martes, 29 de abril de 2008

Un cambio de actitud


Este es un reportaje de Bloomberg News sobre los cubanoamericanos y las próximas elecciones:

Janine Zacharia
BLOOMBERG
Mientras come
un plato de tamal en cazuela en un restaurante de la Pequeña Habana de Miami, Joe García truena contra el embargo comercial a Cuba que Estados Unidos ha mantenido durante casi cincuenta años y contra los políticos que lo promueven.
''Tenemos una política estancada en el tiempo y el espacio, y no estamos consiguiendo ninguno de nuestros objetivos'', dice el cubano-estadounidense demócrata, de 44 años, que trata de desbancar al congresista republicano Mario Díaz-Balart, de 46 años, un decidido partidario del embargo.
Mientras Fidel Castro y su hermano Raúl envejecen en La Habana, también lo hacen muchos integrantes de la comunidad cubana de Miami que han instando a sucesivos Gobiernos de Estados Unidos a que sometan al régimen de Castro por hambre. Ahora, al tiempo que Raúl, el nuevo presidente de Cuba, permite que la población posea teléfonos celulares e indica que quizá afloje la veda a los viajes al extranjero, algunos cubano- estadounidenses jóvenes reclaman que Estados Unidos modere su política respecto a la isla caribeña.
García espera que suficientes personas compartan su descontento para ayudarlo a vencer al congresista en funciones. Lo mismo espera Raúl Martínez, de 59 años, otro cubano- estadounidense demócrata, que pretende desbancar al hermano de Mario, Lincoln, de 53 años, como congresista federal en otro distrito de Miami. Los Díaz-Balart son miembros de una conocida familia anticastrista.
Los observadores políticos se mantienen atentos a las dos contiendas -las primeras desde que Fidel, de 81 años, cedió el poder a Raúl, de 76 años- en busca de indicios de un cambio en el parecer de la comunidad al respecto.
La línea dura
Los cubanos más viejos que llegaron a Estados Unidos a principios de los años sesenta después de la revolución de Castro están comprometidos en su mayoría con una política de línea dura. Mientras, ha crecido el número de cubano- estadounidenses jóvenes que votan según criterios de orden económico.
Esto puede ser indicio del fin de la comunidad cubana de Florida como un baluarte republicano en la Florida, donde, en la reñida elección nacional del 2000, el apoyo abrumador a George W. Bush en la comunidad cubana lo ayudó a ganar el estado y la presidencia.
En un grupo de cubano-estadounidenses de 18 a 40 años de edad consultados antes de la elección primaria de Florida en enero, nadie mencionó el tema de Cuba cuando le preguntaron cuáles eran los 10 asuntos que más le importaban,
dice Sergio Bendixen, director general de Bendixen & Associates, la firma de estudios de opinión pública y consultoría que llevó a cabo la actividad. Al preguntársele si Cuba le importaba desde un punto de vista político, uno de los participantes respondió: ''Sólo en bien de mi abuela''.
Hasta algunos de los exiliados más viejos han empezado a pedir un cambio de tácticas.
''Mantener el control''
''Raúl no tiene la misma capacidad de Fidel para mantener el control sobre el sistema'', dice Francisco Hernández, de 71 años, director de la Fundación Nacional Cubano Americana, un grupo anticastrista con sede en Miami. ''Las cosas van a cambiar. Deberíamos contribuir de alguna forma a que esos cambios se produzcan''.
Poner fin al aislamiento económico ya figura en los planes de Carlos Saladrigas, empresario cubano-estadounidense de 59 años y copresidente del Cuba Study Group. Esta agrupación con sede en Washington pretende hacer pequeños préstamos a los empresarios de Cuba.
''Somos el mercado ideal y natural de los bienes cubanos'', dice. "No hay nada más lógico que eso''.
Vicki Huddleston, la ex jefa del equipo diplomático estadounidense en Cuba, dice que Estados Unidos tendría ''una influencia considerablemente mayor dentro de Cuba si pudiéramos estimular un cambio allí''. Una de las formas de lograrlo, dice, es permitir que las compañías informáticas estadounidenses tengan negocios en la isla.
En el 2000, el Congreso estadounidense atenuó el embargo y permitió la exportación de productos agrícolas y médicos a Cuba. El valor de las exportaciones subió a US$447 millones el año pasado, de US$341 millones en el 2006, según las estadísticas comerciales de Estados Unidos.
Menos restricciones
García dice que no propone el abandono total del embargo porque aún hay muchas personas que lo respaldan. Más bien hace hincapié en cuestiones de familia y quiere derogar las restricciones impuestas por Bush en el 2004 a los viajes a Cuba y el envío de dinero a la isla.
Liudmila Ruiz, una recepcionista de 33 años en un salón de belleza de Miami, es el tipo de votante que García busca. Ella estudiaba Medicina en Cuba cuando la lotería de visados de Estados Unidos le permitió emigrar a la Florida en el 2000. Ruiz lamenta no poder comprarse una casa y no tener seguro médico.
''A uno le importa Cuba'', dice. ''Pero más le importa lo que pasa aquí''.
Fotografía: el aspirante demócrata a la Cámara de Representantes federal Joe García, durante una conferencia de prensa en el Hialeah Hospital, el 21 de abril de 2008 (c.m.guerrero/El Nuevo Herald).

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