jueves, 21 de febrero de 2008

A tres años de la muerte de Cabrera Infante


Hoy se cumplen tres años de la muerte del escritor exiliado cubano Guillermo Cabrera Infante. El hecho no sólo significó la pérdida de un gran escritor, sino del creador que por años representó la vanguardia literaria de la Isla y el crítico y ensayista que amplió las fronteras culturales y artísticas del país.
Cabrera Infante es una referencia obligada para conocer la cultura cubana durante más de medio siglo. Primero desde su labor de crítico cinematográfico, durante la dictadura de Fulgencio Batista. Luego, al agrupar a la avanzada cultural del país, al triunfo de la insurrección encabezada por Fidel Castro, en el semanario Lunes de Revolución; posteriormente, y ya en el exilio, publicando un conjunto de libros que conforman una memoria nacional y que, al tiempo que constituyen la mejor representación literaria de una época, definen un estilo al que ha sido necesario volver una y otra vez como punto de partida.
Desde el momento en que comenzó a publicar sus crónicas de cine en la revista Carteles, en 1953, se colocó al frente de la vanguardia creadora de una nación con una tradición literaria y artística de gran riqueza, que a la vez estaba profundamente dividida entre lo culto y lo popular. Hizo trizas esta división artificiosa y demostró que la escritura más elaborada y compleja podía ser al mismo tiempo entretenida y llena de humor.
Su novela Tres tristes tigres aún puede leerse como si hubiera sido escrito ayer. Sin que hayan logrado opacarlo los cientos de acontecimientos culturales y políticos posteriores, desde los vaivenes incesantes y macabros de la revolución cubana hasta el exilio de su autor. Aunque aún continúa siendo un libro huérfano de público en la patria de su autor, una obra que persiste en la búsqueda de su lector natural.
La importancia de Tres tristes tigres en la literatura cubana está dada en primer lugar porque es un texto que crea su propia poética -su propia normativa-, no en base al recurso tradicional de acudir a la poesía para encontrar el modelo literario en que sustentarse, sino de ir a la música -y específicamente, a la música popular- en busca de sus fundamentos.
Hasta entonces, la literatura paradigmática en Cuba era la francesa y la poesía la normativa a seguir. Tres tristes tigres transformó ese panorama. A partir de él, no sólo la música popular, sino las formas artísticas puramente mercantiles -como los cómics y las películas clase B de Hollywood- pasaron a formar parte de un novedoso canon estético, alejado de los modelos europeos. Es precisamente en el antecesor señalado de los Tigres, Un Oficio del Siglo XX, donde Cabrera Infante manifiesta por vez primera no sólo un estilo propio sino una valoración al margen de los criterios tradicionales a la hora de juzgar al cine como "arte". Esta transmutación de valores dio inicio a una corriente de desenfado e irreverencia que para bien y para mal sigue vigente en la literatura cubana.
Tras la publicación de Tres tristes tigres, vinieron dos libros de artículos y ensayos donde el juego verbal alcanzó su cima: O (1975) y Exorcismos de esti(l)o (1976).
Luego, en 1979, aparece La Habana para un infante difunto. En esta nueva novela, la
experimentación con la forma cede ante una estructura narrativa fragmentada en capítulos, que siguen un orden cronológico. Aunque se mantiene el elemento lúdico, el cual desborda en un final donde la fantasía desplaza a la enumeración de encuentros sexuales. La novela prosigue la recreación de la capital cubana, que debía continuarse en otros textos que han quedado inconclusos o inéditos, como La ninfa inconstante de próxima aparición.
Si bien Tres tristes tigres destaca por abrir nuevas vías a la literatura cubana -y por crear una poética propia-, La Habana es una obra de perfección, donde el interés fundamental es desarrollar al máximo los recursos que su autor domina con maestría.
Puede señalarse en este sentido que la segunda novela de Cabrera Infante es mejor que la primera, aunque de menor influencia innovadora.
Las críticas y ensayos cinematográficos de Cabrera Infante siguieron una evolución similar a su narrativa. Treinta y cinco años separan a Un Oficio de Cine o Sardina (1997). Su tercer libro sobre cine, Arcadia todas las noches, una recopilación de ensayos sobre cinco directores que apareció en 1978, es la obra de un escritor que analiza el cine y no el resultado de un cronista cinematográfico que se aprovecha de una película para hacer literatura, aunque sin dejar de ejercer la crítica.
Esta labor de narrador y crítico la desarrolló Cabrera Infante a contrapelo de la que por muchos años figuró como la actitud natural y "correcta'' del intelectual progresista hacia la revolución cubana: el apoyo o al menos el silencio. El fue todo lo contrario: comenzó a denunciar al régimen sin detenerse en las consecuencias que ello implicaba para la divulgación de su obra.
Lo hizo desde Europa. No encerrado en una ciudad como Miami, donde hablar mal de Castro no es un ejercicio de estío. Más bien puede provocar el hastío al oír tanta tontería repetida a diario. Una Miami -es necesario decirlo ahora- que nunca lo aceptó, donde en cada viaje siempre encontraba a un idiota de turno dispuesto a lanzar una infamia. Por su parte, los funcionarios de La Habana nunca se cansaron de acumular disparates, desde excluirlo del Diccionario de la Literatura Cubana hasta catalogarlo de ''anexionista''.
Nunca fue necesario compartir todas sus opiniones políticas para afirmar su honestidad, que siempre se alzó por encima del oportunismo. Intransigente en sus puntos de vista, no cerró la puerta de su hogar en Londres a muchos escritores cubanos, estuvieran de visita o recién llegados al exilio.
Por último, hay que señalar que Cabrera Infante constituye un caso único en la literatura cubana en otro aspecto. Sus principales novelas y libros de crónicas, artículos y ensayos, se multiplicaron en las diversas traducciones -que en varios casos contaron no sólo con su colaboración sino con una labor creativa que los convirtió en textos independientes, al tiempo que interrelacionados. Sus guiones cinematográficos -que merecen un estudio aparte- fueron escritos originalmente en inglés, al igual que su libro sobre el tabaco Holy Smoke (1985). Esta suma creadora en dos idiomas hacen que en el futuro sea necesario volver una y otra vez a un autor que vivió en dos islas, pero siempre soñó con una ciudad única: La Habana para este Infante, ahora difunto.
Nota: una versión amplai de este comentario apareció en forma de artículo en el diario digital Encuentro en la Red, el 22 de febrero de 2005.


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