miércoles, 7 de mayo de 2008

El delirio de un intransigente


El cineasta austríaco Günter Schwaiger trasladó hoy al Reichstag los delirios de un ex oficial nazi desde su refugio en España, con la proyección del documental El paraíso de Hafner en la víspera del aniversario de la Capitulación del Tercer Reich, informó la agencia Efe.
''No hubo un Holocausto, son mentiras de la propaganda aliada'', proclama ante la cámara el protagonista, Paul Maria Hafner, un austríaco de 84 años, oficial de las Waffen-SS hitlerianas y llegado en 1952 a la España franquista, quien afirma que los judíos ''se les metió en Auschwitz para protegerlos de los bombardeos''.
Se trata de un nazi recalcitrante, que no teme las consecuencias de la negación del Holocausto. ''En España no es delito'', afirmó Schwaiger, en la proyección ante el grupo parlamentario La Izquierda, bajo la cúpula del Reichstag diseñada por Norman Foster.
La impulsora del pase fue la diputada Gesine Lötzsch, con el propósito de denunciar la impunidad en que viejos nazis han vivido y siguen viviendo -''en España u otras parte del mundo'', afirmó la parlamentaria-, y también como advertencia sobre la ultraderecha actual.
El paraíso de Hafner, Premio Sección Tiempo de Historia en la Seminci -Semana del Cine de Valladolid- y proyectada asimismo en otros festivales internacionales, como Locarno, Jerusalén, Varsovia, Sao Paulo y Florencia, es una película algo escalofriante.
''Los monstruos no me interesan y el planteamiento de mi film no es el de un cazanazis, que arrincona al criminal de guerra, sino el del cineasta que traza un retrato psicológico'', dijo Schwaiger.
El Hafner del cineasta, austríaco como su protagonista, es un anciano que vive solo en Madrid, que todos los días nada 500 o 600 metros, cuida su alimentación, hace gimnasia en calzoncillos y alterna las visitas al local de Fuerza Nueva -Blas Piñar incluido- con los encuentros con ex colegas de la Legión Cóndor.
Con testarudez casi patética niega el Holocausto, incluido cuando se le confronta con un ex prisionero del campo de concentración de Dachau -donde él sirvió para las SS-, quien le muestra fotos de los esqueletos andantes en que se convirtieron los supervivientes.
''Todo propaganda'', responde.
Por ''paraíso'' entiende Schwaiger tanto la España que le abrió los brazos -''y donde siguen habiendo enclaves de viejos nazis''- como la ensoñación que le permite ignorar la historia durante décadas. Hasta que, tras meses de rodaje, empezó a derrumbarse.
''De pronto llamó y dijo que no seguía'', explicó el realizador, que con todo logró seguir con el proyecto. Abandonado por sus ex colegas de Marbella -que le rehuyen al teléfono- y confrontado con la lógica del superviviente del horror, a Hafner se le desarticula el paraíso y cae, finalmente, en el silencio.
Ni foro propagandístico ultraderechista, ni empatía hacia un anciano que glorifica a Hitler y busca refugio en la voz de Zarah Leander. Schwaiger pasa del retrato del abuelo, inventor de una yogurtera que casi le arruina, al decrépito que no puede seguir creyendo en su mentira.
Para la izquierda europea, que aglutina a poscomunistas y disidencia socialdemócrata, la existencia de gente como Hafner evidencia hasta qué punto se hicieron mal las cosas, tras el horror de un régimen que asesinó a seis millones de judíos y desencadenó la Segunda Guerra Mundial.
El marco para la proyección no podía ser más idóneo: el Reichstag en que Hitler se proclamó canciller, en 1933, y sobre el que luego el Ejército Rojo izó la bandera de la hoz y el martillo, el 2 de mayo de 1945, cinco días antes de la Capitulación del Tercer Reich.
Fotografía: un joven practica ejercicios de Taekwondo frente al edificio del Reichstag en Berlín, que actualmente alberga la cámara baja del Parlamento alemán, en esta foto del 13 de abril de 2008 (Michael Gottschalk/AFP/Getty Images).

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