sábado, 11 de agosto de 2007

El "Cóctel Montaner'' en Miami


El viernes 3 de agosto, mientras participaba en la decimoséptima conferencia anual de la Association for the Study of the Cuban Economy (ASCE), aproveché la hora de almuerzo para ir al periódico, a pocas cuadras, y dejar mi columna semanal. No sólo me perdí un almuerzo —posiblemente suculento ¿o no?— sino también la conferencia ofrecida por el escritor Carlos Alberto Montaner.
El autor y periodista aprovechó la ocasión para comentar su participación anterior en el Foro Nueva Economía, en Madrid, y hablar sobre algunas respuestas escépticas originadas por aquella disertación, en que presentaba una visión luminosa —y a mi entender ingenuo— sobre un futuro capitalista para Cuba.
“La reacción de los cubanos a estos papeles [leídos en Madrid] fue, grosso modo, positiva”, dijo Montaner. Pero agregó que “hubo numerosas críticas negativas, dentro y fuera de Cuba, en las que se repetía una palabra clave: utopía”. El escritor considera que este negativismo obedece a un “síndrome de pesimismo post-totalitario” y abogó por “la recuperación de la esperanza”.
Fui uno de los que en aquella ocasión consideré que la conferencia en Madrid sobre el futuro de Cuba pronunciada por el columnista caía dentro del género de la “ficción política”. Reconozco que Montaner acierta al señalar que una de las consecuencias del régimen castrista ha sido el de matar la esperanza en los cubanos. Pero me parece que tanto en Madrid como en Miami cayó en una simplificación de los problemas que va más allá de la dicotomía positivo-negativo. Si al comentar el texto dicho en España hablé de que era “poco imaginativo y lleno de lugares comunes”, igual caracterización me sirve ahora para referirme a lo expresado en Estados Unidos.
Luego de leer la conferencia que me perdí, sólo me resta preguntarme por los platos que se sirvieron. Montaner nos acusa de pesimistas a todos los que nos distanciamos de su primer texto, cuando en realidad hay otra explicación: no resultó convincente. Más que de una respuesta emocional, valdría la pena analizar sus planteamientos. No se trata de señalar que no hay esperanzas para Cuba, sino decir que hay otras, más allá de las que plantea Montaner.
Por supuesto que no estoy hablando del mantenimiento de la misma situación por la que atraviesa la isla ni rechazando las reformas, la transición o el fin del sistema imperante en la nación. Simplemente que no me trago el cuento de uno de los creadores del Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano.
La propia conferencia de la ACCE, con ponencias tan positivas como la presentada por el Cuban Study Group —donde se explicó la posibilidad de otorgar micro préstamos a los cubanos, es un ejemplo concreto de los diversos caminos que existen para una Cuba futura— sin limitarse a repetir las bondades del sistema neoliberal y las tensiones emocionales que origina vivir bajo un sistema totalitario (como referencia, no hay que olvidar que los índices elevados de suicidio no sólo están presente en la isla sino también en la comunidad exiliada de Miami). El abrir las puertas al mercado no es una panacea que resuelve todos los problemas. Reducir la situación cubana, ahora y en un futuro, a un problema de actitudes es más que simplista contraproducente.
Puedo entender que ambas charlas el político se impuso sobre el analista, pero en este caso hubiera resultado mejor escuchar y leer planes concretos, propuestas de programa y no una visión novelada del futuro. Al menos en Miami, varios de los asistieron al evento, sobre todo los más jóvenes, quedaron “decepcionado” con la conferencia de periodista y político.
Si en el comentario anterior intenté recurrir a la ironía, y reducirlo todo a la supuesta mezcla de un “Cóctel Montaner para la Prosperidad” es porque considero que el texto adolesce de lo mismo que el texto adolece de lo mismo que los autores del libro citado habían creído encontrar —en algunos casos con certeza y en otros de forma errónea— en tanto intelectual latinoamericano, sólo que ahora con signo contrario. Ahora me atrevería agregar que a las doce del día, en Miami, lo único que hacía falta era más hielo.
Vea el artículo de Carlos Alberto Montaner, El síndrome del pesimismo post-totalitario, en El Tono de la Voz.
Vea aquí el Cóctel Montaner para la Prosperidad.
Fotografía: un cubano realiza reparaciones en su taller casero en La Habana, el sábado 11 de agosto de 2007 (Stringer/AFP/Getty Images).

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