domingo, 18 de noviembre de 2007

La transición Gotha a Gotha


En su número 50-51, de abril-septiembre de 2007, la revista Temas publica las opiniones de un simposio sobre la transición socialista en Cuba. Participaron diversos especialistas, desde un juez hasta un ingeniero, todos con importantes cargos en la isla y algunos muy conocidos desde hace décadas, por sus trabajos en las ramas de sociología, política y filosofía. También se buscó la presencia de un representante de las generaciones más jóvenes, con la participación de Carlos Lage Codorníu, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), quien tiene 25 años y expresa que su “vida ha estado determinada por los años de la crisis”.
Más allá de las lógicas diferencias individuales en las opiniones —Aurelio Alonso quizá el participante que mejor combina la profundidad, amplitud y moderación en sus criterios y Lage Codorníu, al ser la voz más joven, a veces esquemáticos y otras avanzado—, llama la atención que se comente en detalle la necesidad de un cambio social en que exista una menor centralización en todos los sentidos, el desarrollo de la esfera privada, la existencia de un mercado regulado y el incremento de formas sociales de propiedad sobre los medios productivos, como cooperativas, sin que éstas impliquen estar en manos del Estado. En igual sentido, abundan los señalamientos de las deficiencias actuales y se enfatiza la necesidad de mejoras.
Sin embargo, estos aspectos alentadores, respecto a la existencia de una visión critica sobre la situación del país, entre los intelectuales orgánicos residentes en la isla, se ve matizada por el hecho de que se encuentran dentro de un fárrago dominado por la retórica y las cortapisas ideológicas.
Algunos por formación y otros por conveniencia, los intelectuales que participan en este simposio parecen condenados al uso y abuso de los modos de pensamiento y escritura que caracterizaron los años durante los que en Cuba imperó un mal llamado análisis marxista o dialéctico de las situaciones, que en la mayoría de los casos se limitaba a explicaciones de acomodo. Ello es patente en el recurrir constante a las citas de autoridad, el no olvidar los socorridos pretextos y justificaciones internacionales, las alabanzas a Fidel Castro y Raúl regadas por las respuestas y el empleo sistemático de esquemas, opiniones y análisis pasados de moda, pero de ortodoxia comprobada: ¡Por favor, olvídense de la Crítica al Programa de Gotha!
El defender un modelo de justicia social —desaparecido en buena medida en Cuba— no implica el suscribir propuestas agotadas. Se puede estar a favor de la educación gratuita, servicios médicos a la población y renglones económicos de propiedad estatal sin tener que andar con las obras de Marx y Engels bajo el brazo. Y mucho menos tener que salvar a Lenin y echarle toda la culpa a Stalin.
Dos impresiones luego de leer el simposio sobre la transición publicado por la revista Temas. La primera es que muchos de los participantes prefirieron matizar un conjunto de puntos de vista válidos en el análisis de la situación cubana dentro de un conjunto retórico que aparentemente los librara de problemas. La segunda es más negativa: se trata sólo de un ejercicio intelectual dentro de un sistema totalitario, sin mayores consecuencias. En ambos casos, lo expresado por Aurelio Alonso trasciende mi comentario ocasional y quizá injusto.
Temo, sin embargo, que algo hay de cierto en mi segunda impresión. Me lo confirma las palabras de la filósofa Isabel Monal: “Hace falta un diálogo verdadero entre los científicos sociales y los compañeros que toman las decisiones. ¿Qué sentido tiene crear instituciones y poner compañeros a investigar y a estudiar y después no tomarlos en cuenta, ni siquiera llamarlos para ver qué piensan?”.
Vea el simposio sobre la transición socialista en Cuba aquí.
Fotografía: una modelo desfila el 17 de noviembre de 2007, en La Habana Vieja, con un diseño realizado con papel reciclado, durante una exhibición organizada por el Taller de papel artesanal, en saludo al 488 aniversario de la fundación de La Habana (Alejandro Ernesto/EFE).

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