miércoles, 29 de agosto de 2007

Iván el terrible


Unos ochenta libros son analizados, o al menos mencionados, en las críticas que durante seis años publicó Iván de la Nuez en el suplemento de libros de El Periódico de Catalunya, y que ahora aparecen recogidas en Postcapital (Crítica del futuro). Tal amplitud habla de un amplio poder de síntesis, pero también de las limitaciones que impone el periodismo. En ocasiones, la relación de obras casi supera en espacio al texto que se dedica a comentarlas.
En el mismo estilo que The New York Review of Books, el ensayista cubano parte de la reseña de un texto para un análisis mayor, aunque en ningún momento elude mencionar los méritos o limitaciones del libro que analiza. Las restricciones de espacio lo obligan a una definición en pocas palabras de un tema que merece un mayor desarrollo. Con elegancia y rigor, de la Nuez sale bien parado de la prueba. Pero deja al lector con las ganas de conocer más que lo que pueden brindar 106 páginas. Es una lástima, porque siempre queda claro que el escritor exiliado, quien en la actualidad reside en Barcelona, tiene mucho más que decir.
Una de las reseñas cita a Gore Vidal, quien expresa que “el ensayo mantendría la continuidad de la experiencia de la lectura en un mundo en que a ésta se le sospecha un destino bastante incierto”. Postcapital es una ratificación de las palabras de Vidal, pero mucho más: el libro que todo escritor ansía publicar en algún momento de su vida, para demostrar que el ejercicio periodístico —que lleva a cabo por razones económicas o por falta de un medio mejor dejar constancia de su pensamiento— logra trascender a veces un objetivo cotidiano.
En este sentido me atrevo a indicar un vínculo —aunque no necesariamente una influencia o ejemplo— entre estos comentarios sobre los libros y los ensayos y reseñas hechos por Jorge Luis Borges para El Hogar, que luego aparecieron publicados en Textos Cautivos y en la edición de las Obras Completas del escritor argentino. No hablo de influencia porque los textos de Borges —¿hay que mencionar la excelencia de su escritura?— no se libran de un didactismo al que quizá obligaron su destino original, pero del que éste nunca fue ajeno en todo lo que apartaba, aunque fuera levemente, de su obra literaria mayor.
Por su parte, de la Nuez evidencia que acometió estos trabajos semanales con la misma actitud que encontramos en el resto de sus libros y sus ensayos de mayor desarrollo. El análisis y una visión totalizadora siempre puestos por delante del simple dejar constancia de la existencia de una obra o el informar de una corriente de pensamiento, una novela o cualquier otra forma literaria.
Recorrer el índice de títulos basta para darnos cuenta que aquí lo que importa principalmente son libros escritos en otros idiomas, aparecidos en español gracias a poderosa industria editorial española. Este hecho ha sido determinado en gran medida por la intención editorial del diario catalán, pero más allá de ésta se encuentra una clave que me parece importante para el futuro del pensamiento y en general la cultura cubana.
Si bien en más de una ocasión me he referido a la nueva generación de ensayistas cubanos —la mejor en varios años— y su capacidad para moverse con facilidad en varios idiomas, no que olvidar, mucho menos despreciar, los miles —¿decenas, centenares de miles?— de lectores que en la isla no poseen igual capacidad. Ello sin contar el alivio —y también el placer— que depara cualquier buena traducción, más allá del privilegio de la lectura de una obra en el idioma en que fue originalmente escrita. En este sentido, Postcapital es también un catálogo razonado de libros a adquirir en cualquier momento. Estoy seguro que cualquier lector de este libro sentirá la tentación de adquirir varios de los reseñados. En este sentido, la portada debió aparecer rodeada de un cintillo de advertencia: ¡Cuidado!, la lectura del contenido de esta obra puede resultar peligrosa para su bolsillo. Agrego que vale la pena asumir ese riesgo.
Fotografía: parque de La Habana Vieja (The Miami Herald Staff/The Miami Herald).

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