martes, 5 de febrero de 2008

Los dineros humanos


Dos disidentes cubanos han solicitado al Rey de España, Juan Carlos I, que les envíe ejemplares de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, para repartirlos en las calles de Cuba.
A primera vista parece una solicitud razonable. Creo que la Declaración debe ser conocida por todos los cubanos. Pero, ¿no hay una segunda intención tras el pedido?
Más que una intención, se pueden encontrar cuatro o cinco. Sin embargo, el objetivo tras la solicitud puede formularse en una sola línea: intentar llamar la atención, para -en la medida de lo posible- sabotear la reunión sobre derechos humanos que entre los gobiernos de Cuba y España se celebrará esta semana en Madrid.
Porque la primera pregunta que vale formular es la razón de este pedido tan oportuno. Según Marta Beatriz Roque, dirigente de la Asamblea para la Promoción de la Sociedad Civil y firmante de la petición, su organización ha realizado dos reparticiones públicas del documento en lo que va de año.
Llama la atención el recurrir la Casa Real española en busca de los ejemplares mencionados en estos momentos. El actual gobierno norteamericano ha destinado millones de dólares al financiamiento de actividades de este tipo. Varias organizaciones exiliadas en Miami llevan años justificando sus presupuestos —también millonarios— con declaraciones en que afirman que destinan parte de sus fondos en dar a conocer en Cuba este documento y otros similares. En más de una ocasión se ha publicado en la prensa que en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana se encuentran y distribuyen materiales impresos que recogen no sólo el texto de dicha declaración, sino otros textos similares. Frank Calzón, director ejecutivo del Centro por una Cuba Libre en Washington, D.C. —otra organización con presupuesto abultado— ha declarado más de una vez que envía la repetida declaración a la isla. En igual sentido, Ramón Colás, del proyecto de Bibliotecas Independientes, ha testimoniado su persistente labor en este sentido.
Si se toma en cuenta la población cubana, los testimonios de envíos de ejemplares y las veces que se ha recurrido a la Declaración Universal de los Derechos Humanos para justificar gastos, se llega a la conclusión, inevitable, de que algo no cuadra en los números. ¿Se quedó sin dinero Calzón? ¿Se pierden los ejemplares por el camino? ¿No han sido bien impresos? ¿Se equivocó el Departamento de Estado y mandó el texto en mandarín, para su distribución exclusiva en el barrio chino?
Ese reclamo a la voluntad real española, para conseguir el socorrido texto, está a tono con el interés de Washington en obstaculizar cualquier diálogo entre Europa y Cuba. En este caso, los derechos humanos son utilizados como pretexto para proseguir un juego político que tiene que ver más con el dinero y los intereses políticos que con la libertad y democracia.
Fotografía: varios niños juegan a ser ''chinos'' frente un gran mural alegórico a la presencia china en Cuba, en el barrio Chino de La Habana, el 2 de febrero del 2008, donde sus habitantes se preparan para los festejos de inicio del Año Nuevo Lunar (Rolando Pujol/EFE).

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