martes, 20 de noviembre de 2007

Una adopción contradictoria


La adopción de Miami como patria no deja de tener un carácter contradictorio. Los que llegaron durante la década de 1960 imponen una Cuba mítica como modelo para la nostalgia. Entre esa imagen tergiversada y la situación que encuentra aquí —la añoranza para los primeros exiliados, la realidad de la isla para los que viajaron en las últimas décadas—, sólo se logran salvar los recuerdos personales.
En tales circunstancias, muchos anteponen el hogar a las patrias espurias, que han conocido o empiezan a conocer gracias al éxodo: la de Cuba y la de Miami. A ello se une la saturación política que arrastran los recién llegados. Esto explica en parte que quienes vinieron después del Mariel triunfen en actividades como la literatura y el arte, pero no en política. Ese apartarse de lo circunstancial, en favor de una mayor transcendencia, es un logro que no deja de implicar desventajas: el abandono de lo cotidiano, para que pueda ser administrado por políticos tradicionales, que en su mayoría deben su elección a votantes del llamado ''exilio histórico''; políticos que pueden o no cumplir su función en mayor o menor grado, pero cuya actuación en muchos casos deja fuera los intereses de quienes han llegado en los últimos años.
Fotografía: imagen de archivo de exiliados cubanos que llegaron al sur de la Florida durante el éxodo del Mariel, en 1980 (EFE).

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