jueves, 1 de noviembre de 2007

Eisenstein o la doble represión


En 1991 el director de fotografía y cineasta Néstor Almendros escribió un breve y agudo ensayo sobre la influencia que ejerció la homosexualidad —mencionado más de una vez pero nunca demostrado a plenitud— de Serguei Eisenstein en varias escenas de marineros en El Acorazado Potemkin.
Hoy es posible afirmar que si bien el director de cine soviético nunca “salió de clóset”, y casi seguro no mantuvo relaciones sexuales activas con otros hombres (y quizá muy esporádicas con mujeres), el componente homosexual está presente no sólo en su obra fílmica, sino particularmente en sus dibujos, y que también resultó decisivo en buena parte de las decisiones de su vida.
En Cinemanía, una recopilación de textos que contiene el ensayo mencionado, Almendros señala que “Eisenstein parece haberse rendido a sus incontenibles deseos en sus visitas al extranjero, en sociedades menos tensas, lejos de la mirada de la KGB, cuando visitaba Berlín, París y Hollywood”. Fue sin embargo en México donde, al menos desde el punto de vista creativo, esta preferencia sexual del realizador de Huelga se desarrolló a plenitud.
Almendros, que falleció en 1992, no pudo conocer la obra de William Harrison Richardson, Mexico Through Russian Eyes, 1806-1940. El libro, publicado por la Universidad de Pittsburg en 1988, tiene todo un capítulo dedicado a la aventura de Eisenstein en México, y describe como en ese país el realizador volvió a dibujar, una actividad que creía haber abandonado definitivamente.
“En muchos de estos dibujos, particularmente los religiosos, hay una obvia cualidad homoerótica. Toda una serie, por ejemplo, tiene que ver con la relación entre Cristo y Judas, que Eisenstein ve como una dilatada pelea entre amantes. En otros, hombres aparecen ofreciendo dinero a otros, con una expresión clara del interés por un intercambio sexual. En otros dibujos se muestra a un hombre masturbándose mientras observa con unos binoculares a pescadores recogiendo sus redes”, escribe Richardson.
Hay un dibujo, por ejemplo, que muestra a Cristo ofreciéndole dinero a un niño pescador y señalando a un hotel en la playa. Judas con frecuencia aparece dibujado como un hombre negro, que muestra una gran adoración por Jesús. También Judas aparece sorprendiendo a Cristo y a María Magdalena en la cama juntos. En otro, es Cristo quien saca a Judas de la cama para acostar en ella a María Magdalena. Por otra, la investigadora Barbara Evans Bixby encuentra una connotación homosexual en la secuencia que muestra la reacción de la multitud durante la corrida en Que viva Mexico! (el montaje realizado por Grigory Vasilievitch Aleksandrov de las escenas filmadas por Eisenstein en México).
Durante toda su estancia en México, Eisenstein acumuló un número tan grande de dibujos no sólo eróticos, sino con una carga sexual tan fuerte que al regresar a Estados Unidos, tras el conocido fracaso en el intento por realizar su famosa película mexicana, el grupo de filmación tuvo que permanecer en Laredo durante un mes, debido a problemas con el visado y a lo que los funcionarios de inmigración norteamericanos consideraron que eran baúles enteros llenos de dibujos pornográficos.
Las dudas sobre si el realizador mantuvo realmente encuentros homosexuales —no sólo en México sino también en otros países— se fundamentan no sólo en su temor a ser descubierto por las autoridades soviéticas (no creo que Eisenstein planeara en momento alguno desertar), sino también en su creencia en el principio psicoanalítico de la sublimación sexual a través del arte. En más de una ocasión, expresó la impresión que le había producido el trabajo de Sigmund Freud sobre Leonardo da Vinci.
“La fascinación de Eisenstein con la variedad de experiencia sexuales fue más clara durante los quince meses que pasó en México que cualquier otro momento de su vida, aunque quizá esto se debió únicamente a que tenía menos restricciones para expresar estos intereses aquí que en la URSS. De acuerdo a sus contemporáneos, Eisenstein con frecuencia parecía avergonzado frente al sexo, algo que venía ocurriendo desde su juventud. Algunos de sus amigos, aficionados al psicoanálisis, consideraban que sus dibujos y bromas sobre la sexualidad no eran más que el medio al cual el director recurría para lidiar con su turbación, algo así como una forma de terapia”, expresa Richardson.
Por su parte, y sin contar con un cúmulo tal de información —no disponible en el momento en que realiza su ensayo—, es Almendros quien logra la definición mejor sobre la sexualidad del realizador: “Puedo aceptar fácilmente que el autor de Potemkin fuera unisex, pero de ninguna forma que fuera asexuado”.
Tras su regreso a la Unión Soviética, Eisenstein se casó con su colaboradora y amiga Pera Atacheva, pero todos los estudiosos de la obra del director coinciden que nunca vivieron juntos. Fue un matrimonio de conveniencia, obligado por las circunstancias, dicen algunos según su versión más cruda, o una unión basada más en la amistad que en el amor, de acuerdo a los benévolos.
El propio Almendros, quien admiraba la obra de Eisenstein, reconoció en su momento que la popularidad del cineasta había disminuido considerablemente en los últimos años, incluso en su propio país. Ni siquiera el descubrimiento de esa sexualidad reprimida ha servido para atenuar algo las críticas hacia un hombre que debió haber sufrido mucho durante toda su vida, buena parte de la cual pasó encerrado en un armario con doble cerradura: la sexual y la política.
Fotografía: edición restaurada de El Acorazado Potemkin.

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