sábado, 1 de marzo de 2008

El gran ausente


No se trata de un hijo bastardo, pero el Festival Internacional de Cine de Miami celebra 25 años sin que se mencione al padre de la criatura. Llama la atención tanto olvido. ¿Será que a quienes han escrito sobre el evento les pasa lo mismo que a quienes desconocen la historia del cine?: tienen que conformarse con remakes porque ignoran los originales. ¿O es un olvido oportuno, que prefieren señalar el presente y pasar por alto el pasado, con el conocimiento de que mañana se repetirá la misma cinta?
Por lo pronto, Cuaderno de Cuba quiere destacar que ese evento se debe a la dedicación, el conocimiento y la habilidad de Natalio Chediak. Por el amor del cine, era entonces no sólo su lema, sino también su esencia.
Es bueno no olvidar ahora, cuando se habla que en el Festival participan los más destacados exponentes de la cinematografía mundial, y no hay mejor ejemplo para apoyar las palabras que hacer referencia a la participación de figuras conocidas únicamente por sus trabajos en la televisión local y la proyección de películas menores, que en otra poca el evento cumplió objetivos de mayor alcance artístico.
Entonces el festival de cine no era una feria provinciana ni tampoco una exhibición de colorido local. Era el lugar donde por primera vez se le facilitaba la entrada al mercado de Estados Unidos a un director español que luego sería célebre en todo el mundo (Pedro Almodóvar); una pantalla donde se podía disfrutar de la primicia de admirar la belleza serena de las cintas de un creador iraní (Abbas Kiarostami) y la violencia singular y hermosa de una película japonesa (Takeshi Kitano) o el descubrimiento de un olvidado director de Hollywood (Harry D'Abbadie D'Arrast). Todo ello fue el festival en años anteriores. No lo es este año, en que nadie parece acordarse de quién lo creó.
Foto superior: Nat Chediak en esta fotografía de octubre de 2002 (Jeffrey M. Boan/El Nuevo Herald).

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...