martes, 20 de noviembre de 2007

Cuentas de ambos lados


Se habla sobre la necesidad de juzgar, condenar o perdonar a todo aquel que en determinado momento ejerció un papel más o menos destacado, durante estos largos años de un régimen que no culmina, pese a rumores y augurios. De igual importancia es analizar la miseria humana que nos impulsó o nos conduce a cometer cualquier pequeña infamia. Cuentas por saldar en ambos lados del estrecho de la Florida. Abusos y mentiras que escapan a la estrechez ideológica. Injusticias y engaños en el exilio y en Cuba. Intolerancia oficial y empecinamiento de un grupo poderoso y fanfarrón, que siempre aspira a imponer su punto de vista sin permitir matices y criterios opuestos. Mientras llega ese momento, el reloj continúa detenido. Lo que no impide que todo envejezca.
La muerte de Pinochet se ha producido antes de que pudiera responder ante la Justicia por los miles de crímenes cometidos por la dictadura que encabezó. Según estimaciones, unas 3.200 personas murieron a manos de agentes del Estado, de las que 1.192 permanecen como detenidas desaparecidas. Más de 28,000 opositores fueron torturados, según datos oficiales, y alrededor de 300,000 debieron exiliarse por razones políticas.
En el momento de su muerte, el ex dictador estaba siendo procesado por algunos de los crímenes de los que se le acusaba. De hecho, durante su convalecencia en el Hospital Militar le fue levantado un arresto domiciliario. La Caravana de la muerte, la Operación Cóndor o la Operación Colombo eran algunos de los nombres de las campañas de represión de opositores. El proceso judicial al dictador comenzó e octubre de 1998, cuando, por orden del juez español Baltasar Garzón, fue arrestado en Londres, donde pasó 17 meses. Los farragosos trámites legales no fructificaron con su entrega a España y Pinochet volvió finalmente a Chile por problemas de salud. No obstante, se abrió la puerta legal a su enjuiciamiento y la justicia chilena, con el juez Juan Guzmán a la cabeza comenzó a actuar.
Al momento de morir, Pinochet estaba siendo procesado como el presunto autor de secuestros (desapariciones), homicidios y torturas, en al menos tres casos por violaciones a los derechos humanos, además de un caso de fraude al fisco y uso de pasaportes falsos, en relación con el descubrimiento, en 2004, de numerosas cuentas secretas a su nombre en el Riggs Bank de EE UU y otros bancos del exterior, en las que acumuló una fortuna calculada hasta el momento en 26 millones de dólares.
De acuerdo con las leyes chilenas, tras la muerte de Pinochet, el caso fue sobreseído en lo personal, sobre todas las causas que lo involucraban. No así en lo que respecta a sus familiares.
Buscar la justicia, frente a los asesinatos, violaciones y desapariciones en Chile, Argentina y otros países es un deber elemental. Igual principio debe imperar en la Cuba del futuro. Pero para enfrentarlo con un mínimo de rigor, el proceso debe incluir también el enjuiciamiento de los terroristas que se pasean en Miami con una impunidad que nos hace culpables a todos los que vivimos en esta ciudad. No tiene sentido pedir el procesamiento de culpables en la isla, cuando al mismo tiempo se cataloga de “patriotas” a Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, quienes desde hace años debían haber sido enjuiciados por sus crímenes. Hasta esto no ocurra, cualquier llamado la justicia en Cuba no se verá libre de la hipocresía y el engaño.
Fotografía: exiliados cubanos realizan una manifestacion frente al Monumento a los
Heroes de Bahía de Cochinos, en respaldo a Posada Carriles, en esta foto de archivo del 19 de enero del 2007 (Roberto Koltun/El Nuevo Herald).

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