viernes, 25 de abril de 2008

Demagogia republicana


Si de Cuba y votos se trata, la falta de vergüenza de algunos candidatos políticos republicanos ha establecido récords difíciles de superar. No se trata de defender a los demócratas, porque no están libres de culpa, pero en la demagogia anticastrista nadie supera al partido de Ronald Reagan.
El propio ex presidente Reagan, ya fallecido, es un buen ejemplo de ello. Basta que alguien en Miami mencione a Reagan para que lluevan los elogios, pero su actuación presidencial no se diferencia de otros presidente anteriores, demócratas y republicanos.
Sin embargo, Reagan, intentó un acercamiento con el gobierno de La Habana, a través de los diálogos de Alexander Haig y Vernon Walters con enviados cubanos; negó la entrada a esta nación a miles de cubanos que esperaban en terceros países; mantuvo a más de tres mil refugiados llegados por el Mariel en cárceles norteamericanas; permitió la visita de funcionarios castristas y devolvió a Cuba un infeliz que intentó emigrar a estas tierras y terminó en la Isla condenado a nueve años de prisión.
El mito de los republicanos anticastristas es sólo un recurso electoral, que sigue conquistando a ingenuos.
Si he mencionado a Reagan no es por un interés especial en volver sobre la memoria de un presidente norteamericano, sino simplemente como ejemplo del recurso repetitivo —pero siempre eficaz— utilizado por los republicanos: acusar a los demócratas de favorecer al régimen de La Habana cuando en realidad los gobiernos demócratas han beneficiado más a este exilio con sus medidas para al final sólo recibir a cambio reproches y críticas.
Miles de llegados a estas costas gracias al puente marítimo Mariel-Cayo Hueso y cientos de balseros de la crisis de los años noventa todavía estarían en Cuba y no serían ciudadanos norteamericanos si en esos años el inquilino de la Casa Blanca hubiera sido un republicano.
Fotografía: habaneras sentadas en el umbral de un edificio de la capital (Ramón Espinosa/AP).

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