miércoles, 5 de marzo de 2008

Belicismo en el exilio


Llama la atención el júbilo del exilio llamado de ''línea dura'' por la operación militar que causó la muerte del líder guerrillero ''Raúl Reyes''.
Sin embargo, hay una lógica tergiversada en el hecho. Luego de la entrada en funciones del nuevo Consejo de Estado en Cuba, renacieron en las emisoras radiales tres argumentos clásicos para ''resolver la situación'' en la isla: el estallido social, la insurrección armada y el golpe de Estado. Pero se sabía que era muy difícil mantener la algarabía bélica radial por mucho tiempo. Demasiados fracasos anteriores para encontrar todavía ilusos.
Así que lo ocurrrido en Ecuador le vino de perilla a los supuestos intransigentes. De pronto, un ataque militar en una inhóspita selva amazónica trajo esperanzas, en medio de la frustración ante un proceso en la isla en que Miami ha mostrado una total incapacidad para influir.
Sólo que la lógica militar y política de lo ocurrido debía producir más cautela que entusiasmo en la Calle Ocho. Si ello no ocurre, es gracias a su conocida mentalidad de gueto.
El gobierno colombiano realizó una acción sin precedente en la historia reciente del continente. Una incursión armada en otro país, con la consecuente violación de la soberanía, bajo la justificación de la existencia en el territorio de un grupo terrorista. Es evidente que Bogotá no se metió en este embrollo sin contar con la aprobación de Washington. Pero tuvo algo más que un visto bueno. Por lo que se conoce hasta el momento de la operación, puede deducirse que se llevó al cabo -como mínimo- con la ayuda de la inteligencia norteamericana.
Ahora bien, desde hace muchos años un grupo se entrena durante los fines de semana en un campamento en los Everglades, con el objetivo declarado de derrocar al gobierno de la Habana por medios violentos. Este y otros grupos paramilitares similares nunca han negado que justifican el recurrir a acciones que en la actualidad se catalogan de terroristas, como la colocación de bombas en lugares públicos, el tiroteo de instalaciones turísticas y el ataque a centros económicos.
También es cierto que en Miami viven tranquilamente individuos con un amplio historial terrorista, quienes han participado en gran número de acciones, desde la colocación de bombas en territorio norteamericano y de otros países hasta atentados personales.
Más allá de la cháchara belicista radial, y de que los entrenamiento de fines de semanas en los Everglades se han caracterizado por su eficacia como almuerzos campestres, está un apoyo incondicional al terrorismo bajo la máscara del patriotismo. Es decir, imponer una etiqueta ideológica se aplica a los otros pero no se reconoce en casa.
Por lo pronto, recuerde que la definición de terroristas no admite cortapisas cuando vea uno de estos personajes hablando por un teléfono celular en un restaurante de Miami o haciendo declaraciones por radio y televisión.

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