viernes, 4 de enero de 2008

Lisandro Otero (1932-2008)

Más allá de diferencias políticas y razones personales, en todo momento reconocí en Lisandro su dedicación al periodismo y curiosidad intelectual. Hasta hace unos meses intercambiamos email. Sin saludos ni referencias, limitados al envío mutuo de artículos. Varias veces estuve por agradecerle esa generosidad, ya que Lisandro no sólo llegó a ser presidente de la Academia Cubana de la Lengua y Premio Nacional de Literatura 2002, sino que con los años se había convertido en un narrador importante de la isla. Si destaco ahora esa inclinación, de un escritor que provoca una aceptación o un rechazo radicales, es porque sé que Lisandro conocía que yo había publicado en El Nuevo Herald un artículo, más que crítico sumamente ácido, respecto a varios trabajos suyos (opinión que, por otra parte, aún sustento). Con mayor o menor acierto, el autor de Pasión de Urbino, La situación y Arbol de la vida participó tanto en los más importantes acontecimientos de la vida intelectual de su país, como supo compartir pequeños episodios similares al mencionado.
Fotografía: foto de archivo del 22 de marzo de 2005 del escritor cubano Lisandro Otero, premio Nacional de Literatura (Alejandro Ernesto/EFE).

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