martes, 14 de abril de 2015

¿Y ahora qué?


Es una medida largamente anuncia en los últimos meses. La salida de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, elaborada por Estados Unidos, tiene al mismo tiempo un carácter simbólico, consecuencias prácticas y supone un paso clave en lo que se espera sea un largo proceso para la normalización de relaciones entre Washington y La Habana.
Cuán importante es la medida y cuáles son sus resultados inmediatos es la pregunta que vale la pena formularse una vez más, ya que el proceso ha estado rodeado de un gran número de declaraciones y opiniones, que por lo general cumplen el objetivo de identificar y dejar en claro posiciones políticas, pero que al mismo tiempo entorpecen un análisis objetivo de las implicaciones del hecho. CUBAENCUENTRO intenta a continuación trazar la línea divisoria entre la realidad y las ilusiones, deseos y frustraciones que este paso, de indudable trascendencia histórica, acarrea, a tiempo que invita a reflexionar al respecto.
¿Es el fin de las diferencias políticas e ideológicas entre Washington y La Habana?
Ni remotamente. Aunque en la Isla el régimen ha saludado el anuncio, y desde el punto de vista simbólico logra anotarse un tanto a su favor, mucho continúa igual que ayer: el embargo no cambia, las diferencias políticas e ideológicas persisten y de inmediato el cubano de a pie no va encontrar ventaja alguna. Quizá sí a corto plazo en el caso de que tenga un pariente que busca visitarlo, pero incluso en esa situación, el resultado será la estabilización de un procedimiento que de forma temporal se continuaba realizando. La consecuencia primera y más inmediata probablemente sea que finalmente el consulado cubano en Estados Unidos logre encontrar un banco que se haga cargo de sus operaciones. Pero no cambian las regulaciones que rigen el embargo ni las restricciones comerciales existente. Si se acude a la socorrida comparación con una cebolla, digamos que se ha eliminado una capa, pero no se ha llegado al centro. La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC) del Departamento del Tesoro continuará vigilando estrechamente cualquier operación que tenga que ver con Cuba y estableciendo sanciones.
“Las sanciones económicas bajo las normas de control de activos cubanos (de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro) permanecerán vigentes y la mayoría de las transacciones con Cuba y con ciudadanos cubanos y con el gobierno cubano seguirán estando prohibidas sin una autorización del Tesoro”, dijo un funcionario estadounidense a la agencia Reuters.
La persistencia de las diferencias políticas ha quedado clara, por parte de la Casa Blanca.
“Seguiremos teniendo diferencias con el Gobierno cubano, pero nuestras inquietudes respecto a un amplio espectro de políticas y acciones cubanas no forman parte de los criterios relevantes para mantener a Cuba en la lista” negra, dijo el portavoz del presidente Barack Obama, Josh Earnest, en un comunicado.
“Las circunstancias han cambiado desde 1982, cuando Cuba fue incluida por sus esfuerzos por promover una revolución armada por fuerzas en América Latina”, recordó por su parte el secretario de Estado, John Kerry. “Nuestro hemisferio, y el mundo, es muy diferente de como era hace 33 años”, agregó en una declaración.
El siguiente paso en el proceso de normalización debería ser la reapertura de sendas embajadas, tanto en Washington como en La Habana, otro de los procesos que parecen resistirse, sin que ninguna de las partes explique el porqué de la tardanza. Ambos gobiernos han advertido además de que la salida de Cuba de la lista negra y la reapertura de las embajadas son la parte relativamente más fácil de un proceso de normalización de relaciones que será largo y difícil.
¿Cuándo entró Cuba en la lista?
La lista de países que patrocinan el terrorismo se creó 29 de diciembre de 1979 e incluyó entonces a Libia, Irak, Yemen del Sur y Siria. Contrariamente a lo que podrían creer algunos en Miami, no fue idea de un mandatario republicano, sino de un demócrata.
El gobierno de Estados Unidos instauró en 1979, bajo la presidencia de Jimmy Carter, una especie de examen para determinar qué países prestaban algún tipo de “apoyo al terrorismo”.
El 1 de enero de 1982, bajo el mandato del republicano Ronald Reagan, Cuba entró en esta lista, de la que actualmente también forman parte Irán, Siria y Sudán. Los motivos expuestos para esa decisión fue lo que Washington consideraba un apoyo probado a grupos armados marxistas en América Latina, así como a elementos de ETA y de las FARC a los que proporcionaba refugio en su territorio. Desde el comienzo, La Habana condenó como “injustificable” su presencia en un informe que implica la imposición de sanciones económicas y políticas a los señalados.
El argumento utilizado año tras año por el Departamento de Estado fue que Cuba se había convertido en un refugio de terroristas internacionales; entre ellos miembros de ETA. Para EEUU, la principal prófuga terrorista estadounidense que ha encontrado refugio en la Isla es Joanne Chesimard, buscada por el asesinato de un policía en Nueva Jersey en 1973.
En su última revisión, el Departamento de Estado ya había reconocido que no había indicios que apuntasen a una colaboración activa del gobierno de Raúl Castro con grupos terroristas.
Las sanciones y restricciones por estar en la lista
La lista de países, tal como ocurre con la de organizaciones terroristas, acarrea para sus integrantes una serie de restricciones. Las cuatro principales categorías de sanciones incluyen límites a la ayuda de EEUU, un veto para la exportación de armas, controles para el envío de artículos de “uso doble”, con aplicaciones civiles y militares, algo que tiene que ver fundamentalmente con alta tecnología y comunicaciones, y restricciones financieras.
Como ya se ha señalado, uno de los primeros efectos prácticos de la salida de Cuba de la lista podría ser el establecimiento de cuentas bancarias en Estados Unidos por parte del gobierno de Cuba. La Sección de Intereses de Cuba denuncia desde el año pasado que ningún banco quiere prestarle servicio por miedo a posibles castigos. A un plazo más largo, la salida de la lista es una condición necesaria, pero no suficiente, en el camino hacia la obtención de prestamos y ayudas de instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, ya que la medida terminaría con la prohibición de recibir ayuda económica de EEUU y la oposición automática de Washington a que las instituciones financieras internacionales realicen préstamos a La Habana.
Carácter político de la lista
Uno de los aspectos fundamentales por la cual la lista ha sido criticada una y otra vez, y no solo en el caso de Cuba, es por su marcado carácter político.
Estados Unidos creó la lista en plena guerra fría y en un contexto internacional donde sólo se identificaban como enemigos a países y no a grupos que en la actualidad trascienden las fronteras y tienen un carácter internacional . Más de tres décadas después, la elaboración de la lista  continúa manteniendo esa característica.
Es debido a es interés político el que, según The Washington Post, la Casa Blanca ha mantenido fuera de la lista históricamente a países como Pakistán y Arabia Saudí, a pesar de que en sus respectivos territorios han surgido organizaciones terroristas de alcance transnacional.
Es hasta cierto punto lógico que, tras afirmar el Departamento de Estado de que en la actualidad Cuba no cae entre los parámetros que en la actualidad definen el terrorismo y su apoyo, y a partir de un cambio en la política hacia el régimen, se tomara la decisión de excluir al gobierno cubano del listado.
¿Qué países han logrado salir antes que Cuba?
Durante el mandato del republicano George W. Bush varios países lograron salir de la lista, por razones diversas.
Irak salió de la lista en 2003 tras la invasión de Estados Unidos, Libia en 2006 tras el compromiso del régimen de Muamar Gadafi de aumentar la cooperación contra el terrorismo y abandonar su programa de armas de destrucción masiva y Corea del Norte en 2008 por sus compromisos de aperturismo en materia nuclear.
¿Pueden los republicanos bloquear la salida de Cuba?
Resulta muy difícil y casi imposible
Tras el anuncio, el presidente estadounidense cumple con el requisito formal de enviar al Congreso un informe sobre la retirada de Cuba. Tradicionalmente la legislación norteamericana concede al poder legislativo un gran peso en decisiones de política exterior, lo que ayudará a la Casa Blanca a salvar cualquier oposición.
El Congreso tiene 45 días de plazo para analizar la decisión del Presidente y negociar una potencial resolución conjunta para bloquearla. Sin embargo, la mayor parte de los analistas coincide en que resulta improbable que se reúnan los votos necesarios para esta acción. No se trata de que el Congreso debe aprobar o no la acción presidencial, como por ejemplo en la confirmación de un embajador, sino que tiene que obtener los votos necesarios para presentar un proyecto de ley que impida la medida y limite al presidente. Algo hasta cierto punto similar a crear una nueva Ley Helms-Burton específica para esta situación. Ello resulta poco probable. En gran medida por los intereses comerciales que existen en numerosos estados con el acercamiento a Cuba. Pero en última instancia, en caso de que el Congreso logre obtener los votos suficientes y aprobar la resolución, la última palabra seguiría siendo de Obama, que podría vetarla. Entonces el Congreso tendría que obtener más votos aún para anular el veto, algo que el actualidad ni siquiera los legisladores más opuestos a la medida se han atrevido a insinuar que podría ser posible. 

lunes, 13 de abril de 2015

Tiempo para recordar: Hillary, sí


Esta columna fue publicada el martes 18 de agosto de 1998 en El Nuevo Herald

Billy el pequeño y Hillary la grande

Conste que no soy feminista, pero si se comprueba que el presidente Bill Clinton tuvo relaciones sexuales con Mónica Lewinsky, debe reconocerse que la verdadera heroína de la historia es Hillary. Ella no solo ha antepuesto cualquier sentimiento de celo y desprecio y está actuando como uno de los principales asesores de su marido infiel, sino que ha demostrado ser el elemento de mayor estabilidad dentro del matrimonio y un verdadero sostén para la carrera de su esposo. Si este país estuviera gobernado por formas más simples de poder, como los consejos de ancianos sabios de algunas tribus indígenas, y no por una compleja trama en que el Congreso y los dos principales partidos están prisioneros en una red de intrigas, intereses y componendas, se mandaría al “joven Bill” de regreso a Arkansas, o se le castigaría con una temporada de aislamiento, cazando osos en cualquier montaña, para que alcanzara mayor madurez de carácter. Luego se colocaría en la presidencia a su esposa, con amplios poderes para llevar a la práctica la transformación del sistema de cuidado de salud y para poner en práctica otras medidas que el país requiere.
Escarceos de adolescente
No se trata de si el Presidente cometió un delito que merece ser castigado con un juicio político, porque ello carece de sentido. Lo que resulta inaceptable es que el gobernante de la nación más poderosa del planeta se comporte como un escolar sencillo, corriendo detrás de una interna y aprovechando los lapsos entre reuniones importantes y encuentros con dignatarios de otros países para entregarse a escarceos amorosos propios de adolescente, que han dado pie a que los ciudadanos de este país y de gran parte del mundo sigan día a día en la prensa —que evidentemente no encuentra o no le interesa informar sobre nada mejor— los capítulos por entrega de una novela que no es rosa sino mojada. Pienso en la explicación freudiana de los hechos: Lewinsky, producto de un matrimonio donde el amor se fue perdiendo poco a poco y criada en un hogar donde imperaban la desunión y las rencillas, encontró en usted sabe dónde un sustituto del pezón materno que no supo nutrirla adecuadamente. Luego de una transferencia afectiva de la madre al padre, halló en el Presidente, transformado en amante-padre, solo un consuelo momentáneo. La joven volcó en despecho el destete, y presa de los celos, sabiéndose utilizada, contó la historia con la secreta esperanza de la venganza. Por supuesto, hubo más, y el vestido que no se quitó, pero tampoco se lavó, se convirtió en prueba poderosa. De ahora en adelante las tintorerías de Washington aumentarán las concentraciones de sus detergentes y se dedicarán a la caza de manchas impuras, o todo lo contrario. Seguro alguien inventa un detergente en spray a precio especial para legisladores: no llegue a Washington sin su frasco.
Persecución política
Es posible que al final el Presidente salga bien parado del asunto. Puede que hasta retenga a su esposa. Quiero ver detrás de la dureza de Hillary la generosidad de una madre bondadosa, dispuesta al perdón de un marido que ya varias veces se comporta como un torpe adolescente. A su vez, toda la persecución tiene un marcado carácter político, y al final el inquisidor Kenneth Starr obtendrá un amargo triunfo: habrá dedicado millones a encontrar lo que una madre descubre al registrar el cesto de ropa sucia de una hija descuidada. El escándalo nada afecta por el momento al Partido Demócrata, ni al vicepresidente, posible futuro candidato a la presidencia.
Por lo demás, si al Presidente no lo sacan de la Casa Blanca como merece, por tonto e inmaduro, al menos Hillary debería transformarse en maestra e imponerle un castigo ejemplar: cien líneas de “no debo manchar la ropa de mis compañeritas”.

domingo, 12 de abril de 2015

La cumbre de las flores


Tras los golpes rosas, podrían estar pensando algunos. Pero lo cierto es que no hubo dos cumbres sino una. Los foros, actos y acontecimientos que la precedieron puede decirse que en cierta medida complementan el evento y casi “lo adornan”, pero son ciertamente secundarios.
La Cumbre de las Américas se llevó a cabo entre el viernes 10 y el sábado 11 en Panamá y lo demás resulta accesorio. Hay que agregar que resultó un éxito tanto para el presidente estadounidense Barack Obama como para el gobernante cubano Raúl Castro, aunque uno no esté de acuerdo con ese éxito.
Eso sí, un triunfo de palabras, intenciones y gestos, ¿pero para qué otra cosa sirven las cumbres?
El presidente Obama logró que Caracas no le descarriara su intención principal, al aceptar participar en el evento junto a Castro: vender la imagen de Estados Unidos como una superpotencia posterior a la guerra fría y a la época del “imperialismo yanqui”.
Para ello, y desde el inicio, contó con la “complicidad” de La Habana, que en  buena medida debe haber actuado para que el presidente venezolano Nicolás Maduro moderara no su discurso sino sus acciones.
Nadie le iba a robar el show a Obama y Castro, y así fue. Para ello trabajaron unidos. Una vez más quedó demostrado un hecho paradójico: pese a su petróleo, Venezuela no es más que una colonia de Cuba y Caracas no pasa de ser una sucursal de La Habana. Hay que decirlo desde ya: el gran perdedor de la cumbre fue Maduro, y en parte se lo debe a Castro: fue utilizado de peón, como un gritón de barrio que se saca para intimidar un poco y luego se echa a un lado a la hora de una conversación seria.
Poco importa que, para salvar la cara, el mandatario venezolano salga ahora con el argumento de que EEUU echó para atrás en la declaración de agresión. Seguramente repetirá una y mil veces este argumento porque no puede quedarse callado un momento.
Desde el principio quedó claro que tal declaración no era más que una simple fórmula de procedimiento y la sanción se limitaba a siete miembros de la camarilla chavista.
Lo importante es que no logró una reacción hemisférica conjunta de rechazo a las sanciones estadounidenses. Que a cambio de ello no se produjera una declaración final del evento resulta secundario, porque no es la primera vez que ocurre. Lo básico aquí es que Maduro no se salió con las suyas. Hay que agregar, de paso, que quedó como un patán durante su discurso.
Raúl Castro ganó también, no solo por la inclusión de Cuba en el evento —algo que se venía fraguando hace tiempo— sino por dosificar, siempre a su conveniencia, un discurso al que no se le puede reprochar un retroceso en los “principios revolucionarios”, pero al que tampoco se pueda atacar por falta de flexibilidad. Más aún si se toma en cuanta la inclusión, tras la reunión aparte con Obama, de unas palabras que si no son enigmáticas, dejan abierto el juego a las especulaciones: “Podemos estar en desacuerdo en algo hoy y en un breve tiempo podríamos estar de acuerdo”, algo de lo que pidió tomaran nota tantos los miembros de la delegación norteamericana como cubana. Sin duda el conspirador por excelencia.
Castro hizo una defensa ideológica en su discurso, y por el tono de sus palabras y su recapitulación histórica pudo sonar menos pragmático que Obama y aún apegado al pasado —todo lo contrario al norteamericano—, pero en conjunto, su presencia y
carácter desplegaron al mismo tiempo un mensaje similar, aparentemente de cara al futuro: “Hay que apoyar a Obama, es un hombre honesto”, sentenció.
Al exonerar al presidente estadounidense del historial “imperialista” realizó una pirueta antimarxista pero muy castrista: en última instancia, todo depende del hombre. No fue más que la confirmación de que compartía la creencia de una nueva era estaba en marcha para Cuba (eso sí, que a nadie se le ocurra pensar que sin su protagonismo y el de los suyos).
Sus palabras no fueron decisivas, pero contribuyeron al espíritu de una reunión latinoamericana donde, por primera vez en décadas, más allá de las críticas puntuales esperadas, hubo un clima de aceptación, e incluso de reconocimiento, a una nueva era en que EEUU resurge a jugar un papel fundamental en la política y la economía de la zona, con la estadounidense en alza, mientras la China ha bajado el ritmo y da muestras de fatiga. En última instancia, la Cumbre fue también un intento de freno, por parte de Washington, a la expansión china.
Por supuesto que en la lista de perdedores se pueden apuntar —además de la moral estricta que siempre queda fuera de estas reuniones— los avances en la lucha en favor de la democracia y los derechos en Cuba.
Previo a la Cumbre, el gobierno cubano hizo política en Panamá, no de cara al futuro sino para mantener su propio pasado. Para ello le bastó recurrir a los procedimientos simples y torpes de siempre: algarabía, actos de repudio y golpes. Hasta participó un viejo alto oficial de la inteligencia cubana, al parecer en plan de retirada cuando se lanza o le destinan a estos menesteres menores (en Miami han enfatizado la presencia del coronel Alexis Frutos Weeden, en plan de destaque a sus represores).
Por lo demás, las perspectivas tampoco resultan muy buenas para el exilio tradicional de esta ciudad.
Horas antes del encuentro con Castro en la inauguración de la Cumbre, Obama estuvo en el Foro de la Sociedad Civil, al que asistieron la abogada Laritza Diversent y Manuel Cuesta Morúa.

Cuesta Morúa es un activista socialdemócrata, opuesto al embargo y con ideas poco afines con el llamado “exilio histórico“ de Miami.

viernes, 10 de abril de 2015

A un lado Hillary, aquí llega Calamity Jane


A veces se extraña a Ronald Reagan. La convención anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA) debe haber sido una de esas ocasiones.
La organización es un grupo empeñado en que todo el mundo salga armado a la calle. Eso del rifle —o fusil en correcto castellano— suena muy bien en la sigla de identificación, pero sus miembros no se paran ante tan poca cosa: en realidad lo que quisieran es que cada uno de ellos saliera con una ametrallado, y si es posible dentro de un tanque de guerra. Para ellos eso sería la solución de todos los problemas, luego de acabar con diversos obstáculos de por medio.
Pero a la NRA no hay que tomarla a broma: es una organización poderosa y todos los años invierten cuantiosas sumas de dinero en el apoyo a los candidatos políticos mas cavernícolas y recalcitrantes, Por suerte para ellos, este año tienen bastante entre donde escoger.
Wayne LaPierre, el líder de la NRA que suele hablar en forma muy directa, predijo la ruina del país en caso de una victoria de Clinton.
“Hillary Rodham Clinton traerá consigo una permanente oscuridad de mentira y desesperación impuesta para que el pueblo estadounidense la padezca”, comentó LaPierre. El vicepresidente ejecutivo y director general de la NRA prometió que el poderoso grupo de presión “se mantendrá hombro a hombro” para impedir que ella se convierta en el próximo presidente.
Nada, que los hombres —o las mujeres— del rifle no son rápidos solo con el gatillo. También le dan con gusto a la retórica.
El desfile de aspirantes a la nominación presidencial republicana no podía falta en esta reunión, y realmente los aspirantes no decepcionaron en las prácticas de tiro al blanco.
“¿Es esta la reunión para prepararnos para Hillary?”, bromeó el senador Ted Cruz, de Texas.
“¡No!”, gritaron casi al unísono gran parte del publico que llenó la sala con capacidad para 4.000 personas, aunque algunos estaban más entusiasmados en limpiar sus mosquetes, y prefirieron no distraerse
Jeb Bush, exgobernador de Florida, condenó la “visión liberal y progresista del mundo de Barack Obama y Hillary Clinton y Eric Holder, y de todos aquellos que desean quitar las armas de fuego de manos de los tipos buenos”.
No entró en detalles sobre su fórmula para la selección infalible de almas (buenas), por parte de los vendedores de armamentos.
El gobernador de Wisconsin, Scott Walker, mencionó a Clinton al criticar al presidente.
“Gente como Hillary Clinton parece creer que ustedes miden el éxito del gobierno en cuanto a la cantidad de personas que dependen del gobierno”, dijo. “Yo creo que nosotros medimos el éxito justo por lo opuesto: en torno a cuántas personas ya no dependen del gobierno”.
No  dio detalles sobre su plan infalible para evitar catástrofes, calamidades y desventajas educacionales, sociales y étnicas.
El gobernador de Luisiana, Bobby Jindal, generó burlas al decir que espera que el eslogan de la campaña de Clinton no sea “cuatro años más”. En realidad parece que será “ocho”, que suman dieciséis.
“La realidad es que la campaña de 2016 será entre el elitismo y el populismo”, afirmó Jindal. “Hillary Clinton de antemano ha dejado en claro que ella estará en el lado del elitismo”.
Sin embargo, hasta el momento los discursos escuchados se había caracterizado precisamente por su populismo, este precisamente no fue una excepción: populismo de “elites”  (¿elites en qué y de qué?)
Entre los otros posibles candidatos republicanos para la contienda presidencial de 2016 que hablaron durante la convención estuvieron el senador Marco Rubio de Florida, el senador Lindsey Graham de Carolina del Sur, el exgobernador de Arkansas Mike Huckabee y el neurocirujano Ben Carson.
Se notó sin embargo la ausencia de la candidata perfecta para enfrentar a Clinton: Calamity Jane o quizá Annie Oakley. Aun hay tiempo para buscarlas, los republicanos no deben perder las esperanzas, y la NRA tampoco. 

Esquizofrenia castrista o trucos recurrentes


Un viejo axioma plantea que la política exterior de un gobierno es una prolongación de su política nacional. No parece cumplirse siempre en la Cuba de los hermanos Castro, donde con frecuencia parece que ocurre precisamente lo contrario. La paradoja es que esta inversión de las leyes les ha permitido sobrevivir a más de un cambio en el equilibrio de las fuerzas internacionales.
Por regla general, la política exterior del régimen cubano transita por varios caminos al mismo tiempo —en ocasiones contradictorios—, donde lo que se destaca en la prensa nacional es secundario y el objetivo principal se oculta o rebaja de categoría. A veces da la impresión que el interés del mandatario se concentra en un asunto —al que dedica la máxima atención en público—, cuando en realidad solo está aprovechando una ventaja momentánea mientras elabora una estrategia a largo plazo por un camino paralelo.
Basta recorrer las páginas del diario Granma en estos días y de pronto tener la impresión que el diario se hace desde un supuesto Ministerio del Tiempo: “Para la juventud latinoamericana que lucha por un mundo mejor el Che sintetiza los más puros ideales éticos y revolucionarios de hoy y de siempre”.
Pero un momento, ¿hemos regresado a la década de 1960? ¿Dónde están las guerrillas? Porque más allá de algunas camisetas descoloridas —por regla general en individuos al que el propio Guevara no hubiera dudado un momento en enviar a campos de trabajo forzado o al pelotón de fusilamiento—, la retórica guevarista no sirve ni para vender perfumes. Así que vale la pena preguntarse por el destino estos esfuerzos, y la conclusión es que no están destinados a volver a incendiar Latinoamérica sino a opacar cualquier intento de disidencia en la Isla: con su vehemencia acostumbrada el gobierno cubano hace política en Panamá, no de cara al futuro sino a mantener su propio pasado.
Lo que vemos, y continuaremos viendo hasta el comienzo de la verdadera cumbre, es la marcha de nuevo de un viejo engranaje, al que se consideraba oxidado y gastado: la ideología en acción. ¿Reverdece la lucha ideológica en preparación al anunciado estrechón de manos del presidente estadounidense Barack Obama y el gobernante cubano Raúl Castro? Sí y no. Sí, en cuanto al mensaje para consumo interno en la Isla. No, si se refiere a colocar impedimentos —más allá de los que el régimen considera indispensable para no ceder parcelas de poder— durante el proceso complejo y difícil de restablecimiento de vínculos diplomáticos.
El gobernante Raúl Castro ha limitado las definiciones políticas al mantenimiento del statu quo. Para ello tiene que apelar al espejismo de una retórica de confrontación que prescinde de la palabra y la idea para limitarse al insulto y el golpe. La ideología reducida a la gritería callejera y una actitud soez.
A primera vista puede parecer incluso pueril: enfatizar la presencia en Panamá de Félix Rodríguez, catalogarlo de “terrorista”, que no lo es en la definición actual del término; de agente de la CIA, que sí lo fue y él mismo no lo niega, y de ser uno de los “implicados directamente en el asesinato en Bolivia de Ernesto Che Guevara”, algo que tampoco es cierto, aunque por otras razones: no es lo mismo participar en la captura de un guerrillero, que entró en un país extranjero con la intención de derrocar por las armas a un gobierno, que tomar parte en la decisión de ejecutarlo. Es conocido que la decisión de ultimar al Che de inmediato, sin celebrarle juicio, fue del gobierno boliviano, no de la CIA.
Toda una operación del órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, a la cual puede contraponerse fácilmente un historial de subversión, injerencia, terrorismo y asesinato en Latinoamericana llevado a cabo por el régimen de La Habana, precisamente durante la época en la que Rodríguez llevó a cabo esas actividades por las que ahora lo condena el Granma. No se trata de respaldar su presencia en Panamá, por lo demás inoportuna, sino de aclarar la verdad histórica.
Así que lo menos que podría decirse del gobierno cubano es que se ha presentado en Panamá con una actitud y una estrategia política esquizofrénica: terroristas buenos y terroristas malos; lenguaje de la época de la guerra fría, que por otra parte se intenta desterrar durante el evento con la presencia conjunta de Washington y La Habana; intimidación y actos de repudio. Es decir, que ha trasladado a otro país lo que practica en la Isla: tratar de adaptar a su conveniencia presente, pasado y futuro, como si fuera el dueño del tiempo. Nada sorprendente por cierto.
Solo que en este caso lo hace no con el interés de volver de nuevo a una política de subversión latinoamericana sino como un recurso interno. Pretende mantenerse gobernando en Cuba como en el pasado, a la vez que busca una nueva relación con Estados Unidos. Por eso Granma habla de “Una cuestión de principios”, mientras olvida los fines.
Lo que preocupa a Cuba y Venezuela
La verdadera preocupación del gobierno cubano aparece bajo otro titular: Recelo por escala caribeña de Obama, donde se señala que el “paso del mandatario estadounidense por Jamaica como antesala de su asistencia a la VII Cumbre de las Américas, es un evidente movimiento para tratar de atraer a las naciones de Caricom antes de los debates de la cita continental”.
De acuerdo al diario oficial cubano, se trata de “un evidente movimiento para tratar de atraer a las naciones de la Comunidad del Caribe (Caricom) antes de los debates de la cita continental, el jefe de la Casa Blanca llega a esa región con el objetivo de discutir temas de energía y seguridad, según sus voceros oficiales”.
Lo que ciertamente interesa a La Habana —Caracas interpuesta— aparece en otro párrafo: “El tema energético está relacionado con las intenciones de EEUU de romper el esquema de colaboración petrolera Petrocaribe, desarrollado por Venezuela a favor de los países del área desde el 2005 e integrado hoy por 18 estados”.
En realidad, lo que intenta Washington es ofrecer más apoyo a los países caribeños para reducir su dependencia energética de Venezuela.
La mayoría de los países del Caricom se beneficia de Petrocaribe, lanzado en 2005 por el entonces presidente venezolano, el fallecido Hugo Chávez, para exportar petróleo barato a esa región a cambio de efectivo, bienes y servicios.
Sin embargo, en la actualidad Venezuela se ha visto obligada a reducir sustancialmente sus entregas de crudo debido a la caída del precio del combustible y a la crisis económica por la que atraviesa el país. Incluso hay dudas de que el plan pueda continuar para la mayoría de los países. Es cierto que EEUU está interesado en romper la dependencia política establecida por Chávez a cambio de crudo, pero también hay una realidad: a partir de la caída del precio del combustible Caracas no puede continuar con el plan en las mismas condiciones. Más allá de estos dos aspectos, lo primordial puede ser un objetivo más largo y difícil: tratar de contener al menos la penetración económica de China, que busca convertir a Venezuela en un simple testaferro suyo.
Llama la atención por otra parte, esa vocación desmedida de Granma y toda la prensa oficialista cubana en destacar cualquier noticia que indique una posible recuperación del precio del petróleo, más o menos inmediata o futura, como si en lugar de una isla caribeña con pobres recursos energéticos fuera un emirato árabe.
Así que bien el gobierno cubano cuenta con una estrategia definida para enfrentar la oposición interna, y desplegarla con comodidad en Panamá con argumentos tan insólitos como resaltar una figura como Félix Rodríguez —que no tiene nada que ver con la disidencia, mucho menos la apenas incipiente sociedad civil cubana y posiblemente sea un desconocido para la mayoría de la población en la Isla—, en el terreno económico los aspectos son de otra índole. Estos constituyen los temas de la verdadera cumbre, que se inicia el viernes.
Vuelta al pasado
 El intento de una commonwealth “bolivariana” para el Caribe y Latinoamérica fue un plan del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, que contó con el único atractivo del alza vertiginosa y temporal del precio del petróleo. Pero siempre estuvo fundamentada en una concepción errónea. El freno a un neoliberalismo sin límites debe producirse mirando al futuro y no intentando la vuelta a políticas populistas, de amplia aceptación entre los más pobres cuando las escuchan por vez primera, pero carentes de una base sólida que permitan el desarrollo económico. Ahora que la utopía chavista es parte del pasado, los países latinoamericanos deberían lograr una reformulación más realista del compromiso entre desarrollo y justicia social. Hay pocas esperanzas de que lo hagan.
En el caso concreto de Cuba, desde hace años la propia élite en el poder sabe que no hay que confundir una ventaja circunstancial con un destino. Lo sabe el gobernante Raúl Castro y también lo conoce su círculo más cercano. El puente hacia el futuro de una Cuba sin Castro se está construyendo por otro rumbo —que de momento no excluye a Venezuela, pero que la integra en una ecuación mayor— y se dirige hacia Estados Unidos por la vía China (no el modelo chino). Lo demás es retórica y los trucos usuales para mantener el poder.
Isaac Deutscher cita a León Trotsky, quien afirmó en una ocasión que la revolución rusa corría el peligro de ser derrotada no sólo por una invasión armada, sino por una “invasión de mercancías extranjeras baratas”.
El vaticinio de Trotsky resultó correcto. Al final fueron los objetos de consumo y no los misiles los que hicieron polvo al imperio soviético. Es de esperar que igual ocurra en Cuba, aunque no es una certeza de democracia y al igual que en la Rusia actual, la desaparición de los Castro no implica obligatoriamente el final, no de su legado sino de una persistencia gansteril, que es en última instancia su esencia.
Así que la esquizofrenia castrista puede resultar, lamentablemente, en dos senderos aparentemente divergentes que se bifurcan: al tiempo que se practica sin vergüenza alguna las formas más burdas de aferrarse al poder, representada aquí por el traslado a Panamá de los nefastos actos de repudio, de forma pausada se intenta un acomodo con EEUU que permita la supervivencia a los herederos de la élite en el poder. Al final el beneficio para la población de la Isla habría que preguntárselo no solo a los cubanos sino a los rusos: ¿Mejor con Putin que con Stalin o con Brézhnev?
El tema de la Cumbre
Más allá de la esperada foto, el tema de la Cumbre trasciende a Cuba y Venezuela: es China lo que importa. Que el país asiático se haya convertido en una forma peculiar de capitalismo de Estado no resta importancia al hecho de que, en una confrontación entre democracia y totalitarismo, la opresión conserve la delantera. Los esquemas ideológicos continúan limitando la comprensión de los procesos políticos. China se ha beneficiado en gran parte de la derrota de la URSS. Su éxito es la consecuencia lógica de apartarse del proyecto soviético en lo económico, pero las estructuras de dominación política se conservan casi intactas y son similares a las existentes en Moscú hasta hace pocos años.
A diferencia de la época soviética posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde el juego por el predominio mundial entre las dos superpotencias se resolvía en movimientos que siempre terminaban en un estancamiento forzoso de ambos contendientes —para iniciarse de nuevo una y otra vez—, ahora la jugada en tablas no es un resultado sino el punto de partida. China está aún lejos de alcanzar al poderío norteamericano, pero ya ha iniciado la larga marcha para lograrlo, y su presencia en Latinoamérica es un buen ejemplo de ello.
En el nuevo ajedrez político, la cada vez más poderosa China está jugando con otro tablero: invertir en Latinoamérica forma parte de una extensa campaña de expansión económica. Dentro de este nuevo orden, La Habana no es el peón de cambio donde establecer bases de cohetes para retirarlos después, sino parte de un plan de desarrollo y ampliación de mercados. Sin embargo, Obama considera que Cuba no es más que un país “minúsculo” —un juicio que, por otra parte, puede ser cuestionado por la historia— y el verdadero objetivo, tanto de Pekín como de Washington, es Venezuela.
Por lo que todo apunta hacia una ecuación simple: que en Panamá Cuba aporte la algarabía, Venezuela se esfuerce por seguir representando el pasado y EEUU ponga el petróleo. Está por verse el resultado.


martes, 7 de abril de 2015

Escenarios de la Cumbre


Era de esperar. La Cumbre de las Américas, a celebrarse del 10 al 11 de abril de 2015 en la Ciudad de Panamá, Panamá, es uno de esos acontecimientos que provocan cientos de opiniones, análisis e interpretaciones. Hasta un viejo zorro de la KGB ha salido de su madriguera para decir lo que todos saben. Confieso no ser inmune y aquí van algunos comentarios, a la espera de otros en los próximos días. No sin antes señalar que en muchas ocasiones, eventos de esta naturaleza solo sirven para viajes, reuniones, declaraciones y cocteles. Espero que estos últimos estén a la altura de las circunstancias. Así que apuesto solo por aquellos en lo que siempre he depositado mi confianza, no libre de desengaños: los cantineros.
La Cumbre será un fracaso para Obama
Tiene todas las posibilidades de serlo. Por respecto a la democracia, el presidente estadounidense no debía asistir a la cumbre y mandar en su lugar al vicepresidente Joseph Biden, un hombre que tiene fama de no pararse ante excusas protocolares a la hora de decir cuatro verdades.
Eso es lo que pensaba hace varios meses y lo que sigo opinando a pocos días de la reunión.
La invitación oficial del gobierno panameño, para que Cuba participe en la Cumbre de las Américas, va más allá de una muestra palpable de la pérdida de influencia de Estados Unidos en la región, lo cual se sabe desde hace años, y es lo que acaba de recordarnos el ex teniente general del KGB Nikolái Leónov, quien a sus 90 años no deja de opinar, como Fidel Castro.
No hay que recordar aquí en detalle quién es Leónov, su papel reconocido en la formación política de Raúl Castro, su influencia sobre Vladimir Putin y su historial —no solo su rol activo en la “entrega” de Cuba a la Unión Soviética, sino en México, Polonia y dentro de la URSS durante diversos períodos, hasta llegar a Putin— porque todo ello está muy buen documentado, en parte por él mismo.
Se puede considerar que Leónov es un personaje tenebroso —es mi opinión—, aunque ese juicio es secundario y hasta simple tratándose de alguien que es y fue mucho más que un espía. Lo importante es que Leónov sabe lo que habla y lo que calla, y cuando ahora aparece con una declaración de este tipo no es por gusto.
“Si yo fuera (el presidente de Estados Unidos, Barack) Obama, estaría sorprendido. Antes excluían a Cuba de todas las organizaciones y ahora forma parte de una en la que no aceptan ni a Estados Unidos ni a Canadá”, apuntó Leónov.
Tampoco la Cumbre se limita a ser un ejemplo más de lo sencillo que les resulta a muchos países latinoamericanos el utilizar el caso cubano para dictar cátedra de independencia frente a Washington. La participación de Obama es, ante todo, una bofetada a la democracia.
Sacar a relucir un argumento moral en política conlleva a esta alturas apostar al fracaso. A la hora de decidir su participación, el presidente estadounidense ha tomado en cuenta otras consideraciones, como cualquier mandatario mundial, pero nada ha cambiado en la esencia represiva del sistema cubano, aunque sí en sus particularidades: hasta ahora el gobierno cubano no tiene la menor intención de iniciar reformas democráticas; no hay nada que indique un abandono del mecanismo coercitivo y el uso del terror para mantenerse en el poder continúa siendo su instrumento preferido.
Confundir el cambio de táctica, de encarcelaciones prolongadas a detenciones breves, con una transformación del sistema es un error; dejar de mencionar esta evolución, no apuntar una disminución de las presiones sobre algunos sectores, o considerarla irrelevante a los efectos de una percepción exterior sobre el régimen, es muestra de ceguera y de aferrarse al pasado como un recurso conveniente, y no como una forma efectiva de denuncia.
Lo que sí está demostrado, más allá de cualquier duda posible, es que se ha producido un cambio de enfoque —por oportunismo, conveniencia económica y hasta desidia— que ha desviado lo que debería ser un acoso político al régimen de La Habana hacia una presión sobre la Casa Blanca.
Porque el argumento de que lo más adecuado es sentar a Cuba junto a gobiernos electos —más o menos democráticos algunos de ellos, pero con espacios, estructuras económicas y de poder distintas a las imperantes en la isla—, como la vía más adecuada para impulsar cambios políticos que La Habana no tiene ninguna intención de acometer, no solo es irrisorio sino nocivo: lo único que se busca por esa vía es legitimar una dictadura. Lo cual resulta más paradójico aún, si se tiene en cuenta que este tipo de cumbre nació por iniciativa de EEUU, para discutir acciones concertadas en el continente por parte de los gobiernos democráticos.
Así que al ir Obama a Panamá, y acudir a una reunión regional donde uno de los primeros invitados fue el gobierno de Raúl Castro, bajo las condiciones que actualmente existen en Cuba, en parte está destruyendo o transformando para mal lo que otro mandatario demócrata —Bill Clinton— creó. Y este tipo de concesión no tiene que ser obligatoriamente el resultado de la necesaria evolución que requiere la política estadounidense hacia Cuba. Es sencillamente un retroceso.
Para añadir burla al escarnio, habría que recordar que la primera Cumbre de las Américas se realizó en Miami, en diciembre de 1994.
Es muy posible que antes de partir Obama para Panamá quede resuelto lo que, por una cuestión de principios, es un problema clave para su participación junto a Castro en la reunión: sacar a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo.
Pero si la salida de Cuba de dicha lista es una premisa, no constituye, ni mucho menos, una solución.
Si bien se puede argumentar que la lista se ha convertido más en un pretexto que en un objetivo, y cuestionarse el papel de Washington para confeccionar tal listado, ello no convierte al gobierno cubano en una democracia.
Y este es el punto primordial: la falta de democracia. Un requerimiento que figura en las normas de participación. Si EEUU se hace partícipe de la aberración que significa darle carta de reconocimiento a un régimen militar —que acude al encuentro no para recibir lecciones sobre los derechos humanos sino para imponerse—, está despojando de valor la cita.
Todo lo anterior no invalida el estar a favor de la salida de Cuba de dicho listado, ni tampoco que se apoye el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Aunque vinculadas, se trata de cuestiones de diversa índole: el mantenimiento de Cuba en dicho listado no se ajusta a los parámetros actuales de la definición de terrorismo y relaciones diplomáticas con dictaduras es algo que viene sosteniendo EEUU desde sus inicios.
Pero si ambos hechos pueden justificarse a partir de que uno responde a criterios que han perdido vigencia y el otro a una situación de facto, la cuestión aquí no se reduce a darle solo la mano a Castro sino a validar su existencia (para dejar en claro una consistencia de opinión, algo que tampoco persigo, y aunque rechazo citarme, no tengo otro remedio que especificar que criterios semejantes los expresé en una columna en El Nuevo Herald el 7 de diciembre de 2014, antes del anuncio del “deshielo”).
El otro problema con la cumbre para Obama es que el presidente venezolano Nicolás Maduro buscará utilizar el encuentro para obtener también una legitimidad, de la cual en última instancia es capaz de prescindir, pero que indudablemente necesita.
Aquí la farsa resulta incluso mayor que en el caso cubano, porque todo indica que en lugar de acusado podrá presentarse como acusador. En vez de provocar un rechazo generalizado por sus reiteradas violaciones a los derechos humanos y la represión que ha desatado en su país, y gracias a la complicidad de varios gobiernos latinoamericanos, Maduro acude a la cita en el papel de víctima y no de victimario, como señala Moisés Naím en un artículo del diario español El País.
El punto clave aquí es que el gobierno de Maduro merece ser condenado por el resto de los mandatarios latinoamericanos, al igual que el de Castro. El que se celebren eventos paralelos, con la participación de disidentes cubanos, opositores venezolanos y activistas de la sociedad civil de ambos países es loable pero secundario a los efectos de la Cumbre; en el peor de los casos una justificación socorrida del país anfitrión y hasta para los presidentes participantes, incluso el norteamericano.
Un simple requerimiento legal —que obliga a que en EEUU los países sancionados sean declarados como amenaza nacional y permite a su presidente imponer nuevas sanciones sin tener que consultar al Congreso, un proceso largo y engorro— ha permitido al mandatario venezolano presentarse a las puertas del campo de batalla: las palabras de Obama al declarar una “emergencia nacional” frente al país sudamericano.
Sin embargo, ese anuncio no es ni mucho menos algo cercano a una declaración de guerra de EEUU. Las sanciones han sido contra un grupo reducido de funcionarios chavistas. Claro que esta explicación no le interesa a quienes oportunistamente se colocan junto a Maduro.
Para empeorar la situación, las críticas no solo han venido de los partidarios de Maduro sino de los enemigos de Castro, al tomar el caso venezolano para volver a criticar a Obama por sus declaraciones en contra del embargo.
El uso de sanciones nunca debe ser una medida de todo o nada, sino de estímulo y respuesta. Washington no ha propuesto un embargo, declarado su disposición de adoptar sanciones amplias contra Venezuela ni estar dispuesto a cortar el comercio petrolero. Así que se puede estar en contra del embargo a Cuba y en favor de las sanciones al gobierno de Maduro, sin que ello implique contradicción alguna. Lo malo para Obama es que todas esta explicación racional caerá en oídos sordos, de intentar realizarla en la Cumbre.
Si lo que mayor peso tendrá en la reunión presidencial es el show mediático, y la preocupación principal de los medios de prensa internacionales es tener las cámaras listas para cuando se produzca el esperado apretón de manos entre Obama y Castro —hecho por otra parte repetitivo— no hay duda que el régimen de La Habana tiene todas las posibilidades a su favor para salir airoso. Se ha preparado a fondo para la ocasión, con una nutrida participación secundaria. Sus “teloneros” incluyen desde “empresarios”, trabajadores por cuenta propia y miembros de supuestas organizaciones no gubernamentales, que siempre han sido más que gobernadas por el partido comunista cubano, hasta un concierto gratuito de Silvio Rodríguez. Ya Fidel Castro se preocupó en aparecer “en público” para cumplir dos objetivos primordiales: dejar bien en claro que está “vivito y colando” —y por lo tanto que apoya o ha dado su consejo en todo lo que va a hacer o decir su hermano— y al mismo tiempo respaldar el frente ideológico con su saludo a un grupo de venezolanos en la isla. Difícil enfrentar a un país que lleva décadas especializándose en este tipo de espectáculos. Obama no la tiene fácil, dirían los cubanos. 
Obama gana en la Cumbre
Por encima de discursos y declaraciones, hay una realidad económica latinoamericana que juega en favor de Obama. Como ha señalado Andrés Oppenheimer en El Nuevo Herald, a diferencia de las anteriores reuniones, donde Venezuela, Ecuador, Brasil, Argentina y otros países poco amigos de Washington estaban en pleno auge, gracias a los altos precios de sus materias primas, la cumbre de Panamá tendrá lugar en un escenario regional y mundial muy diferente.
“Hoy en día, con la caída de los precios de las materias primas, las economías de Venezuela y Argentina están por el piso, y Brasil está teniendo su peor crecimiento económico de los últimos 25 años. Con China creciendo menos, Rusia quebrada y Europa estancada, Estados Unidos se perfila como el marcado más promisorio para las exportaciones latinoamericanas”, señala Oppenheimer.
En este sentido, antes de viajar a Panamá Obama visitará el jueves Jamaica, donde uno de sus objetivos principales es ofrecer más apoyo a los países caribeños para reducir su dependencia energética de Venezuela, de acuerdo a un cable de la agencia Efe.
A continuación, el presidente estadounidense se reunirá con líderes de los países de la Comunidad del Caribe (Caricom), como ya hizo en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago en 2009, y participará después en un foro, abierto a preguntas, con jóvenes de la región.
Sin dar más detalles, la Casa Blanca indicó que Obama hablará con los líderes de la Caricom de una iniciativa de seguridad energética para la región.
Esa iniciativa fue presentada en enero pasado en Washington, dentro de la primera Cumbre de Seguridad Energética en el Caribe, que estuvo liderada por el vicepresidente Biden.
Su propósito, en coordinación con el Banco Mundial (BM), es crear una Red de Inversiones en la Energía Caribeña que permita a los inversores públicos y privados en la región coordinar sus proyectos y unificar sus objetivos.
“Ya sea en Ucrania o en el Caribe, ningún país debería poder usar sus recursos naturales como herramienta de coerción contra otro”, dijo Biden durante esa cumbre, en una aparente referencia a Venezuela y a su programa de petróleo subsidiado conocido como Petrocaribe.
La mayoría de los países del Caricom se beneficia de Petrocaribe, lanzado en 2005 por el entonces presidente venezolano, el fallecido Hugo Chávez, para exportar petróleo barato a esa región a cambio de efectivo, bienes y servicios.
Sin embargo, en la actualidad Venezuela se ha visto obligada a reducir sustancialmente sus entregas de crudo debido a la caída del precio del combustible y a la crisis económica por la que atraviesa el país. Incluso hay dudas de que el plan pueda continuar para la mayoría de los países, a excepción de Cuba, aunque se ha dicho que las entregas de petróleo a la isla también han sido reducidas.
Aunque desde enero el gobierno estadounidense trata de deslindar su iniciativa energética de cualquier motivación política, lo cierto es que analistas y medios coinciden en que, en última instancia, EEUU busca mermar la influencia de Venezuela en el Caribe, pero también la de China y otras naciones asiáticas.
Tras la cumbre con los caribeños celebrada en Washington, Maduro acusó a Biden de haber usado ese encuentro para comentar a los mandatarios y primeros ministros asistentes un supuesto plan en marcha para derrocarlo y apoyado por EEUU. Washington negó tajantemente esas acusaciones.
Si tiene éxito con su iniciativa en Jamaica, Obama acudirá a la Cumbre mejor preparado para enfrentar la posible “avalancha” populista de Cuba y Venezuela.
Ni gana ni pierde
Como suele ocurrir con Latinoamérica, lo más probable es que se produzca una mezcla de los dos escenarios anteriores: declaraciones reafirmando la “soberanía nacional” de los mandatarios latinoamericanos, y su independencia de Washington, al tiempo que oídos atentos a las ventajas que puedan obtener de la competencia entre las superpotencias, China y EEUU. Nada nuevo sobre el tablero.
El zorro de Leónov solo se refirió a una cara de al moneda en sus declaraciones. La realidad, desde hace décadas y sobre todo tras el fin de la lucha guerrillera en Centroamérica, es que Latinoamericana ha dejado de ser una prioridad para EEUU, salvo en aspectos puntuales, como el narcotráfico, la inmigración y el terrorismo. Y ello no va a cambiar en Panamá.