domingo, 27 de abril de 2008

Estupidez e intransigencia


Varias organizaciones con nombres pomposos —Unidad Cubana. Foro Patriótico Cubano— persisten en el empeño de mostrar al mundo un exilio envenenado en el revanchismo, la estupidez y la intransigencia.
Quienes no admiten una opinión contraria —basta escucharlos en la radio de Miami— pretenden promover y dirigir la puesta en marcha de una sociedad democrática en Cuba.
Más allá del saludable fin terapéutico y de entretenimiento que proporcionan a sus seguidores y oyentes —quienes sin gastar un centavo encuentran un foro en que manifestar sus amarguras y rencillas— poco logran, salvo servir de catarsis a exiliados frustrados.
En este sentido cumplen la función social y hasta humanitaria, al brindar satisfacción y consuelo a una parte de esta comunidad que se aferra al pasado. Pero sus objetivos van más allá de la tertulia, la reunión en el café y la conversación de esquina. Los principales dirigentes de estas organizaciones aspiran, de una manera o de otra, a influir en el futuro de Cuba.
No lo han logrado nunca y ahora cuentan con menos esperanzas que antes para alcanzarlo. Sin embargo, su influencia negativa se ha hecho sentir en la política local y en la aprobación de medidas —especialmente desde la llegada del presidente George W. Bush al poder— que en nada han contribuido al avance de las condiciones para un cambio en la isla.
Con una obstinación invulnerable al paso del tiempo, los que pretenden representar al exilio apelando a fórmulas gastadas y alimentando rencores no se cansan de repetir que ha llegado el momento de la unidad y que está cerca el día en que ellos puedan regresar a Cuba para jugar un papel fundamental en los destinos de la nación.
Día a día ajustan su discurso para obviar las señales en contra, pasar por alto los llamados a la discreción de sus propios aliados y olvidar hoy lo que ayer indicaron era una prueba irrebatible de la certeza de sus opiniones.
Nada detiene a estos “líderes del exilio”. Proclaman que su victoria está cerca sin detenerse en las noticias, aferrados a un plan inútil y una visión cada vez más alejada de la realidad cubana.
Esclavos de lo que vienen repitiendo año tras año, no tratan de ajustar su estrategia a las condiciones actuales, desprecian cualquier táctica que se aparte de su discurso aburrido y rechazan los puntos de vista ajenos con el fervor de los iluminados.
Sin embargo, tanta supuesta pasión por la “causa cubana” no les impide mantener su estilo de vida acomodada, alejada de los sacrificios a que se ve sometido un exiliado cualquiera, en los más diversos lugares del mundo, que sólo piensa en su país. La referencia constante a José Martí no ha significado nunca el imitar su ejemplo. En su caso el exilio es simplemente un pedestal, desde donde alcanzar mayores beneficios personales. La supuesta denuncia de las “atrocidades cometidas por el régimen de La Habana” siempre se interrumpe a tiempo, para dar paso al comercial de la pastilla milagrosa, el plan de salud que atiende todo tipo de enfermedades y la hipoteca prodigiosa, que le garantizará la felicidad por el resto de su vida en Miami, mientras con paciencia y entusiasmo se espera por el fin de aquello.
Fotografía: un cubano fuma su pipa en La Habana Vieja, en esta foto del domingo 27 de abril de 2008 (Ramón Espinosa/AP).

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