversas de publicidad, y en las cuales no han estado ausentes los recursos de una propaganda elemental y directa, vieja pero aún efectiva para algunos. Todo un despliegue de avaricia capitalista disfrazado de heroicidad guerrillera: nunca un fin ha justificado un medio más pervertido, o perverso.
Baste un ejemplo.
Cuando lanzó su compañía de teléfonos móviles en Francia, en septiembre de 2013, Branson se disfrazó de Ernesto “Che” Guevara.
“Llegamos con la revolución pacífica en un todoterreno y una producción totalmente a lo ‘Che’ Guevara”, expresó entonces el magnate, que se paseó por el centro de París con el puño en alto y rodeado de las siempre atractivas modelos al uso, de acuerdo a lo publicado en esa fecha por Cuaderno de Cuba.
La “revolución” del empresario de tiendas de discos y aviación —la  cuarta persona más rica de Gran Bretaña— era simplemente de tarifas y prestaciones dentro del competitivo mercado de los teléfonos móviles.
Branson, que siempre se ha empeñado no solo en tener más dinero —y así echar a un lado la condena de Hemingway, mientras se pretende ser diferente, para beneplácito de Fitzgerald— ha compartido lo mismo con Mandela que con Al Gore, o cenado con Peter Gabriel. Ello sin olvidar las vacaciones en el mar con los Obama ya antes citadas. Y por supuesto, cuando lanzó aquella campaña en París era seguro que no conocía un pepino sobre la vida y el pensamiento del “Che”, que lo hubiera despreciado de inmediato, si no lo fusilaba antes.
Ahora con Castro Smirnov, la publicidad vuelve a estar en el escenario, aunque no se limita a un nombre y mucho menos a una boina o una camiseta. El nieto de Fidel Castro es un especialista en nanotecnología, a cargo junto con su padre de esta industria en la isla.
 Empresa y familia
Desde hace años el Gobierno cubano viene apostando por las nanociencias y la nanotecnología como áreas “estratégicas” para el desarrollo científico y empresarial del país
“La estrategia de un futuro plan nacional para la nanotecnología en Cuba sería unirse en el período 2015-2020 a las naciones líderes de la región latinoamericana, principalmente en el sector de la nanobiotecnología”, indicó Castro Díaz-Balart, hijo mayor de Fidel Castro y padre de Castro Smirnov, durante un seminario internacional sobre nanotecnología en septiembre de 2012.
Castro Díaz-Balart señaló en dicho evento que la nanomedicina y la nanobiotecnología estaban camino a convertirse en “los puntos focales del desarrollo nacional” en este campo, debido a los logros alcanzados por la isla en los servicios de salud y la industria biotecnológica.
Pero en Cuba el desarrollo de esa industria no solo se trata de un empeño estatal, sino también familiar: tanto el hijo como el nieto del primer matrimonio de Fidel Castro dirigen dicho proyecto multimillonario de tecnología avanzada.
En una información publicada en el sitio oficial de Virgin Branson habló de los avances médicos en Cuba y rechazó el embargo así como la política del presidente Donald Trump hacia el Gobierno cubano.
“Mientras estaba en la ciudad, tuve la suerte de conocer a Fidel Antonio Castro Smirnov, quien es nieto de Fidel Castro. En la parte posterior de un Chaika ruso de los años 60, nos pusimos a conversar sobre nuestro amor compartido de aventura y el océano, entre otras cosas. Luego, se habló de los diversos avances médicos que se han desarrollado en Cuba y de cómo estos podrían ser increíblemente útiles también para el resto del mundo”, destacó Branson.
Virgin Group mantiene una presencia en la isla con la aerolínea Virgin Atlantic, y entre los ejecutivos del grupo que acompañaron al empresario se encontraba el director general de Virgin Voyages, Tom McAlpin.
 La visión del exilio
Con frecuencia la mezcla de negocios, frivolidad y oropel en que desde hace años viene participando, con mayor o menor relevancia la familia Castro —con el Festival del Habano en diversos años como el testimonio más gráfico— por lo general es considerada desde el exilio como una oportunidad para lanzar dardos contra un proyecto que en una época se proclamó como “revolución de los humildes y para los humildes”. Aunque dicha denuncia no ha perdido su valor moral, enfatizar solo en ella no permite —o esconde— el análisis necesario sobre la realidad actual de la isla.
Hay cierta traición al análisis disfuncional en el empeño de buscar indicios en Cuba de una sucesión dinástica, al estilo norcoreano, y despreciar otras señales o utilizarlas solo como muestras de vicios y privilegios.
En medio del estancamiento imperante en el país, vale la pena intentar ir un poco más a fondo en otros atisbos que muestran también la incidencia en la práctica —aunque quizá no aún como modelo— de patrones más cercanos a los adoptados por las élites dominantes en Rusia y China. De lo contario, se limita todo a contemplar la superficialidad y hasta las payasadas que figuras como Richard Branson — y aquí cabe otro breve paréntesis, esta vez para disfrute demócrata— o Donald Trump aparentan con frecuencia, pero que no siempre o casi nunca practican a fondo. Iniciar ese análisis más amplio, de las dos familias de Fidel Castro y la única de su hermano Raúl, resulta así aún una asignatura pendiente.

martes, 14 de noviembre de 2017

El «default» venezolano y la larga marcha atrás de Maduro


Entre las muchas críticas que podían formularse al Gobierno venezolano, había una que quedaba excluida: no cabía afirmar que no pagara sus deudas. Ahora la situación ha cambiado, y bajo el mando de Nicolás Maduro el país sudamericano se enfrenta a una situación hace apenas unos pocos años inconcebible: el abismo de caer en una suspensión de pagos (default). De hecho está un paso de ello y ya se encuentra en lo que se denomina un “default selectivo”, luego de que incumpliera en la liquidación de dos cuentas por intereses sobre su deuda externa.
En esta aún más difícil situación financiera en que está entrando la nación venezolana, cabe preguntarse de si Maduro buscará priorizar los factores políticos sobre los económicos, lo que supondría no solo una radicalización del proceso ideológico, sino un incremento a la marcha en retroceso que ha emprendido en el país. De esta manera, el mandatario se situaría más cercano al pensamiento y la forma de actuar del fallecido Fidel Castro, que a la asumida en la actualidad por Raúl, Sería entonces un caso único de vuelta al pasado, dentro del diverso panorama latinoamericano.
Entre los llamados países socialistas también se dio el caso de priorizar el pago de la deuda externa frente a las necesidades de los ciudadanos. En Rumanía, Nicolás Ceausescu, tuvo a la población pasando hambre durante años, pero él cumplía con el pago de la deuda externa.
En estos momentos cabe la posibilidad de que Venezuela no pueda llegar a un acuerdo sobre cómo hacer frente a los futuros pagos. Los inversionistas que tomaron parte en la reunión celebrada el lunes en Caracas señalaron que los representantes oficiales solicitaron su ayuda para sortear el efecto de las sanciones impuestas por Estados Unidos, que dificultan el uso de los sistemas de pago internacional. El gobierno venezolano reafirmó la voluntad del país de seguir honrando sus pagos, pero no detalló cómo podrá hacerlo posible.
Varios asistentes al encuentro del lunes dijeron a la agencia Reuters que este duró poco más de un cuarto de hora y que los representantes gubernamentales no presentaron ninguna propuesta concreta de solución.
Se estaría asistiendo entonces a la repetición de un esquema ya ensayado durante décadas en la relación entre Cuba y EEUU, y Maduro podría verse tentado a seguir los pasos de Fidel Castro, con la ilusión de que el régimen que este implantó en la Isla aún sobrevive. De esta forma, terminaría por alejarse por completo, tanto de la estrategia como del ideal del fallecido Hugo Chávez. Cabe argumentar que el modelo ensayado por Chávez siempre estuvo fundamentado en los precios estratosféricos del crudo, pero tanto la inflexibilidad del pensamiento de Maduro como las sanciones decretadas por la Casa Blanca estarían creando las condiciones para que se repitiera una situación del pasado siglo en la isla caribeña.
En el pasado, Venezuela siempre prefirió hacer frente a los pagos por el miedo a lo que supondría caer en una suspensión de pagos. Como parte de ese esfuerzo, incluso sacrificó los pagos por las importaciones.
Si no se logra un acuerdo entre el Gobierno de Venezuela, para tratar una posible renegociación de los compromisos financieros del país sudamericano, Maduro podría decirle a la población de que el dinero para el pago de la deuda —que posiblemente a partir de entonces sería catalogada de “injusta” y “cruel”— se destinaría la compra de alimentos y planes sociales.
Esto podría fortalecer su situación de cara a las elecciones presidenciales previstas para el año que viene e incluso traducirse en un aumento temporal de su popularidad entre algunos sectores de la población venezolana.
"Con el caos que hay ahora en la oposición, Maduro ya se encuentra en una situación relativamente cómoda, pero el alivio a la falta de liquidez que a corto plazo podría producirse si se decidiera no pagar podría darle un margen de maniobra adicional", comentó a la BBC Risa Grais-Targow, del grupo Eurasia de análisis de riesgos geopolíticos.
Ya hay indicadores de que Maduro está llevando la renegociación de la deuda no solo como un objetivo económico, sino como una batalla política e ideológica.
El mandatario dijo en su mensaje del 2 de noviembre que el país se dispone a “refinanciar y reestructurar” toda su deuda externa, con el objetivo de “luchar contra la persecución financiera” que según él sufre Venezuela a causa de las sanciones impuestas por EEUU a destacados dirigentes venezolanos.
Y para dirigir las negociaciones escogió a dos hombres incluidos en la lista de sancionados por Washington, el vicepresidente Tareck El Aissami, al que el Departamento de Estado acusa de tráfico de drogas, y el ministro de Economía, Simón Zerpa, al que se le atribuyen prácticas corruptas y antidemocráticas.
Durante la reunión de Caracas, algunos de los asistentes, por parte de los acreedores,  se mantuvieron en una sala contigua para evitar encontrarse personalmente con El Aissami y Zerpa, y así evitar cualquier indicio de incurrir en una violación de lo decretado por Washington, que prohíbe a cualquier ciudadano estadounidense hacer negocios con quienes se encuentra en una lista que incluye altos cargos de la administración venezolana. El encuentro duró
La estrategia de Maduro es lograr que las firmas estadounidenses hagan presión sobre la Casa Blanca para un alivio de las sanciones y así encaminar las negociaciones en una forma deseada por el Gobierno venezolano. Pero se trata de una meta muy difícil de alcanzar. De no lograrlo, podría intentar asumir el camino de la Cuba de Fidel Castro, cuando el gobernante no solo se negó a pagar lo adeudado por su país sino intentó lanzar un movimiento internacional en favor de no pago de la deuda externa.
Maduro no ha llegado aún a ese extremo, pero cada vez se le cierran más puertas. El pasado domingo, en su programa televisivo que “el default nunca llegará a Venezuela”. La realidad es otra.
Venezuela debe $60.000 millones en bonos pendientes. Ese monto comprende títulos de deuda emitidos por el gobierno y también por la petrolera estatal Pdvsa. Pero el total de su deuda es mucho mayor. Se estima en $140.000 millones e incluye los préstamos recibidos de países como Rusia y China, según la BBC.
Venezuela depende de la importación de mercancías para adquirir alimentos y mercancías, y su único bien es la riqueza petrolera. Pero el crudo, aunque ha aumentado de precio en el último año, se mantiene a niveles muy inferiores a la época de Chávez. Aunque el problema con el crudo no es solo de precio. En la actualidad, las exportaciones petroleras venezolanas son ahora una cuarta parte de lo que eran en 2012, según la firma de estudios demoscópicos Datanalisis.
Los problemas de financiamiento en Venezuela están aumentando cada día.
En su edición del marte, el diario Globo informó que Brasil también declarará a Venezuela en default, pues tiene dos meses de retraso en el pago de una deuda por USD $262,5 millones. El Gobierno de Brasil dijo que presentará una denuncia ante el Club de París por los millonarios pagos pendientes.
A esa situación se suma el vencimiento, previsto para enero del año próximo, de otros $270 millones que Venezuela adeuda a Brasil por el mismo concepto, informa el Nuevo Herald.
En próximo año, Venezuela se quedará sin un dólar. Sus reservas internacionales se calculaban en julio en $9.986 millones, según datos del Banco Central de Venezuela. En la actualidad son de $9,700 millones, de acuerdo a el Nuevo Herald. Pero debe pagar en lo que resta del año al menos $1.470 millones y en 2018 más de $8.000 millones.
Incluso con sus aliados más cercanos, China y Rusia, la capacidad de negociación del Gobierno de Maduro es limitada.
El mandatario anunció avances en sus negociaciones con China –al que adeuda unos $28.000 millones– y Rusia, que firmará posiblemente hoy un acuerdo que reestructura $3.000 millones de los $8.000 millones que debe Venezuela.
A diferencia de lo que viene ocurriendo con China, que desde hace algún tiempo viene limitando la financiación a Venezuela, en el caso de Rusia la estrategia geopolítica de Vladimir Putin ha estado jugando a favor de Maduro. Aunque dicha estrategia no es similar a la practicada por la desaparecida Unión Soviética con Cuba. Por ejemplo, la petrolera estatal rusa Rosneft le prestó $6.000 millones a su similar venezolana Pdvsa a principios de este año, y ha dicho que no planea más prepagos de petróleo.
Venezuela dejó de pagar a los rusos en 2015.
El gobierno de Putin reestructuró la deuda venezolana, entonces de $2.840 millones y postergó el primer pago a marzo de este año.
Pero Caracas tampoco cumplió, según se reveló el pasado mes de junio en un control de auditoría a las cuentas nacionales rusas.
Al parecer en septiembre pagó a Rusia, pero no a Brasil.
En el mejor de los casos para Maduro, si continúa con sus planes de impagos selectivos, para liberar fondos y adquirir importaciones de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, solo estaría dilatando una crisis que desembocaría en litigios y posibles embargos de activos de Pdvsa, como Citgo, su filial en EEUU.
Uno de los riesgos que amenaza a la economía venezolana son los acreedores holdout, que literalmente significa “quedarse fuera”. Son los prestamistas que se niegan a postergar los cobros y optan por acudir a los tribunales a exigir lo que se les debe. Estos acreedores holdout pueden llegar a poner la economía de un país en una encrucijada.
Así ocurrió en Argentina, que a raíz de la crisis de 2001 dejó de pagar los bonos que había emitido a cambio de financiación. Los acreedores de los fondos buitres optaron por la vía holdout y se salieron con la suya. El caso argentino no es exactamente igual al venezolano, pero la existencia de la estatal Pdvsa y de Citgo en EEUU abren la posibilidad de buscar indemnizaciones a través de ellas.
Crystallex, una minera canadiense, tramita una demanda contra Venezuela con el argumento de que los activos de Pdvsa deben estar sujetos a incautación tras un litigio por una mina de oro. Si la firma canadiense gana, esto abriría la puerta para que los acreedores persigan activos venezolanos y de Pdvsa indistintamente.
Un informe de Bulltick, compañía estadounidense de inversiones, menciona que en los mercados de deuda se está valorando con una probabilidad del 91,4% el hecho de que Venezuela deje de pagar sus obligaciones en 2018 con una posibilidad de parálisis del Estado y la agudización de la escasez de alimentos, medicamentos, elementos de aseo y materias primas para la producción, informa El Nacional de Caracas.
Sea la Cuba de Fidel Castro o la Rumanía de Ceausescu, los ejemplos que hasta ahora ha seguido Maduro se encuentran entre los peores para los venezolanos. Y nada indica que se sienta inclinado a cambiar de rumbo. 

viernes, 10 de noviembre de 2017

El juez Moore y las niñas: abuso y senado


Las victorias electorales del pasado martes fueron importantes para los demócratas, aunque caracterizadas por producirse en estados conocidos por su filiación progresista. Sin embargo, una votación a celebrarse en diciembre en Alabama tiene una trascendencia mucho mayor para el futuro de la nación y del Partido Republicano, cuyos miembros en las primarias locales ya optaron por el fanatismo frente a la moderación, pero que ahora posiblemente tendrán que elegir entre la mesura y el abuso.
Lo que mostraron los resultados en las urnas de Nueva York, Nueva Jersey y Virginia fue un saludable indicador de que la nación es capaz de volver a la normalidad, mientras que la elección de Alabama se anuncia como todo lo contrario: un salto a los excesos.
Dicha votación es para ocupar el escaño que dejó vacío Jeff Sessions, cuando pasó a dirigir el Departamento de Justicia. El vencedor de las primarias republicanas resultó ser un magistrado con el nombre y el compartimento de un juez de western: Roy Moore, todo un icono del oscurantismo, la ideología reaccionaria y el fanatismo.
Moore considera que los atentados del 9/11 fueron un castigo al país porque los estadounidenses se habían alejado de la palabra divina. Rechaza la teoría de la evolución y no acepta la separación Iglesia-Estado.  Enfatiza que hay que perseguir a los homosexuales, y además de contra los gays ha dirigido comentarios adversos hacia los musulmanes y los afroamericanos.
En dos ocasiones, su fundamentalismo lo ha alejado de la labor de juez.  En una, en 2000, prefirió abandonar la corte antes de admitir la retirada de un monumento dedicado a los Diez Mandamientos, que él mismo, como presidente de la Corte Suprema de Alabama, había ubicado en su sala de vistas.  La otra, en 2016, cuando ya reincorporado al cargo, el Tribunal Supremo lo expulsó por haber exigido a los jueces bajo su mando que no permitieran el matrimonio gay, de acuerdo a informaciones aparecidas en El País.
Durante las primarias republicanas en Alabama, Moore no fue el candidato preferido por el presidente Donald Trump, que apoyaba a Luther Strange, quien perdió ante Moore. La victoria entre los republicanos de una figura que, sin contar al inicio con el apoyo de Trump, vencía en las urnas por sus credenciales de ultraderecha fue saludada por Steve Bannon como que era factible un radicalismo más allá de Trump.
Por un breve tiempo existió la posibilidad de que los sueños de Bannon se realizaran, solo que ahora se ha complicado la situación para los republicanos, al surgir acusaciones de que Moore mantuvo en 1979 contactos sexuales con una niña de 14 años, cuando él tenía 32. No se trata de violación ni tampoco de la realización del acto sexual en su totalidad. Más bien la imputación se refiere a avances sexuales  y toqueteos.
La información sobre las andanzas de Moore apareció primero en The Washington Post, y en ella se plantea que la supuesta víctima tiene el apoyo de su familia, así como que la madre confirma lo ocurrido hace años. En un reportaje de The New York Times se señala que son cuatro las mujeres que afirman que, siendo ellas adolescentes, habían recibido proposiciones sexuales o románticas del cristiano evangélico, por entonces en sus treinta. Moore niega las acusaciones y las atribuye a “los perros falderos de la prensa liberal que forman parte de la maquinaria Obama-Clinton”.
De momento, es muy posible que los partidarios más fieles y fanáticos del exjuez no hagan mucho caso al escándalo, pero la preocupación crece entre los legisladores republicanos, que comienzan a ver en peligro una posición clave en el Senado. Mientras tanto queda abierta una pregunta: ¿se impondrá el fanatismo o la moderación y la certidumbre, no solo entre el electorado de Alabama sino dentro de las filas del republicanismo? 
Esta es mi columna en el Nuevo Herald, que aparecerá el próximo lunes, 13 de noviembre de 2017.

viernes, 27 de octubre de 2017

Las drogas y «la ley y el orden» de Trump


Los votantes de Donald Trump se están muriendo, por sobredosis y suicidio, y el presidente ha venido a su rescate.
Un estudio de los economistas Angus Deaton y Anne Case encontró que durante los últimos 15 años un grupo —los hombres blancos de mediana edad— presentó una tendencia alarmante: sus miembros morían en cantidades cada vez mayores, y el indicador crecía en la medida de que estas personas carecían de un título universitario. La explicación en parte obedecía a factores como la globalización y los cambios tecnológicos, pero el dato verdaderamente inquietante es que ello ocurre en Estados Unidos más que en otros países de gran desarrollo, como los europeos.
un concepto sociológico explica en parte una de las deficiencias de un medio de comunicación atrapado en la explicación fácil e inmediata de los acontecimientos, a un precio que cada vez más pone en duda su capacidad para llevar a cabo la tarea.
Un concepto sociológico sirve para explicar lo que está ocurriendo a estos norteamericanos, y es el de anomia. No es un término nuevo, pero su falta de novedad no impide que mantenga vigencia. La anomia fue por primera vez definida por el sociólogo francés Émile Durkheim en La división del trabajo en la sociedad (1893): “Un estado sin normas que hace inestables las relaciones del grupo, impidiendo así su cordial integración”. Durkheim desarrolló el concepto en su obra clásica sobre el suicidio, El suicidio (1897), y luego fue estudiado por Robert K. Merton en Social Theory and Social Structure, 1949..
La anomia, que en última instancia implica una disociación entre los objetivos culturales y el acceso de ciertos sectores a los medios necesarios para llegar a esos objetivos, no ha sido un fenómeno ajeno en EEUU, y precisamente la creación del Estado de bienestar estaba supuesto al alivio o la eliminación del síntoma. Pero lo que ha ocurrido es una transformación de objetivos y medios, que ha llevado al mismo tiempo a que uno de los grupos poblacionales hegemónicos que se pensaba ausente en buena parte del problema —ciudadanos blancos de la clase media baja y etnia dominante del país— sean ahora las víctimas, al tiempo que los medios para resolverlo —el Estado de bienestar, pluralismo, multiculturalismo— se han convertido en supuestos culpables.
La existencia de la anomia produce miedo, angustia, inseguridad e insatisfacción, e incluso es causa de suicidio. Todos estos factores influyeron en quienes votaron en favor de Trump más que las cifras sobre recuperación económica, los índices de desempleo y el hecho comprobado de que la inmigración ilegal era la más baja en años.
En 2016 se conoció que una franja de la población estaba muriendo masivamente por el alcoholismo, la drogadicción y el suicidio. Ciudadanos de la raza blanca, edad mediana y baja educación. Y precisamente este sector poblacional es el que resultó decisivo, en muchos lugares, para el triunfo de Trump.
Ahora, meses después de ocupar la Casa Blanca, el presidente ha firmado un decreto para combatir esta epidemia, en un acto donde recordó la muerte de su hermano por alcoholismo —como si se tratara simplemente de una reunión de Alcohólicos Anónimos— y se apresuró a culpar a México y China del suministro de drogas, sin enfatizar la culpa de las firmas farmacéuticas estadounidenses en el abuso de los opioides. Al parecer, el Gobierno canalizará más recursos —dentro de los existentes, porque el plan no contempla mayores fondos— hacia las zonas rurales donde precisamente radican esos partidarios de Trump.
El acto en que se decretó que la crisis por el abuso en el consumo de los opiáceos era una emergencia de salud pública fue una puesta en escena destinada a establecer un control, en buena medida policial, sobre un sentimiento de ira frustración y desarraigo que el actual mandatario supo aprovechar para llegar a la Casa Blanca.
Si la anomia puede conllevar a una rebelión ante metas y medios hasta ahora socialmente aceptados o impuestos —lo que ha llevado a una formulación simbólica negativa ante lo “políticamente correcto”—, la contrapartida es la creación de un nuevo sistema de metas y de medios aceptables, y eso fue precisamente lo que Trump viene desarrollando, desde su discurso de aceptación de la nominación presidencial republicana. En aquella ocasión afirmó que él presidiría “un país de la ley y el orden” y el jueves aprovechó la crisis por el consumo de drogas que vive este país para enfatizar su ambición caudillista. Si se mostró compasivo y se detuvo en una anécdota personal, no hay por ello que dejarse engañar: nos recordó que no fuma ni bebe, excelentes cualidades que también adornaban a Hitler. Basta no olvidar que se trata del gobernante que no ha mostrado reserva ni escrúpulo alguno para programar una reunión dentro de poco con el presidente de Filipinas Rodrigo Duterte, una especie de carnicero que ha decidido resolver el problema de la drogadicción por el simple expediente del asesinato. 

El absurdo como política o la política del absurdo


La divulgación parcial de documentos sobre el asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy será por tiempo breve tema para la prensa, pero de poca importancia —lamentablemente— para una reflexión sobre la sociedad norteamericana: a primera vista nos parecen tan lejanos y ajenos. Aunque en última instancia se limitan a repetir un patrón aún vigente, con esa mezcla de realidad y fantasía que siempre ha caracterizado la política de Estados Unidos. Por mucho que uno se asombre, hasta ahora el pragmatismo termina por imponerse, y lo demás es tema para películas. Quizá por momentos —para deleite y curiosidad de algunos, como quien escribe este comentario— el conocer tantos disparates de un gobierno que supuestamente estaba llamado —o simplemente cumpliendo el destino— de ejercer la hegemonía mundial le vale para reafirmarse en la idea de que la mediocridad en la Casa Blanca, con independencia de partido, hubiera sido mejor sustituida por poner al mando alguien como Ionesco, porque entonces el absurdo hubiera sido razón de ser, estética como ética, y no simple pretexto.

Los opioides, las farmacéuticas y las promesas de Trump


Como suele ocurrir con Donald Trump, sus anuncios y promesas se resumen en algarabía, promesas y medidas que luego se quedan a medias.
Durante su campaña presidencial, Trump anunció que, de ser elegido, llevaría a cabo acciones contundentes para luchar contra la adicción a los opioides. En agosto pasado le dijo a los periodistas que declararía la epidemia una “emergencia nacional”. Lo hizo el jueves, pero limitándose al concepto de emergencia nacional de salud pública.
Hay una diferencia fundamental entre anunciar una emergencia de salud pública y declarar una emergencia nacional. La mayor distinción está en el dinero. El decreto no otorgará fondos adicionales para enfrentar un problema que mata a cerca de 100 estadounidenses cada día, y se limitará a expandir el acceso a los servicios médicos en zonas rurales. Ampliar el fondo de emergencias de salud pública —que en la actualidad solo cuenta con $57,000— queda en manos del Congreso para el próximo presupuesto.
Trump señaló a México como un factor importante de la crisis, debido a la entrada de drogas, así como a China.
 “Un asombroso 90% de la heroína en Estados Unidos proviene del sur de la frontera, donde construiremos un muro, lo que ayudará mucho en este problema”, aseguró. el presidente, aunque el tema a tratar el jueves no era el consumo de la heroína sino los derivados del opio.
Desde 1999, el número de muertes por sobredosis que involucran opioides se ha cuadriplicado. Entre 2000 y 2015, más de 500,000 personas murieron por sobredosis de drogas: los opiáceos representan la mayoría de ellas.
Según el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades (CDC), más de 27 millones de estadounidenses abusan de los opiáceos, que van más allá de la heroína. Casi el 50% de las muertes por sobredosis en 2015, advierte el centro, están relacionadas con analgésicos de la familia de los opioides, recetados para tratar dolores moderados y fuertes en algunos pacientes.
Según Trump, la Agencia de Medicamentos y Alimentos (FDA) ha pedido que el fentanilo, una droga sintética que se fabrica ilegalmente, pero también de forma legal por algunas farmacéuticas, “sea expulsado del mercado inmediatamente”, y que en su próxima visita a China hablará con el presidente chino Xi JinpingXi sobre este tema porque, dijo, se fabrica allí.
Pero las palabras presidenciales no enfatizaron ni detallaron la gran responsabilidad que tienen por esta crisis algunas firmas farmacéuticas estadounidenses, entre ellas Purdue Pharma, productora del analgésico OxyContin, que se aprobó en 1995 y ya en 2001 sus ventas alcanzaron los $1,600 millones, una cifra superior a las de Viagra.
Solo en 2012, los médicos en esta nación escribieron más de 282 millones de recetas para analgésicos opiáceos, incluidos OxyContin, Vicodin y Percocet, una cantidad que equivalía casi a un frasco por cada habitante.
De acuerdo con una investigación publicada en el American Journal of Public Health, entre agosto de 2013 y diciembre de 2015, varias empresas farmacéuticas, entre ellas Purdue Pharma, pagaron más de $46 millones a más de 68 mil médicos de todo el país, a través de comidas, viajes y honorarios para incitarlos a recetar opioides. Purdue Pharma se declaró culpable de engañar al público sobre el riesgo de adicción del OxyContin en 2007 y tuvo que pagar una multa de más de $600 millones.
En la actualidad se ha extendido el consumo de la heroína y el fentanilo, 50 veces más poderoso que el OxyContin. Pero el origen del problema se encuentra en los abusos al recetar indiscriminadamente opioides y en la avaricia de los fabricantes de medicamentos. En discursos y tuits, el presidente ha amenazado a la industria farmacéutica. El jueves pasó por alto la oportunidad de realizar un ataque concreto y certero a esa industria. Prefirió lanzar las culpas al otro lado de la frontera.
Esta es mi columna en el Nuevo Herald, que aparecerá el lunes 20 de octubre.


miércoles, 25 de octubre de 2017

Marx en la selva boliviana


Entre los gobiernos populistas latinoamericanos, el de Evo Morales se destaca por medidas, discursos e ideas estrafalarios. Ocupa con frecuencia los titulares de prensa, pero las noticias no caben en las páginas políticas ni económicas, más bien en la sección de curiosidades, hechos insólitos y extravagancias, como esa de que las manecillas del reloj giren a la izquierda y los números que indican las horas estén en una posición invertida. El presidente dice estar inspirado en las culturas indígenas, pero más bien da la impresión de que en algún momento vio las películas de los hermanos Marx, se las tomó en serio, o lo que es peor: las confundió con tratados históricos. Con frecuencia da la impresión que el Marx que lo inspira no es Karl —austero y estudioso— sino otro, Groucho, al parecer empeñado en poner al mundo de cabeza; con la diferencia de que este lo hacía en el cine, la televisión y el teatro, y muy bien por añadidura.
Ante todo dos puntos a señalar. El primero es nacional. Morales llega a la presidencia en medio de una crisis política en que los gobiernos se sucedían en pocos meses. Eso tampoco era serio. El segundo, internacional, su mandato se inició en medio de una situación internacional en que el fracaso de las políticas neoliberales en Latinoamérica —por las razones que fueran— sirvió de caldo de cultivo para el surgimiento del  “Socialismo del Siglo XXI” en Venezuela, la “revolución ciudadana” en Ecuador y la vuelta de un peronismo tan trasnochado como cualquiera de sus versiones anterior en Argentina. A todo esto se unió la supervivencia del régimen castrista en Cuba. Al principio, Morales no estaba solo, lo único que es mala compañía, pero esta situación ha cambiado en los últimos años, con una vuelta a políticas que, a falta de una definición mejor, se acercan más a una posición de centro derecha o derecha moderada que a un extremismo de izquierda. En lo personal, el futuro político de Morales en estos momentos aguarda una definición de destino, pues si bien ha declarado su deseo de retirarse de la vida pública, sus acciones indican un interés persistente en buscar una reelección que los bolivianos han rechazado en una consulta en las urnas. Pero a diferencia de Nicolás Maduro en Venezuela, en la actualidad Morales no parece empeñado en una radicalización de su modelo.
Otra cuestión a tener en cuenta es la realidad innegable que la población indígena —en Bolivia y otros países latinoamericanos— ha sido explotada por siglos, despojada de sus riquezas, diezmada y menospreciada.
Hechas todas estas salvedades, queda entonces por ver lo que realmente ha hecho  Evo Morales en favor de su país.
Reivindicaciones culturales indígenas
En parte la reivindicación indígena que Morales ha realizado en Bolivia se ha llevado a cabo fundamentalmente a un nivel de superestructura —para utilizar la terminología marxista— e incluso en este sentido, en muchas ocasiones ha caído más en un folklorismos que en un verdadero rescate cultural.
Pese a los tintes autoritarios que muestra no pocas veces, Morales no es Pol Pot ni intenta una “revolución cultural”. Al menos hay que reconocerle eso. Lo poco serio es una especie de bendición para su país y el resto de Latinoamérica. No ha destruido las ciudades y puesto a todo el mundo a vivir en aldeas; no ha prohibido el uso del español, que en resumidas cuentas es la lengua de los colonizadores; tampoco ha revertido la economía a un estado de “comunidad primitiva” y hasta el momento no le ha exigido a los bolivianos que anden en taparrabos y al ejército que se defienda con lanzas, flechas y macanas. Algunos de sus comentarios, o los de sus ministros, pueden causar rechazo a los oídos occidentales —el trabajo infantil, la vuelta a creencias milenarias y el repudio a los libros—, pero su gabinete no se aparta en la actuación diaria de muchos de los procedimientos que rigen al mundo occidental, de forma más o menos democrática.
El milagro económico boliviano
Bolivia lleva más de una década creciendo a un promedio anual del 5%, que es muy superior al de Estados Unidos y el resto de los países sudamericanos.
Según los estimados de 2013, su Producto Interno Bruto fue de $591.100 millones; la tasa de crecimiento económico del 6,8 % y el per cápita de $5.500. Es un país pobre con respecto al resto del mundo, pero está por encima de Uruguay, El Salvador, Paraguay y Honduras (de acuerdo a las cifras de la CIA).
A pesar de la crisis del precio de las materias primas, Morales logró ahorrar y fue cauto en no despilfarrar el dinero que le llegó después de decretar la nacionalización de los hidrocarburos en 2006, informa la BBC.
Por otra parte, Bolivia ha crecido gracias a los cuantiosos ingresos que le dan las exportaciones de gas natural (que le vende a Brasil y Argentina), y corre el riesgo de anclar su desarrollo a este recurso.
Aunque ha hecho esfuerzos por diversificar la economía (con la venta de diesel, estaño y soya), queda pendiente la pregunta de por cuánto tiempo podría sostener su modelo de desarrollo.
Más allá de las críticas políticas a su autoritarismo señalado, en lo que a la economía se refiere, expertos internacionales y nacionales coinciden al valorar los resultados de la gestión del equipo del mandatario.
El año pasado, Bolivia creció 4,3%, seguido por Paraguay (4,1%) y Perú (4%). La lista sigue con Colombia (2%), Chile (1,6%) y Uruguay (1,5%).
El desempeño boliviano fue bastante alto si lo comparamos con Estados Unidos, que apenas creció 1,5% y con Latinoamérica en su conjunto que sufrió una contracción de 0,9%.
Las claves del crecimiento económico boliviano
Tres son los factores claves que han permitido el crecimiento económico boliviano, único en la región: hidrocarburos, ahorro y estabilidad.
En 2006, cuando Morales decretó la nacionalización de los hidrocarburos, se inició una nueva etapa en la economía boliviana.
Esta nueva fase incluyó en algunos casos el paso de empresas privadas a manos del Estado y, en otros, la renegociación de contratos con empresas extranjeras que continuaron operando en el país.
Una docena de multinacionales suscribieron nuevos contratos con la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y —entre otras cosas— se acordó el pago de un tributo sobre el valor de la producción de entre el 50 y el 85%.
“Al cambiar la política impositiva, aumentaron considerablemente los ingresos del Estado”, dice Luis Pablo Cuba, docente invitado de la Universidad Mayor de San Simón.
“Pienso que la nacionalización y el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) fueron algunos de los principales elementos que explican el alto crecimiento económico”.
El alza de ingresos fiscales fue acompañada de fuertes inversiones públicas y un modelo de desarrollo productivo basado en la demanda interna.
A dicha alza se ha sumado el ahorro, un aspecto clave que diferencia la gestión económica boliviana de la venezolana, pese a las afinidades ideológicas.
”En los últimos 14 años, el crecimiento económico ha sido impulsado principalmente por el boom de las materias primas, los ingresos por aumento de impuestos, significativas inversiones públicas y alto gasto social”, le dijo a BBC Mundo un portavoz del Fondo Monetario Internacional (FMI).
“Durante el boom de las materias primas la pobreza en Bolivia bajó un tercio y las autoridades sabiamente ahorraron una parte de los recursos construyendo un cuantioso colchón financiero”, agregó.
Un colchón que pasó de $700 millones a $20.000 millones, configurando un ahorro que le permitió amortiguar la caída de precios de las materias primas a partir de 2014.
Y a pesar de que la curva es decreciente, sigue destacando sobre el resto de sus vecinos: Bolivia creció un 5,5% en 2014; un 4,9% en 2015 y un 4,3% en 2016.
Ese liderazgo en el Cono Sur se mantendría este año y el próximo, según las proyecciones del FMI para Bolivia, con un 4,2% y un 4%, respectivamente.
Un análisis de Nicole Laframboise, publicado en el blog del FMI Diálogo a Fondo, señala que otro factor importante ha sido la caída en la dolarización (la utilización de dólares en vez de la moneda local) desde hace más de una década.
“Esto ha ayudado a mejorar la efectividad de la política monetaria, ha contribuido a la estabilidad del sector financiero y ha permitido que más bolivianos tengan acceso al crédito y a los servicios financieros”, dice Laframboise.
A los dos factores anteriormente mencionados se une la estabilidad.
Tanto los expertos del FMI, como analistas locales, coinciden en que la estabilidad social ha contribuido al crecimiento económico.
Entre 2001 y 2005 Bolivia tuvo cinco presidentes bajo un clima de alta polarización y conflictividad. Al inicio del mandato de Morales también se atravesaron momentos muy complicados, durante el proceso constituyente y con sus adversarios políticos se atrincheraron en la regiones ricas de Bolivia.
Sin embargo, la radicalidad de los primeros años fue disminuyendo.
A eso se suman indicadores de inclusión que favorecen la estabilidad. Por ejemplo, entre 2004 y 2015 la pobreza bajó de un 63% de la población a un 39%, según datos del FMI.
Por otro lado —según cifras del FMI—, la distribución del ingreso también mejoró en ese período. Bolivia pasó de ser el país más desigual en Sudamérica a situarse en una posición promedio en la región.
Estos logros han beneficiado la imagen externa de un país gobernado por un partido compuesto por organizaciones sindicales y centrales agrarias indígenas y campesinas, que han negociado con el Gobierno para llegar a acuerdos y evitar que se generen crisis de magnitud como solía ocurrir en las últimas décadas.
Los adversarios de Morales critican que algunos grupos de presión han sido excesivamente favorecidos con los ingresos fiscales y que en ocasiones los beneficios del crecimiento dieron origen a casos de corrupción que han involucrado a líderes políticos oficialistas.
En todo caso, se le reconoce a Morales que a pesar de su discurso reivindicativo, en el plano económico sus políticas han sido lo suficientemente cautas y pragmáticas como para, por ejemplo, vender su gas a través de contratos a largo plazo en los que se establece una cotización fija, controlar la inflación y mantener reservas fiscales.Y así, consolidarse como el país que más crece de América del Sur.

Un cubano esperando a Godot


Solo la arrogancia y el desconocimiento explican que en Miami hay tantos llamados a la transición en Cuba, sin plantearse que cuando aquella se ponga en marcha ocurrirá también un cambio en esta ciudad.
Da la impresión que los portavoces de la idea, y los elaboradores de esos planes que no pasan de comentarios diarios en las tertulias más diversas, consideran que todo se reduce a una exportación de recursos, proyectos y talentos, con el objetivo de reproducir en la Isla una sociedad similar a la existente aquí.
Pasan por alto dos aspectos fundamentales. El primero es que Miami no es la Cuba del futuro, como cada vez representa menos la del pasado. Felizmente se aleja de ese modelo. Nadie se engañe por algunos programas radiales, una que otra feria y las guayaberas de los políticos de turno en las efemérides destinadas a recaudar simpatías y votos. El segundo es que Cuba no será el Miami del pasado. Demasiadas diferencias se han acumulado a lo largo de los años para que sea posible siquiera imaginar una confluencia futura.
Los valores, ventajas y beneficios que se disfrutan aquí, y vale la pena intentar establecer en Cuba, son intrínsecos de la sociedad estadounidense —la mayoría característicos de cualquier nación democrática desarrollada— y no fueron establecidos por los exiliados. Nos hemos adaptado a ellos, en algunos casos se puede agregar que hasta los hemos enriquecido, pero existían antes de que el primer exiliado cubano llegara a estas costas.
No se trata de restarle méritos a una comunidad. Es situarla en el lugar que le corresponde: trabajo, esfuerzo, sacrificio y capacidad creativa por encima de la demagogia, el chanchullo, la estafa y la politiquería. En la nación cubana que se edificará en un futuro, sin fecha o pronóstico seguro, serán necesarios profesionales, inversionistas y administradores: los políticos pueden ahorrarse el boleto. No es que los de allá sean buenos; es que muchos de los de aquí no han mostrado ser mejores.
Cuba comenzará a ser una nación más plena en la medida en que se libre de esa dependencia enorme de los políticos. No hay que alimentar la especie, más bien alentar que entre en un período de extinción. Que finalmente sea posible que la administración de las cosas se imponga sobre la administración de los hombres.
Sobran en Miami los que preparan planes o llegan de visita con proyectos destinados a la conquista de notoriedad y dinero; elaboran constituciones futuras y discuten leyes para una república imaginaria. Es posible que la discusión de tales planes resulte entretenida para algunos, lucrativa para unos pocos y también que contribuya a la peregrina estabilidad emocional de unos cuantos. Pero estas “ganancias secundarias” poco tienen que ver con el supuesto objetivo primordial de sentar las los fundamentos de una nación aún por construirse. Ese país, si en algún momento lega a materializarse, será obra y responsabilidad de quienes viven allá. El habitar en esta costa nos incapacita para algo más que ayudar.
Si aspiramos a una Cuba democrática, tenemos que partir no de proyectos sino de valores fundamentales, muchos de los cuales existieron en alguna medida en la nación en desarrollo antes del funesto golpe de Estado de Fulgencio Batista, pero de forma tan precaria que permitieron el surgimiento de las tiranías y violaciones de derechos fundamentales que mancharon la historia cubana.
Si aquí existe la libertad de expresión, es en muchos casos a contrapelo de esos mismos exiliados de “verticalidad y línea dura” que tanto proclaman el derecho de que impere en la Isla. Si es necesaria la justicia, no hay que buscarla de forma selectiva, olvidando atropellos, torturas y asesinatos anteriores al 1ro. de enero de 1959, y bajo la desacreditada tergiversación de considerar “acciones patrióticas” simples actos de terrorismo. Si queremos una Cuba para todos, no hay que partir de exclusiones, como no fueron excluidos los batistianos de Miami.
Es en este sentido que Miami debe servir de ejemplo para una Cuba futura. Generosidad de una ciudad que ha dado cabida a diversas generaciones de inmigrantes, con pasados políticos variados y participaciones y responsabilidades diferentes, en un proceso que no se originó con el comienzo del año 1959 ni surgió solo del engaño y la traición, aunque estos aspectos formaron parte de un movimiento traicionado y desvirtuado.
Generosidad que en lo personal puede resultar difícil de asimilar: para los familiares de tantos fusilados, los prisioneros políticos que cumplieron largas condenas injustas, las víctimas de la represión, el terrorismo y los crímenes de cualquier bando y todo aquel que respiró a plenitud el día que falleció Esteban Ventura Novo, quien por muchos años se paseó por estas calles sin rendirle cuentas a nadie de sus crímenes.
Cuando cada exiliado, no importa el lugar remoto donde finalmente ha hecho su vida, y cada habitante de la Isla que no ha conocido más que de trabajos y limitaciones, y abrigado siempre el deseo perenne de marcharse del lugar en que nació, ha sido fiel a la decisión de pese a todo mantenerse en la prórroga o se ha aferrado con una ilusión suicida a un ideal abandonado, tergiversado y falso abandone la espera, será más libre. Cuando cada cubano comprenda que el cambio que se quiere no es solo una esperanza pospuesta una y otra vez, sino también un proceso personal, y que para iniciarlo no tiene que pedirle permiso a nadie, dependerá menos de lo que ocurra en la política nacional. Cuando cada uno de nosotros mandemos a paseo a los funcionarios, activistas y líderes políticos y comunitarios de aquí y de allá, seremos más dueños de nuestro destino. Cuando esto ocurra, la transición estará en marcha, en Cuba y en Miami.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...