martes, 11 de septiembre de 2007

Un fallido atentado a Reagan


Hay dos aspectos interesantes en la "reflexión'' del mandatario cubano que acaba de darse a conocer.
Uno es el diálogo entre el entonces ministro de Relaciones Exteriores cubano, Isidoro Malmierca, con Wayne Smith, jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, tras conocerse la noticia del antentado al fallecido ex presidente Ronald Reagan, el 30 de marzo de 1981.
Comparar la forma abierta en que se expresa Smith, informando a un diplomático de un país enemigo, pero al mismo tiempo manifestando sus dudas y sentimientos, con la cautela e incluso temor que se transparenta cada vez que un funcionario del régimen responde al manifestarse sobre la salud del mandatario cubano es una buena muestra de las diferencias entre una nación democrática y otra totalitaria. Decirlo resulta un lugar común. Pero no es menos cierto.
El segundo aspecto es más interesante, y se refiere a una información entregada muy confidencialmente, en el verano de 1984, a un oficial responsable de la seguridad de los representantes cubanos en ONU. El documento alertaba sobre un plan de atentado contra el presidente Reagan, por parte de un grupo de extrema derecha en Carolina del Norte.
De acuerdo a Castro la información fue entregada de inmediato a las autoridades norteamericanas, a través de Robert C. Muller, jefe de seguridad de la misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, con el cual se tenía contacto para la protección de delegaciones cubanas que visitaban al organismo internacional.
Castro afirma que ''la información estaba completa; daba nombres de los implicados en el plan; día, hora y lugar donde sería el magnicidio; tipo de armamento que poseían los terroristas y dónde guardaban las armas; además de todo eso, el centro de reunión de los elementos que estaban planificando la acción y un breve relato de lo que habían conversado en dicha reunión''.
Más adelante, el gobernante cubano afirma que los cubanos conocieron ''que el Buró Federal de Investigaciones había detenido a un grupo de personas en Carolina del Norte a las que se les hacían varias acusaciones, ninguna de ellas --como es de suponer-- relacionadas con un atentado al Presidente Reagan, quien viajó a dicho estado poco después como parte de la campaña por la reelección al cargo de Presidente''.
Agrega Castro: ''Antes de que transcurrieran cuatro o cinco días de la detención, a fines de esa propia semana, Muller llamó por teléfono a la Misión para invitar al funcionario cubano a almorzar, lo cual hicieron en el restaurante para Delegados de las Naciones Unidas. Lo primero que hizo fue pedir se trasladara al gobierno de Cuba el agradecimiento del gobierno de Estados Unidos por la información brindada, y confirmó que habían operado contra el grupo de involucrados. ¡Un luchador antiterrorista cubano salvó la vida de un Presidente de Estados Unidos!''.
Vea el texto de Fidel Castro aquí.
Fotografía: Ronald Reagan visita La Esquina de Tejas en La Pequeña Habana. La imagen pertenece al libro Images of America, Little Havana, del historia surfloridano Paul George. (cortesía de Arcadia Publishing).

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