miércoles, 22 de agosto de 2007

Obama y los cubanos


El precandidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos Barack Obama criticó el martes las restricciones de viajes a Cuba impuestas por el gobierno de George W. Bush y prometió levantarlas si accede a la Casa Blanca en 2008, según la Agence France Presse.
El senador por Illinois afirmó que los impedimentos de viajes desde Estados Unidos a Cuba, que afectan especialmente a quienes quieren visitar familiares o enviar dinero, es un error ''garrafal'' del actual gobierno que prometió corregir si gana las elecciones.
''El principal medio que disponemos para fomentar un cambio positivo en Cuba es ayudar al pueblo cubano a ser menos dependiente del régimen de Castro por vías fundamentales'', escribió Obama en una columna en The Miami Herald.
''Desgraciadamente, el gobierno de Bush ha realizado grandes gestos con ese fin, al mismo tiempo que cometió errores estratégicos garrafales cuando se trata de avanzar en la causa de la libertad y la democracia en Cuba'', opinó, en referencia a los viajes a la isla.
La columna de Obama, y su anunciada visita a La Pequeña Habana el sábado, no sólo intensifica la presencia del tema cubano en la campaña presidencial, sino que abre la puerta para profundizar en un tema que otros candidatos demócratas han preferido
mantener en un segundo plano.
Mientras la posición en favor al embargo y las restricciones es dominante entre los aspirantes republicanos (en este sentido no hay diferencias en las posiciones de Rudy Giuliani y John McCain), los demócratas presentan matices.
Hillary Clinton se opone al levantamiento del embargo ''hasta que la democracia no eche raíces en la isla'', de acuerdo a una información aparecida en El Nuevo Herald hace varias semanas. John Edwards ha dicho al respecto: ''Yo respaldo las sanciones que ataquen el régimen de Castro pero que ayuden al pueblo inocente de Cuba''. Por su parte, Obama también se opone al levantamiento del embargo.
Edwards y Obama son los que se han expresado más claramente en contra de las restricciones de los viajes, y ambos han manifestado que en un principio están dispuestos a conversar con los jefes de Estados de Cuba y Venezuela. Sin embargo, Edwards advirtió que antes de hacerlo se debe adelantar un trabajo diplomático, para que el encuentro no sea utilizado con fines propagandísticos, mientras que Obama fue más categórico: ''Lo haría y la razón es la siguiente: la noción de que alguien no hable con países es de alguna manera castigarlos, lo que ha sido el principio diplomático que ha guiado este gobierno, es ridículo''.
Se trata de una situación en que aparentemente no hay grandes diferencias en lo que respecta a un enfoque general sobre el régimen de La Habana, sino variaciones en las actitudes y una voluntad inicial de negociar en algunos que otros no admiten.
Estas ''pequeñas'' diferencias adquieren una mayor magnitud cuando se las analiza dentro de los estrechos límites en que se mueve la situación cubana. Cualquier desviación de la norma que resulta más cómoda a los aspirantes a la presidencia (Castro es malo, vamos a hacer todo lo posible por la libertad de Cuba, etc.) debe ser saludada.
El incremento de las limitaciones a los viajes a Cuba, por parte del gobierno de George W. Bush, no fue más que el intento de lograr una justificación perfecta: el tratar de hacer ver que se estaba haciendo algo para derrocar al régimen de Fidel Castro, ante un electorado y una comunidad que veía pasar los años sin lograr el menor avance en sus aspiraciones respecto a la isla. Un ejemplo evidente del empantanamiento en que se encuentra el gobierno norteamericano -y los dos principales partidos de la nación-, en su enfoque sobre la situación cubana, es que hasta el momento buena parte del debate político aún gira en trono a estas medidas.
Frente a la nulidad de esta política, la única respuesta que se ha permitido la llamada ''línea dura'' del exilio es empeñarse en silenciar las críticas y opiniones contrarias con un argumento ideológico: quienes promueven el alivio a las restricciones actúan en favor de Castro o al menos le hacen el juego.
No por gusto la parte más recalcitrante del exilio se ha lanzado al ataque de Obama.
El Consejo por la Libertad de Cuba emitió un comunicado en el que lamenta la posición adoptada por el precandidato demócrata.
''Es triste que (Obama) no aplique los mismos principios utilizados para promover cambios en Sudáfrica, donde los negros fueron víctimas del mismo apartheid que padecen los cubanos en la isla'', dice la declaración.
Por su parte, el senador Mel Martínez, dijo que ''Obama no está preparado para ser presidente''.
''El quitarle al embargo la fortaleza que hoy tiene'' representaría "un gran error en un momento muy sensitivo y crítico para el futuro de Cuba'', comentó a Efe el senador republicano de Florida, en alusión a la estrategia que defiende Obama con respecto a la isla caribeña.
''El senador Obama no está todavía preparado para la presidencia ya que él piensa que negociando con dictadores se llega adelante'', insistió el dirigente republicano.
Añadió que ''las ideas del señor Obama le darían una credibilidad a Raúl Castro que hoy día no tiene'' y que nunca pudo tener su hermano, Fidel Castro.
Por su parte, el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, afirmó hoy que la posición del senador demócrata, a favor de suavizar las restricciones a Cuba, reflejan ''un sentimiento mayoritario entre los estadounidenses''.
De acuerdo al canciller cubano, las declaraciones de Obama refuerzan la idea de que, ''al final, el bloqueo será desmontado y los derechos de Cuba respetados''.
De pronto, Obama, con una declaración que le ha dado cierto impulso al tema cubano en la campaña presidencia, se ha transformado en la figura predilecta para que otros lo utilicen a la hora de expresar sus tradicionales posturas.
Que un comentario sensato como el de Obama despierte tanta furia nos indica lo perdido que está la política norteamericana en general respecto al tema cubano.
Fotografía superior: vista del malecón de La Habana el 20 de agosto de 2007 (stringer/EFE).
Fotografía izquierda: varias personas disfrutan de un día de mar el 20 de agosto de 2007 en las Playas del Este de La Habana (Alejandro Ernesto/EFE).
Fotografía derecha: un hombre disfrazado de diablo participa el 10 de agosto de 2007 en el desfile de comparsas por el malecón habanero, como parte del Carnaval de La Habana, ya concluido (Alejandro Ernesto/EFE).

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