miércoles, 20 de septiembre de 2006

DIFAMACION EN MIAMI


¿EXISTE UN PERIODISTA llamado Juan Cuellar? Busco en Internet y encuentro: compositores, actores, exploradores, presidentes de una asociación indígena (este Juan Cuellar es un Compassionate Warrior), escultores, peloteros (salario: $350,000) y artistas, pero ni periodista con ese nombre. ¿Por qué entonces las preocupaciones de un individuo que dice llamarse así por la ética periodista y problemas similares? Bueno, para mí ya es un paso de avance que exista Juan Cuellar.
Poco tiempo atrás pensé que era un nombre imaginario. Alguien que se identificaba así, era dado al aspaviento, y entraba en mi blog y escribía comentarios interminables, no importa que no guardaran relación con el tema tratado. Una persona exaltada que agregaba artículos en inglés y español sobre cualquier asunto relacionado con Cuba.
Creo que tras esa efusión siempre dejó claro estar dominada no por una causa, sino por un afán de destacarse, una envidia hacia el que puede escribir y un afán por imponer sus criterios.
Tengo que confesar que ese Cuellar opinando a cada momento puso a prueba mi paciencia, y creo que la de otros lectores del blog. Pero en ningún momento suprimí uno solo de sus comentarios. Pido disculpas ahora por no hacerlo. El miedo a ser acusado de censor pudo más que el poner coto a un desaforado, que había confundido la democracia con la impertinencia.
Cuellar debía de reconocer que durante un tiempo usó mi blog -que es mío y no del periódico, que realizo sin que reciba compensación económica por él- sin limitación alguna. Pero es mucho pedir a alguien que se viste de fanático para exhibir su egolatría.
(Debo aclarar que si la posibilidad de poner comentarios permanece cerrada no es por culpa de Cuellar, sino debido a los insultos -muchos de ellos dirigidos contra él-, malas palabras y tonterías que comenzaron a dominar un espacio cuyo objetivo es debatir un artículo. Este es un blog y no un foro).
Mientras los comentarios estuvieron abiertos, Cuellar persistía sin importarle los insultos (que nunca aprobé y sólo permitía bajo esa misma idea errónea de la democracia que me impidió suprimir algunas de sus notas tediosas), con un afán masoquista. Ahora Cuellar cree llegado el momento de su venganza y me ataca públicamente. Me lo merezco desde el punto de vista emocional (el dueño del blog no deja de ser una figura paterna), pero desde el punto de vista profesional no me queda más remedio que contestarle. Lamento que me va llevar un tiempo.
HASTA EL CUELLOPero mientras todo esto ocurría Cuellar seguía siendo un ente ficticio, hasta ayer que apareció en Polos Opuestos, de María Elvira Salazar, y mi mujer me grabó el programa porque a esa hora estoy trabajando en el periódico.
Así que al llegar a casa me encontré con la sorpresa de que Juan Cuellar no sólo tenía un cuerpo, sino también una profesión: "activista anticastrista".
La categoría "activista anticastrista" la inventamos los periodistas para eludir una definición más precisa. Alguien puede ser terrorista, poeta, ejecutivo y empresario de pompas fúnebres y al mismo tiempo pertenecer al gremio de los "activistas anticastristas". En principio, no tengo nada en contra de ese grupo. Se me podría considerar incluso miembro de ese grupo.
Si se considera todo lo que he escrito en contra del régimen de La Habana, alguien podría decir que yo también soy un "activista anticastrista". Incluso agregar que como "anticastrista" he sido más efectivo que Cuellar. ¿Lo conocen en La Habana? ¿Lo han citado en alguna ocasión en The New York Times, Le Monde, cualquier periódico español? ¿Algún exiliado de los tantos que tratan de sobrevivir en las más diversas partes del mundo se le ha acercado para pedirle ayuda?
El problema es que yo "no milito en el anticastrismo", ni me considero un "activista anticastrista" y ni siquiera un "periodista anticastrista". Creo que ya es bastante ser escritor a secas y periodista a secas.
Intento mantener las distinciones naturales entre mi trabajo como periodista en El Nuevo Herald y lo que escribo en mis artículos y libros. Trabajo en una empresa dedicada a difundir informaciones, no afiliada a grupo o partido político.
No vivo de escribir y hablar sobre Cuba. No soy político ni pertenezco a organización política alguna. Mi compromiso es con la verdad y la buena escritura. No hago alarde de estar a favor de la "causa cubana".

Es evidente que Cuellar y yo vivimos en dos mundos distintos, aunque lo que nos separa no es precisamente el rechazo al régimen de Fidel Castro. Lo que no acabo de entender es por qué él ha venido al mío. Si jamás lo he mencionado, como tampoco al señor Diego Suárez, que también mintió sobre mí en el programa de María Elvira.
Como no he encontrado nada escrito por este individuo y veo que el debate de ideas no es su fuerte, pregunté aquí y allá. Sólo pudieron decirme que es hermano de una actriz cubana, Yolanda Cuellar, y que en una época se dedicaba a ir al Aeropuerto Internacional de Miami con una cámara de video a filmar a los que iban a Cuba, mientras al mismo tiempo buscaba vías para mandar dinero a sus familiares en la Isla. (Ojo Cuellar: esto no es chisme, conozco a una persona a cuyo familiar tú le entregaste dinero para tus parientes en Cuba). El mandar dinero a la familia en Cuba mi me parece muy bien y lo considero una muestra de cariño y generosidad, pero el estar al mismo tiempo filmando a los que van a la Isla me parece un ejemplo típico de doble moral. Así que Cuellar no creo que esté muy calificado para hablar de ética.
LAS MENTIRAS DE CUELLAR
Pero además resulta que Cuellar es mentiroso. En el programa de María Elvira, que tengo grabado, este señor dijo que en mi blog yo trataba a los pocos días los temas que aparecían en la Mesa Redonda. Cuellar insinuó la existencia de una complicidad entre mi labor y la que realizan los periodistas del régimen.
Dice Cuellar que yo estaba "escribiendo mucho en relación a los temas que tocaba la Mesa Redonda".
Esto es una soberana mentira. Este señor no se respeta a sí mismo a la hora de emitir una declaración tan tajante. ¿Cómo se puede esperar que me respete a mí o a los demás?
En realidad nunca me he referido a los temas de la Mesa Redonda y mucho menos ha existido ese sincronismo de mi parte. Ni siquiera se ha dado el caso de coincidir en un tema de actualidad, algo perfectamente normal dentro del ejercicio de la profesión.
Por lo general no escucho la Mesa Redonda cubana porque a esa hora estoy trabajando, lo que no implica que por principio me niegue a oírla, ya que considero que la labor de un periodista es tratar de conocer todos los criterios, opiniones y puntos de vista sobre determinado asunto. El tema al que se refiere Cuellar, el neoanexismo en Miami fue tratado por mí antes que por Cuba.
Primero apareció en mi blog y en el de Rui Ferreira. Ambos colocamos una fotografía donde aparecía un cartel con la propuesta de creación del estado de Havami.
En mi blog yo coloqué sólo la fotografía con un titular: Lo que nunca falta (4 de agosto). Sin comentario alguno, quien quiera comprobarlo sólo tiene que ira al archivo de Cuaderno de Cuba.
Luego el director de la Biblioteca Nacional, Elíades Acosta Matos, escribió un artículo (Havami: la ciudad imposible), que apareció en Granma el 10 de agosto y en otros periódicos de la Isla, donde hacía referencia a mi "bitácora", la idea anexionista y trataba de mezclar todo ello con un artículo anterior mío sobre José Martí.
El artículo de Cuba por supuesto no especificaba que yo no me declaraba partidario de la anexión. Cuellar tampoco ha hecho esta salvedad: parece empecinado en utilizar el mismo recurso que el régimen castrista.
Después yo reproduje en el blog la propuesta del creador de la idea de Havami, porque él me la envió por esos días, aclarando que yo no la apoyaba: me limitaba a presentar un proyecto que al igual que cualquier otro merecía ser conocido, más en este caso en particular porque ya había aparecido una fotografía al respecto (también está en el archivo).
Posteriormente escribí una columna en el Nuevo Herald, Anexionismo en Miami (21 de agosto), donde planteaba la existencia de ese proyecto. Aclaraba de nuevo que no sólo no lo apoyaba sino que me parecía un planteamiento caduco, y trataba de analizar sobre todo la dualidad del exiliado que adopta una nacionalidad extranjera (norteamericana) y al mismo tiempo mantiene sus sentimientos patrios.
Después de todo esto, fue que se hizo el programa de la Mesa Redonda (22 de agosto). No lo he visto ni oído, ni sé siquiera si se me menciona o no.
La conclusión que arrojan las fechas es completamente contraria a lo dicho por Cuellar: es la Mesa Redonda la que estuvo siguiendo un tema desarrollado en mi blog. Pero no creo que yo sea responsable de lo que se escribe y dice en La Habana.
Curiosamente, todo este tema del neoanexionismo ha sido muy criticado por el gobierno cubano. A no ser para quien se empeña en tergiversar los hechos, poco sentido tiene el insinuar una coincidencia de intenciones por el simple hecho de publicar una fotografía, que por otra parte pertenece a una agencia de prensa y no fue siquiera tirada por un fotógrafo del periódico.
No hay más "ejemplos", por parte de Cuellar durante su participación en el programa de María Elvira, de "similitudes'' entre mis artículos y los temas tratados por La Habana. Cuando él introduce en mi blog el tema del ya famoso comentario de Reinaldo Taladrid Herrero, sobre quienes recibían cheques del gobierno, lo hace refiriéndose a los comentarios de los lectores, no a mis artículos. Tampoco está anticipando nada que por entonces no se hablara en Miami.
RADIO MARTI
El otro punto en el que Cuellar cree tenerme cogido por la barba es respecto a mi colaboración en el pasado con Radio Martí. Este tema lo obsesiona. Desde su primer comentario en mi blog mencionó a El Gato Tuerto, no supe entonces si se refería a un cuento mío de igual título o al programa de Radio Martí.
En todo caso, en algunos datos estaba confundido conmigo y me achacaba un pasado de profesor universitario en Miami del que carezco. Ahora me pregunto si no sería Cuellar quien de verdad tenía la conexión directa con La Habana.
Yo, al igual que otros colegas en el periódico, además de los tres separados de su labor, participamos en determinado momento en programas de Radio y TV Martí. Esto no es y nunca ha sido un secreto. Respecto a mi labor martiana, La Jiribilla, una publicación electrónica del régimen, lo dijo en una de sus tantas críticas a mi labor hace ya bastante tiempo. Para cualquiera que quiera verlo, está en Internet la mención de mis trabajos en El Nuevo Herald, Encuentro en la red y Radio Martí. ¿Será Cuellar un fiel lector de las publicaciones electrónicas cubanas?
Por supuesto que mi participación en Encuentro en la Red o en la revista Encuentro de la Cultura Cubana tampoco se ha realizado de espalda a la gerencia del periódico.

Ante lo ocurrido a mis colegas y amigos, creo que mi labor en Radio Martí carece de importancia. No lo he mencionado en esta semana y media transcurrida, porque considero que no guarda una relación directa con lo sucedido.
Hasta el mes de marzo del 2004, colaboré desde mi casa y por teléfono, durante unos quince minutos, con un programa cultural llamado El Gato Tuerto.
Mi participación se limitaba a comentar temas de la literatura y el arte universal, un día a la semana. Los asuntos relacionados con las noticias culturales de Miami, Cuba y los escritores y artistas cubanos residentes en España y otras partes del mundo corrían a cargo de otros colaboradores. Creo que nadie en sus cabales se atreva a hablar de propaganda anticastrista o castrista por comentarios sobre Shakespeare y Picasso, aunque nunca se sabe.
Me pagaban $50.00, una tarifa por debajo de las mencionadas en el reportaje aparecido en The Miami Herald.
Jamás tuve acceso a las instalaciones de la emisora, ni me identifiqué como empleado de la misma ni solicité información, libro o material a nombre de Radio Martí.
Los libros y materiales que compraba para hacer mis comentarios salían de esos $50.00, que siempre fueron un estipendio y nunca un salario. En ningún momento fui llamado, por ambas estaciones, a participar como panelista en un programa sobre la situación cubana, ni siquiera desde el punto de vista cultural, o para hablar de Estados Unidos. Nunca en conducido un programa en cualquiera de estas dos emisoras estatales. Durante esa época, al igual que ahora, mi trabajo en El Nuevo Herald tuvo y tiene que ver con la edición y el diseño de páginas en que aparecen informaciones nacionales e internacionales. No soy ni he sido reportero ni editor del contenido de los artículos escritos por otros reporteros del diario. Tampoco he tenido relación con los pocos textos aparecidos en el periódico sobre la labor de Radio y TV Martí a lo largo de los años.
DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS
A diferencia de mis colegas despedidos, no soy reportero, obligado a brindar una visión objetiva y balanceada de un tema, más allá de los criterios personales.
No he escrito un sólo reportaje para El Nuevo Herald en los casi quince años que llevo trabajando para el diario.
Mis columnas, por las que no recibo un centavo, aparecen en las páginas de Opiniones, con lo que queda claro para el lector que lo que lee es un punto de vista o criterio personal, y no una nota informativa. No he dejado de criticar nunca, cuando lo he considerado necesario, a gobierno alguno de Estados Unidos, ni republicano ni demócrata. Ahí están mis columnas en contra de la solución dada al caso de Elián González y otras atacando a Bill Clinton. He criticado y alabado a ciertos sectores cuando así lo he estimado, con independencia de la administración que se encuentra en el poder.
Nunca he escrito una columna dedicada al tema de Radio y TV Martí. Luego del traspaso temporal de poder de Fidel Castro, acompañé un par de fotos sobre TV Martí con un breve comentario irónico en este blog (ver archivo). Creo que los casi tres años transcurridos desde mi última participación en Radio Martí es tiempo más que suficiente para poder sentirme libre de abordar el tema.
Cabe añadir que mi labor más activa como columnista es reciente. Mi blog tiene unos tres meses.
Es falso afirmar -como hicieron Cuellar y el señor Diego Suárez- que estoy o he estado en la "nómina'' de Radio Martí. Debo señalar que mi participación en Radio Martí siempre se realizó con la aprobación de Carlos Castañeda, quien conocía todos los detalles al respecto. No es verdad, como dijo Suárez, que yo trabaje para TV Martí. El señor Suárez me difama al mencionarme como ejemplo de "periodistas que son muy partidarios del gobierno de Cuba". Reto al señor Suárez a que demuestre la veracidad de sus palabras, al referirse a mí y decir: "escribe y es todo maravillas para el gobierno cubano". Esto es una calumnia.
Cuando Jesús Díaz Jr. ocupó el cargo de presidente de The Miami Herald Media Co., hace rato que ya no colaboraba con Radio Martí. Sólo me resta agregar que nada de esto es desconocido ni por la actual gerencia ni por el reportero de The Miami Herald que ha cubierto el asunto.
Esta labor que ahora se intenta sacar de la manga como un descubrimiento está perfectamente contemplada por los expertos del tema, como un caso que queda fuera del tan traído y llevado "conflicto de intereses", en el artículo de Gerardo Reyes y Joaquín Utset que recibió elogios merecidos en el mismo programa de Polos Opuestos.
Para terminar, sólo debo decir que al igual que el resto de mis compañeros de la redacción de El Nuevo Herald, lamento lo ocurrido y considero injusto y precipitado el despido de mis colegas en el diario. Creo que mi firma en una carta al respecto que circula en Internet lo deja bien claro.
Lamento tener que haber dedicado espacio en este blog a aclarar este asunto. Agradezco a los lectores la paciencia demostrada. Creo que de aquí a un par de días volveré a tener la duda de si existe Juan Cuellar.

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