martes, 5 de febrero de 2008

Nuevas prioridades, otros electores


Este año es el último de un gobierno norteamericano que ha demostrado una gran eficiencia para llenar los bolsillos de la cúpula del poder y las grandes corporaciones e intereses que han hecho posible su permanencia durante dos mandatos presidenciales.
La familia del presidente George W. Bush debe su riqueza en gran medida al petróleo Otras contribuciones, como el oro nazi, han quedado casi olvidadas tras el paso del tiempo. Es lógico, por lo tanto, que el mandatario se preocupe por sus intereses. Hasta que Bush -cuyos ingresos aumentan cada vez que en la estación gasolinera cambia las cifras de las pizarras por otras elevadas- no se despida de la Casa Blanca, poca esperanza hay de un mejoramiento para la situación de la clase media y los pobres de este nación. Lo demás es cháchara, y en Miami se limita a los comentarios radiales, de quienes lo alaban en Radio Mambí. Por lo demás, poca credibilidad tiene una emisora que cuenta entre sus colaboradores a un delincuente convicto como Demetrio Pérez Jr.
De acuerdo a la última encuesta del Wall Street Journal-NBC News, sólo el 19 por ciento de la población considera que el país avanza por la senda correcta. Así que buen número de los que opinan o dirigen programas en Radio Mambí pertenecen a esta minoría. Entre las cuatro paredes de un estudio mandan, deciden e imponen criterios, pero nada de eso impide que al salir a la calle sean unos pocos. Radio Mambí, que a partir de la medianoche se convierte en Radio Martí, es más que una emisora del gobierno. En las democracias, hasta las estaciones gubernamentales se supone que tienen criterios propios, ya que se pagan con fondos públicos, no las compra el presidente de turno. Así ocurre con la británica BBC. Pero eso no pasa con Radio Martí, y por supuesto que mucho menos incluso con Radio Mambí, donde hay libertad de expresión para hablar mal de Castro pero no de Bush.
Criticar la actuación del presidente Bush encierra un riesgo. Su mandato terminará y ya tiene asegurado su lugar en la historia como el peor presidente norteamericano en varias décadas. Quizá en buena parte de la historia de Estados Unidos. Pero no basta con la posibilidad de que este país se vea libre de gobernante tan nefasto. A su lado, en el Congreso, diversos legisladores han participado o se han aprovechado del legado de Bush. Es hora de que abandonen Washington.
En el sur de la Florida se impone un cambio. Durante años hemos soportado a representantes que se concentran en el ejercicio demagógico anticastrista. Sin preocuparse por los problemas que afectan al área. Una y otra vez, los vemos hacer declaraciones altisonantes en favor del incremento de las medidas restrictivas que limitan los viajes a Cuba, estrechan la cantidad de dinero que puede enviarse a la isla y dificultan las transacciones monetarias del régimen de La Habana. Pero, ¿en qué medida beneficia esto a las familias cuyos hijos no tienen seguro médico?
En este aspecto, esos mismos legisladores se muestran inflexibles. Votan de acuerdo a la disciplina partidista más férrea e impiden que muchos niños cuenten con la protección necesaria frente a cualquier enfermedad.
Basta que cualquier disidente de la isla formule un llamado en favor de la libertad de expresión en Cuba, que es posible que cuenten con el apoyo de los legisladores cubanoamericanos del sur de la Florida. Pero, ¿y los niños que se beneficiarían si sus tratamientos fueran cubiertos por una ampliación del seguro médico? A la hora de votar al respecto, esos mismos legisladores norteamericanos prefieren dejar sin protección a los niños.
Con ellos, asistimos a una moral selectiva, que define buenos y malos en función de la ideología que practican: el general Pervez Musharraf sirve a los intereses de Estados Unidos, y se le perdonan todas sus violaciones de los derechos humanos en Pakistán, aunque al mismo tiempo no se puede aceptar que el general de Ejército Raúl Castro esté al frente del gobierno cubano. Osama bin Laden es un terrorista y Luis Posada Carriles es un patriota. En Estados Unidos no hay que preocuparse por la salud de los pequeños y hay que repetir a diario que en la isla, los servicios médicos son deficientes.
Es una suerte que esta situación esté cambiando. Basta una mirada a los datos demográficos y los resultados de las encuestas recientes -las realizadas tras las últimas elecciones presidenciales en este país-, para comprobar que los aspirantes a cargos públicos, nacionales, estatales y en el sur de la Florida, tendrán que enfrentar un nuevo electorado en aumento.
Los sondeos indican que ha quedado atrás la época en que el voto hispano en Miami era determinado en gran medida por cubanoamericanos que elegían a sus candidatos de acuerdo a una plataforma reducida a la promesa de reducir o no aumentar los impuestos, luchar contra el delito y pronunciarse contra el régimen de La Habana. Ahora son otras las prioridades y también los electores.
Fotografías: carnavales en La Palma, Islas Canarias (Arturo Rodríguez/AP).

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