sábado, 14 de julio de 2007

¿Reformismo o muerte?


El diario español El País publica hoy dos reportajes sobre la economía cubana que merecen un comentario. El primero es de Mauricio Vicent, por largo tiempo corresponsal del periódico en la isla. El otro es de Maite Rico, y está escrito desde Madrid.
El reportaje de Vicent destaca por brindar una panorámica de la situación de escasez crónica mucho más sombría que la mirada moderada que siempre ha caracterizado al reportero:
''Los datos oficiales y los resultados de las investigaciones académicas independientes preocupan. 'La última encuesta de la Oficina Nacional de Estadísticas sobre la situación socioeconómica de los hogares cubanos revela que en el 75% de los núcleos familiares los salarios de sus miembros no alcanzan para cubrir los gastos que deben realizar', afirma un sociólogo conocedor del estudio. Su moraleja: 'Los sueldos son completados a la brava, con ingresos que provienen usualmente del expolio de los recursos estatales, siguiendo la filosofía popular de 'si no me dan lo que me corresponde, me lo cojo'.
Usualmente, el calvario cotidiano de asegurar la existencia vital comienza por la alimentación: la libreta de racionamiento, subvencionada, a duras penas alcanza para dos semanas; y una compra decente de viandas y carnes en un mercado agropecuario, donde rige la ley de la oferta y la demanda, fácilmente se lleva el salario de medio mes, probablemente más. Tras un estudio del aporte de calorías y proteínas que suministran los productos distribuidos por la cartilla de racionamiento, así como de los precios prohibitivos del mercado agrícola, Armando Nova González, del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEAC), asegura que la mayoría de las familias 'destinan el 75% de los ingresos mensuales a la compra de alimentos (...) dejando poco margen para asumir otros gastos'''.
Vincent afirma que desde que Raúl Castro asumió el poder temporal ''ha incorporado a ministros y colaboradores a la tarea de mejorar las duras condiciones de vida de la población, asfixiada por el problema de los salarios que no alcanzan, los elevados precios de los alimentos, la pésima situación del transporte y la vivienda y un sinfín de dificultades para todo''.
De acuerdo al periodista español, el mensaje que esta enviando el gobierno de Raúl es claro: ''la revolución y su continuidad dependen de ‘hacer eficiente' la economía. Sin producir es imposible repartir y mejorar, se admite; y cada vez hay más certeza de que las urgencias mandan''.
Sin embargo, la percepción que se tiene desde el exterior es que no existe este frente unificado en un esfuerzo económico, sino más bien dos tendencias en pugna: una que favorece darle prioridad a la producción e introducir medidas de estímulo como un incremento en los pagos y sueldos, entre otras medidas, y otra preocupada por un férreo control ideológico de la gestión económica, con el supuesto objetivo de evitar o disminuir desigualdades, injusticias y prácticas corruptas.
La primera es una tendencia reformista y la segunda una tendencia ideológica.
Tradicionalmente, y por otra parte de forma esquemática, se ha identificado a Raúl con la primera y a Fidel con la segunda.
Vicent dedica su información sólo a la primera tendencia:
''Aunque todavía tímidamente, los discursos de los dirigentes han tocado puntos que en cualquier otro lugar se dan por hecho, pero que en Cuba implican delicados asuntos ideológicos y suponen avances: ''No importa cuánto gane un campesino'' si produce más y vende barato (Raúl Castro); hay que ir a una "revisión de los sistemas de pago por rendimiento'' y establecer una "política salarial que garantice que el sueldo sea el principal estímulo'' (Alfredo Morales, ministro de Trabajo); el único modo de que ''la revolución y el socialismo sean realmente irreversibles'' pasa por hacer eficiente la economía y elevar la calidad de vida del pueblo; (Ramiro Valdés, comandante histórico y ministro de Informática)''.
En este sentido deja fuera por completo la última ''reflexión'' del gobernante Fidel Castro, en que este realiza una Autocrítica de Cuba en la que plantea una marcha atrás completa: vuelta a la centralización, combinar el estudio y el trabajo físico y una fuerte crítica a los estímulos económicos, entre otros aspectos. Este último artículo de Castro no es es más que un resumen de las ideas que este estaba estudiando transformar en medidas cuando enfermó.
Si el reportero español ignora la Autocrítica de Cuba, en su artículo aparecido hoy en El País, y hace referencia sólo a los discursos ''reformistas'', ¿está dando a entender que los planteamientos de Fidel Castro no van más allá de llenar hojas en los periódicos?
Creo que Vicent es categórico al respecto:
''El debate, en esencia, es: ¿es viable mantener la revolución sin reformarla? Cada vez hay más señales de que el cambio económico se impone; y de que el Gobierno de Raúl Castro es práctico y realista, aunque haya factores e inercias que condicionen los ritmos. Se trata de una cuestión de subsistencia''.
Respecto a la industria turística, la visión de Maite Rico es aún mucho más critica.
La periodista señala las cifras brindadas por el economista cubano Carmelo Mesa-Lago, profesor emérito de la universidad de Pittsburgh. De acuerdo a este experto, ''la ocupación hotelera pasó del 63,5% en 2004 al 55,7 % en 2005, y a alrededor del 50% en 2006''.
Rico plantea diversos factores que según ella han contribuido a la crisis turística en la isla, desde la administración castrense de las instalaciones hasta la falta de bombillos.
Algunos son más determinantes que otros.
Por ejemplo la periodista española critica duramente la administración hotelera por parte de militares:
''El resultado de la administración castrense es, a decir de los entendidos, un desastre. ‘La rigidez mental y la cerrazón política son incompatibles con la apertura y la agilidad que necesita el turismo', afirma el empresario español, que quiere mantener el anonimato. 'Un hotel no es un cuartel'''.
Sin embargo, otros informes no brindan una visión tan negativa de la gestión en los planes e instalaciones turísticas en manos del Ejército.
De la lectura del artículo de Rico se desprende que tan mal administrador es Fidel Castro como su hermano. Sin embargo, hay también la opinión, expresada por un buen número de especialistas en Cuba, de que Raúl es un buen administrador, que sabe delegar funciones en colaboradores eficientes.
Cuando se señala que ''el empeño del régimen en castigar a la moneda extranjera ha convertido a Cuba en un destino caro'' se está señalando una de las razones fundamentales del problema.
''La revalorización del peso convertible cubano en cerca de un 20% frente al dólar (las casas de cambio entregan 80 pesos por 100 dólares) ha disparado unos precios que no se corresponden con un servicio más que deficiente'', escribe Rico.
Esta revalorización fue una medida de Fidel Castro, en completa correspondencia con las ideas expresadas en su última reflexión.
¿Es Raúl Castro un mejor administrador que su hermano mayor? Muchos expertos lo consideran así.
Pero lo importante en ambos artículos es que a casi un año de permanecer en el poder -ese ''estar pero no estar'' que ha caracterizado la actuación de los dos hermanos- ya se comienza a juzgar la actuación de Raúl al frente del Estado, y en lo económico es punto menos que nula. No es que haya cometido muchos errores, es que ha cometido sólo uno: el error de la inacción.
Vea el artículo de Mauricio Vicent aquí.
Vea el artículo de Maite Rico aquí.
Fotografía: el gobernante cubano Fidel Castro y su hermano y ministro de las Fuerzas Armadas, Raul Castro, conversan el 03 de agosto de 2001 en La Habana durante la sesión plenaria de la Asamblea Nacional. (Adalberto Roque/AFP).
Fotografía derecha: un hombre observa las imágenes del gobernante cubano Fidel Castro transmitidas en el programa de televisión Mesa Redonda el sábado 28 de octubre, en La Habana, Cuba (Jesús Soler/EFE).
Fotografía izquierda: el gobernante cubano Fidel Castro participa en un acto en la provincia de Holguín el 26 de julio de 2007, la última ocasión en que se le ha visto en público hasta ahora (Alejandro Ernesto/EFE).

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