jueves, 25 de octubre de 2007

Bush en Granma


Llama la atención el revuelo en Miami por la publicación hoy en el periódico Granma de fragmentos del discurso del presidente George W. Bush sobre Cuba.
Creo que en primer lugar este estupor revela el mantenerse aferrado a la idea de que en Cuba no se han producido cambios. De pronto el asombro ante un hecho que no en parte no es más que una consecuencia de la tendencia que desde hace meses viene desarrollándose en la prensa del país: más espacio a la crítica, mayor divulgación de lo que sucede en otros países (hechos ocurriendo en un mundo que en gran medida no le es desfavorable a La Habana). Pero por otra también, una actitud más realista por parte del gobierno de la isla, que sabe que en la actualidad es imposible un aislamiento noticioso relativamente fácil de lograr veinte o treinta años atrás. Ya ayer el programa Mesa Redonda de la televisión cubana había trasmitido quince minutos del discurso.
Sin embargo, lo fundamental en este caso es que el discurso de Bush es intrascendente, para todos los cubanos, salvo el sector más recalcitrante del exilio de Miami. Resulta un discurso sin efecto, en primer lugar porque emplea un lenguaje caduco y con inexactitudes y mentiras. Muchas de ellas ya han sido señaladas por los propios lectores de este blog. Cuando Bush dice que en Cuba es ilegal ''leer libros o revistas sin la aprobación explícita del Estado'' no está diciendo la verdad. En el momento que expresa que en la isla ''es ilegal que más de tres cubanos se reúnan sin permiso'', está exagerando. Al referirse a que ''es ilegal cambiar de trabajo, mudarse de casa, viajar al extranjero... sin la aprobación explícita del Estado'' está mencionando una situación que debe ser modificada, pero que en el caso de cambiar de trabajo y vivienda se limita a cumplir con una tramitación, engorrosa pero no imposible. Creo que no está mintiendo a propósito, que simplemente ha sido mal informado: como Rick en Casablanca, que llegó al desierto en busca del agua.
Hay que resaltar que éste no es un discurso hecho para Cuba, sino para La Pequeña Habana. El texto parece haber sido escrito en Radio Mambí y revisado por los legisladores cubanoamericanos. Cuando Bush pide "a nuestro Congreso a que muestre nuestro apoyo y solidaridad a favor de cambios fundamentales en Cuba, manteniendo nuestro embargo contra la dictadura hasta que haya un cambio'' está apoyando el mantenimiento de una política tremendamente impopular entre los cubanos.
Al señalar que ahora ''aumentan los llamados a realizar cambios fundamentales en toda la isla'' y se ''propagan las demostraciones pacíficas'' no hace más que difundir una visión distorsionada de lo que ocurre en Cuba, alimentada por las organizaciones que en Miami viven del dinero de los contribuyentes norteamericanos.
En el momento en que el Presidente anuncia''un nuevo programa para establecer un fondo internacional multimillonario, el Fondo de Libertad para Cuba'', o cuando hace referencia al momento en que ''los cubanos se levanten para exigir su libertad, ellos. para exigir la libertad que merecen, ustedes deben tomar una decisión'', lo que hace es recalcar la injerencia norteamericana.
En fin, que cuando el presidente norteamericano habla de que el ''Congreso de Estados Unidos recientemente votó a favor de fondos adicionales para apoyar los esfuerzos democráticos en Cuba'' no hace más que ofrecer argumentos al régimen de La Habana, cuando habla de una disidencia financiada por Washington, y fomentar la envidia en la isla. ¿Qué mejores argumentos necesita la Plaza de la Revolución?
Discurso del presidente George W. Bush aquí.
Fotografía: jugadores de dominó en el Parque del Dominó, en La Pequeña Habana, el 23 de octubre del 2007 (J. Pat Carter/AP).

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