viernes, 22 de febrero de 2008

La diplomacia de las cañoneras


El aspirante a la nominación republicana, el senador John McCain, emitió una declaración en respuesta a los comentarios del senador Barat Obama sobre la posibilidad de una reunión, sin precondiciones, con el futuro gobernante cubano, de resultar electo presidente.
Por lo pronto, en La Pequeña Habana pueden dormir tranquilos: McCain es fiel a la vieja retórica de guerra fría que ha caracterizado a la mayoría de los políticos republicanos, al tratar sobre el tema de Cuba, en los últimos años. Nada nuevo. Casi mejor afirmar de que no hay noticia. Sólo por dejar constancia.
Dice McCain: ''No hace mucho el senador Obama se mostró favorable de la normalización total de las relaciones con la Cuba de Fidel Castro. La pasada noche dijo que de resultar presidente se reuniría con el nuevo líder de la isla prisionera ‘sin condiciones previas'. Así que Raúl Castro obtiene una audiencia con el nuevo presidente norteamericano, y todo el prestigio que se deriva de la misma, sin tener que poner en libertad a los prisioneros políticos, permitir la prensa libre, los partidos políticos y sindicatos, y sin permitir un observadores internacionales en elecciones libres''.
''En su lugar, el senador Obama dice que el se reuniría con el dictador cubano sin que se tomaran estos pasos, con la esperanza de que de las conversaciones puedan resultar mejoras para el oprimido pueblo de Cuba. Reunirse, hablar, mencionar la esperanza puede parecer un enfoque acertado en una legislatura estatal, pero es peligrosamente ingenuo en la diplomacia internacional, donde los oprimidos miran a Estados Unidos con esperanza y los adversarios desean hacernos daño''.
Me pregunto qué clase de diplomacia quiere practicar McCain de resultar electo, ¿La de las cañoneras?
Vea el texto de McCain en inglés en Cuban Triangle, de donde Cuaderno de Cuba tomó la información.
Fotografía: fieles cubanos asisten a una misa oficiada por el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, el 21 de febrero de 2008, en la Plaza de la Catedral de La Habana (Alejandro Ernesto/EFE).

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