domingo, 24 de febrero de 2008

La libreta y la realidad


El infatigable colega Rui Ferreira menciona hoy la posibilidad de que entre los planes del presidente Raúl Castro se encuentre la eliminación de la libreta. Rui cita para ello para ello un párrafo del discurso del nuevo mandatario, donde se refiere a los subsidios y dice que éstos "actualmente suponen numerosos servicios y productos distribuidos de una manera igualitaria, como los de la libreta de abastecimiento, que en las actuales condiciones de nuestra economía resultan irracionales e insostenibles''.
Dice Rui:
"No quiero ahora entrar a especular y encaminarme en los dimes y diretes de quien lo anticipó primero. Pero hace un par de semanas le he dicho a varios colegas míos, principalmente de la prensa no-americana -coño, por poco digo prensa extranjera- que tengo la intuición que lo único que le importa a Raúl Castro a esta altura del campeonato es darle de comer a la gente. Esa es su obsesión. Su discurso de esta tarde parece confirmar mis sospechas. Y, de ser cierto, Raúl se mete al pueblo en un bolsillo, porque entraría en la historia como el hombre que acabó con la libreta y eso tiene un efecto psicológico devastador para su hermano y los que lo rodean, y bueno, en la mente de la gente''.
Sin embargo, quiero apartarme en un punto de la interpretación de Rui. Tal y como lo está planteando Raúl Castro, no hay un gran mérito en eliminar la libreta de abastecimiento.
La cuestión fundamental es que la libreta tiene dos aspectos, aunque se tiende a enfatizar uno y olvidar el otro. Siempre se menciona a la libreta como el instrumento
que regula la cantidad que se puede adquirir de un producto alimenticio, desde plátanos hasta carne de res. Esta función reguladora y restrictiva es objeto de crítica, en Cuba y Miami, desde hace décadas.
Pero hay otra función que cumple la libreta, la de canasta básica de alimentos: un medio que permite la adquisición de alimentos subsidiados.
En este sentido ''libretas'' similares han existido en otros lugares, y siempre se le ha visto en un sentido positivo.
De hecho, si la libreta se elimina, es posible que el gobierno cubano intente alguna medida de subsidio, para un grupo básico de alimentos, destinado a las familias menos favorecidas.
Por las palabras del presidente cubano, parece referirse a este sentido y no a la función igualitaria que con poco éxito la libreta ha desempeñado durante tantos años.
Lo más interesante, sin embargo, es que la breve declaración refleja el enfoque más realista de Raúl sobre la situación cubana: la libreta sólo resuelve, a duras penas, la alimentación por algunos días, y siempre ha provocado más rechazo que cualquier otro sentimiento y opinión.
Fotografías: decenas de personas hacen compras en La Habana hoy, 24 de febrero de 2008 (Stringer/EFE).

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