domingo, 24 de febrero de 2008

Ortodoxia reformista


Al terminar la transmisión del discurso de toma de posesión de Raúl Castro como el nuevo presidente de Cuba, la estación de televisión Cuba Visión comenzó la emisión de una película norteamericana. Era el canal internacional, pero no creo que en la isla a estas alturas se considere una herejía que un producto de la cultura norteamericana suceda a un acto político.
Las palabras de Raúl y la constitución del nuevo Consejo de Estado fueron un ''cubo de agua fría'', para los que esperaban que se hiciera explícita una mayor voluntad de cambio y la llegada de miembros más jóvenes del gobierno a las altas esferas de mando. Hay que agregar que el anuncio o la disposición de esta esperanza no tenía mucho fundamento, de acuerdo a las declaraciones de La Habana, pero las especulaciones y ansiedades al respecto habían crecido en los últimos días.
El recorrido por la lista de nombres y en especial el ascenso de José Ramón Machado Ventura -quien fue convertido en el número de Raúl, como una prueba de la consagración en el poder de la vieja guardia- no dejan duda alguna de que el nuevo gobierno de la isla a primera vista representa a la ordoxia política e ideológica.
Este aspecto será destacado una y otra vez por la radio exiliada en Miami, objeto de incontables programas de opinión por la televisión y ejemplo para reafirmar que en Cuba todo continúa igual y todo se limita a un proceso de sucesión: un Castro por otro.
La realidad, sin embargo, es un poco más compleja.
Desde la breve carta de Fidel Castro del 31 de julio del 2006, en que éste proclamó el traspaso temporal del poder a su hermano, hasta la toma de posesión de Raúl, se han producido dos procesos paralelos en la isla. Una es la consolidación del poder, por parte del hombre que por muchos años se mantuvo a la sombra de su poderoso hermano.
El centro de poder administrativo que ha tomado posesión hoy en la isla está formado fundamentalmente por los hombres de Raúl. Queda por establecerse el mecanismo que permita su funcionamiento. Esa es la tarea a llevar a cabo en los próximos meses y semanas. Hombre metódico y disciplinado, el nuevo presidente cubano ha aprovechado el tiempo al máximo, con discreción y eficiencia.
A partir de ahora, el gobierno de Raúl tendrá como principio lograr que el sistema implantado por su hermano funcione por primera vez en los casi cincuenta años de establecido.
Si lo logra, habrá cumplido una hazaña sin precedentes. En caso de triungo, quizá este mérito no se le reconozca por completo, ya que por lo general no se convierten en titulares de portada por mucho tiempo las mejoras en el transporte público, la dieta alimenticia del cubano y la construcción de viviendas.
Lo que podemos esperar en los próximos meses es la puesta en marcha de un plan en que paulatinamente ha ido estableciendo una mayor participación de las instituciones y un gobierno menos unipersonal, lo que no ha implicado un avance hacia la democracia sino un mando estratificado dentro de una cúpula de dirección que en última instancia tiene un poder limitado pero una capacidad de acción más amplia que cuando Fidel metía las narices en todo.
El reto para Raúl es garantizar que haya algo que poner en la mesa de los cubanos todos los días, establecer un sistema de transporte público que funcione con un mínimo de eficiencia y conseguir cierto avance en el nivel de vida de la población. No son objetivos imposibles de lograr en la actual situación cubano.
En este sentido, el nuevo presidente cubano no sólo tiene objetivos muy precisos, sino estrategias bien definidas. Olvídese la retórica, que por el momento continuará arrastrándose en los discursos oficiales, hay un fragmento de discurso de Raúl Castro que indica una actitud nada ortodoxa e incluso una voluntad declarada de cambio:
''En diciembre hablé del exceso de prohibiciones y regulaciones, y en las próximas semanas comenzaremos a eliminar las más sencillas. Muchas de ellas tuvieron como único objetivo evitar el surgimiento de nuevas desigualdades, en un momento de escasez generalizada, incluso a costa de dejar de percibir ciertos ingresos'', dice el mandatario.
''La supresión de otras regulaciones, aunque a algunos pueda parecer sencillo, tomará más tiempo debido a que requieren un estudio integral y cambios en determinadas normativas jurídicas, además de que influyen en algunas de ellas las medidas establecidas contra nuestro país por las sucesivas administraciones norteamericanas'', agrega.
Aunque las especulaciones siempre son riesgosas, se pueden esperar cambios económicos en la isla, desde una ampliación de los trabajadores por cuenta propia hasta menos restricciones migratorias.
Una vez más, hay que tener presente que Raúl es reformista en lo que él cree está a favor de la revolución, y conservador cuando esas reformas amenazan lo que él considera los logros de la misma. Hoy domingo se reafirmó este criterio.
Fotografía superior: varias mujeres pasean con sus hijos en la ciudad de Santiago de Cuba, la segunda más importante del país, ubicada a unos 969 km de La Habana (Rolando Pujol/EFE).
Fotografía izquierda: un hombre lee el periódico con la primera plana dedicada a la reunión de constitución del nuevo gobierno en la ciudad de Santiago de Cuba (Rolando Pujol/EFE).
Fotografía derecha: un hombre compra pizzas en la ciudad de Santiago de Cuba, la segunda más importante del país, ubicada a unos 969 km de La Habana, hoy, 24 de febrero de 2008 (Rolando Pujol/EFE).

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