viernes, 31 de agosto de 2007

El velorio de Pérez Roura


Nestor Díaz de Villegas reflexiona (de verdad) sobre Fidel Castro y la radio en Miami en Penúltimos Días. Y también menciona a otro personaje fulastre:
"Tal vez con Fidel no sucumba únicamente una dictadura, sino una escuela de comunicaciones y un sistema de rumores que gobernaron nuestras vidas y cada una de nuestras acciones. Por eso sospecho que con la muerte de Fidel comienza el velorio de Pérez Roura. De ser así, no habríamos escapado nunca, pues también en la Diáspora el medio se convirtió en fin: la radio, en estas 'tierras de libertad', tampoco fue capaz de conducirnos a ninguna parte. Si el medio es el mensaje, la muerte del tirano no entrará en vigor hasta que logremos apartarnos del receptor''.
Vea el artículo de Nestor aquí.
Fotografía: el director general de Radio Mambí, Armando Perez Roura, habla sobre la posible muerte de Fidel Castro. (Marice Cohn Band/The Miami Herald).

La "conexión italiana'' de Raúl


¿Estuvo Raúl Castro en Italia? Rui Ferreira no lo asegura, pero ofrece detalles muy interesantes sobre la "relación italiana'' en la vida del gobernante interino de Cuba.
Vea el artículo de Rui aquí.
Fotografía: un campo de golf en Varadero Cuba.

miércoles, 29 de agosto de 2007

El refugio del puerco


Desde la llegada de Fidel Castro al poder, el cerdo ha sido la gran ilusión de la mesa del cubano. Una tradición sustenta esta esperanza. La cena navideña se organiza alrededor del lechón asado. La boda campesina es el momento obligado en que el guajiro debe ofrecer a los invitados un puerco en púa.
Los puercos vinieron con Cristóbal Colón —los ejemplares viajaron vivos a bordo de las carabelas— y desde entonces su carne ha sido una comida frecuente, el alimento sin barreras étnicas. Del gusto tanto de los españoles como de los negros y chinos que llegaron después. Nunca ha sido considerado un plato de lujo. Tampoco menospreciado por los ricos. El magazine Lunes de Revolución lo considera “el lujo del ‘gourmet’ criollo” en su número especial dedicado a Cuba.
Una esperanza que se hace realidad. La escasez de carne vacuna se impone desde comienzos de la Revolución. Las reses son confiscadas, censadas y su sacrificio controlado estrictamente por el régimen. El “delito” de matar una vaca se sanciona con la pena de muerte. Con los cerdos hay mucha mayor lenidad. Se convierten en el refugio a que acuden los cubanos, acostumbrados a un consumo excesivo de carne.
La carne de cerdo es también el gran triunfo de la cocina cubana de Miami. Al igual que en Cuba —donde los productos porcinos juntaron a cubanos, españoles y chinos—, en el exilio su carne une a anglos, latinoamericanos y exiliados.
Detrás de cada sandwiche y medianoche cubanos hay una metáfora agroindustrial y varias fortunas: los criadores de cerdos de Georgia u otros estados, convertidos en proveedores de La Pequeña Habana; los McDonal’s ofreciendo sandwiches cubanos junto a sus tradicionales hamburguesas. El melting pot transformado en el contenido que encierra una flauta de pan picada en porciones generosas.
También una mezcla de sainete y picaresca. Teatro bufo incomprensible para los estadounidenses. La fotografía, decenas de años atrás, en la portada de The Miami Herald. El hombre sorprendido por el fotógrafo con el cuchillo ensangrentado en la mano. La policía que acude ante las llamadas de los vecinos, alarmados por los chillidos insoportables. El exiliado que lleva meses ahorrando para celebrar una nochebuena como añora desde hace años. La compra del cerdo vivo que luego corre por las habitaciones de la modesta vivienda en la “Saguecera”. El animal despavorido que deja un reguero de sangre, tumba los escasos muebles y trata inútilmente de escapar, porque las puñaladas del hombre no han sido efectivas. Un hermano y una hermana que no hablan en inglés, que tratan de entenderse con los policías que ya han esposado al hombre, que lo encierran en el patrullero y que luego pasará las fiestas navideñas entre rejas. Una ilusión que termina en casera exigiendo a la familia que abandonen la casa, que se pierdan del barrio donde siempre ha sido mirados con reserva.
En Cuba la presencia de esta carne es incluso mayor. Porque también hay una historia de horrores. Antes de 1959, cuando las familias sacrificaban un puerco en sus hogares buscaban un carnicero experto, que produjera la puñalada precisa en el corazón del animal para que muriera inmediatamente y no sufriera. Que los vecinos o los miembros de la familia tuvieran que escuchar los chillidos del agonizante era considerado —en el peor de los casos— una muestra de descortesía, y transformaba a la celebración: el sacrificio jubiloso pasaba a ser un acto de una crueldad innecesaria. Luego fue necesario callar los chillidos. No por piedad ni por consideración a otros, sino por miedo. La muerte del cerdo providencial, que aliviaría la mesa durante semanas y era capaz de brindar manteca para algunos meses, si se administraba correctamente, convertida en un asesinato clandestino.
Cuando durante el llamado “período especial” se intensificó la cría de cerdos en ciudades y pueblos, sus propietarios recurrieron a conductas bárbaras, impelidos por las circunstancias del momento. De entonces son las historias de veterinarios que acudían a las casas para cortar las cuerdas vocales del animal, a fin de que no se escuchara en el barrio. Familias que con frecuencia bañaban a su puerquito con kerosene, y evitaban así que su olor se extendiera a las casas vecinas. Cerdos criados en bañaderas y en lugares aún más estrechos, que al ir creciendo sus cuerpos desarrollaban llagas por el roce de la piel contra las paredes o las tablas que definían el encierro.
En La Habana, una familia se enfrentó al dilema de si sacrificar el lechón que poseían, y aliviar su hambre, o conservarlo hasta Nochebuena, afrontando el riesgo de que muriera o fuera robado antes. Fue también un veterinario, amigo de la familia y en busca de un pedazo de carne, quien resolvió el problema. Una solución cruel, pero también una salida al conflicto entre la necesidad del momento y la ilusión de una cena navideña. Con un bisturí realizó una cuidadosa operación, en la que le amputó un pernil al pobre animal. Este sobrevivió lastimosamente, con una torpe muleta de palo amarrada al cuerpo, hasta que fue sacrificado en diciembre.
Durante una Mesa Redonda, celebrada el 25 de febrero de 2002, el gobernante cubano se refiere al tema. Antes aclara que no le va a dedicar mucho tiempo. “Fidel —dice una carta que lee el propio Fidel Castro— vela por la salud del pueblo, y son tan mal agradecidos que no quieren quitar las casuchas que hay detrás de los edificios con crías de puercos en Ciudad de La Habana”. El mandatario se refiere al problema en televisión, y luego envía una nota al diario Granma, que la publica en su edición del 11 de marzo. Fidel dice más. Dice que “la cría de cerdos en la ciudad es una desvergüenza”.
El hombre que para entonces se había reunido con centenares de jefes de Estado, que obstinadamente resistía a que la vida o sus enemigos lo matasen, que prosiguió y continúa con igual obstinación de sobrevivencia hasta nuestros y fue capaz de un juego político astuto que le aseguró la permanencia en el poder durante casi medio siglo, estaba detenido en el tiempo aquella tarde habanera, analizando el problema de la cría de puercos en la capital del país con la mentalidad de un abuelo pequeño burgués.
Fue benévolo entonces. Explicó al país que a los criadores de cerdos en las viviendas “se les puede dar un tiempo”. Pero también los advirtió: que se “busquen algún amigo por algún lugar para que los críe”. Luego pasó a recordar que la actividad estaba “reñida con la más elemental higiene”. Recordó que la industria turística podría “perjudicarse con una mala imagen de nuestras ciudades”.
Años después, con un país a la espera y un líder que no se recupera, dos boxeadores intentan saltar al profesionalismo en Brasil y terminan devueltos a Cuba. Ya en La Habana, uno de ellos lucha por asimilar las torpezas cometidas y como los millones de dólares prometidos y las ilusiones y la vida que tenía por delante se han reducido a unas pocas acciones y palabras: mira a su puerquito y lo toca, como aferrándose a una última esperanza.
Fotografía superior: varios hombres asan un cerdo en púa en un portal de La Habana Vieja de diciembre de 2007 (Alejandro Ernesto/EFE).
Fotografía derecha: José Bencomo (derecha), sacerdote de la religión afrocubana Yoruba, compra una cabeza de cerdo en una calle de Centro Habana, el 31 de diciembre de 2001 (Niurka Barroso/AFP).
Fotografía izquierda: Vecinos de la calle Aguila en Centro Habana observan como Pedro González (izquierda) y Jacinto Pérez (segundo a la derecha) limpian el 28 de diciembre de 2000 un cerdo que han alimentado durante todo el año para comerlo en la cena familiar de fin de año (Niurka Barroso/AFP).
Fotografía derecha: un hombre carga un pequeño cerdo para la cena familiar de fin de año, cuando pasa frente a una vidriera sobre la cual se encuentra un cartel con el saludo del gobernante Fidel Castro relativo a esta fecha, en Centro Habana, el 28 de diciembre de 2000 (Niurka Barroso/AFP).
Fotografía inferior: el boxeador cubano Guillermo Rigondeaux, deportado por Brasil tras desaparecer durante los Juegos Panamericanos de Río, posa con un cerdo el 8 de agosto de 2007 en su casa en La Habana (Alejandro Ernesto/EFE).

Iván el terrible


Unos ochenta libros son analizados, o al menos mencionados, en las críticas que durante seis años publicó Iván de la Nuez en el suplemento de libros de El Periódico de Catalunya, y que ahora aparecen recogidas en Postcapital (Crítica del futuro). Tal amplitud habla de un amplio poder de síntesis, pero también de las limitaciones que impone el periodismo. En ocasiones, la relación de obras casi supera en espacio al texto que se dedica a comentarlas.
En el mismo estilo que The New York Review of Books, el ensayista cubano parte de la reseña de un texto para un análisis mayor, aunque en ningún momento elude mencionar los méritos o limitaciones del libro que analiza. Las restricciones de espacio lo obligan a una definición en pocas palabras de un tema que merece un mayor desarrollo. Con elegancia y rigor, de la Nuez sale bien parado de la prueba. Pero deja al lector con las ganas de conocer más que lo que pueden brindar 106 páginas. Es una lástima, porque siempre queda claro que el escritor exiliado, quien en la actualidad reside en Barcelona, tiene mucho más que decir.
Una de las reseñas cita a Gore Vidal, quien expresa que “el ensayo mantendría la continuidad de la experiencia de la lectura en un mundo en que a ésta se le sospecha un destino bastante incierto”. Postcapital es una ratificación de las palabras de Vidal, pero mucho más: el libro que todo escritor ansía publicar en algún momento de su vida, para demostrar que el ejercicio periodístico —que lleva a cabo por razones económicas o por falta de un medio mejor dejar constancia de su pensamiento— logra trascender a veces un objetivo cotidiano.
En este sentido me atrevo a indicar un vínculo —aunque no necesariamente una influencia o ejemplo— entre estos comentarios sobre los libros y los ensayos y reseñas hechos por Jorge Luis Borges para El Hogar, que luego aparecieron publicados en Textos Cautivos y en la edición de las Obras Completas del escritor argentino. No hablo de influencia porque los textos de Borges —¿hay que mencionar la excelencia de su escritura?— no se libran de un didactismo al que quizá obligaron su destino original, pero del que éste nunca fue ajeno en todo lo que apartaba, aunque fuera levemente, de su obra literaria mayor.
Por su parte, de la Nuez evidencia que acometió estos trabajos semanales con la misma actitud que encontramos en el resto de sus libros y sus ensayos de mayor desarrollo. El análisis y una visión totalizadora siempre puestos por delante del simple dejar constancia de la existencia de una obra o el informar de una corriente de pensamiento, una novela o cualquier otra forma literaria.
Recorrer el índice de títulos basta para darnos cuenta que aquí lo que importa principalmente son libros escritos en otros idiomas, aparecidos en español gracias a poderosa industria editorial española. Este hecho ha sido determinado en gran medida por la intención editorial del diario catalán, pero más allá de ésta se encuentra una clave que me parece importante para el futuro del pensamiento y en general la cultura cubana.
Si bien en más de una ocasión me he referido a la nueva generación de ensayistas cubanos —la mejor en varios años— y su capacidad para moverse con facilidad en varios idiomas, no que olvidar, mucho menos despreciar, los miles —¿decenas, centenares de miles?— de lectores que en la isla no poseen igual capacidad. Ello sin contar el alivio —y también el placer— que depara cualquier buena traducción, más allá del privilegio de la lectura de una obra en el idioma en que fue originalmente escrita. En este sentido, Postcapital es también un catálogo razonado de libros a adquirir en cualquier momento. Estoy seguro que cualquier lector de este libro sentirá la tentación de adquirir varios de los reseñados. En este sentido, la portada debió aparecer rodeada de un cintillo de advertencia: ¡Cuidado!, la lectura del contenido de esta obra puede resultar peligrosa para su bolsillo. Agrego que vale la pena asumir ese riesgo.
Fotografía: parque de La Habana Vieja (The Miami Herald Staff/The Miami Herald).

martes, 28 de agosto de 2007

Norberto arremete contra Senel



Norberto Fuentes publicó una reseña sobre la última novela de Senel Paz, En el cielo con diamantes, en la edición dominical de La Tercera. Para los de corazón fuerte y sin reproches frente a las mal llamadas ''malas palabras'', Cuaderno Mayor ofrece la versión original, sin los púdicos recortes que introdujo el diario chileno.
Ver El soviet de las comadres en Cuaderno Mayor.
Fotografía: un anciano escucha un radio portátil, el viernes 23 de febrero en La Habana Vieja (Alejandro Ernesto/EFE).

Un rumor de más de 50 años


Uno de los argumentos utilizados durante estas últimas tres semanas, para ayudar a sustentar el rumor de que Fidel Castro está muerto, es la comparación con lo ocurrido a otros dictadores célebres.
Más de una vez he escuchado que lo que está ocurriendo en La Habana es similar a lo sucedido en la desaparecida Unión Soviética durante la muerte de Stalin, un hecho que “los comunistas ocultaron por semanas, o incluso meses, porque esa es su forma de comportarse”. Resulta sin embargo que esto no es cierto. Si bien la muerte de Stalin aún deja la posibilidad de más de una conjetura —¿fue dejado sin atender a propósito o por miedo?—, la cronología de los hechos ha sido establecida de forma precisa:
El 17 de febrero de 1953 Stalin recibió en su oficina del Kremlin al embajador de la India, Kumar Menon. Fue el último día que pasó en su oficina y el embajador indio el último extranjero que lo vio con vida.
En la noche del 28 de febrero al 1 de marzo Stalin sufre una hemorragia cerebral, de la que no se recuperará, en una dacha de las afueras de Moscú.
Los escoltas se deciden finalmente entrar a sus habitaciones en la tarde del domingo 1 de marzo y lo encuentran inconsciente en un charco de orina. No es hasta la noche que llegan los médicos.
El 3 de marzo el célebre cirujano A. L. Myasnikov diagnostica que la muerte es inevitable.
El 4 de marzo se anuncia a la población que Stalin está gravemente enfermo, pero no se dice una palabra sobre su posible sucesor o la formación de un nuevo gobierno.
El 5 de marzo Stalin muere a las 9:50 P.M. (21:50). Esa noche se celebra una reunión conjunta del Comité Central del Partido, el Consejo de Ministros y el Soviet Supremo, donde se anuncia que Stalin no podrá seguir gobernando y se aprueba la distribución de cargos que el círculo íntimo del dictador soviético había preparado apresuradamente en los dos últimos días. La mayoría de los participantes en la reunión no saben que a esa hora Stalin ya está muerto.
Luego de la reunión, se informa al diario Pravda de la muerte de Stalin. Se anuncia el inicio de las honras fúnebres y el entierro para el 9 de marzo.
Durante años existieron leyendas y rumores de que Stalin había muerto meses antes, e incluso circulo la versión de que el embajador indio no había visto al dictador sino a un doble. Desaparecida la Unión Soviética y desclasificados miles de documentos, las fechas permanecen.
En el caso cubano, estamos ante la presencia de un rumor que se alimenta de otro rumor, que lo precede en más de cincuenta años.

Insultos, amenazas y justificaciones


Un exiliado cubano ha insultado y amenazado por teléfono a una exiliada. Al menos eso muestran los resultados preliminares de una investigación policial. Además de malas palabras y una actitud soez, los comentarios incluyen algunas de las consignas más conocidas del régimen de La Habana. Por desagradable que pueda resultar el escuchar estas frases en el exilio, no catalogan directamente en la categoría de insultos y amenazas. Pero también se han dicho insultos y proferido amenazas. Así que desde un punto estrictamente policial, las consignas políticas deben resultar irrelevantes. Al menos en cualquier otra ciudad que no sea Miami.
La comentarista radial Ninoska Pérez Castellón ha comentado el caso en su programa de las tres de la tarde por Radio Mambí. Curioso que alguien que ha dedicado buena parte de su vida a realizar bromas telefónicas personales, y que luego alcanzó notoriedad cuando le imprimió a las mismas un matiz político, se convierta en abanderada del buen uso de las líneas.
Hay sin embargo una distinción fundamental. Pérez Castellón no ha amenazado de muerte a nadie por teléfono. Tampoco pronunciado malas palabras. Pero sí ha mentido, fingido y “advertido”, en el aire y utilizado los teléfonos de una emisora radial comercial, donde se supone que no tiene cabida ese tipo de conducta.
Sólo que en la mayoría de los casos, Pérez Castellón ha realizado esta práctica —abandonada en los últimos tiempos— en llamadas a Cuba. Una especie de “licencia para matar”.
Además de cualquier sanción legal que exista al respecto, la conducta del exiliado que hizo las llamadas debe ser rechazada por la comunidad. Nadie tiene el derecho de molestar a otro, ni por la madrugada ni a las tres de la tarde.
Existen grabaciones que muestran se ha incurrido en esta falta. Imagino que se trate de mensajes dejados en una contestadora telefónica, porque en la Florida es ilegal grabar sin consentimiento lo que alguien habla por teléfono.
De acuerdo a lo divulgado por Radio Mambí, la investigación policial ha concluido que ha sido una persona la responsable de estas llamadas.
Carece en este sentido de hablar de una “red” o inferir que se trate de una “tarea” asignada desde La Habana o mencionar el espionaje castrista.
Lo que llama la atención en este caso es que la conductora del programa radial no ha hecho nada para frenar los comentarios inflamatorios, y colocar lo ocurrido en su justa dimensión.
También resulta significativo que uno de los oyentes preocupado con lo ocurrido sea un sujeto llamado Emilio Izquierdo Jr. Esta persona se dedica a insultar a quienes difieren de su opinión. Conservo varios mensajes electrónicos enviados por Izquierdo a mi correo electrónico, en donde el insulto es lo único que se destaca de sus palabras.
Creo que la dimensión personal de lo ocurrido no hubiera llegado a comentario radial si careciera de un matiz político. Hay sin embargo un aspecto que preocupa en todo esto. En los últimos tiempos se han escuchado denuncias de supuestos ataques a personas que se han destacado por manifestarse en favor de la llamada “línea dura”. De resultar ciertas estas denuncias, los culpables deben ser castigados. Las opiniones más diversas tienen cabida en una sociedad democrática. Pero el asumir el papel de víctimas sin motivos reales es tan condenable como el convertirse en agresor.
En este caso ha quedado demostrado que se dijeron insultos y amenazas. Resulta conveniente que el hecho se analice en su justa dimensión y no se trate de utilizar para justificar otras actitudes igualmente lamentables.
Fotografía: un payaso camina junto a un grupo de policías de tránsito mientras éstos desfilan en el carnaval infantil, que se realizó el 3 de agosto en el malecón habanero, un día antes de la inauguración oficial del Carnaval de La Habana 2007 (Alejandro Ernesto/EFE).

Los derechos y la politiquería


Los políticos hablan y prometen siempre. Siempre también —y desde chiquitos— nos han enseñado a desconfiar de ellos. Juzgar sus acciones y la efectividad de las leyes y medidas introducidas bajo sus gobiernos, las propuestas por ellos y las que contaron con el apoyo total del mandatario de turno. Electores y contribuyentes han sido advertidos una y otra vez de confiar menos en los discursos y más en los resultados. Las clases de Historia abundan en ejemplos de promesas incumplidas, falsedades y juicios erróneos, hechos por determinado presidente en diferentes épocas.
Bueno, parece que no a todos nos ha ocurrido lo mismo. Frank Calzón fue a otras escuelas o se crió en otros mundos. El Director ejecutivo del Centro por una Cuba Libre en Washington, D.C, tiene una confianza absoluta y una ingenuidad a prueba de cañonazos en lo que se refiere a los gobernantes. Digo, si ese gobernante se llama George W. Bush. Calzón no pierde ocasión para escribir piezas de propaganda que elogian la gestión de Bush, al menos en lo que a Cuba se refiere.
En una columna reciente publicada en El Nuevo Herald, el luchador por los derechos humanos en la isla llena el espacio con menciones a palabras en favor de la democracia en Cuba lanzadas por Bush en los más diversos rincones europeos. Lejos de considerarlas irrelevantes, Calzón estima que ese rosario de frases es ponderado “cuidadosamente” por La Habana, que con frecuencia responde con “insultos a Estados Unidos y nuestros aliados”. Cómo esa supuesta guerra de palabras contribuye a la libertad, la democracia y los derechos humanos queda sin explicación.
“¿Quién está pensado en el pueblo cubano?”, se pregunta Frank Calzón, y la respuesta que encuentra es el presidente Bush. Lástima —para los que piensan como él— que al mandatario se le esté acabando su segundo período de gobierno.
Las pruebas de la preocupación de Bush por la situación cubana son las citas de Calzón. En breve tiempo, cualquiera puede armar una lista parecida de frases en favor de la democracia en Cuba, formuladas en su momento por cualquiera de los presidentes estadounidenses anteriores. Creo además que es fácil superar con creces la lista de Calzón a la medida de Bush.
Calzón está al frente de una institución que, según el mismo proclama, tiene como objetivo la democracia en Cuba y el respeto de los derechos humanos en la isla. Quizá sea mejor que no le reste tanto tiempo a esta labor meritoria, con su propaganda en favor de Bush.
Fotografía: el senador Mel Martinez (centro), la congresista Ileana Ros-Lethinen y Frank Calzon, del Centro para una Cuba Libre, en esta imagen de 2004 (Roberto Koltun/El Nuevo Herald).

Carne rusa y comunismo


Quizá no resulte apropiado hablar de un consuelo, pero en más de una ocasión dramática el cocinar le ha servido a Viviana Carballo para desahogar la tensión, probar sus habilidades y ganarse la vida. Esto y mucho más se desprende de Havana salsa. Stories y recetas. Un libro que no sorprende porque desde su título anuncia el contenido, pero que asombra al lector por esa curiosa mezcla de historia familiar y de una nación que se combina con recetas sencillas y prometedoras. Esa sencillez al narrar la tragedia, la alegría y la forma de confeccionar un plato es una de sus virtudes. No la única. Llama la atención la capacidad de síntesis para caracterizar un destino y un adobo. Como si la autora no se lo hubiera propuesto, y produjera merengues y asados con la misma facilidad que cuentos y descripciones. Lo mejor de todo es que no se trata de un libro de fábulas ni de manjares fabulosos. Es apenas el resumen de buena parte de su vida. Sorprende doblemente ese apego a lo cotidiano cuando se descubre que ella es la hija del “Profesor Carbell”, un célebre astrólogo y médium de las décadas de 1940 y 1950 en Cuba, conocido tanto por su capacidad para encantar —o embaucar, según se crea o no en los procedimientos empleados— a los habaneros, como en su poder para conquistarles las esposas. Y no sólo en la capital de la isla, porque las aventuras del “profesor” se habían extendido hasta Costa Rica, donde sus dotes de persuasión entre las damas de la sociedad le habían ganado una expulsión en 1932.
Havana salsa huye de la charlatanería más que del pecado. Si el libro no escatima confidencias e indiscreciones, tanto de la familia como en el orden personal, es sin embargo ajustado siempre a la hora de desplegar emociones. La memoria contenida no tanto para el chisme como para desplegar el vacío que dejan los recuerdos.
Desde la forma adecuada de encender un tabaco hasta diversas maneras de preparar canapés, Havana salsa elude muchas de las recetas convencionales y conocidas —todo tipo de frijoles, arroz con pollo, ropa vieja— en favor de concentrarse en acompañar la descripción de hechos y situaciones con las instrucciones necesarias para hacer algunos platos, que siempre sirven para ejemplificar o ampliar lo narrado. Como si, en ocasiones, la cocina no fuera más que la política por otros medios.
“¿Primero la carne en lata y ahora el comunismo? No es tanto que yo estaba en contra de cierta forma de sociedad socialista —ya que había necesidad de más justicia, menos disparidad entre los muy pobres y los muy ricos—, pero definitivamente estaba en contra de un gobierno totalitario”, escribe Carballo.
Esta asociación entre lo que se lleva a la mesa y la manera de gobernar define una obra que no se dedica a exagerar las virtudes de la Cuba anterior a 1959 y tampoco elude el dejar en claro situaciones, que si bien hasta cierto punto eran ajenas a su entorno familiar, no por ello dejaban de definir a la nación cubana: “dos mundos explosivos, prosperidad e injusticia social, estaban a punto de chocar en nuestra puerta”.
Poco cuenta Carballo de su exitosa carrera como articulista y experta culinaria tras abandonar Cuba. La intención de estas memorias no es hablar de una cocina perdida —que no está— y tampoco detenerse demasiado en las injusticias y penalidades sufridas (su padre preso; su hermano, aviador revolucionario durante Bahía de Cochinos, muerto desencantado en el exilio; la carrera abandonada de su primer esposo). Es dejar testimonio y salvar algo más que algunas recetas: descifrar el número preciso de gotas de café, que deben caer sobre el azúcar, para crear la espuma.
Fotografía: varios hombres asan un cerdo en púa en un portal de La Habana Vieja, en
diciembre de 2006 (Alejandro Ernesto/EFE).

sábado, 25 de agosto de 2007

¿Elogio o elegía?


El presidente venezolano, Hugo Chávez, aseguró hoy que se siente cansado de tener que desmentir los constantes rumores sobre la supuesta muerte del gobernante cubano, Fidel Castro, según la agencia Efe.
''No voy a estar saliendo a desmentir esos rumores cada vez que los lanzan'', dijo Chávez al comentar que ayer el ministro venezolano de Información, William Lara, le pidió que apareciese en público para neutralizar esas informaciones, cosa que no hizo.
''William me dijo que saliese en público, aunque sea un minuto, para desmentir que estoy en La Habana desde el lunes por la muerte de Fidel para asistir a las exequias secretas'', señaló Chávez.
Sin embargo, el elogio de Chávez a Castro en vida sonó a elegía consabida: ''Para los que quieren que Fidel se muera, se van a quedar frustrados, porque Fidel nunca morirá y siempre vivirá en el pueblo de Cuba, en el de Venezuela y en los pueblos de América'', señaló Chávez.
Chávez calificó a Castro de ''comandante, padre y maestro'', y reiteró que el gobernante cubano siempre estará vivo entre quienes ''luchan por un mejor destino''.
Fotografía: una niña junto a un mural con Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, durante las celebraciones por el cumpleaños del gobernante cubano, en el Palacio de los Pioneros, el 13 de agosto de 2007 (Javier Galeano/AP).

Quienes se oponen a Obama


No todo fueron sonrisas, apretones de manos y saludos para el aspirante a la candidatura presidencial demócrata Barack Obama.
Obama calificó la política de restricciones del gobierno de Bush para los viajes y envíos de remesas a Cuba como ''una estrategia disparatada'', que debería dejarse de lado por otras iniciativas que sirvan para ''apoyar la causa de la libertad y la democracia en Cuba''.
Sus palabras, en un columna publicada el martes en The Miami Herald, generó una reacción inmediata de una parte del exilio cubano en esta ciudad, así como de los demás contendientes a la presidencia, e instaló por primera vez la cuestión cubana en la incipiente campaña electoral.
Hoy Obama se encontró una ''tropa de choque'', dispuesta a recordarle que no era bienvenido en algunos círculos miamenses. Sin embargo, de acuerdo a las fotografías, se puede apreciar que las huestes fueron aguerridas, pero no numerosas.
Fotografía superior: Ernesto Suárez (izquierda) y José Varona protestan fuera del auditorio de Miami-Dade, donde el aspirante demócrata Barack Obama, ofreció un discurso a sus simpatizantes (David Adame/AP).
Fotografía inferior: exiliados opositores a las propuestas de Obama (David Adame/AP).

viernes, 24 de agosto de 2007

En busca del cuerpo


La Pequeña Habana ha decidido hacer el anuncio de la muerte del gobernante cubano Fidel Castro. Primero se dijo que la proclamación oficial sería a las cuatro de la tarde. Parece que han decidido prolongar un poco más la agonía. La comunidad cubana está siendo bombardeada de forma inclemente por el rumor. De viernes en viernes. Es como si el fin de semana tuviera que ser precedido por la expectación y la fatiga. Me parece que es la conclusión lógica de una actitud sostenida desde hace años. Cada vez más alejados de la realidad, estamos a punto de un rompimiento completo. No hay que tirar a broma la situación, que cada vez se torna más seria. Miami está a punto de ser víctima de su espejismo.
Fotografía: los cubanos de la capital del país, esperaron el cumpleaños 81 de Fidel Castro a las 12 de la noche, con fuegos artificiales, que se pudieron ver desde todo el litoral del malecón habanero el 13 de agosto de 2007, dando fin también a los Carnavales de la Ciudad de La Habana (Stringer/EFE).

jueves, 23 de agosto de 2007

Castro, el fantasma


Rumores sobre la muerte del gobernante cubano Fidel Castro han aparecido en diversos medios de prensa de todo el planeta. Es lógico debido a la importancia del hecho, la incertidumbre sobre su estado de salud y el secreto que ha rodeado a la enfermedad. Pero en Miami hay una dimensión que trasciende la noticia: el atribuirle a Castro una dimensión mítica y un poder extraordinario, más allá de los actos y la historia. Aunque se le considere un demonio, aquí la percepción de su figura encierra a un país y una época. Su fin, por lo tanto, se ve como la desaparición de un mundo.
Asumir esta actitud teológica arriesga a más de un fracaso. El primero es el desfasaje evidente entre la realidad de la isla y la irrealidad del exilio.
Mientras el proyecto de construcción de una sociedad inspirado en un objetivo trascendente hace rato ha sido abandonado en Cuba, una parte del exilio en Miami vive aún en un tiempo interrumpido, como si la llegada de Castro al poder hubiera detenido los relojes. Ambas visiones son ajenas al transcurrir, sólo que a noventa millas desde hace rato se han desechado las utopías, mientras en La Pequeña Habana todavía se alimentan las visiones fantasmales.
El segundo es la incapacidad de adoptar otra estrategia ante un nuevo enemigo. Si el gobierno bajo Fidel Castro se fundamentó en una visión heroica y futura, el de Raúl Castro tiene objetivos más inmediatos y prosaicos.
Sin olvidar las diferencias entre una sociedad abierta y otra cerrada, la animación y furia que han caracterizado el seguir en Miami las pocas noticias de la extensa convalecencia de Castro evidencian una fijación mayor hacia su persona que la existente en Cuba. Se trata además de un Castro no impuesto, que se adopta por masoquismo, venganza o dolor. Pero al que no se ha podido superar, pese a no vivir bajo su mando.
La muerte de Fidel Castro librará a la comunidad exiliada de una fuente inagotable de acciones, gestos y palabras que valen la pena responder, atacar y discutir. ¿Qué importancia tienen los cambios ministeriales de Raúl, las nuevas medidas, los decretos, frente a un discurso lleno de iracundia de Fidel? Incluso ese ejercicio tímido de periodismo que han sido las "reflexiones'' han despertado más entusiasmo que las escuetas declaraciones del ministro de Defensa.
No sé si el fantasma de Castro recorrerá la isla por años. Estoy seguro que desde hace tiempo habita en Miami.
Fotografía: foto de archivo (22/06/07) de un grupo de religiosos participando en un toque de tambor en Guanabacoa, La Habana (Alejandro Ernesto/EFE).

miércoles, 22 de agosto de 2007

El juicio que no debió ocurrir


El ex secretario de Justicia de Estados Unidos Ramsey Clark consideró ayer que nunca debió abrirse en su país causa judicial a cinco agentes cubanos condenados en 2001 por conspiración en una red espionaje.
''Este caso nunca debió presentarse, fue un caso mal concebido, concebido ilegalmente'', indicó Clark, secretario de Justicia entre 1967 y 1969 durante la administración de Lyndon B. Johnson, en declaraciones al programa político Mesa Redonda de la televisión cubana.
Las declaraciones de Clark se producen un día después de que los abogados defensores de los cubanos solicitaran al Undécimo Tribunal de Apelaciones de Atlanta un nuevo juicio, arguyendo que la Fiscalía procedió de forma irregular durante el proceso.
Comparto el criterio de Clark. Considero que nunca los cinco agentes cubanos debieron ser juzgados en este país, sino devueltos a Cuba. Creo que en el juicio no se pudo demostrar su participación en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate. Me parece que el caso estuvo matizado en todo momento por este hecho condenable, pero que no se presentaron pruebas suficientes que mostraran la culpabilidad.
Por otra parte, el general retirado Charles Wilhelm, ex jefe del Comando Sur, declaró durante el juicio que la infiltración en esta institución era apenas una posibilidad remota. Los fiscales se empeñaron en demostrar que la red de espionaje desbaratada en el sur de la Florida en 1998 tenía como objetivo infiltrarse en el Comando, que un año antes se había mudado de la Ciudad de Panamá al condado de Miami-Dade.
Penetrar el Comando era, según documentación confiscada a la presunta red, su ''objetivo principal''. Sin embargo, ninguno de sus miembros logró trabajo en la instalación militar y sus observaciones se limitaron, a juzgar por las evidencias presentadas hasta ahora en un tribunal federal de Miami, al exterior del edificio y sus alrededores. Esto por supuesto no libra de la intencionalidad, pero atenúa considerablemente los argumentos relativos a los daños causados por la red de espionaje.
El periodista Rui Ferreira, que cubrió el juicio para El Nuevo Herald, dice al repecto: ''Tal como se escribió en esa oportunidad, la fiscalía nunca fue conclusiva en que Gerardo Hernández supiera anticipadamente del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate ni que estuviera al tanto de la participación en el mismo de Juan Pablo Roque, cuando lo ayudó a escapar de Estados Unidos, el día anterior al derribo. Hernández recibe cadena perpetua porque el jurado considera la acusaciones contra los cinco como un todo, en vez de entrar a analizar detalladamente las acusaciones. Cuando impartió instrucciones al jurado, la jueza Joan A. Lenard les dio esas dos posibilidades: que consideraran el caso como un todo (o sea que los cinco no estaban en Estados Unidos propiamente pasando vacaciones) o que fueran acusación por acusación. Por eso el veredicto fue muy rápido. Se llegó en escasas horas''.
En la situación de permanente enfrentamiento entre Washington y La Habana, la existencia de espías de amabas naciones es el pan de cada día. Uno no tiene que estar de acuerdo con la ideología, los puntos de vista y las acciones de los condenados para considerar que unaexpulsión, un procedimiento llevado a cabo en múltiples ocasiones, era una solución más adecuada.
Tras el paso de los años, vale la pena cuestionarse los esfuerzos del FBI en descubrir este grupo, mientras al mismo tiempo se entrenaban aquí algunos de los terroristas que participarían en los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
Fotografía: un autobús en La Habana con un letrero en alusión a los cinco agentes de Castro presos en Estados Unidos, el 8 de marzo de 2007 (Javier Galeano/AP).

Obama y los cubanos


El precandidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos Barack Obama criticó el martes las restricciones de viajes a Cuba impuestas por el gobierno de George W. Bush y prometió levantarlas si accede a la Casa Blanca en 2008, según la Agence France Presse.
El senador por Illinois afirmó que los impedimentos de viajes desde Estados Unidos a Cuba, que afectan especialmente a quienes quieren visitar familiares o enviar dinero, es un error ''garrafal'' del actual gobierno que prometió corregir si gana las elecciones.
''El principal medio que disponemos para fomentar un cambio positivo en Cuba es ayudar al pueblo cubano a ser menos dependiente del régimen de Castro por vías fundamentales'', escribió Obama en una columna en The Miami Herald.
''Desgraciadamente, el gobierno de Bush ha realizado grandes gestos con ese fin, al mismo tiempo que cometió errores estratégicos garrafales cuando se trata de avanzar en la causa de la libertad y la democracia en Cuba'', opinó, en referencia a los viajes a la isla.
La columna de Obama, y su anunciada visita a La Pequeña Habana el sábado, no sólo intensifica la presencia del tema cubano en la campaña presidencial, sino que abre la puerta para profundizar en un tema que otros candidatos demócratas han preferido
mantener en un segundo plano.
Mientras la posición en favor al embargo y las restricciones es dominante entre los aspirantes republicanos (en este sentido no hay diferencias en las posiciones de Rudy Giuliani y John McCain), los demócratas presentan matices.
Hillary Clinton se opone al levantamiento del embargo ''hasta que la democracia no eche raíces en la isla'', de acuerdo a una información aparecida en El Nuevo Herald hace varias semanas. John Edwards ha dicho al respecto: ''Yo respaldo las sanciones que ataquen el régimen de Castro pero que ayuden al pueblo inocente de Cuba''. Por su parte, Obama también se opone al levantamiento del embargo.
Edwards y Obama son los que se han expresado más claramente en contra de las restricciones de los viajes, y ambos han manifestado que en un principio están dispuestos a conversar con los jefes de Estados de Cuba y Venezuela. Sin embargo, Edwards advirtió que antes de hacerlo se debe adelantar un trabajo diplomático, para que el encuentro no sea utilizado con fines propagandísticos, mientras que Obama fue más categórico: ''Lo haría y la razón es la siguiente: la noción de que alguien no hable con países es de alguna manera castigarlos, lo que ha sido el principio diplomático que ha guiado este gobierno, es ridículo''.
Se trata de una situación en que aparentemente no hay grandes diferencias en lo que respecta a un enfoque general sobre el régimen de La Habana, sino variaciones en las actitudes y una voluntad inicial de negociar en algunos que otros no admiten.
Estas ''pequeñas'' diferencias adquieren una mayor magnitud cuando se las analiza dentro de los estrechos límites en que se mueve la situación cubana. Cualquier desviación de la norma que resulta más cómoda a los aspirantes a la presidencia (Castro es malo, vamos a hacer todo lo posible por la libertad de Cuba, etc.) debe ser saludada.
El incremento de las limitaciones a los viajes a Cuba, por parte del gobierno de George W. Bush, no fue más que el intento de lograr una justificación perfecta: el tratar de hacer ver que se estaba haciendo algo para derrocar al régimen de Fidel Castro, ante un electorado y una comunidad que veía pasar los años sin lograr el menor avance en sus aspiraciones respecto a la isla. Un ejemplo evidente del empantanamiento en que se encuentra el gobierno norteamericano -y los dos principales partidos de la nación-, en su enfoque sobre la situación cubana, es que hasta el momento buena parte del debate político aún gira en trono a estas medidas.
Frente a la nulidad de esta política, la única respuesta que se ha permitido la llamada ''línea dura'' del exilio es empeñarse en silenciar las críticas y opiniones contrarias con un argumento ideológico: quienes promueven el alivio a las restricciones actúan en favor de Castro o al menos le hacen el juego.
No por gusto la parte más recalcitrante del exilio se ha lanzado al ataque de Obama.
El Consejo por la Libertad de Cuba emitió un comunicado en el que lamenta la posición adoptada por el precandidato demócrata.
''Es triste que (Obama) no aplique los mismos principios utilizados para promover cambios en Sudáfrica, donde los negros fueron víctimas del mismo apartheid que padecen los cubanos en la isla'', dice la declaración.
Por su parte, el senador Mel Martínez, dijo que ''Obama no está preparado para ser presidente''.
''El quitarle al embargo la fortaleza que hoy tiene'' representaría "un gran error en un momento muy sensitivo y crítico para el futuro de Cuba'', comentó a Efe el senador republicano de Florida, en alusión a la estrategia que defiende Obama con respecto a la isla caribeña.
''El senador Obama no está todavía preparado para la presidencia ya que él piensa que negociando con dictadores se llega adelante'', insistió el dirigente republicano.
Añadió que ''las ideas del señor Obama le darían una credibilidad a Raúl Castro que hoy día no tiene'' y que nunca pudo tener su hermano, Fidel Castro.
Por su parte, el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, afirmó hoy que la posición del senador demócrata, a favor de suavizar las restricciones a Cuba, reflejan ''un sentimiento mayoritario entre los estadounidenses''.
De acuerdo al canciller cubano, las declaraciones de Obama refuerzan la idea de que, ''al final, el bloqueo será desmontado y los derechos de Cuba respetados''.
De pronto, Obama, con una declaración que le ha dado cierto impulso al tema cubano en la campaña presidencia, se ha transformado en la figura predilecta para que otros lo utilicen a la hora de expresar sus tradicionales posturas.
Que un comentario sensato como el de Obama despierte tanta furia nos indica lo perdido que está la política norteamericana en general respecto al tema cubano.
Fotografía superior: vista del malecón de La Habana el 20 de agosto de 2007 (stringer/EFE).
Fotografía izquierda: varias personas disfrutan de un día de mar el 20 de agosto de 2007 en las Playas del Este de La Habana (Alejandro Ernesto/EFE).
Fotografía derecha: un hombre disfrazado de diablo participa el 10 de agosto de 2007 en el desfile de comparsas por el malecón habanero, como parte del Carnaval de La Habana, ya concluido (Alejandro Ernesto/EFE).

sábado, 18 de agosto de 2007

Esperando la noticia


Durante varias horas del viernes, el rumor de la muerte del gobernante cubano Fidel Castro tomó fuerza. Incluso se habló de que la congresista Ileana Ros-Lehtinen se encontraba en la emisora Radio Martí, para dar la noticia.
Como la confirmación de cualquier información al respecto sólo puede venir de Cuba, no entiendo mucho eso de una legisladora norteamericana convertida en portavoz del régimen de La Habana. En realidad, Ros-Lehtinen había llegado a Miami luego de un viaje de dos días a Afganistán.
Aunque se trataba de un rumor más, las estaciones de televisión locales se movilizaron ante un supuesto ''inminente anuncio importante desde La Habana'', según informó la agencia Efe.
Varias unidades móviles de las cadenas locales se situaron frente al popular restaurante Versailles.
Primero se fijó la hora de las seis y media de la tarde como el momento en que la televisión cubana realizaría el anuncio. Incluso un asistente de la congresista alertó al respecto. Llegó la tarde, y luego la noche, pero el cadáver, ay, siguió muriendo.
Fotografías: exiliados aguardan por la noticia de la muerte de Castro (John Riley/EFE).

jueves, 16 de agosto de 2007

Disidente en Cuba y en Miami


Acabo de recibir un artículo del economista y disidente Oscar Espinosa Chepe, que creo merece la mayor difusión. Trata sobre el discurso de Raúl Castro el 26 de julio y la situación cubana.
En uno de sus párrafos, dice Chepe:
''Si algo está claro de las acciones y los comentarios suscitados por la intervención, caracterizada por reflexiones realistas y concretas, es que este proceso seguramente enfrentará seria oposición interna y externa, a lo que se unen viejas y desgastadas formas de pensar presentes durante casi cincuenta años''.
Más adelante agrega:
''Quizás por diferentes motivos, sectores conservadores en el exterior, hasta inconscientemente, obran contra posibles cambios en Cuba. Son quienes continúan con modos de pensar desfasados, únicamente útiles para afianzar el totalitarismo y un nacionalismo equívoco, hábilmente cultivado por el régimen''.
Vea el artículo de Chepe en Cuaderno Mayor.
Fotografía: dos bailarines de una carroza en los Carnavales de La Habana muestran una foto del gobernante cubano Fidel Castro y una bandera cubana, el 13 de agosto de 2007 (Stringer/EFE).

miércoles, 15 de agosto de 2007

Equilibristas del antirraulismo


Dos enfoques distintos, y dos peticiones contradictorias, han circulado esta semana en Miami, con el objetivo de no permitir un gobierno de Raúl Castro. Hablo por supuesto de argumentos hablados y escritos, no de acciones concretas. Algo que no los disminuye, pero sí los coloca en un campo preciso. De la retórica del exilio trata este comentario.
El primer argumento fue formulado por el ''profesor'' Ramón Bonachea, en el programa la Mesa Redonda de Radio Mambí, un espacio a cargo del director de la emisora, Armando Pérez Roura.
Bonachea abogó por un golpe de Estado en Cuba, puesto en práctica por militares jóvenes, que posteriormente cediera el poder a un gobierno civil. El hecho de que una emisora radial de formato comercial norteamericana haga un llamado público a una acción violenta contra un gobierno del área creo que sólo es posible en Miami. Viene ocurriendo desde hace años. Es más, en otras ocasiones este señor ha incitado a la realización de actos terroristas en la isla, como arrojar puntillas o tachuelas en las gasolineras.
El segundo análisis que quiero comentar es When Should the U.S. Change Policy Toward Cuba y aboga por el mantenimiento, sin cambio alguno, de la política norteamericana hacia Cuba. Fue realizado por el abogado Jason Poblete y por Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami (ICCAS).
Desde hace años, los estudios, ensayos y artículos de Suchlicki carecen de rigor académico. Su objetivo es fundamentar -o justificar- la línea política que representa al sector más tradicional del exilio, el mismo que ha elegido a los tres representantes cubanoamericanos por la Florida y al senador estatal republicano de igual origen. En este sentido, resulta válido igualarlos a los breves comentarios de Pérez Roura.
Este último análisis del ICCAS plantea que desde la era Ford/Carter, la política norteamericana hacia Latinoamérica ha enfatizado la democracia, los derechos humanos y los gobiernos constitucionales. Con este objetivo, incluso han intervenido militarmente en algunas naciones naciones del área: Ronald Reagan en Granada, George Bush Sr. en Panamá y Bill Clinton desembarcó marines en Haití. Mientras que esta política no ha sido aplicada con igual severidad en todo el mundo, según Suchlicki en Latinoamérica sí se ha cumplido al pie de la letra.
Las incongruencias del razonamiento se hacen evidente desde el tratar a los gobiernos de Ford y Carter como un conjunto, en lo que respecta a Latinoamérica. Si bien se atribuye a la administración del primero la firma de los Acuerdos de Helsinki con la Unión Soviética, las dictaduras militares latinoamericanas continuaron durante la época de Ford, aunque bien es cierto que ya con anterioridad, incluso en algunos casos desde el gobierno de Nixon, el Departamento de Estado no se mostraba tan dispuesto a mirar hacia otro lado frente a las torturas y crímenes. En realidad, el interés aquí es restarle importancia en este terreno a la figura de Carter, quien despierta pocas simpatías en La Pequeña Habana.
A partir de ese enunciado, los hechos siguen torciéndose a la voluntad de los autores. Entre los argumentos ofrecidos para justificar la invasión de Granada, el retorno a un gobierno democrático ocupó menor espacio que el supuesto peligro que enfrentaban los estudiantes y ciudadanos norteamericanos en general residiendo en el país, el peligro de la alianza entre la isla caribeña y Cuba y la hipótesis de que el aeropuerto en construcción significaba una amenaza militar. En igual sentido, el narcotráfico figuró en un lugar más prominente que los valores democráticos en la invasión a Panamá. Sólo en el caso de Haití puede hablarse de un interés fundamental en restaurar un gobierno elegido en las urnas.
Por otra parte, el análisis prescinde del caso Irán-Contra, lo ocurrido durante el conflicto nicaragüense, cuando Washington brindó ayuda militar a una de las partes, y todo lo relativo al intento de golpe de Estados en Venezuela, durante el primer gobierno de Hugo Chávez. Esto es para citar algunos ejemplos.
Pero si apoyamos el punto de vista de Suchlicki, no nos queda más remedio que rechazar la posición de Bonachea. Un golpe de Estado en la isla, que ponga fin al gobierno de los Castros, debe ser repudiado por Washington.
Lo lamentable es que se pueda hacer una comparación entre ambos planteamientos. Una y otra vez, When Should the U.S. Change Policy Toward Cuba repite simplificaciones y lugares comunes que limitan el texto a la categoría del habla confusa y la vocinglería de Radio Mambí.
Fotografía superior: un equilibrista actúa en el Palacio de los Pioneros, durante una celebración del cumpleaños de Fidel Castro (Sven Creutzmann/Mambo Photo/Getty Images).
Fotografía izquierda: una imagen de Fidel Castro en una panadería de La Habana (Adalberto Roque/AFP/Getty Images).
Fotografía derecha: un barrendero lee la edición del 13 de agosto de 2007 del diario Trabajadores, que trae un artículo sobre Fidel Castro (Adalberto Roque/AFP/Getty Images).

sábado, 11 de agosto de 2007

El futuro pertenece por entero al republicanismo


Una información muy interesante, realizada por Beth Reinhard, de The Miami Herald, establece que loselectores hispanos de Miami-Dade, considerados durante años como sólidos republicanos por los candidatos nacionales y estatales en campaña por la Florida, se están convirtiendo cada vez más en votantes independientes.
La información que sale en la edición del domingo en ambos periódicos dice que menos de la mitad de los electores hispanos del condado están inscritos como republicanos, en relación con 59 por ciento hace menos de una década, según halló el Miami Herald. Como el resto de los nuevos electores en otras partes del estado y la nación, muchos electores hispanos del condado están rechazando los partidos políticos: uno de cada cuatro en Miami-Dade está inscrito sin afiliación partidista. En Broward, uno de cada tres hispanos inscritos no está afiliado a ninguno de los partidos.
Esos electores independientes tienden a ser jóvenes cubanoamericanos o ciudadanos naturalizados de Centroamérica o América del Sur, muchos de los cuales están más preocupados por la atención médica que por derrocar a Fidel Castro, según más de dos docenas de entrevistas con electores y líderes hispanos.
Pero el cambio está ocurriendo inclusive en la comunidad cubanoamericana en su conjunto, un baluarte republicano desde George W. Bush hasta Jeb Bush, que cultivaron su lealtad con su retórica anticastrista y sus anuncios en español.
Esta corriente política tiene implicaciones de largo alcance para la próxima campaña presidencial, la más abierta en más de medio siglo. Los hispanos son la parte en más rápido crecimiento del electorado y en la Florida -el mayor estado indeciso de la nación- se espera que representen hasta 15 por ciento de la votación del 2008.
Hay además los datos de dos encuestas recientes, cuyos números no favorecen a los republicanos. Según el sondeo más reciente de la Universidad Internacional de la Florida sobre los cubanoamericanos de Miami-Dade, el 65 por ciento de ellos respalda algún diálogo con el gobierno cubano, comparado con sólo 40 por ciento en 1991.
En otra encuesta reciente hecha por los demócratas en dos distritos de votantes de Miami-Dade con grandes números de cubanoamericanos, representados por los republicanos Lincoln Díaz-Balart y su hermano Mario, los votantes colocaron deshacerse de Castro en el número seis de sus prioridades actuales. Su mayor prioridad para el Congreso es retirarse de Irak. La tasa de aprobación del presidente Bush quedó en 39 por ciento, sólo unos cuantos puntos por encima de las encuestas nacionales.
''Ha habido un cambio sísmico en los puntos de vista políticos de esos distritos'', dice Jeff García, un asesor político demócrata que concibió la encuesta. ''Todo el descontento que se está viendo en el resto del país está aquí también''.
Como aspecto curioso, e incluso singular, los políticos cubanoamericanos alardean de que viven en la ciudad más republicana de la Florida. Pero la realidad es que los residentes están registrándose cada vez más como independientes cuando se inscriben para votar. Ese municipio es 53 por ciento republicano ahora, en comparación con la cifra de 61 por ciento en 1998.
Los funcionarios de Hialeah no parecen haberse enterado del cambio. El alcalde Julio Robaina dijo que calcula que 72 por ciento de sus constituyentes son republicanos.
''Creo que somos 90 por ciento republicanos, o una cifra parecida a esa'', dijo la concejal Vivian Casáls-Muñoz poco antes de la visita a Hialeah del aspirante presidencial republicano Rudy Giuliani.
Me imagino que después de esta información no sigan tan confiados. Lo que sí se puede predecir es que en el baluarte radial republicano de Radio Mambí, estos datos serán descartados de inmediato. La confianza inconmovible. La fe inalterable. Impoluta la ilusión de que el futuro pertenece por completo al republicanismo.
Fotografía superior: el cubano Roberto Lugo aguarda por clientes en una calle de Miami (Joe Raedle/Getty Images) .
Fotografía inferior: niños juegan cerca del Malecón en La Habana (Javier Galeano/AP).

En favor de una negociación


Más de la mitad de los norteamericanos consideran que Washington debería comenzar a negociar con el gobierno de La Habana. De acuerdo a un estudio realizado por el grupo Zogby International y el centro de estudios Diálogo Interamericano, el 58 por ciento de los encuestados consideran que de esta forma se puede mejorar las relaciones entre ambos países.
Además, el 56 por ciento apuntó que debería acabar el embargo económico sobre la isla, de acuerdo a un cable de la agencia Efe.
Al mismo tiempo, en un dato que puede ser interpretado que contradice la información antereior, al ser interrogados sobre cuáles son los peores enemigos de Estados Unidos en Latinoamérica, los encuestados señalaron a Cuba y Venezuela en primer y segundo lugar, mientras consideraron que Colombia debería estar en el tercero.
Dos conclusiones son evidentes a primera vista. Una es que los estadounidenses prefieren la negociación de los conflictos, antes que una confrontación. La otra es que las respuestas evidencian la atención que estos tres países reciben en la prensa.
También puede agregarse el desconocimiento sobre la situación latinoamericana, en lo que respecta a Colombia.
"La percepción de los estadounidenses sobre Colombia está absolutamente equivocada: (los colombianos) reciben más ayuda exterior de EEUU que cualquier otro país en el mundo, excepto los situados en el área de Oriente Medio y Afganistán'', dijo sorprendido a Efe el presidente del Diálogo Interamericano, Peter Hakim.
En torno a la relación con Latinoamérica, el 29 por ciento calificó de "adecuada'' la gestión del gobierno estadounidense, mientras que el 60 por ciento no estaba de acuerdo con esa visión.
Hakim lamentó que en su país exista un "muy limitado conocimiento'' sobre Latinoamérica y que éste se centra tan solo en los inmigrantes, en Fidel Castro y en el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
El estudio se realizó a través de internet a 7,362 adultos de Estados Unidos entre el 27 y el 30 de julio de 2007, con un margen de error de un más o menos 1.2 puntos porcentuales.
Fotografía: varias personas caminan por una calle de La Habana Vieja, hoy sábado 11 de agosto, en La Habana, dos días antes del cumpleaños 81 del líder cubano Fidel Castro, el próximo lunes 13 de agosto (Alejandro Ernesto/EFE).

El "Cóctel Montaner'' en Miami


El viernes 3 de agosto, mientras participaba en la decimoséptima conferencia anual de la Association for the Study of the Cuban Economy (ASCE), aproveché la hora de almuerzo para ir al periódico, a pocas cuadras, y dejar mi columna semanal. No sólo me perdí un almuerzo —posiblemente suculento ¿o no?— sino también la conferencia ofrecida por el escritor Carlos Alberto Montaner.
El autor y periodista aprovechó la ocasión para comentar su participación anterior en el Foro Nueva Economía, en Madrid, y hablar sobre algunas respuestas escépticas originadas por aquella disertación, en que presentaba una visión luminosa —y a mi entender ingenuo— sobre un futuro capitalista para Cuba.
“La reacción de los cubanos a estos papeles [leídos en Madrid] fue, grosso modo, positiva”, dijo Montaner. Pero agregó que “hubo numerosas críticas negativas, dentro y fuera de Cuba, en las que se repetía una palabra clave: utopía”. El escritor considera que este negativismo obedece a un “síndrome de pesimismo post-totalitario” y abogó por “la recuperación de la esperanza”.
Fui uno de los que en aquella ocasión consideré que la conferencia en Madrid sobre el futuro de Cuba pronunciada por el columnista caía dentro del género de la “ficción política”. Reconozco que Montaner acierta al señalar que una de las consecuencias del régimen castrista ha sido el de matar la esperanza en los cubanos. Pero me parece que tanto en Madrid como en Miami cayó en una simplificación de los problemas que va más allá de la dicotomía positivo-negativo. Si al comentar el texto dicho en España hablé de que era “poco imaginativo y lleno de lugares comunes”, igual caracterización me sirve ahora para referirme a lo expresado en Estados Unidos.
Luego de leer la conferencia que me perdí, sólo me resta preguntarme por los platos que se sirvieron. Montaner nos acusa de pesimistas a todos los que nos distanciamos de su primer texto, cuando en realidad hay otra explicación: no resultó convincente. Más que de una respuesta emocional, valdría la pena analizar sus planteamientos. No se trata de señalar que no hay esperanzas para Cuba, sino decir que hay otras, más allá de las que plantea Montaner.
Por supuesto que no estoy hablando del mantenimiento de la misma situación por la que atraviesa la isla ni rechazando las reformas, la transición o el fin del sistema imperante en la nación. Simplemente que no me trago el cuento de uno de los creadores del Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano.
La propia conferencia de la ACCE, con ponencias tan positivas como la presentada por el Cuban Study Group —donde se explicó la posibilidad de otorgar micro préstamos a los cubanos, es un ejemplo concreto de los diversos caminos que existen para una Cuba futura— sin limitarse a repetir las bondades del sistema neoliberal y las tensiones emocionales que origina vivir bajo un sistema totalitario (como referencia, no hay que olvidar que los índices elevados de suicidio no sólo están presente en la isla sino también en la comunidad exiliada de Miami). El abrir las puertas al mercado no es una panacea que resuelve todos los problemas. Reducir la situación cubana, ahora y en un futuro, a un problema de actitudes es más que simplista contraproducente.
Puedo entender que ambas charlas el político se impuso sobre el analista, pero en este caso hubiera resultado mejor escuchar y leer planes concretos, propuestas de programa y no una visión novelada del futuro. Al menos en Miami, varios de los asistieron al evento, sobre todo los más jóvenes, quedaron “decepcionado” con la conferencia de periodista y político.
Si en el comentario anterior intenté recurrir a la ironía, y reducirlo todo a la supuesta mezcla de un “Cóctel Montaner para la Prosperidad” es porque considero que el texto adolesce de lo mismo que el texto adolece de lo mismo que los autores del libro citado habían creído encontrar —en algunos casos con certeza y en otros de forma errónea— en tanto intelectual latinoamericano, sólo que ahora con signo contrario. Ahora me atrevería agregar que a las doce del día, en Miami, lo único que hacía falta era más hielo.
Vea el artículo de Carlos Alberto Montaner, El síndrome del pesimismo post-totalitario, en El Tono de la Voz.
Vea aquí el Cóctel Montaner para la Prosperidad.
Fotografía: un cubano realiza reparaciones en su taller casero en La Habana, el sábado 11 de agosto de 2007 (Stringer/AFP/Getty Images).

Angulo de reflexión

Me había prometido no escribir, al menos por un rato, sobre Fidel Castro. Si hoy lo hago es por la tentación fácil de aprovechar el lado más débil del enemigo. No es el gobernante, que no lo es, lo que me interesa, sino el escritor al que siempre aspiro y nunca ha logrado lo que posibilita esta venganza tonta aunque no estéril. No puedo decir que no lo intentó. Su fracaso —él siempre victorioso— en este terreno me hace sentirme cómodo. He visto como una tras otra sus “reflexiones” han servido para el alarde de la falta de talento de cuanto comentarista mediocre y oportuno ha querido en Miami hacer leña del árbol caído. Se lo merece, al igual que la anterior frase manida. Nadie ha dedicado una frase al intento agónico del gobernante por mostrar al menos un mínimo de destreza, ni siquiera los torpes y gastados juegos de palabras, exhibidos sin pudor alguno en los escritos reproducidos por Granma y Juventud Rebelde han servido de estímulo.
Al principio de la crisis pensé en la posibilidad de que todo no fuera más que un intento de escritura mayor: transformar la situación del país en un guión, trama novelesca, ensayo de un crimen. Veo, decepcionado, que no ha resultado así. Cuando Castro levantó en el aire una máquina de escribir, para luego hacerla pedazos contra el suelo durante el Bogotazo, selló su destino como escritor. Lo demás no ha sido más que conocer a retazos esa tragedia.
En un artículo reciente, Norberto Fuentes le recuerda las limitaciones de la palabra escrita para un hombre de acción. Creo que por piedad no menciona la definición mayor que el gobernante podría haber alcanzado en el momento definitorio de la trascendencia: la retirada a tiempo, el dejar a otros el enfrentar todos los descalabros y errores. No soy político y no me convencen las razones de las obligaciones y las lealtades partidistas ante la nación. En cualquier caso, en el caso de Fidel Castro no las interpreto más allá de un aferrarse inútil al poder que se le escapa, que ya escapó de sus manos.
Celebro en Norberto la lucidez general del análisis y vuelvo a no compartir su advertencia a Raúl ante lo que el considera un posible suicido político —que yo considero una esperanza— y esa fidelidad que él sabe desde hace años que nunca he profesado. Por encima de esas diferencias conocidas, hay un objetivo común en no dejarse sojuzgar por la ramplonería de Miami y la venganza inútil.
Fidel Castro, salvo sorpresas futuras ahora poco imaginables, nunca pudo llevar a cabo una obra literaria. Los versos, si es que existen. quedarán en los cajones. La autobiografía sin comenzar. Lo que es pero, usurpada por el propio Norberto. Las memorias habrá que buscarlas en miles de discursos y entrevistas y al final sólo se podrán rescatar algunos párrafos, en libros como el de Ramonet, del que se apoderó por derecho propio. La idea literaria ha seguido persiguiéndolo. Sueña con reencarnar como escritor y no se resigna al destino más vulgar de líder continental y gobernante perpetuo. Es cierto que la obra aún no tiene un final. Su autor no lo ha escrito y en su lecho de convaleciente se detiene ante los posibles resultados. Pero en estas páginas casi postreras que ha escrito o dictado en los últimos meses hay poco o nada de valor: una vez más, el político ha anulado al escritor. Sólo queda la sospecha —por no decir la certeza— que la falta de talento persiste enmascarada en un afán por decir que aún está vivo, que decide destinos, aunque éstos sólo sean los de un par de boxeadores. Durante años, innumerables promotores, comentaristas deportivos, matones y simples entrenadores de gimnasios han hecho lo mismo, sin detenerse a pensar en la trascendencia.
La mezcla de escatología y heroísmo que al principio tuvo la trama de la sucesión ha quedado reducida a sus niveles más bajos. De la similitud a una obra de Shakespeare apenas quedan los parlamentos de los conspiradores. Destino personal y destino revolucionario, unidos en una misma figura, abolidos en una lucha por el poder casi invisible. La angustia de morir, fundida con el temor de que la revolución pueda ser destruida, convertida en una sucesión anodina y aburrida. El anticiparse a esa destrucción, abolir el destino con el paso audaz de echarse a un lado —pero sólo provisionalmente, para poder contemplar la reacción de los otros— malgastada por una mala jugada de los intestinos. Al final, sólo una conclusión pueril: la vida es una mierda.
Vea el artículo de Norberto Fuentes, Absorbido por la sombra, aquí.
Fotografía: una cubana plancha en su casa de La Habana, junto a una pared con retratos de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara (Stringer/AFP/Getty Images).

jueves, 9 de agosto de 2007

Reduccionismo en Miami


Es posible que uno o todos los miembros del grupo musical Porno para Ricardo hayan consumido drogas en algún momento. Hay un periodista de The Miami Herald que enfrenta cargos por supuestamente solicitar sexo oral a una prostituta. Este niega la acusación.
Pongo estos dos ejemplos, con todas las condicionales posibles en los párrafos, porque no tengo certeza alguna de que los actos se cometieran. Debo agregar que considero estas conductas dentro de los aspectos personales, en los que las decisiones personales deben pesar más que las sociales; aunque por lo general la sociedad se inmiscuye en ellas y se considera delito en unos países, y determinadas épocas, lo que en otros no lo es.
En Miami, sin embargo, se ha encontrado una fórmula para juzgar todo tipo de comportamiento: de acuerdo a criterios políticos. O mejor aún: según las opiniones de un grupo dominante.
De esta forma, periodistas y medios de prensa alaban a los músicos como abanderados de una rebelión en la isla y comentaristas radiales consideran al periodista un depravado sexual (Ninoska Pérez Castellón, en su programa de las tres de la tarde por Radio Mambí, lo llamó un pervertido sexual). En ambos casos, nos enfrentamos a una curiosa contradicción. Se admite o rechaza lo que era común o prohibido en la Cuba que se añora y desea volver a establecer en la isla: mientras la prostitución no estaba prohibida, el consumo de drogas sí era penado.
La contradicción desaparece cuando se aclara que los patrones que guían a este sector aún dominante en la opinión pública de Miami no son ideológicos sino políticos. Quiere esto decir que carecen de un conjunto de ideas fundamentales y no se guían por doctrina alguna. No son anticastristas, conservadores y republicanos, en un sentido doctrinal. En su lugar, se han fabricado sus versiones propias que asumen como absolutas: ellos dicen representar el anticastrismo, el pensamiento conservador y la ideología republicana. Cuando alguien no cuadra a sus intereses, surgen los ataques. Aquí reside su intransigencia, y no en mantener una posición ''vertical'', como afirman, frente al régimen de La Habana.
Portadores del poder por razones temporales (fueron los que llegaron primero), nada temen más que al paso del tiempo y las nuevas generaciones. Este temor, por otra parte, sólo evidencia una limitación intelectual. Rechazar el devenir, aunque humano, sólo lleva a la amargura. Más que aferrarse a una batalla contra los más jóvenes, lo que hay que entender es que esta ciudad se está produciendo un cambio que se refleja en un número creciente de residentes que piensan con criterios independiente, aunque aún no se puede hablar de mentalidad imperante, ya que no existe voluntad alguna de compartir aunque sea una mínima parcela de poder, por parte de quienes administran o ejercen la fuerza local, en cualquiera de sus manifestaciones.
La capacidad de este grupo para ejercer la fuerza -una de cuya acepciones es el acto de obligar a alguien a que asienta a algo, o a que lo haga- sólo es moderada en esta ciudad por razones exteriores a éste: el vivir en Estados Unidos. De ahí que el reclamo de sus miembros, al afirmar que aquí se practica sin perjuicio la difusión de una pluralidad de opiniones, resulta cuanto menos hipócrita. Es cierto que en Miami hay libertad de expresión,para quienes difieren de la línea del exilio histórico, al menos en ciertos sectores y durante determinados momentos, pero siempre hay que agregar que este beneficio existe pese a la voluntad de quienes cuando llega el caso lo reclaman como una virtud propia.
El extremismo, el reducirlo todo al ''estás conmigo o en mi contra'' ha imperado por demasiado tiempo entre los cubanos. Luchar contra esta tendencia es también reconocer que esta ciudad no es una isla, sino parte de una nación democrática. Algo a no olvidar y tomar de guía.
Fotografía: un carretón con un caballo y un bicitaxi circulan por una calle de La Habana, Cuba, el 7 de agosto de 2007 (Alejandro Ernesto/EFE).