miércoles, 19 de diciembre de 2007

El profesor en el Congreso


En un documento donde iguales planteamientos aparecen una y otra vez y con las mismas palabras —quizá por fidelidad al viejo precepto de que la repetición es la base del aprendizaje—, el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos ha divulgado el testimonio ante el Comité de Finanzas del Senado de Estados Unidos de su director, Jaime Suchlicki, quien se opone a cualquier alivio a las restricciones de los viajes a Cuba y al embargo económico hacia la isla.
El texto se inicia con un tono militante, que se mantiene firme hasta la última palabra: “En Diciembre 11, 2007, Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, rechazó en el Senado de Estados Unidos el intento de opositores de la política de Estados Unidos hacia Cuba que el pueblo cubano se beneficiaría económicamente si se eliminara el embargo comercial y la prohibición de viajes a la isla (las cursivas son mías)”.
Pero como suele ocurrir en la política, los argumentos se estiran y estrechan de acuerdo al punto de vista de quien realiza el discurso, sin mucha preocupación por ajustarse a la verdad y sin importar tampoco que muchos de éstos sean traídos por los pelos, con el único objetivo de hacer avanzar una agenda. Ahora bien, lo que resulta normal en un político queda fuera de lugar en un académico, y el profesor Suchlicki no estaba en el Congreso representando un partido político ni en funciones de cabildero de un grupo de intereses, sino en su función de experto en los asuntos cubanos. Sólo que en la práctica sus palabras se limitaron a esto último: promover el punto de vista de ciertos intereses comerciales y políticos interesados en el mantenimiento del embargo.
Aunque la exposición de Suchlicki tuviera esa aclaración necesaria, ausente del documento, no por ello hubiera estado a salvo de su principal limitación: una argumentación tan pobre puede resultar, en última instancia, contraproducente. Para cualquiera que defienda el embargo, sería mejor que buscara un nuevo aliento. Pero no es al punto de vista del profesor a lo que va dirigido este comentario de Cuaderno de Cuba, sino a algunas de sus afirmaciones, unas erróneas y otras asombrosas a la hora de justificar el embargo.
Dice el director del ICCAS que “los hermanos Castro siguen gastando en aventuras militares extranjeras y apoyando un sistema de asistencia social que está en bancarrota”, sin ofrecer pruebas sobre esas supuestas aventuras y dando pie a la inferencia de que el exilio de Miami (o mejor dicho, la parte del exilio de Miami que representa Suchlicki) quiere poner fin a ese sistema de asistencia social. ¿Substituyéndole por qué? El profesor no lo aclara.
Acerca del turismo, dijo Suchlicki: “Si se permitiera que los turistas (americanos) visiten Cuba, el gobierno de Castro imitaría la pasada práctica de la Unión Soviética y los países de Europa del Este (que eran entonces sus satélites): el turista tendría entonces que obtener visas en la Sección de Intereses de Cuba en Washington; su viaje sería controlado y canalizado hacia los centros turísticos construidos en la isla lejos de los principales centros de población y los turistas serían vigilados cuidadosamente para impedir que la ‘propaganda subversiva’ entre a la isla”.
Más allá del “descubrimiento” de que la obtención de una visa de turismo es una práctica comunista, lo que convierte a la mayoría de las naciones en fieles seguidoras del desaparecido régimen de Moscú, es tonto pensar que el turismo norteamericano en Cuba quedaría fuera de la famosa ley de la oferta y la demanda, y que en la actualidad los dos millones de visitantes extranjeros que visitan la isla se mantienen alejados de los principales centros de población, es decir que es imposible ver visitantes extranjeros en La Habana y otras ciudades. Y que si van a centros turísticos no es por los atractivos de éstos (playas, hoteles, etc.), sino obedeciendo una guía ideológico. Esto, por otra parte, también convierte a la República Dominica y otros países caribeños que en gran parte viven del turismo, en seguidores también de las prácticas establecidas por Moscú. Lo que lleva a comprobar que en realidad la Unión Soviética no desapareció, sino que simplemente se ha convertido en la mayor empresa turística de la historia, cuyos preceptos son seguidos con una aceptación asombrosa por millones en todo el mundo. ¡Turistas extranjeros de todos los países, uníos!
El profesor también afirma que en Cuba “los dólares fluirían muy poco a manos de los pobres”. Esto último, sospecho, se fundamenta en exigirle a la isla que desarrolle una industria turística similar a la de Miami, donde ésta dedica una buena parte de sus ingresos a construir viviendas para los desamparados, construir comedores que ofrecen desayuno, almuerzo y comida por unos pocos centavos y brindar cupones de alimentos a las familias de bajos ingresos. Si usted no ha encontrado esas facilidades en esta ciudad, es que no las ha buscado con igual tesón que quienes se las exigen a Cuba.
“Una gran corriente de turistas a Cuba tendría un efecto perturbador en las economías de países menores del Caribe como Jamaica, República Dominicana, Bahamas y Puerto Rico, así como en la Florida, cuyo bienestar depende del turismo en gran medida. Hay que planificar cuidadosamente para no provocar miseria y problemas sociales en esos lugares”, agrega el profesor, ¡de pronto convertido en abanderado del desarrollo turístico caribeño a cambio de mantener en la indigencia a Cuba!
“Como el turismo sería un asunto bivalente, gran número de cubanos visitarían Estados Unidos y es probable que muchos se queden como inmigrantes ilegales, lo cual complicaría un espinoso problema nacional de Estados Unidos”, agrega Suchlicki. Un momento, pero ¿no habíamos quedado en un párrafo anterior que Cuba es un sistema totalitario que controla el turismo? ¿Cómo de pronto tenemos a los “turistas” cubanos viajando con dólares a Estados Unidos y comprando paquetes de recreación para luego quedarse aquí como “inmigrantes ilegales”? ¿Y eso de “inmigrantes ilegales” de dónde salió? ¿Es que el profesor incluye en su “paquete” la abolición de la Ley de Ajuste Cubano?
El académico se pregunta si, en este sentido, no se debería “alentar que los americanos visiten Corea del Norte e Irán para democratizar esos países”. Pero el problema radica en que, precisamente, a los norteamericanos se les advierte o alerta, pero tienen restricciones económicas a la hora de visitar Irán y Corea del Norte. De hecho, no hay una prohibición de viajes de residentes y ciudadanos norteamericanos a Cuba. Lo que está prohibido es gastar dinero en la isla. Sin embargo, restricciones de este tipo no existen en los casos de Irán y Corea del Norte.
En igual sentido, “desde el punto de vista de Estados Unidos, aumentar el comercio con Cuba crearía graves distorsiones mercantiles en las ya precarias economías del Caribe y Centroamérica. Proporcionaría a Estados Unidos productos abundantes y de poco valor”, agrega el profesor en su tesis congresional. Aquí una vez más sale una defensa económica a los países caribeños que responde a las inversiones particulares en esos países, pero que además resulta superficial y, en última instancia, anticubana.
Durante años he leído diversas defensas del embargo. Pocas tan disparatadas como la realizada por el director del ICCAS en el Congreso. Creo que quienes apoyan esa política debieran escoger mejor a sus portavoces. Hay defensas que valen por mil ataques.
Fotografía superior: Jaime Suchlicki, profesor de historia y director de el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, testifica ante el Comité de Finanzas del Senado, el 11 de diciembre de 2007, en Washington, DC (Chip Somodevilla/Getty Images).
Fotografía izquierda: la embajadora Vicki Huddleston (derecha), entonces jefa de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, la congresista Ileana Ros-Lehtinen (izquierda) y Jaime Suchlicki (centro) en la Universidad de Miami en esta foto del 21 de febrero de 2002 (Nuri Vallbona/The Miami Herald).
Fotografía derecha: portada del libro Breve Historia de Cuba, de Jaime Suchlicki.

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