lunes, 27 de julio de 2015

Por un nuevo Miami


Crear uno, dos, tres Miami. El nuevo Miami no intenta suplantar el (los) anterior(es), pero reclama su espacio.
No hay duda de lo serio que se ha lanzado el presidente Barack  Obama en su intento de lograr un enfoque diferente en la relación entre Washington y La Habana. Cambio de táctica y no de esencia o renuncia a los principios, pero transformación por completo de una política que por décadas mostró su ineficiencia y falta de contacto con la realidad de la isla.
¿Cuanto ha cambiado Cuba? Mucho, aunque no lo suficiente. Por menos de lo que está haciendo Yoani Sánchez en estos momentos, el periodista y poeta Raúl Rivero fue condenado a 20 años de prisión y pasó en la cárcel año y medio.
Por eso, cuando el senador demócrata Bob Menéndez expresa que “sólo este año se han realizado unos 2,800 arrestos políticos en la isla” no miente, sino simplemente muestra una parte de la realidad cubana, ya que la mayoría de esas detenciones son por horas, si acaso días. Afirmar esto último no significa que ha desaparecido la esencia represiva del régimen, sino que las circunstancias han cambiado.
También en Miami han cambiado las circunstancias, sólo que algunos se niegan a reconocerlo.
En Cuba están ocurriendo una serie de cambios, y aquí en Miami los estamos ignorando. Muchos de ellos no son tan profundos y radicales como quisiéramos. Tampoco avanzan con la velocidad que deseamos y por supuesto que a veces ocurren y están en marcha sin que nos enteremos a tiempo. No nos sorprenden, porque la mayoría de las ocasiones optamos para mirar para otra parte y seguimos cultivando la ignorancia. Pero más que un problema de conocimiento, nos perjudica el adoptar una actitud caduca. Continuamos empecinados en fijar la mirada sobre señales que desde hace tiempo no funcionan. Mientras tanto, el tráfico corre por otro lado. Se nos va la guagua, perdimos el boleto del tren, el taxi no paró. Luego solo nos quedará mirar desde la ventana.
Durante décadas se impuso en ambas orillas un acuerdo tácito en el retroceso —como si existiera una conspiración de los extremos— que impuso la marcha atrás más conveniente a sus intereses. Volver una y otra vez a remedar un modelo caduco. En la Calle Ocho y en la Plaza de la Revolución igual empeño: mantenerse en una lucha estéril, sin ceder un ápice.
Resultó un logro indiscutible, tanto en Miami como en La Habana, utilizar los factores que pudieran determinar un nuevo curso de acción, para someterlos a un control que dejara fuera de las decisiones a millones de cubanos, en las dos orillas del estrecho de la Florida. El presidente Obama ha cambiado esa ecuación, y también el gobernante Raúl Castro se ha visto obligado a tantear, no un nuevo rumbo sino a permitir variaciones. En parte dentro de un mismo tema, pero variaciones que hay que aprovechar.
Obama va muy en serio, y una muestra de ello es la presencia de Valerie Jarret en la reunión informativa sobre las nuevas regulaciones sobre los viajes a la isla y las transacciones financieras y bancarias, que dentro de poco entrarán en vigor.
Jarret —por cierto, una de las figuras más a la izquierda dentro del ejecutivo— no es sólo asesora del Presidente, sino que disfruta de una confianza extrema por parte del mandatario, al punto que la considera como “una hermana mayor”. Así que el caso cubano ha entrado a formar parte del ámbito familiar presidencial. Malas noticias para quienes se aferran al pasado.
Pero si el gobierno de Obama cada día demuestra mayor determinación en transformar la relación con La Habana, igual empeño debe poner en que desde la otra orilla se agilicen los cambios que aseguren en la isla que los estadounidenses sean recibidos no simplemente como visitantes, a los que hay que exprimir económicamente todo lo posible, sino como ciudadanos que no deben sacrificar ni una sola de sus facultades a cambio del permiso de entrada: desde poner fin a una dualidad monetaria que obliga al cambio de divisas por un dinero de valor hipertrofiado hasta la opción para los norteamericanos nacidos en Cuba de entrar al país mediante un simple visado.
Si vuelvo a insistir en un tema que trate en la columna de la semana pasada, es porque el canciller cubano, Bruno Rodríguez, dijo en la conferencia de prensa junto al secretario de Estado, John Kerry, que “nuestra pequeña isla no tiene ninguna política discriminatoria contra ciudadanos estadounidenses o empresas estadounidenses; no aplica ninguna medida coercitiva de ninguna naturaleza, unilateral, económica”. Y eso es mentira: a los cubanos nacionalizados como estadounidenses, que salieron de Cuba a partir de 1970, los trata como norteamericanos de segunda categoría.
A buscar estos cambios en Cuba debe dedicarse a partir de ahora el gobierno de Estados Unidos, y no a seguir alimentando retóricas caducas. Y ese debe ser también, el empeño del otro, o del nuevo Miami.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 27 de julio de 2015.

lunes, 20 de julio de 2015

Washington y La Habana: embajadas, mojitos y retos


La pregunta que se hacen muchos es cuánto va a cambiar en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos a partir de ahora, cuando ya se restablecieron los vínculos diplomáticos plenos. Puede que mucho o muy poco, pero en todo caso no es una respuesta fácil.
La apertura de las respectiva embajadas de Cuba y Estados Unidos no se limita a la ceremonia de un día, que se realizó solamente en Washington, porque la cancillería estadounidense prefirió esperar al 14 de agosto, con un viaje del secretario de Estado, John Kerry, para izar su propia bandera frente al Malecón —aunque a los efectos legales ya desde el lunes la Sección de Intereses de EEUU en Cuba se convierte en embajada—, y tampoco al reclamo de una supuesta victoria por parte del gobierno de La Habana o al empecinamiento republicano en detener o dilatar lo más posible la nominación de un embajador norteamericano.
Implica el inicio de un diálogo a un nuevo nivel, que posiblemente lleve a un cambio en determinados aspectos de la política migratoria de ambos países a mediano plazo; un largo proceso donde el tema de las compensaciones económicas mutuas, ya sea por las nacionalizaciones a propiedades estadounidenses o de cubanoamericanos o la queja cubana sobre daños cuantiosos debido a la política de embargo/bloqueo, demorará posiblemente años; una repatriación forzosa de miles de cubanos que viven en EEUU porque hasta ahora ha resultado imposible devolverlos a su lugar de origen; una solución negociada a los casos de extradición de prófugos norteamericanos que desde hace décadas viven en la isla, así como una respuesta de Washington ante pedidos similares por parte de Cuba ante los acusados por presuntas actividades terroristas que también desde hace décadas radican en Miami o Nueva Jersey.
Hay además dos aspectos que particularmente interesan a La Habana. Uno es el fin o la atenuación hasta dejarla sin sentido de la Ley Helms-Burton, que no es solo una ley sino un paraguas que engloba legislaciones anteriores como la Ley Torricelli, con su polémico alcance “extraterritorial”, que impide no solo a los negocios con Cuba de empresas de EEUU sino la compra y venta de productos de otros países que contengan al menos un diez por ciento de componentes estadounidenses o cubanos. El otro es la eliminación por completo de las normas que impiden a los turistas norteamericanos gastar dinero en la isla, ya que Estados Unidos realmente no puede impedir a sus ciudadanos viajar a otros países, salvo una declaración de guerra de por medio, pero si puede prohibirles “hacer turismo“ o gastar dinero, lo que en la práctica es lo mismo.
Por último, como si todo lo anterior fuera poco, queda también pendiente la devolución del terreno que ocupa la Base Aeronaval de EEUU en Guantánamo, que Cuba reclama y fue entregada a perpetuidad.
Así que más que la conclusión de un primer paso en el restablecimiento de los vínculos entre dos naciones enemigas declaradas durante 54 años, lo que se ha abierto es una caja de Pandora, que por largos años mantendrá ocupados a los negociadores de ambos países, ello si el proceso no se interrumpe.
Para no abrumarse ante tantos problemas, hay realmente dos motivos de esperanza: la conclusión de un proceso que hasta hace poco parecía imposible, por lo que tiene sentido hablar de que se ha concluido con éxito un primer paso, y la certeza de que por primera vez desde la llegada de Fidel Castro al poder hay una voluntad comprobada de arreglar las diferencias entre ambas naciones.
Pero las diferencias persistirán aun por mucho tiempo. En primer lugar porque asistimos al aparente final de una confrontación, donde la ausencia de cañonazos por décadas no le resta un ápice de belicosidad mutua, y en segundo debido a que ese final se logra sin vencedores y vencidos.
Así, cuando La Habana reclama una cifra de muchos millones como indemnización por daños sufridos resulta difícil que esta sea aceptada porque no estamos ante la derrota o la victoria tras un conflicto. Alemania perdió dos guerras mundiales, Vietnam le ganó la guerra a EEUU, los aliados resultaron victoriosos frente al nazismo y el fascismo, Washington venció a Tokio. Nada de ello ha ocurrido aquí. Cuba puede reclamar con razón que ha logrado imponer la permanencia de su gobierno, pero también del lado contrario cabe alegar que ese gobierno cubano ya no es el mismo de la época de Fidel Castro.
Pero sobre todo hay un factor que se impone sobre cualquier otro. En el caso de Cuba hasta ahora no es posible el “borrón y cuenta nueva”, quizá para las grandes corporaciones, es posible que entre los gobiernos, pero no así para la mayoría de los cubanos, donde cada familia tiene su pariente en el cielo o en infierno, y no siempre es el mismo cielo o el mismo infierno.
Este artículo fue solicitado por el diario mexicano La Razón. 

Después de las embajadas


Cuando se publique esta columna Estados Unidos y Cuba estarán a horas de abrir sus embajadas en las capitales respectivas. Para muchos un día de esperanzas y para otros una fecha nefasta, pero no hay duda de que un día histórico. Aunque más allá de la frase retórica, queda la pregunta de cuánto va a cambiar en las relaciones entre ambos países a partir de ahora.
Puede que mucho o muy poco. La apertura de las embajadas no se limita a la ceremonia de un día, una supuesta victoria que el régimen de La Habana reclama o el empecinamiento republicano en detener la nominación de un embajador norteamericano en la isla. Implica el inicio de un diálogo a un nuevo nivel, que posiblemente lleve a un cambio en determinados aspectos de la política migratoria de ambos países a mediano plazo.
En este sentido y de momento, tanto Washington como La Habana se han apresurado en las reafirmaciones de que todo continuará igual. La Habana todavía aprovechando los frutos del cambio que permite a la mayoría de los cubanos viajar  y la Casa Blanca enfatizando que no se producirán modificaciones en la famosa Ley de Ajuste Cubano o su abolición.
Sin embargo, hay cuestiones menos peliagudas por resolver. A partir del momento en que comiencen a airear las banderas, el Departamento de Estado tiene la obligación de tratar de influir con mayor énfasis en algún que otro aspecto, que podría parecer no esencial desde el exterior, pero que evidencia la naturaleza del régimen.
Uno de ellos es intentar propiciar una modificación en las leyes migratorias cubanas: que dejen de negarles los derechos a muchos estadounidenses nacidos en Cuba, a quienes no se les permite visitar el país sin renovar antes el pasaporte cubano.
La Habana tiene todo su derecho a exigir una visa —y por supuesto a negarla—, pero ninguno a chantajear y no permitir la visita si no se cumple un requisito que implica no solo una vuelta atrás, sino una falta de ética con el país que permitió adoptar tal ciudadanía.
Lo que desde hace décadas busca La Habana es incrementar las ganancias económicas, con los inmigrantes en general y especialmente con los que considera “respetuosos” y el exilio llama “obedientes”.
Para ello no le faltan explicaciones, como hablar de la ”emigración patriótica” y otras palabras propias de un vendedor del último mejunje curalotodo en un pueblo del oeste.
Este razonamiento siempre tiene un fin muy preciso: buscar términos de igualdad y semejanza entre quienes se fueron y quienes se quedaron, pero en base a una obediencia disfrazada de amor a la patria; un concepto que —como ocurre en un país totalitario— se confunde e iguala al de Estado, gobierno y en última instancia caudillo.
La actualización en la política migratoria que llevó a cabo Cuba no fue más que modificar una ley arcaica mientras se mantenía su esencia.
Por supuesto que fue un paso de avance que más cubanos pudieran viajar, la simplificación en los trámites y el aumento del permiso de estancia en el extranjero. Pero con respecto a quienes viven en el exterior, se ha producido una inversión de la “Parábola del Hijo Pródigo”. No se trata del padre misericordioso ni del perdón hacia el hijo pecador. Todo se reduce, obligatoriamente, a que a su vuelta ese hijo debe mostrarse arrepentido. Y ese arrepentimiento tiene un nombre: pasaporte cubano.
La norma es además arbitraria. Quienes emigraron antes de 1970 pueden entrar usando el pasaporte de su nacionalidad actual. Sin embargo, la diferencia no implica un cambio total, ya que en ese caso se requiere un “Documento de Viaje”, aunque este cuesta $100.00, mucho menos de los $350.00 del pasaporte cubano, o las dos posibles prórrogas, de $180.00 cada una.
Un país cuya parte de su población no solo ha emigrado sino continúa haciéndolo, y donde esos que se van contribuyen a la economía nacional al verse obligados a alimentar a los familiares que dejaron atrás, debe permitir la doble ciudadanía o al menos establecer una visa múltiple a un precio justo.
De lo contrario, queda claro que la intención del gobierno cubano no es solo controlar a quienes viven en la isla, sino también a quienes se fueron.
Si Estados Unidos intenta llevar a un nuevo nivel sus vínculos diplomáticos con Cuba, debe abordar este problema con las autoridades de la isla, y desde el exilio también debe realizarse un esfuerzo al respecto.
Quienes se marcharon de Cuba —no para limitarse a la pequeña patria putativa de Miami sino para vivir de acuerdo a las leyes de la nueva nación— deben reclamar a su país de adopción que se les respeten sus derechos, en el supuesto caso de que deseen viajar al país donde una vez nacieron, pero al que no quieren volver a residir sino apenas visitar como extranjeros, quizá lo que siempre fueron dentro de él.
Este artículo apareció publicado en El Nuevo Herald, en la edición del lunes 20 de julio de 2015, y en una versión algo más amplia en Cubaencuentro

lunes, 13 de julio de 2015

En busca de un candidato


Cada vez hay más republicanos preocupados porque su búsqueda de la candidatura presidencial se está convirtiendo en una pelea de perros, que acabará por dañar al partido. Como entre quienes expresan este temor hay donantes con mucho dinero, posiblemente se logre la calma. Sin embargo, nadie reclama la necesidad de un verdadero debate sobre la refundación necesaria del republicanismo para ganar las elecciones presidenciales.
El debate fundamental, que por años los republicanos han esquivado, tiene que ver con la naturaleza del conservadurismo y la superación del neoliberalismo y neoconservadurismo que ya demostraron su fracaso.
Luego de los dos períodos presidenciales de George W. Bush, los conservadores han tenido que lidiar con las consecuencias de una administración republicana que decepcionó, en gran medida por su compromiso ferviente con una ideología fundamentada en el unilateralismo agresivo en la política exterior y la fe ciega en que Wall Street —ejerciendo un papel dominante y sin ser regulado— traería la bonanza a toda la nación. Lo que resultó fue lo contrario: una profunda crisis económica y política, que permitió un presidente irrepetible: Barack Obama. A ello se unió una desagradable y punitiva “guerra cultural” contra las “élites” liberales.
De estos tres principios, solo el tercero ha sido mantenido de forma agresiva y abierta a través de los años del mandato demócrata, con el surgimiento de un movimiento populista ultraderechista y anárquico, el Tea Party, que se ha caracterizado más por intimidar a los propios republicanos que por la creación de políticas constructivas.
La realidad es que dicho movimiento ha logrado triunfos de sus candidatos en las elecciones legislativas, aunque por factores que incluyen tanto una redefinición de distritos para otorgar victorias a la medida como por el descontento de un sector de la población, que no solo no ha logrado una sustancial mejora económica sino que desconfía de cualquier gobierno. También que ve amenazada su forma de vida tradicional.
Esa amenaza obedece menos al mandatario en la Casa Blanca que a cambios que van de la demografía nacional a la globalización internacional. Solo que castigar el paso del tiempo no entra en la boleta.
Aunque esto no implica que han aumentado las posibilidades de triunfo para los aspirantes republicanos, quienes se empecinan en repetir los errores de ayer: tratar de ganarse las simpatías del núcleo duro y parroquial del republicanismo más reaccionario, como la única forma de triunfar en las primarias. La vía del pasado para llegar al futuro.
El problema con esta estrategia es su esencia esquizoide: imponerse a nivel local y estatal dentro de su partido, para fracasar cuando se llega el enfrentamiento esencial, con los votantes de todo el país. El fantasma de Mitt Romney recorre sus discursos y actos públicos.
Lo que necesita el Partido Republicano es una refundación esencial, o en última instancia una escisión. Solo que el segundo camino es la vía segura para la hecatombe y el primero algo que los líderes de la agrupación no se atreven a llevar a cabo.
El mismo año que George W. Bush entró de lleno en la contienda electoral que le permitió la reelección, estaba resurgiendo con fuerza el debate entre el pensamiento conservador tradicional y los principios propugnados por los neoconservadores. El sonoro triunfo de Bush, su enorme “capital político” conquistado, que lo llevó al fracasado intento de reformar el sistema de seguridad social, y a la victoria de los republicanos en el Congreso, actuaron de amortiguadores de ese debate.
Ahora los republicanos controlan de nuevo el poder legislativo, lo que otra vez hace difícil esa definición necesaria, que prescinda de lo más viejo y de lo que ya es menos nuevo.
Lo lamentable para ellos es que, hasta el momento, no han logrado sacar ventaja de su poder legislativo, ni tampoco han encontrado al aspirante presidencial más capacitado para realmente proponer un nuevo rumbo. Asistimos a una campaña que se inicia con mucho ruido, poco fundamento y demasiado maquillaje.
Durante las dos elecciones que dieron el triunfo a Obama se impuso la necesidad, por parte de los republicanos, de definir una línea política e ideológica alejada de la de Bush. Pero llevar esa reconsideración a las urnas significó una misión imposible.
La actual paradoja republicana es que su mejor aspirante vuelve a ser un Bush.
De lo poco que se conoce de su plataforma electoral —y de lo mucho que se sabe de su historial político y administrativo—, Jeb Bush resulta la alternativa más adecuada para enfrentar a la que todo indica será la candidata demócrata, Hillary Clinton.
Así que si logra imponerse tras el desgaste de las primarias, el exgobernador de Florida tendrá que enfrentar la pregunta más fácil que tendrán los demócratas para vencerlo: el recuerdo de la era Bush.
Algunos argumentarán que el Partido Republicano cuenta con muchos más aspirantes presidenciales que Jeb Bush, pero entonces la discusión se torna poco seria: ¿estamos hablando de elecciones o de una función de circo?
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 13 de julio de 2015.

miércoles, 8 de julio de 2015

Anticastrismo y anticapitalismo


Entre las paradojas que con frecuencia nos regala la historia cubana llega una muy peculiar: el afán de la oposición por establecer una sociedad capitalista democrática en la Isla, mediante una vía que en esencia rechaza el modelo que trata de importar.
Un gigante del sector turístico, la empresa Carnival Corporation, anunció el martes que ofrecerá a partir de mayo de 2016 un crucero semanal a Cuba.
Por un momento olvide que la corporación especificó de inmediato que los viajes se realizaran bajo la premisa del intercambio cultural, artístico, religioso y humanitario. Y también por otro momento recuerde que aún se está concretando el itinerario, mientras Carnival espera la aprobación del gobierno cubano.
Así que nada de espectáculos tipo Broadway, ni casinos flotantes. Tampoco se supone que los viajeros dediquen el tiempo a practicar buceo o sobre motos acuáticas.
Cada día, bajo las regulaciones actuales de Estados Unidos, tendrán que pasar por lo menos ocho horas involucrados en algún tipo de experiencia cultural.
No hay que esperar fotos luminosas y espectaculares de los grandes cruceros de Carnival a la entrada de la bahía de La Habana. Esos que uno encuentra en Miami, al cruzar el MacArthur Causeway rumbo a Miami Beach. Los buques que uno contempla como gigantescos hoteles, en medio del mar pero cerca de la costa, y considera vecinos enormes y al mismo tiempo amables, porque es fácil llegar a ellos y no hay que ser millonario ni mucho menos para subir a bordo.
Los viajes de una semana de duración se realizarán a bordo de un barco mucho menor. El Adonia, que tiene capacidad para 710 pasajeros. Una nave relativamente pequeña para una compañía con cruceros que pueden transportar hasta 3.000 viajeros.
Lo anterior es cierto. Pero si no palidece, al menos cede el paso ante una realidad apabullante: la compañía de cruceros más grande del mundo podría empezar a viajar a Cuba.
Ya no es Netflix o los intentos de Google —otro gigante— o las remesas; los viajes familiares, la organización Pastores por la Paz con su hipocresía anual o un afinador de pianos perdido en su tarea entre el comején y el abandono de un viejo instrumento.
Es Carnival. El símbolo del capitalismo en todo su esplendor: de la frivolidad al ensueño.
Y ante ese avance —que hasta el momento parece indetenible del capitalismo sobre la Isla— los opositores no muestran mejor cara que encerrarse en esquemas caducos.
No se trata de abrazar a un capitalismo más o menos “salvaje” —todo capitalismo lo es, en esencia, al buscar la ganancia como el fin primordial— como la panacea frente a todos los males. Es actuar en consecuencia.
Si se sustenta la tesis de que el capitalismo no traerá la libertad a Cuba —por el simple hecho de que tras la Coca-Cola solo hay una pausa que refresca y no el reverdecer de los derechos humanos—, la consecuencia lógica es el rechazo a ese neoliberalismo visceral tan repetido en los discursos del exilio.
No basta con refugiarse en un supuesto código moral de patriotismo de sexto grado de la escuela primaria: la evocación de los héroes del siglo XIX y el llamado de la patria. Porque en el exilio, la exaltación de la libertad pasa primero por el pago de la cuenta de la electricidad. Y no tiene por qué ser diferente en Cuba.
Ocurre en Miami —para citar un ejemplo—, donde hay exiliados que no dudan un momento en alzar sus voces en favor de los derechos humanos en Cuba; gritan su repudio a la política del presidente Barack Obama y expresan sus deseos de aislar diplomática y económicamente a la Isla, con el supuesto fin de lograr el fin del régimen castrista. Y que al mismo tiempo no se permiten ni un susurro en contra de sus jefes inmediatos en el trabajo.
Todo mezclado: la satisfacción emocional de manifestarse a favor de la democracia en el país de origen; pero al mismo tiempo procurar que no le falte la luz en casa, en el país de residencia.
Lo que no es más que elección personal, en muchos que viven al margen de la política —en el sentido de ejercerla como profesión—, se complica para quienes postulan un fervor opositor, disidente o de activismo en favor de la sociedad civil. Aunque al mismo tiempo recaen para su labor en una práctica mercantilista donde la función rentista —al recibir un sustento directamente del gobierno de Estados Unidos, o de fundaciones que de forma más o menos enmascarada se nutren de esos fondos— opaca una visión más amplia, en que la libre competencia determinaría la supervivencia del más apto, principio fundamental capitalista.
De esta forma, las figuras y organizaciones de la disidencia no se miden en función de su efectividad, sino de parámetros subalternos, que van del reclamo constante a la victimización hasta el apego a los modelos establecidos por sus benefactores en Washington y Miami.
El apego constante a ese modelo mercantilista —por conveniencia monetaria o ausencia de mejores circunstancias para desarrollar otras vías— determina en buena medida la negativa a buscar su inserción dentro de un nuevo modelo cubano que poco a poco aflora, donde las ventajas e inconveniencias del mercado van a determinar cada vez la situación del país.
En la medida que se extienda este anclaje en el pasado, la oposición cubana seguirá rechazando oportunidades.
Si bien los posibles viajes de cruceros de Carnival no representan, a un futuro inmediato una incidencia directa en la población de la Isla, sí ilustran particularmente la marcha de los tiempos.
En primer lugar por el hecho de la compañía tiene su sede en lo que, en un sentido general, se conoce como Miami —aunque desde el punto de vista de división política y administrativa está en un suburbio, la ciudad de Doral— y apenas hace unos pocos años un anuncio de este tipo, de ser posible, se habría interpretado como un “insulto” o “desafío” a la comunidad exiliada.
Luego por ejemplificar una muestra de la incoherencia ideológica del sistema cubano, empeñado solo en conservar el poder.
La paradoja aquí es que ese exilio miamense en vía de extinción está arrastrando en su caída a la oposición o disidencia cubana, que por motivos económicos no corta su cordón umbilical y se limita no solo al desgaste en repetidos recuentos de presos políticos —que lo son y no lo son—, cuya cifra en el mejor de los casos no trasciende de un número reducido; o a un antagonismo estéril y vocinglero con la Iglesia Católica, como si aún no tuviera suficientes enemigos. Eso, por supuesto, sin contar con los planes quiméricos, que suelen discutirse con frecuencia a la hora de los postres en cualquier capital europea.
El arrastrarse en un supuesto cuerpo a cuerpo con el castrismo caduco no le da vigencia a la oposición —como tampoco se la otorga al régimen sus continuos métodos represivos— sino contribuye al tipo de distracción que siempre ha buscado La Habana.
Mientras tanto, la Casa Blanca ha dejado en claro que los últimos actos represivos —por supuesto que muy condenables— no detendrán la política estadounidense en favor de la reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba. Lo demás en seguir hablando mal del presidente Obama, en Miami o en donde sea. O del capitalismo. O si se quiere de la ambición, la avaricia y el dinero. Ello tampoco cambiará nada.

lunes, 6 de julio de 2015

¿Reclamo económico o jugada política?


Una conclusión elemental es que el resultado del referendo griego le ha otorgado capital político al gobierno del primer ministro Alexis Tsipras. Pero ese poder ganado tras una jugada riesgosa posiblemente sea usado más a favor de un “sí” que de un “no”.
El primer paso ya ha llegado con la renuncia del ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varufakis, quien ha anunciado este lunes su dimisión porque cree que así pueda ayudar al Gobierno a alcanzar un acuerdo con las instituciones europeas, horas después de la victoria del “no” en el referéndum celebrado en el país heleno. de acuerdo al diario español El Confidencial.
En su comunicado, titulado “Ya no soy ministro”, Varufakis ha sostenido que el referéndum "permanecerá como un momento único en el que una pequeña nación europea se levantó contra la servidumbre por las deudas".
“Como todas las luchas por los derechos democráticos, esta negativa histórica del ultimátum formulado el 25 de junio por el Eurogrupo llega con un gran coste asociado”, ha manifestado.
“Por ello, es esencial que el gran capital concedido a nuestro Gobierno por el espléndido 'no' sea invertido inmediatamente en un 'sí' a una resolución adecuada, a un acuerdo que contemple la reestructuración de la deuda, menos austeridad, redistribución a favor de los necesitados y reformas reales”, ha apuntado.
Varufakis ha revelado además que después del anuncio de los resultados se le comunicó que existía “una cierta preferencia por parte de algunos miembros del Eurogrupo y otros 'socios' a favor de su 'ausencia' durante sus reuniones”.
Tal actitud del ministro es consecuente con lo expresado por Tsipras, que tranquilizó a los partidarios del “sí” tras conocerse su triunfo en el referendo con estas palabras: “Soy consciente de que el mandato que me dais no es un mandato de ruptura, sino un mandato para una solución sostenible” en el que la prioridad será “el funcionamiento del sistema bancario”, dijo, de acuerdo al diario español El País.
El gobierno de Tsipras ha dicho que cree que sería posible lograr un acuerdo con los acreedores en las próximas 48 horas. La bola está ahora en manos de Bruselas; o lo que es casi lo mismo aunque no siempre igual gracias a Francia: Alemania. 

La capital de qué exilio


Desde hace décadas, los planes del exilio histórico de Miami para “poner fin a la dictadura castrista” se han caracterizado por complicarle la vida a los cubanos de aquí y de allá, y si es posible a otros nacionales también, incluidos los estadounidenses por nacimiento. La oposición del alcalde de Miami, Tomás Regalado, a la eventual apertura de un consulado de Cuba en Miami, se suma ahora a esa política fallida.
Durante años quienes enviaban dinero a sus familiares en la isla tenían que llenar un afidávit —cuyo documento y tramitación por supuesto ellos pagaban—, entregar su licencia de conducción para ser fotocopiada y someterse a una investigación que verificara que los exiguos fondos que mandaban iban realmente a sus familiares más cercanos.
Ni un centavo, como tampoco el engorro en los trámites, contribuyó a que Cuba fuera más libre, los hermanos Castro se abandonaran el mando o la “pesadilla comunista” se alejara de la isla.
Eso sí, los legisladores, políticos y funcionarios que hacían posible tal perdedera de tiempo y dinero se sentían satisfechos.
Tal esquema intenta repetirse una y otra vez por los mismos personajes.
Si por Regalado fuera, quienes necesitan trámites consulares se verán obligados a viajar a Washington o posiblemente a otros estados para realizarlos. O de lo contrario continuar obligados a requerir una mayor participación de los servicios de las agencias de viajes a Cuba —con el gasto consecuente—, que a estas alturas ya deben estar pensando en nombrarlo “alcalde del año”.
Para Regalado, dicho consulado sería “una provocación” para la “capital del exilio” y vuelve a invocar que esta ciudad “todavía hay miles de personas que tienen heridas sin restañar y familiares presos”. Lo de las heridas es cierto, no así lo de los miles o en todo caso cientos de presos en Cuba. Pero millones han nacido después de 1959, y sus vidas han transitado por otros caminos. Ellos también cuentan. Eso para no hablar de quienes viven en esta ciudad y son ajenos a esos problemas.
Que Regalado continúe dormido en el pasado, como un Rip Van Winkle que se niega a despertar, no debe extrañar. Lo curioso es que sus palabras fueron dichas en una ceremonia de juramentación de la ciudadanía estadounidense. Esos ciudadanos que ahora, no son los de entonces, los de su época.
Ni por un momento al alcalde se le ocurrió pensar que esos nuevos ciudadanos —no solo de origen cubano— podrían tener un pensamiento distinto al suyo, que si bien resulta válido en el orden personal, él no es solo el alcalde del exilio histórico sino de toda la ciudad. Un lugar donde diariamente cientos de sus residentes viajan a Cuba.
Así que Regalado, a nombre de una minoría que languidece, se considera con derecho de complicarle la vida a una mayoría en aumento.
El problema para el alcalde es que Miami no es una patria, ni una nación ni simplemente un refugio para inmigrantes. Es una ciudad estadounidense y un municipio de este país, que aunque tiene características propias no es ajeno al resto de la nación.
No se gobierna a una ciudad obedeciendo simplemente a los criterios de la Calle Ocho. Eso para recurrir a un símil barato, porque a estas alturas ya en dicha calle casi no hay cubanos de otros tiempos, ni defensores del pasado, y apenas quedan una o dos voces de protesta contra el presidente Obama, al calor de un café más o menos aguado.
¿Dónde está el límite, que debía ser claro, entre el sufrimiento y la demagogia? ¿Hasta cuándo hay que soportar a los que se consideran abanderados del pasado?
En una ciudad que por muchos años fue dominada por los exiliados que llegaron primero —y que en cierto sentido aún continúa bajo tal influjo—, los miembros de las diversas generaciones criadas por vocación o a contrapelo en Cuba luchan a diario por ocupar el lugar que les corresponde y merecen. No es una lucha entre jóvenes y viejos, sino entre lo viejo y lo nuevo.
El respeto a los años de lucha no debe servir de justificación de errores y tampoco de patente de corso para los aprovechados. Ha llegado el momento en Miami de poner freno a las invocaciones patrióticas que no conducen a nada. Es hora de decirles a esos señores que ellos no hablan en nombre de toda la comunidad exiliada, sino de apenas un sector de ésta. Basta de farsa.
Los que quieren seguir dictando pautas en relación a  un país —que desde hace décadas desconocen o que no conocieron nunca— se reducen cada vez más a un grupo de recalcitrantes, que se empeñan en seguir practicando su deporte preferido:
disfrutar de todas las ventajas que proporciona el ser ciudadanos de un país poderoso, al tiempo que reivindican el ser considerados guías ideológicos y políticos de un exilio que les resulta cada vez más ajeno. ¿A quiénes representan? Solo a unos pocos y cada vez menos.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 6 de julio de 2015. 

domingo, 5 de julio de 2015

Los “Cuatro Jinetes del Apocalipsis” frente a Europa


Cuatro grandes crisis en la periferia de Europa amenazan con engullir a la Unión Europea, lo que podría hacer retroceder décadas el ambicioso proyecto de unificación continental iniciado tras la Segunda Guerra Mundial, informa la agencia Reuters.
La unidad, la solidaridad y la posición internacional de la UE están en entredicho debido a la crisis de deuda griega, el rol de Rusia en Ucrania, el intento de Reino Unido de cambiar sus relaciones con el bloque y las migraciones del Mediterráneo.
Si la Unión no es capaz de lidiar correctamente con cualquiera de estos problemas, podría agravar los demás, ampliando los posibles escollos del “proyecto Europa”, escribe el analista Paul Taylor para Reuters.
Grecia se encamina a territorios inexplorados y a un futuro incierto sobre el uso de la moneda en común europea luego que los votantes rechazaron abrumadoramente las exigencias de los acreedores internacionales de mayores medidas de austeridad a cambio de un rescate financiero para su economía en bancarrota, de acuerdo a un cable de la AP.
Con el 99% de las papeletas escrutadas, un 61% de los votantes helenos que ayer participaron en el referéndum convocado por el primer ministro, Alexis Tsipras, rechazaron la última propuesta de los socios europeos, que contemplaba una nueva tanda de recortes y ajustes.
Tras una dramática semana de corralito y de control de capitales, y con la economía al borde del colapso, Tsipras tranquilizó a los partidarios del sí. “Soy consciente de que el mandato que me dais no es un mandato de ruptura, sino un mandato para una solución sostenible” en el que la prioridad será “el funcionamiento del sistema bancario”, dijo, de acuerdo al diario español El País.
El gobierno de Tsipras ha dicho que cree que sería posible lograr un acuerdo con los acreedores en las próximas 48 horas.
Sin embargo, funcionarios europeos y la mayoría de los partidos de oposición de Grecia pintaron el referéndum como si éste fuera respecto a si el país debía seguir utilizando el euro como divisa, a pesar de que esa no fue la pregunta en la boleta de votación. Encuestas de opinión del viernes mostraron que 74% o más de los encuestados querían que Grecia permanezca en la zona del euro, de acuerdo a la agencia AP.
“Dadas las desfavorables condiciones de la semana pasada, ustedes han tomado una decisión muy valiente”, dijo Tsipras en un mensaje a los griegos.
Señaló que buscaría negociar una solución viable con los acreedores de la nación.
La forma en que reaccionen los funcionarios europeos al resultado del referéndum será crucial para el país, y una cumbre de la eurozona ha sido convocada para la tarde del martes a fin de discutir la situación en Grecia.
La canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés François Hollande hablaron entre sí la noche del domingo y acordaron que “el voto del pueblo griego debe ser respetado”, informó la oficina de Merkel.
Sigmar Gabriel, vicecanciller y ministro de Economía de Alemania, dijo a un periódico alemán que el gobierno griego estaba conduciendo a su pueblo “a un sendero de amarga austeridad y desesperanza”.
Tsipras “ha derribado los últimos puentes por los que pudieron transitar Europa y Grecia hacia un acuerdo”, declaró Gabriel al diario Tagesspiegel.
“Al decir no a las reglas europeas, como se reflejó en el voto mayoritario por el ‘No’, es difícil imaginar negociaciones sobre un paquete de ayuda por miles de millones”, agregó el político socialdemócrata alemán.
Johan Van Overtveldt, ministro de Finanzas de Bélgica, dijo por su parte que un resultado de “no” complica las cosas, pero insistió en que la puerta permanecía abierta para reanudar las negociaciones en unas horas.
La votación del domingo se llevó a cabo una semana después de las restricciones de capital impuestas para evitar un agotamiento de capitales en los bancos. Las restricciones han hecho que los griegos formen colas en los cajeros automáticos de todo el país para retirar un máximo de 60 euros ($66) por día. Los bancos estuvieron cerrados durante toda la semana y no se sabe cuándo van a abrir de nuevo.
El pulso de Tsipras con sus acreedores hizo que Grecia incumpliera un plazo de su deuda la semana pasada y cerrara los bancos para evitar su colapso. El endeudado país también perdió el acceso a miles de millones de euros tras expirar el acuerdo de rescate que estaba vigente.
La sensación de urgencia ha sido patente toda la semana, mientras los griegos trataban de descifrar la compleja pregunta del referéndum entre frenéticos mensajes de catástrofe inminente o desafío.
El gobierno griego afrontará difíciles desafíos en cualquier caso, indicó el politólogo de la Universidad de Yale Sathis Kalyvas. Con el “no”, Atenas podría encontrarse con que los países de la eurozona se niegan a negociar un acuerdo mejor porque desconfían de Tsipras, señaló Kalyvas.
Si la Unión Europea quiere mantener a Grecia en la eurozona, apuntó Kalyvas, tendrá que dar con “un plan muy generoso”, dado que el coste de la crisis se ha disparado más de lo esperado.
Seguir negociando con el gobierno griego será “muy difícil”, indicó el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, porque la situación económica del país se ha agravado mucho en las últimas semanas. Schaeuble reiteró la postura alemana de que para que Europa funcione, todos los países deben cumplir las normas.
Otro problema con cualquier negociación futura es que los acreedores griegos no están de acuerdo entre sí. El Fondo Monetario Internacional ha sido que no participará en un tercer rescate a menos que incluya un considerable alivio de la deuda griega. Otros países europeos, sin embargo, han descartado aliviar la deuda hasta que Atenas acometa más reformas financieras.
El ministro griego de Finanzas, Yianis Varoufakis, mientras tanto, arremetió contra los otros países europeos a los que acusó de demorar el acuerdo de rescate para que se agotaran las arcas de los bancos griegos y forzar a Grecia a aceptar lo que describió como un acuerdo humillante, de acuerdo a la AP.
¿Y si Grecia sale del euro?
La suspensión de pagos de Grecia, apodada “Grexit”, que podría dejar al país fuera del euro es el reto más inmediato para la noción a largo plazo de una “unión más integrada que nunca” de Estados y pueblos europeos, de acuerdo a Reuters.
“Las consecuencias a largo plazo de un ‘Grexit’ afectarían al proyecto europeo por completo. Sentaría un precedente que podría minar la misma razón de ser de la UE”, escribieron Fabian Zuleeg y Janis Emmanouilidis en un análisis para el centro de estudios European Policy Centre.
A pesar de que Grecia apenas supone el 2% del PIB y la población del bloque, la bancarrota del país tras dos rescates en los que sus socios europeos le prestaron cerca de 200.000 millones de euros es un enorme revés para el prestigio de la UE.
Incluso antes de hacerse pública la convocatoria del referéndum que el país heleno celebró el domingo, el ambiente en Bruselas era tenso, con los griegos culpando a los alemanes, la mayoría de los demás señalando a los griegos, los economistas keynesianos culpando a la cerrazón de miras y la obsesión con la austeridad y las autoridades de la Unión enfatizando el éxito de los rescates que se han llevado a cabo en otros estados del bloque.
Con su destino aún por aclarar, el caso de Atenas ha dejado en evidencia que los fundadores del euro fueron ingenuos cuando dijeron que la pertenencia a la moneda única era irrompible.
Ahora, sus socios podrían intentar contener el problema después de la salida de Grecia, cuando el mal ya esté hecho, y moverse con velocidad para mantener unidos al resto de los miembros, quizás enmendando algunos de los defectos de diseño iniciales de la unión monetaria, aunque es probable que la oposición alemana intente evitar que camine hacia una emisión conjunta de bonos.
La próxima vez que una recesión o una subida de la rentabilidad de los bonos soberanos sacuda la zona euro, los mercados recordarán el precedente de Grecia.
Otras tres crisis
El colapso económico de Grecia, además del sufrimiento que causaría y la pérdida de miles de millones de euros que supondría para los contribuyentes europeos, podría agravar las otras tres crisis a las que se enfrenta Europa y desestabilizar el frágil sur de los Balcanes.
Con la tensión ya desatada en el Mediterráneo oriental debido a la guerra civil en Siria, el eterno conflicto palestino-israelí, la división de Chipre que continúa sin resolverse y las disputas sobre los yacimientos de gas en el mar, una Grecia destrozada podría volverse hacia Rusia en busca de apoyo. A cambio, los helenos podrían vetar la próxima andanada de sanciones de la UE contra Moscú, o incluso ofrecerle las instalaciones navales que en su día emplearon los Estados Unidos.
Atenas ya tiene problemas para lidiar con el flujo de refugiados que llegan huyendo del conflicto en Siria e Irak hacia las islas del Egeo, buscando la ruta más segura para atravesar Europa en dirección a los países más prósperos del continente, como Suecia o Alemania.
Las autoridades griegas, desesperadas por obtener liquidez, están más que contentas de ver que se dirigen al norte, en busca de asilo en cualquier otro lugar de la UE. No es difícil imaginar a un gobierno fuera de la zona euro usando a los inmigrantes como medio para presionar a los demás países del bloque, de acuerdo al análisis de Reuters.
La incapacidad para resolver la crisis griega después de cinco años de discusiones podría hacer parecer débil a la UE a los ojos del presidente ruso Vladimir Putin, el presidente chino Xi Jinping o cualquier otro que esté buscando expandir su poder.
Las autoridades de Bruselas son conscientes de que la crisis de la euro zona ha provocado la devolución al ámbito doméstico de la toma de decisiones en algunas materias y minado el “poder blando” del modelo europeo, basado en la gobernación supranacional. Se ha debilitado la mano de la UE en temas relacionados con el comercio mundial o el cambio climático.
Y lo peor podría estar aún por llegar.
Reino Unido
La exigencia de Reino Unido de renegociar los términos de su pertenencia a la Unión, y su decisión de someterlo a un referéndum de resultado incierto en 2017 aumenta el riesgo de que el bloque pueda perder a su segunda mayor economía, su principal centro financiero y su mayor activo militar.
A pesar de que los sondeos muestran que los partidarios de permanecer en la UE tienen una ventaja de cerca de 10 puntos, y un cierto alivio por las declaraciones del primer ministro británico David Cameron, que aclaró que no incluiría ninguna exigencia imposible en sus peticiones, hay mucho nerviosismo en Bruselas.
Las encuestas predijeron tremendamente mal el resultado de las elecciones generales de mayo. Desde su victoria, Cameron ha sido zancadilleado varias veces por miembros euroescépticos de su propio partido Conservador.
En el caso de un colapso económico en Grecia, independientemente de si continuase o no en el euro, con descontento en las calles y consecuencias desastrosas en lo político, se podría reforzar la opinión de aquellos en el Reino Unido que piensan que su economía está “encadenada a un cadáver”.
El Reino Unido mantiene su propia moneda, pese a su participación en la Unión Europea.
Dada la enemistad de Rusia con los británicos, a quienes ven como el aliado más cercano de los Estados Unidos, Putin seguramente estaría encantado de que el Reino Unido abandonase el bloque.
La salida debilitaría a aquellos que apoyan una respuesta contundente al comportamiento de Rusia en Ucrania y Georgia y dejaría al bloque continental sin el principal socio de confianza de Estados Unidos en la región, aunque seguiría perteneciendo a la OTAN.
Todo ello podría fortalecer la posición de Putin en las negociaciones con la canciller alemana Angela Merkel, que ha liderado a la diplomacia europea en su intento de devolver a Ucrania el control de la totalidad de su territorio.
Rem Korteweg, del Centro por la Reforma Europea, compara las crisis intercaladas con los cuatro jinetes del apocalipsis que aparecen en el Nuevo Testamento: heraldos del “día del juicio” que representan la conquista, la guerra, la hambruna y la muerte.
“Los líderes de la UE se las verán difíciles para domar a estos cuatro jinetes”, dijo el pensador holandés en un ensayo. “Si no puede encontrarse una respuesta europea, estos cuatro jinetes seguirán promoviendo el caos, la inestabilidad y la recriminación mutua en el seno de la UE”.

sábado, 4 de julio de 2015

El cardenal y la propuesta


¿Aceptó o no el cardenal Jaime Ortega Alamino recibir una propuesta de la oposición cubana que pide una amnistía en Cuba?
Este es el encabezamiento de la información de acuerdo a lo publicado en el Diario Las Américas:
“Un grupo de opositores cubanos que asistió a las celebraciones por el 4 de Julio en la residencia del jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, Jeffrey DeLaurentis, aseguró que el cardenal cubano Jaime Ortega Alamino les dijo en tono airado que ‘ustedes se informan por la gusanera de Miami’, cuando los disidentes intentaron entregarle una petición de amnistía para los presos políticos.
Según los opositores, durante el altercado, en el que el prelado —aseguraron— negó la existencia de presos políticos en la isla, Ortega también los amenazó con llamar a la seguridad para que los sacaran del lugar si insistían en darle el documento”.
De acuerdo a lo planteado en el Diario Las Américas, el cardenal Ortega se negó a recibir la petición de los disidentes (las cursivas en la cita anterior son mías.
Sin embargo, El Nuevo Herald ofrece otra versión de los hechos, y cita para ello las palabras de Antonio Rodiles, director del proyecto cívico Estado de SATS, que de acuerdo al periódico “el viernes le entregó la propuesta al Cardenal Jaime Ortega durante una recepción por el Día de la Independencia de Estados Unidos, organizada por la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana en la que ambos participaron”.
Es decir, que de acuerdo al Herald, el cardenal Ortega sí recibió la propuesta (aquí también las cursivas son mías).
Lo curioso es que más adelante, la información del Diario Las Américas también se refiere al encuentro de Rodiles y Ortega.
“En la tarde del viernes, Rodiles confirmó que se había acercado al cardenal para entregarle la propuesta de ley de amnistía y que el representante de la Iglesia no rechazó recibir el documento de manera tajante, pero se cuestionó por qué le estaban entregando el documento en ese lugar.
‘Tenía las manos ocupadas y le respondí que quería que tuviera el texto antes de su presentación oficial. Entonces me pidió que la doblara e hizo un ademán como si se la fuera a guardar en el bolsillo. Terminé pidiéndole que la leyera porque le iba a interesar’”.
Hay una ambigüedad en la cita de Rodiles (también las cursivas son mías), que no aclara lo que realmente hizo Ortega con el documento tras el “ademán” —actitud de ir a ejecutar algo—, y si realmente lo guardo en algún bolsillo.
La percepción del activista sobre la actitud del cardenal queda incluso mejor expresada en lo publicado por El Nuevo Herald.
Según Rodiles al Herald, el cardenal “no ha mostrado interés” y “ha tratado de minimizar a la oposición diciendo que en Cuba no hay presos políticos”.
“El cardenal se ha descalificado como mediador”, dijo Rodiles, y añadió que una intervención del papa Francisco durante su visita a la isla en septiembre “sería oportuna.”
El proyecto de ley en cuestión está basado en la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración de Derechos Humanos, de las cuales Cuba es signataria, y se refiere a delitos que se entienden en el Código Penal Cubano como “delitos contrarrevolucionarios”, así como todos aquellos que tienen intencionalidad de rango político, se indica en el documento, según el Herald.
Hace falta conocer más detalles sobre esa propuesta de “ley de amnistía para presos políticos y casos de connotación política”, que incluye la eliminación de los cargos de licencia extrapenal que pesan sobre algunos excarcelados en la isla.
En realidad, más que un amnistía sería necesario una reformulación del código penal, pero el proyecto que se presenta parte de una situación que requiere ser reconsiderada: las normas legales que catalogan a los supuestos delitos político, y que se adecúan a las condiciones del momento sin cumplir siquiera una normativa represiva.
Lo que fue delito ayer ya no lo es hoy, y lo que rige en estos momentos puede que cambie en una hora.
Es decir, que el régimen cubano no solo es ambiguo hacia lo permitido sino también respecto a lo prohibido.
Por mucho menos de lo que durante más de un año se ha llevado a cabo en el portal digital 14ymedio, algunos cumplieron años de cárcel, tras la Primavera Negra de 2003 y con anterioridad.
En este sentido, lo que puede catalogarse como un cambio —que por lo general no metan preso a alguien por escribir un artículo dentro de la llamada prensa independiente— no resulta un avance, debido a la existencia de un principio de incertidumbre cuya razón de existencia es mantener la sumisión.
Sin embargo, surgen las dudas en cuanto a los medios para hacer avanzar este proyecto, si es ese el verdadero interés, y no añadir otra piedra al intenso torpedeo al deshielo entre Cuba y Estados Unidos.
El lugar adecuado
El documento se entregará a las distintas instancias del gobierno, incluyendo la Asamblea Nacional del Poder Popular, según explicó Rodiles al Herald.
Rodiles reconoció que existen pocas probabilidades de que la Asamblea Nacional del Poder Popular se interese en las peticiones de los disidentes, pero que no podían perder las esperanzas.
La pregunta que cabe es por qué no se siguió el mismo procedimiento con la Iglesia Católica, y no se procedió a seguir l.
Difícil es concebir una mayor “esperanza” en el régimen cubano que en el cardenal Ortega.
Aprovechar una recepción diplomática para la entrega de tal documento, dentro de la situación cubana, puede ser considerado un desafío o incluso una provocación. Pero tampoco constituye una ofensa. El cardenal Ortega debió haberse guardado el documento en el bolsillo y punto.
Hay algo que la oposición cubana no acaba de entender. No se puede estar al mismo tiempo en la ciudad y en la guerrilla. Entre manifestarse en la calle y asistir tranquilamente a una recepción hay una distancia insalvable. La disidencia en la isla está desperdiciando con ruido sus limitados espacios de presencia. Como se decía en Cuba, no se puede estar al mismo tiempo en misa y en procesión, porque al final terminan fuera de ambas ceremonias. Las actitudes provocadoras no son compatibles con el diálogo, cuando ambas acciones corren de parte de iguales protagonistas.
Una recepción diplomática no es el lugar para increpar a una figura de la Iglesia, como al parecer hicieron algunos expresos políticos según información de Martínoticias. En primer lugar porque posiblemente en el salón habían otros que se merecían más ser reprendidos y luego porque la Iglesia Católica es una de las pocas instituciones a las que pueden solicitar cooperación en estos momentos —que ese pedido solo reciba un apoyo parcial no lo exime de su necesidad— y transitar una vía que podría llevar a un aislamiento de la misma es simplemente jugar la carta de un sector del exilio de Miami, que vive a buen recaudo de las consecuencias.
¿Hasta dónde llegó el rechazo del cardenal?
El Diario Las Américas lo caracteriza como algo peor que un Torquemada, para los disidentes cubanos, mientras que en El Nuevo Herald se limita a brindar la opinión de Rodiles de la falta de interés del prelado en el asunto.
Desde hace semanas viene creciendo la lipidia entre un sector del exilio de Miami y el cardenal Ortega, a la que se ha sumado un sector también de la oposición.
Todo ello en medio de la próxima visita del papa Francisco a Cuba y del papel mediador de la Iglesia Católica en el diferendo entre Cuba y Estados Unidos.
Lo que llama la atención en este guirigay es que Ortega es una figura en salida, al menos en lo que a sus responsabilidades eclesiásticas en Cuba se refiere. Desde 2011 presentó la renuncia. por arribar a la edad límite, en cumplimiento del Derecho Canónico. Si permanece en el cargo es por mandato de Benedicto XVI y Francisco, pero su futuro es el Vaticano, no la isla.
Da la impresión que ese sector del exilio y la disidencia que expresa su rechazo al deshielo entre Washington y La Habana ha encontrado en el cardenal su particular polígono de tiro, un ejercicio peligro que desconoce lo cerrado de la jerarquía católica, donde atacar al cardenal puede interpretarse como un ataque al Papa con blanco disimulado.
No es que todo lo hecho o dicho por el cardenal Ortega sea meritorio, pero echar a un lado su historial, olvidar la pastoral El amor todo lo pueda, su labor en la liberación del grupo los 75 presos políticos de la Primavera Negra y a favor de las Damas de Blanco puede interpretarse no solo como un gesto de ingratitud, sino como una actitud errada en lo político, siempre y cuando la prioridad sea realmente la lucha en favor de la libertad y los derechos humanos.

domingo, 28 de junio de 2015

Mercantilismo y disidencia


El mito de la autonomía empresarial del exilio cubano, y la defensa denodada de sus miembros en favor de la menor participación posible del Estado en la gestión económica, guarda una gran similitud con la actitud emprendida por la oposición y disidencia dentro de la isla: considerar que el camino hacia la transición democrática en Cuba debe transitar la vía de la dependencia financiera a un gobierno extranjero.
La filosofía de la autonomía empresarial ha servido para que dichos exiliados se consideren representantes ejemplares del neoliberalismo. Aunque un análisis del desempeño de algunos capitales cubanos en Miami muestra un panorama distinto, donde el mérito y la virtud en obtener riquezas se encuentran más cerca de un astuto aprovechamiento de los vínculos con el poder local, estatal y nacional en una forma que los convierte, en la práctica, en paladines del mercantilismo —el modo económico en que el poder gubernamental se pone de parte de determinados grupos de interés para facilitarle la adquisición de prebendas, contratos y ganancias— y no en competidores que miden sus fuerzas y recursos en un mercado abierto.
Esta unión de negocios y política se encuentra en la raíz de las posiciones de algunos líderes comunitarios, portavoces del exilio y representantes políticos. Define sus conceptos y valores sobre lo que consideran mejor para el futuro cubano y explica sus apoyos y rechazos respecto a la forma de lidiar con el gobierno de la isla, sin considerar las aspiraciones de quienes viven en ella.
Intereses comerciales y económicos que bajo un disfraz de patriotismo intentan algo más simple: hacer negocios. Lo demás es ruido.
La consecuencia es que ha surgido un “anticastrismo” que es más un empeño económico que un ideal político, alimentado en gran medida por los fondos de los contribuyentes. El financiamiento a una disidencia mal organizada, peor concebida y de resultados cuestionables es el canto de cisne de esa industria.
Si el capitalismo y la democracia marchan unidos —reclamación dudosa que postula buena parte de esa disidencia—, poner en práctica las elementales normas de efectividad económica que rigen en el mercado sería un paso necesario para lograr eficiencia y prestigio.
En este sentido se puede afirmar que la productividad del movimiento opositor cubano está por el suelo; los costos resultan exorbitantes; el “overhead” imposible de sostener; los gastos de representación por las nubes y los beneficios marginales fuera de control.
Para lograr un cambio hacia la libertad en Cuba, muchos opositores tienen poco que mostrar a su favor, salvo la última foto en una capital de Europa o aquí en Estados Unidos, en Miami o Washington.
Más allá del mal uso y la falta de control sobre los millones de dólares que desde hace años viene destinando EEUU para supuestamente hacer avanzar la libertad en Cuba, hay varios aspectos que llaman la atención en lo que hasta el momento no ha sido más que un gran derroche de fondos.
En primer lugar hay que señalar el desconocimiento y la prepotencia que subyace en ese esfuerzo, aparentemente democrático y generoso, que por años llevó a la impresión de miles de textos sobre la importancia de los derechos humanos.
Lo que en un inicio pudo haber sido una labor educativa, se convirtió en el pretexto perfecto para justificar costos de imprenta, compras en librerías y elevados gastos de distribución.
El fundamento que determinó tal colosal botadera de dinero fue, en el mejor de los casos, de un paternalismo grosero, por no decir una muestra de racismo: quienes viven en la isla no han exigido mayores libertades porque las desconocen.
El camino del aprendizaje —de acuerdo a esta estrategia— abriría las puertas de una mayor conciencia ciudadana, con la consecuencia de un aumento en las protestas y una mayor exigencia hacia el respeto de los derechos humanos. Nada de esto ha ocurrido. Represión, si. Pero también falta de interés de la ciudadanía ante problemas más perentorios.
El segundo aspecto llegó precisamente por el rumbo contrario. Si se contabilizan los millones de dólares dedicados al incremento del periodismo independiente en Cuba, y se contrapone esta cifra con el valor de la información enviada desde la isla, hay que concluir que en EEUU la palabra se paga a un alto precio. O al menos algunas palabras o las palabras de algunos. No es exigirle demasiado a la prensa independiente, sino el evitar sobrevalorar sus resultados y el admitir como cierto lo que simplemente son comentarios dirigidos al gusto de un exilio exiguo.
Sin embargo, los dos aspectos anteriores son hasta cierto punto secundarios ante la situación actual: el derroche que representan viajes, congresos y reuniones en los puntos más diversos del planeta y planes de contingencia que no trascienden del esfuerzo mediático.
Lo que tiene que hacer Washington es poner freno a esos empeños inútiles, y apostar por una verdadera transición a través del desarrollo de la labor de emprendedores y trabajadores privados. Basta ya de votar el dinero de los contribuyentes.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 29 de junio de 2015.