miércoles, 6 de febrero de 2008

Alarcón y los jóvenes


El vídeo de una reunión entre el presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón, y representantes de los estudiantes de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) se ha convertido en un hit de internet. Divulgado primero en un artículo del corresponsal de la emisora en La Habana, Fernando Ravsberg, las interpretaciones van de la suspicacia a la irritación por las respuestas de Alarcón, pasando por el asombro.
Cualquier valoración sobre lo ocurrido requiere de ver el vídeo completo del encuentro, si es que existe (lo que vemos apenas son 4:08 minutos).
Pero tras ese supuesto, las imagenes permiten un minímo de análisis y ciertas especulaciones. Por supuesto que lo más interesante del video son las preguntas de los estudiantes. Al menos en un caso, el joven que es cuestiona el voto único, la crítica va dirigida directamente a los postulados que aún sostiene el gobiernante cubano Fidel Castro.
En la mayoría de los casos, las reacciones que el vídeo han provocado en el exilio
están dirigidas contra Alarcón. Puede argumentarse que no fue uno de los días más
felices para el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, pero hasta cierto punto ello es secundario. Lo importante aquí es el enfrentamiento entre dos actitudes, dos puntos de vista y dos escalas de valores. Se trata de un debate en buena medida generacional, aunque trasciende este aspecto.
En este sentido, toda la discusión puede ser analizada a partir del discurso de Fidel Castro el 17 de noviembre de 2005, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso en la Universidad de La Habana, las declaraciones posteriores, durante el segundo período de la Asamblea ese año, formuladas por el canciller Pérez Roque y todo el debate alrededor de ese ya famoso texto, en que el líder de la revolución planteó que ásta podría ser destruida, y que era necesario reinventarla.
Advertir esto nos permite situar al vídeo en su justa dimensión: ni se trata de un
documento subversivo ni refleja una situación que no haya sido contemplada, con a;os de anticipación por la dirección del país. Todo ello, sin embargo, no debe ser usado como una cortina de humo para no señalar que se trata de problemas no resueltos, que vienen dilatándose peligrosamente sin una respuesta a la vista y que amenazan con estallar de producirse una situación crítica.
Del discurso en La Universidad de Fidel Castro, en noviembre de 2005, se desprendía
que la solución para impedir el derrumbe del modelo socialista cubano debía
fundamentarse tanto en modernas tecnologías (factores objetivos) como en la existencia de una población joven, culta y educada, con una formación ética a prueba de tentaciones, así como el establecimiento de controles y la creación de una conciencia ciudadana que valore los costos y el valor monetario (factores subjetivos).
La intervención del ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, durante el
VI período ordinario de sesiones de la VI Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder
Popular, resultó peculiar porque implicaba un cambio de perspectiva. Si Castro había
hablado desde un presente eterno, Pérez Roque pensaba en el futuro. Si es necesario
reinventar la revolución, la tarea no puede quedar en manos de los "veteranos", cuyos errores ahora está pagando la población. Castro había declarado apostar a los jóvenes, ejemplificados en los trabajadores sociales. Pero Pérez Roque, en parte, rebatió ese argumento. Quienes eran niños al inicio del "Período Especial'' y los que en los últimos diez años habían llegado a la adolescencia -aproximadamente dos millones y medio de la población nacional- tenían ''más información y más expectativas de consumo que los jóvenes que al principio de la Revolución fueron a alfabetizar'', no se dejaban conquistar por ''el mismo discurso de siempre, que si la salud y la educación'' y muchos pertenecían al grupo de gente que se ''hace ilusiones con el capitalismo''.
Por último, el ministro temía que la ''invulnerabilidad ideológica'' se perdiera
''cuando no exista la voz que llame cuando los demás no se dieron cuenta'' y propone
salvar el Estado mediante una legitimidad basada en la autoridad.
La estrategia de Pérez Roque fue criticada en su momento por Heinz Dieterich, en
Rebelión: ''Apelar a la disciplina revolucionaria y los valores éticos en las actuales circunstancias de Cuba, tener que ser como Fidel o el Ché, no cambiará el panorama general de la situación, porque las condiciones objetivas no sostienen ese discurso''.
Asistimos ahora, con Fidel Castro alejado temporalmente del poder, a una situación
planteada unos pocos años antes. Las posiciones de los estudiantes y de Alarcón
responden a dos actitudes y puntos de vista diferentes. El joven quiere tener
''posibilidades viables'' de poder viajar. No lo plantea como una necesidad que le debe resolver el Estado, sino como una opción que debe estar a su disposición. Por ello el argumento del presidente de la Asamblea suena anticuado: no se trata de que todos los habitantes del planeta tengan satisfecha la necesidad de viajar, sino que el ciudadano pueda, con sus medios, intentar satisfacerla.
El vídeo muestra un marcado contraste entre la posición defendida por Alarcón, que
repleja la actitud de un comunista tradicional, que supuestamente aspira a satisfacer las necesidades de todos los miembros de la sociedad, y un grupo de jóvenes cuyas inquietudes son otras: más individualistas, pero también más sinceros.
Las imágenes nos permiten una mirada, aunque sea por una rendija, de los problemas
que afectan a quienes viven en la isla. Jóvenes que evidentemente no se identificancon las tonterías que repiten a diario por la radio de Miami, pero que tampoco aceptan el discurso oficial tradicional. Estos estudiantes, escogidos entre los que estudian una especialidad selectiva, representan un sector de la población que cada vez con más fuerza pide ser escuchado por la dirección del país. Hay tanto esperanzas como dudas de que ello ocurra. En lo que no debe caber vacilación es en la necesidad de brindarles una respuesta.
Ver el video aquí.
Fotografía superior: varios jóvenes ensayan con el dragón para su presentación en los festejos nocturnos de 6 de febrero de 2008, fecha en la que el barrio chino de La Habana (Cuba), uno de los más antiguos de América Latina, da la bienvenida al año de la rata, fiesta en la que sobreviven tradiciones culturales de una comunidad de inmigrantes casi extinguida por el paso del tiempo (Rolando Pujol/EFE).
Fotografía izquierda: un grupo de niños asisten a una fiesta infantil en La Habana, el 6 de febrero de 2008, fecha en la que se cumple el 45 aniversario del incremento de las medidas económicas del gobierno estadounidense, recrudeciendo el embargo contra la isla (Rolando Pujol/EFE).
Fotografía derecha: una mujer espera ser atendida frente a una vidriera colmada de panes con croquetas en La Habana, el 6 de febrero de 2008, fecha en la que se cumple el 45 aniversario del incremento de las medidas económicas del gobierno estadounidense, recrudeciendo el embargo contra la isla (Rolando Pujol/EFE).
Fotografía inferior: un hombre habla por su teléfono celular, mientras permanece sentado en una clínica veterinaria en La Habana Vieja (Javier Galeano/AP) .

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