miércoles, 5 de septiembre de 2007

Política y adopción en Miami



A sugerencia de un lector, coloco en el blog mi columna del lunes, sobre todo con el interés de promover un debate:
Creo que en cualquier otra ciudad que no sea Miami, este caso no hubiera llegado a la corte: una madre renuncia a la patria potestad de su hija mientras el padre decide hacerse cargo de la pequeña. El padre no tiene un historial de abuso doméstico o violencia, ni es un drogadicto y tampoco carece de los medios económicos para mantenerla. Lo común es que el Estado trate de obligar al padre a cumplir con su deber, casi siempre sin lograrlo. Aquí se busca impedir que éste lo haga. Curioso que un departamento conocido por los requisitos que impone para que se produzca una adopción esté tan dispuesto a que ésta se produzca, al punto de invertir recursos en abogados y llevar el caso a los tribunales.
La pregunta que aún no he visto formulada es esta: ¿por qué tanto interés en negarle los derechos y la responsabilidad a un padre?, ¿qué se gana con este litigio?
No encuentro otra respuesta, salvo que la niña vive en Estados Unidos como refugiada, el padre quiere llevarla de regreso a Cuba y el hombre que quiere adoptarla durante años se destacó por realizar una actividad particularmente irritante al régimen de La Habana, que le sirvió además para ganar fama y fortuna.
A primera vista, parecería que la política queda fuera de este caso. La madre ganó el derecho a venir a Estados Unidos gracias a la lotería de visas. No era una opositora en la isla. Simplemente llegó a este país en buena parte gracias al azar, en busca de un futuro mejor. Algo que ansían muchos en todo el mundo. Motivos válidos, pero no fundamentalmente ideológicos. El padre, según la información conocida, tampoco se ha destacado por una actitud militante, ni siquiera trabaja con el Estado cubano.
La política, sin embargo, resulta determinante. Si bien desde el punto de vista legal ésta debe quedar fuera de la decisión, no mencionarla es adoptar la actitud del avestruz. ¿Cómo entonces comprender que en un país que por filosofía prioriza los valores familiares, y con un gobierno que ha hecho del asunto incluso un tema de campaña, se presente una situación en que éstos pasan a un segundo plano? ¿Bajo qué criterios se quiere justificar una adopción, que no sean el mayor bienestar de vivir en Estados Unidos y no en Cuba, con los beneficios adicionales de un hogar acomodado?
Para entender lo que está ocurriendo en Miami hay que hablar de Joe Cubas, el hombre que batalla en una corte de esta ciudad, con el apoyo pleno del Departamento de Niños y Familia, por quedarse con la niña.
Cubas ha sido la figura clave en la deserción de algunos de los más famosos jugadores de béisbol de la isla que se han abierto paso en las Grandes Ligas. No ha sido el único agente dedicado a esa actividad, pero sí el más agresivo en la labor, quien ha obtenido mayor publicidad y el que seguramente ha causado mayores disgustos al gobierno cubano, especialmente a Fidel Castro. El tema es particularmente sensible para un régimen que desde sus inicios ha utilizado al deporte con fines de propaganda.
Que esta tarea sea beneficiosa o perjudicial para la isla queda a los criterios ideológicos de cada cual. Otro asunto son los beneficios obtenidos por Cubas y la manera en que los ha logrado. De acuerdo a un artículo de Andrés Viglucci, aparecido en The Miami Herald, durante años se acumularon las denuncias de que éste despojaba de ganancias a jugadores y socios y abandonaba sin contemplaciones a los jugadores que habían desertado, pero luego no lograron un rendimiento profesional elevado. Acusaciones que han sido negadas por Cubas, quien una vez fue demandado por un ex asociado, pero ganó el caso.
Algunas de las acusaciones más fuertes, entre las que se encuentran reclamos de que Cubas solicitó sobornos de los equipos, aparecieron en un libro en el 2001, The Duke of Habana, que cita profusamente y por nombre a numerosos ex asociados de agentes deportivos. Varias están relacionadas con declaraciones de que supuestamente Cubas contrató los servicios de contrabandistas para lograr la salida de la isla de Rolando Arrojo, ya que el jugador se negaba a desertar de otra forma. Los autores del libro, Steve Fainaru y Ray Sánchez, dicen que la carrera de Cubas como agente se caracterizó por presentar ''dos caras en los negocios y hacer malabares fiscales'', además de una ''avaricia sin límites''. En el 2005, la Asociación de Jugadores de las Grandes Ligas le suspendió la licencia de agente deportivo. En la actualidad se dedica al negocio de bienes raíces.
En otras circunstancias, el historial de negocios de Cubas resultaría irrelevante. El propio artículo de Viglucci afirma que incluso algunos de sus antiguos asociados que rompieron con él lo caracterizan como un "padre de familia devoto''. Sin embargo, ayuda a comprender la presión ejercida sobre el padre natural de la niña. Puede que la orden de la jueza vigente hasta hace poco, que prohibía divulgar los nombres de los implicados, haya contribuido a que aún no se conozca con mayor detalle la historia que llevó a la familia Cubas a defender con tanta fuerza la adopción de la niña.
Si de una parte tenemos a un poderoso exiliado buscando adoptar a una niña, de la otra tampoco estamos ante un ''guajiro'' sin recursos. Izquierdo le dijo a Wilfredo Cancio, según una información aparecida en este periódico, que fue la Oficina de Intereses de Cuba en Washington quien estableció el vínculo con los abogados de Miami. ''Ellos [los cubanos] fueron los que contactaron a Magda Montiel para que me representara'', afirmó Izquierdo.
La realidad es que todos los que hablamos del destino de esta niña, luego de una breve declaración de imparcialidad, nos inclinamos a ver la situación desde un punto de vista político. Esta columna es un buen ejemplo de ello. Esta es también nuestra culpa, de la que no podemos librarnos.
Fotografía: La jueza de la corte del distrito Miami-Dade Jeri B. Cohen durante el juicio en Miami (John VanBeekum/AP).

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