viernes, 18 de mayo de 2007

Los mercaderes del miedo


Cuando cierto sector de la comunidad exiliada de Miami hace un llamado a ser respetada, lo que en realidad expresa es el deseo a ser temida. La afirmación "Nos tienen que respetar'' se entiende con mayor claridad como: "Nos tienen que tener miedo''.
Estos exiliados no comete un error desde el punto de vista del significado del término. Entre las acepciones de ''respeto'' está ''miedo'': "perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario''. Su problema es de otra índole: la incapacidad de admitir la opinión contraria.
Lo paradójico es que muchos de ellos se dicen defensores de la libertad de expresión en Cuba, abogan por la liberación de los periodistas independientes presos en la isla y condenan la censura impuesta por el régimen de La Habana.
En muchos casos, un historial de apoyo a dictadores latinoamericanos, terroristas y torturadores hace evidente que manejan a su antojo los conceptos de libertad y democracia. En otros, el afán sincero en favor de un mejor futuro para Cuba se ve enturbiado por una obsesión ya vieja y una falta de sensibilidad hacia el contrario. Todos tienen en común el afán por anular la opinión contraria y ejercer la censura. Imposible que las ideas democráticas estén a salvo entre quienes no son demócratas.
La columnista Ana Menéndez, de The Miami Herald, se ha convertido en el centro de los ataques de esta semana de los llamados ''intransigentes''. No es nada nuevo. Ya he dicho que cada siete días surge en esta ciudad un motivo para que ciertos instigadores de la opinión pública justifiquen su incompetencia cultural y política con nuevos llamados a la persecución. Esa fijación con el calendario es una maldición que nos persigue.
La última columna de Menéndez se considera ''ofensiva'', ''despreciativa'',''difamadora'' e ''insultante'', entre otros adjetivos. La queja generalizada es que el texto de la escritora destila odio, y ha sido el odio precisamente el instrumento escogido para contestarle.
No he leído -lo que por supuesto no quiere decir que no exista- una respuesta seria a lo planteado por Menéndez en un simple artículo semanal. Lo que he escuchado y visto es una retahíla de insultos, llamados a un boicot al periódico y peticiones de que la columnista se retracte o sea despedida. Demasiado ridículo para que recuerde a Galileo y el Tribunal de la Santa Inquisición. Clamores torpes que no saben nada mejor que apelar a la ''discriminación'' y repetir resabios.
El argumento esgrimido con mayor énfasis, que Menéndez se refirió a la Miami cuban mafia, la ''mafia cubana de Miami'', se acompaña siempre de la amenaza de una demanda judicial.
En primer lugar, me llama la atención la falta de iniciativa de estas personas. Sueñan con repetir el litigio que el difunto Jorge Mas Canosa ganó a una revista norteamericana, cuando ésta tituló un reportaje sobre él: Clinton's Miami Mobster.
Pero se trata de dos situaciones completamente diferentes. Menéndez utiliza en una ocasión la expresión "mafia cubana de Miami'' con un sentido irónico. No está acusando a nadie ni difamando a nadie. Simplemente está ironizando con la situación de no ''perseguir'' los grandes intereses que hacen negocios con Cuba (la compañía francesa que quiere construir un túnel en el Puerto de Miami) y emprenderla contra libros infantiles y un modesto programa radial (La Noche se Mueve). Eso es lo segundo que hasta cierto punto me sorprende: la torpeza. Pero, ¿es dificultad a la hora de entender o rapidez para tergiversar?
Llama la atención que quienes se quejan de difamación y ofensa no se detengan a la hora de catalogar a cualquier otro como "defensor de la dictadura castrista''. Los intentos de cubrir a cualquier figura opositora con insultos y mentiras es una práctica arraigada en algunos círculos de Miami.
Tras estas campañas semanales siempre hay los mismos personajes, que se aprovechan de la frustración y la ignorancia para promover sus agendas. A veces los mueve un afán de notoriedad imposible de alcanzar por otros medios. Otras la defensa de intereses y privilegios que vienen manteniendo desde hace muchos años. Estos últimos no hacen más que explotar de dolor del exilio que ellos proclaman defender. Son mercaderes de la miseria y el miedo.
Fotografía: La agrupación Vigilia Mambisa realiza frente a The Miami Herald. (Roberto Koltún/El Nuevo Herald)