viernes, 29 de febrero de 2008

Advertencia al exilio y la disidencia


El historiador Rafael Rojas lanzó en Madrid una advertencia que no creo guste mucho en ciertos sectores de la comunidad cubana de Miami: ''La oposición y el exilio tendrían que reacomodar sus agendas a la circunstancia de una sucesión lenta, autoritaria, con una apertura económica limitada y una liberalización política inexistente''.
Pero no importa que la ''línea dura'' se empecine en su política de avestruz. Lo que dice Rojas es cierto.
El intelectual exiliado en México ofreció una conferencia en la Casa de América de Madrid, en la que analizó el posible alcance del proceso de sucesión que ha llevado al poder a Raúl Castro en reemplazo de su hermano Fidel. El periódico digital Encuentro en la Red destaca varios aspectos de las palabras de Rojas.
En Miami se ha enfatizado hasta el cansancio la edad de los miembros del Consejo de Estado y el historial de éstos. Sin embargo, se pasa por alto dos factores. Uno es la capacidad de adaptación y el pragmatismo del gobierno de La Habana. El otro es que los cambios que se quieren ver en esta ciudad no necesariamente se corresponden con los que espera la población cubana.
''La oposición y el exilio deberían ser conscientes de que el nuevo gobierno de Raúl Castro, (José Ramón) Machado Ventura y los generales sí emprenderá cambios en la economía cubana que serán muy populares en la Isla'', consideró Rojas. ''A pesar de su composición vieja y retardataria, las reformas que impulsará la máxima dirigencia del país, probablemente incrementarán el respaldo doméstico e internacional del gobierno'', añadió.
Sin embargo, Rojas plantea un cambio que no creo se produzca, de ocurrir llegaría tarde y para funcionar necesitaría antes que cambiara buena parte de la estructura, las fuentes de financiamiento y las funciones de la disidencia.
Dice Rojas: ''Si las necesites básicas de la población son cubiertas como anunció Raúl en su último discurso, las demandas de la oposición deberán desplazarse mayoritariamente hacia la esfera política''.
Pero es que la disidencia se ha movido siempre dentro de la esfera política, y no ha podido o entrado dentro de sus prioridades el operar en la esfera de las necesidades materiales inmediatas de la población. Un campo en que, por otra parte, la Iglesia Católica cubana se ha destacado, si bien no desde el campo opositor, pero sí como una estructura de asistencia paralela al gobierno, cumpliendo la verdadera función a que está destinada una sociedad civil, y sin necesidad de proclamar la necesidad de existencia pero intentando en la práctica contribuir a su edificación.
Las potenciales, recursos, funciones y posibilidades de la Iglesia Católica no son las mismas de la disidencia. Pero este espacio necesario de cooperación ciudadana, que en otros países y zonas de conflicto también es cubierto por los grupos opositores, no ha sido desarrollado por la disidencia, salvo para la atención de sus miembros. En buena medida a esto ha contribuido una vieja táctica de Miami, donde siempre se ha enfatizado la creencia errónea de que una mayor falta de recursos en la sociedad cubana producirá un estallido social.
De esta forma, la disidencia no se enfrenta al dilema de cambiar de demandas (de lo económico a lo político), sino de plantear demandas acordes con la población cubana y no con las aspiraciones de Miami.
Claro que, por supuesto, de llevar a cabo este proceso de independencia se vería privada tanto de órganos de difusión como de fuentes de financiamiento.
Rojas entra a la esencia de un problema fundamental cuando plantea que ''la disidencia y el exilio podrían convertir la liberación total e incondicional de presos políticos y la falta de reconocimiento de una oposición pacífica y soberana en sus dos demandas principales''.
Con relación a la demanda de la excarcelación de los presos políticos y los catalogados como presos de conciencia no creo que existan grandes diferencias. Pero La demanda de la excarcelación de presos ''no ofrece mayores dificultades, ya que es una causa moralmente aceptada en la comunidad internacional, aunque muy pocos países contribuyan a la misma de manera directa y eficaz'', dijo. Pero el reconocimiento de la oposición no creo sea un problema fácil.
Hay un acuerdo de principio, a partir del punto de vista de una cultura democrática, de considerar que cualquier forma de oposición pacífica tiene el derecho a existir de una forma legal. Es decir, sin temor, por parte de sus miembros, a ser perseguidos o acosados. Espero que algún día esto se logre en Cuba.
Pero como contrapartida a esa aceptación plena, el exilio cubano debía igualmente aceptar y reconocer como legítimas todas las formas de disidencia y oposición. Algo que no ocurre.
En este sentido, una parte de la disidencia que funciona en la isla aplica una doble moral al solicitar la puesta en práctica de principios democráticos en Cuba, cuando al mismo tiempo se apoyan en instituciones y estaciones de radio que se caracterizan por sostener la conducta y las actitudes propias del totalitarismo, y que si no van más lejos en este sentido es porque, en última instancia, están obligadas a respetar las leyes norteamericanas.
No se puede hablar de libertad en Cuba y participar en programas radiales donde se defienden dictaduras pasadas y presentes, terroristas y censores. Es imposible proclamar que se quiere la independencia total en la isla, y al mismo tiempo beneficiarse de los fondos otorgados por organizaciones exiliadas, cuyos planteamientos no se diferencia en lo más mínimo de la política exterior respecto a La Habana del gobierno de Estados Unidos.
El autor de Tumbas sin sosiego también indica: ''Si la oposición y el exilio persisten en trabajar con la ciudadanía de la isla y la comunidad internacional sin intentar el reconocimiento del régimen, buena parte de ese trabajo se mantendrá como hasta ahora, en la marginalidad o en el testimonio. Aún en estas dos dimensiones ese trabajo será siempre valioso como referente histórico de una futura transición democrática, pero ineficaz como motor de cambio en el presente''.
Aparte de que el trabajo con la ciudadanía de la isla es muy limitado, en buena medida por la represión del gobierno, y el reconocimiento de la comunidad internacional transita de la hipocresía de algunos gobiernos a los vínculos económicos con instituciones gubernamentales norteamericanas de ciertas instituciones, lo más importante del tráfico anterior es que alerta de una marginalidad y una ineficacia que pocos dentro del exilio, entre las personalidades que mantienen una oposición pública frente al gobierno de Cuba, se atreven a reconocer. Que lo haga alguien con tanto prestigio y reconocimiento como Rojas es una señal alentadora.
Vea la información sobre la conferencia de Rafael Rojas aquí.
Fotografía superior: el historiador y ensayista Rafael Rojas durante la conferencia
Cuba sin el presidente Fidel. Dilemas de la transición política que pronunció el 27 de febrero de 2008 en la Casa de América, en Madrid (Juanjo Guillén/EFE).
Fotografía izquierda: un hombre lee el diario oficial cubano Granma, que publica en la isla hoy, 29 de febrero de 2008, una nueva reflexión ''del compañero Fidel'', en la que el convaleciente líder cubano asegura que está ''ajeno'' a todos los cargos y destaca que el presidente, Raúl Castro, es el que tiene todas las prerrogativas para dirigir el país (Alejandro Ernesto/EFE).
Fotografía derecha: portadas de los diarios oficiales cubanos Granma y Juventud Rebelde, que publican en la isla hoy, 29 de febrero de 2008, una nueva reflexión del ''compañero Fidel''. (Alejandro Ernesto/EFE).

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