jueves, 4 de octubre de 2007

Nimiedad


Junto a los dirigentes políticos, los generales y miembros de los cuerpos represivos, los funcionarios oportunistas, en Cuba han existido siempre pequeños seres, que no han obtenido grandes beneficios o privilegios, sino el placer de satisfacer sus rencores y envidias.
Muchos han continuado en el exilio esa senda oportunista, amparados en su conocimiento de las “reglas del juego”, siempre dispuestos a no arriesgar sus pequeños cargos, fieles a lo aprendido en las reuniones de la juventud comunista y presas del temor a perder privilegios logrados gracias a su servilismo.
Para ellos, la ansiada “libertad” adquirida en el exilio no pasa de unas cuantas ventajas económicas. Practican un cinismo de café con leche, con el que intentan cubrir su cobardía. Son la explicación mejor de la permanencia del régimen de Fidel Castro.
Herederos de una tradición revolucionaria caricaturesca, son ellos una caricatura, no como una forma expresiva sino como una vulgaridad ramplona. Trazos mal hechos, seres deformados, existencias vanas.
Fotografía: cartel de bienvenida a la entrada de La Calle Ocho en La Pequeña Habana, en Miami (Alan Díaz/AP).

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