viernes, 21 de marzo de 2008

Poco ruido y pocas nueces


En el plano de las declaraciones poco o nada se desprendió de la reciente reunión entre inmigrantes residentes en todo el mundo y el gobierno cubano. Tampoco era como para hacerse esperanzas. Se trataba de un encuentro en que estaban invitados los ''directivos y representantes de las organizaciones de cubanos más comprometidos y activos en las principales batallas que hoy libra nuestra Patria'', según palabras del canciller cubano, Felipe Pérez Roque, durante el discurso de bienvenida.
Los temas, por lo tanto, fueron que interesaban al gobierno cubano, al menos de acuerdo a lo reflejado en los cables.
Es posible que el encuentro lograra ir más lejos, en cuanto a discusiones preliminares para la preparación de una posible reunión mucho más amplia, al estilo pero superando los contenidos de las conferencias sobre la Nación y la Emigración ya celebradas.
Hay sin embargo, un elemento que limitaría mucho los posibles futuros encuentros. El gobierno cubano trata a los residentes en el exterior como emigrantes, pero al mismo tiempo le ''exige'' que adopten posiciones políticas favorables a La Habana. Como expresó Pérez Roque, la reunión fue:
''Una oportunidad para discutir y acordar nuevas iniciativas para combatir el bloqueo, para denunciar la impunidad de los terroristas, para enfrentar las mentiras que se difunden contra nuestro país y para exigir que, tras diez años de injusta y cruel prisión, nuestros cinco compatriotas, héroes de la lucha contra el terrorismo, regresen a Cuba junto a sus familias y a su pueblo''.
Se puede mantener una posición contraria al embargo norteamericano, considerar que los cinco espías cubanos deben ser devueltos a la isla y oponerse al terrorismo de cualquier signo, sin necesariamente compartir la agenda de La Habana.
Mientras no se comprenda esta distinción fundamental, La Habana y Miami compartirán la cercanía de los extremos.
Por otra parte, el grupo de emigrados cubanos que participó en el evento expresó su apoyo a Raúl Castro, de cuyo gobierno esperan pasos para flexibilizar sus vínculos con la isla, ''según lo permitan las circunstancias'', de acuerdo a la declaración emitida.
Al nuevo Consejo de Estado, ''expresamos nuestro reconocimiento y apoyo'', dijeron los participantes en el encuentro.
En realidad, lo que se debió producir fue simplemente el reconocimiento, o la aceptación, del gobierno cubano. Sin caer en el apoyo. Pero de nuevo el hecho se explica por la cercanía de los participantes con los postulados de La Habana.
Un apoyo al gobierno cubano tiene mucho de militancia y deja a un lado la posición alternativa que podría representar una comunidad cubana en el exterior mucho más completa, que incluiría tanto a los emigrantes económicos como a una oposición moderada y a quienes no simpatizan con el sistema imperante en la isla, pero están dispuestos a trascender los valores políticos para lograr objetivo más amplios. De momento, La Habana para decantarse sólo por la fidelidad.
Si el tema de las futuras discusiones se limita a los aspectos migratorios más burocráticos, éstas serán importantes. Pero de un alcance limitado.
Lo que es necesario es abordar los puntos de contactos para desarrollar intercambios más amplios, que superen una agenda estrecha. La reunión recién concluida en La Habana no fue ejemplo de ello. El que no fuera ese el objetivo puede resultar una explicación convincente, pero no resuelve el apremio de un encuentro diferente.
Fotografía: varios feligreses participan el 21 de marzo de 2008 de la Procesión del Vía Crucis celebrada en La Habana. En este país antillano, único estado comunista de América, los fieles católicos acuden a las eucaristías en las iglesias y participan en los Vía Crucis y las procesiones alegóricas a estas fechas, a pesar de que la Semana Santa transcurre, sin receso escolar y laboral como marca la tradición en otros países (Stringer/EFE).

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