martes, 27 de noviembre de 2007

El oyente desinformado


Imagine a una persona que durante años ha conocido lo que ocurre en Estados Unidos, el país donde vive, en Cuba, la nación de que procede, y el resto del mundo mediante la información tergiversada que ofrece una emisora radial. Piense también que ese oyente ha escuchado mentiras repetidas, sobre lo que ocurre en la isla, y las ha aceptado, puesto que se trata de un servicio aprobado por las leyes de una sociedad democrática, donde supuestamente se vela por el cuidado de la divulgación de noticias y no se permite la diseminación de rumores, las calumnias y las mentiras. Añádale a lo anterior que además de los servicios noticiosos, esa estación también brinda espacios a un delincuente convicto (Demetrio Pérez Jr.) y se dedica a exaltar a terroristas. Agregue a lo anterior que cada participante en la elaboración de los diversos programas, desde los comentaristas políticos hasta quienes opinan sobre temas culturales y de entretenimiento. se ajustan con pasividad o entusiasmo a una agenda estrecha, donde no se puede decir nada que atenta a la línea fijada por el director que responde a los intereses de determinados grupos de interés, los objetivos de una facción de un partido político y la visión retrógrada que más que a una ideología responde a un afán oportunista de quien siempre ha estado dispuesto a ponerse de parte de los peores gobernantes. Piense que todo esto se hace con el beneplácito de una prestigiosa cadena, a la que pertenece la emisora, sin que ningún alto ejecutivo de ésta se preocupe por el descrédito que significa poner en función de grupos de poder e intereses comerciales locales un órgano entre cuyos objetivos debe estar brindar un beneficio público, y que en función de ese objetivo disfruta de privilegios negados a otras instituciones. Por último, sepa que ese director general es una persona reconocida en esta comunidad por su falta de cultura, su dificultad en expresar una idea coherente y pobre dominio de la lectura. Pregúntese si en otra ciudad de Estados Unidos es posible que un engendro como Radio Mambí se mantenga inalterable. Deténgase, por un minuto, a concebir un espacio igual, donde tengan cabida tanta mentira y engaño: reportajes sin la menor credibilidad, locutores que al leer las noticias añaden adjetivos despectivos y participantes que mienten con una impunidad total. ¿Está usted de acuerdo en que esto es conveniente para el futuro de Cuba?
Fotografía: Ninoska Perez Castellon, comentarista de Radio Mambí (Patrick Farrell/The Miami Herald).

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