viernes, 19 de octubre de 2007

Echale Salsita


Fue a mediados de la década de los 70 y era mi primer trabajo. Se celebraba una reunión laboral (entonces se llamaban asambleas de producción y servicio) y uno tras otro, nueve empleados se pararon para quejarse de la mala calidad y de lo escasa, de la comida de la cafetería del ministerio en que laborábamos (entonces se llamaban comedores obreros). Cuando el décimo protestante iba a tomar el micrófono, el administrador se lo arrebato y dijo: “Compañeros, ustedes se quejan de la calidad de nuestro comedor, pero lo importante no es eso: lo importante es que nuestros hijos tengan leche en sus círculos infantiles, lo importante es que nuestros guardafronteras estén alimentados para poder mantenerse vigilantes ante las agresiones del enemigo imperialista, lo importante es que en nuestros hospitales nuestros enfermos tengan alimentos para garantizar la salud pública del pueblo, lo importante es que nuestros estudiantes crezcan sanos y fuertes para que el día de mañana puedan cumplir las misiones que les encomiende la dirección de nuestro partido y nuestro comandante en jefe”. Una ovación cerrada siguió a la arenga. Fin del discurso. Nadie más se atrevió a hablar de las deficiencias o la escasez palpable de la comida. Ni siquiera a criticar la sazón del cocinero. Una vez más había triunfado la demagogia frente a la realidad.
No sé cuantos ex administradores de comedores obreros ocupan cargos en la ciudad o el condado, o si llegaron aquí antes de tener la oportunidad de desarrollarse como dirigentes en Cuba (entonces se llamaban cuadros), pero escucho y leo cada día iguales expresiones demagógicas aquí en Miami.
Perdura en esta ciudad el dominio, por un grupo muy poderoso —desde el punto de vista empresarial y político— de gran parte de los medios de expresión y los órganos de gobierno local y condal. Oír hablar a ese grupo, en nombre de todo el exilio, es más que cuestionable. Resulta un insulto.
En primer lugar, porque el exilio no sólo no es homogéneo políticamente, sino que difiere en cuanto a sus intereses, puntos de vista y criterios en general sobre la situación y las soluciones, no únicamente en el caso de Cuba sino respecto al propio condado de Miami-Dade. Pero al mismo tiempo, no todos sus miembros tienen las mismas posibilidades de hacerse escuchar y ejercer su voluntad.
Los comisionados, funcionarios públicos y legisladores cubanoamericanos, por distritos en Miami o en representación de todo el estado, tienden a confundir en su beneficio a los electores con los contribuyentes.
No sé la cifra de los contribuyentes que se oponen de forma explícita al comercio con Cuba, pero hay una realidad: una de las principales fuentes de ingreso de la isla son las remesas y los viajes de los exiliados cubanos. Ello evidencia o un doble juego (nos oponemos en público a lo que hacemos en privado) o una pasividad: permitir que otros expresen por nosotros criterios que no compartimos.
¿Hasta cuándo vamos a ser víctimas de una minoría terrorista y totalitaria, que cuenta con la complicidad de funcionarios locales y legisladores estatales y federales?
Hay que manifestar el rechazo hacia que nuestros representantes locales, estatales y nacionales se pasen la vida pregonando su oposición a Castro y no atendiendo los miles de problemas que nos afectan. Si son tan patriotas, ¿por qué no renuncian a sus cargos públicos y se dedican de lleno a la lucha por la libertad de Cuba, en vez de andar por ahí persiguiendo a bongoseros, escritores y académicos, impidiendo visitas familiares y cortando los envíos de un hijo a una madre?
Porque al igual que en mi primer trabajo, lo que necesitamos no son discursos “anticastristas”, sino un mejor almuerzo todos los días, un plan de seguro médico para los niños de familias con recursos económicos limitados y mejores escuelas, viviendas más económicas y un aumento de los beneficios sociales. Fidel Castro no determina lo que pagamos a diario por un litro de leche en esta ciudad, tampoco impide a una familia exiliada contar con un seguro de salud adecuado. ¿Por qué durante tantos años Washington se ha empecinado en impedir que los músicos de la isla visiten Estados Unidos, sean salseros, jazzistas, intérpretes del hip-hop o trovadores? En fin de cuentas, no olvidemos que la salsa no es sólo una forma musical, sino algo que se le echa a la comida para que sepa mejor.
Fotografía: Pedro Oliver, se enmascaró con una bandera en protesta junto a grupo de exiliados Cubanos frente al Miami-Dade County Auditoriun, donde el candidato Democrata Obama Barack pronuncio un discurso a sus seguidores el 25 de agosto de 2007 (Roberto Koltún/El Nuevo Herald).

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