martes, 5 de febrero de 2008

Adiós al Tata


A ritmo de conga, rumba y guaguancó, Tata Güines, las "manos de oro'' que sacaron chispa al tambor cubano en escenarios del mundo, fue sepultado este martes luego de una festiva procesión en su natal Güines, 50 km al sureste de La Habana, según un cable de la AFP.
Considerado uno de los mejores percusionistas cubanos, Arístides Soto, quien adoptó su apellido en honor a su pueblo, murió el lunes a los 77 años por padecimientos renales, tras llevar una vida de intensa bohemia y haber alcanzado la fama internacional con su magistral estilo de tocar las tumbadoras.
''Mientras exista el guaguancó. Tata Güines no se murió'', cantaron a coro los dolientes en el cementerio de este municipio del provincia Habana, cuya población entera se volcó para despedirlo.
Nacido el 30 de junio de 1930 en un hogar pobre, de creyentes en ritos africanos, comenzó su trayectoria tocando el contrabajo con el conjunto Ases del Ritmo, y más tarde fundó la orquesta Estrellas Nacientes, junto a algunos músicos de su familia.
Con el percusionista cubano Chano Pozo (1915-1948) -que introdujo las tumbadoras en el jazz estadounidense-, actuaba en bares de La Habana de entonces, y dormía donde lo sorprendiera la noche, contó Tata en una ocasión.
En 1957 viajó por dos años a Nueva York. Trabajó allí con Dizzy Gillespie en el hotel Waldorf Astoria, ya uno de los más prestigiosos de aquella ciudad estadounidense.
Tata Güines regresó a Cuba en 1959, poco después del triunfo de la revolución de Fidel Castro, donde se unió al grupo de jazz de Frank Emilio, para después formar su propia agrupación.
Fotografías: Javier Galeano/AP.

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