martes, 10 de junio de 2008

El exilio cubano y la lección de Irak


Un informe bipartidista acaba de comprobar lo que desde hace tiempo ha dejado de ser un secreto: esta administración exageró los vínculos de Saddam Hussein con grupos terroristas. Esto por decir lo menos. Mucho más exacto es afirmar que la Casa Blanca no tuvo escrúpulos ni ética alguna, al recurrir a la mentira para presionar en favor de la guerra.
La investigación, de acuerdo a un cable de la agencia Efe publicado en este periódico, encontró que el gobierno de Bush ocultó los desacuerdos entre expertos de la comunidad de inteligencia sobre el presunto programa nuclear de Irak, y que algunas de las acusaciones sobre sus vínculos con Al Qaida carecían de suficiente fundamento.
Recordar lo sucedido nos permite valorar no sólo lo que ocurrió, sino sacar al menos algunas lecciones fundamentales para el futuro. Y una de estas lecciones nos interesa particularmente en Miami: en el proceso de tergiversación llevado a cabo por la Casa Blanca jugó un papel fundamental cierto sector del exilio iraquí.
Los informes de los desertores del régimen de Hussein fueron divulgados sin analizar su veracidad. El líder iraquí exiliado, Ahmad Chalabi, se convirtió en el futuro hombre de Estados Unidos en Bagdad. Se pensó que sería recibido con los brazos abiertos por los iraquíes y convertido en el nuevo presidente de una nación floreciente y democrática en poco tiempo. No se escatimaron fondos millonarios para la organización de Chalabi.
El resultado fue todo lo contrario. Chalabi logró regresar a Irak, pero no sólo no tuvo el recibimiento caluroso que pregonaba, sino que resultó incapaz de unir a la oposición. Al poco tiempo, sus relaciones con Washington se enfriaron. Tras presidir el desaparecido Consejo de Gobierno de Irak, y perder el apoyo del Pentágono, fue acusado de malos manejos financieros, entre los que se encontraba la falsificación de dinares iraquíes, la moneda que regía hasta la caída de Hussein.
Las relaciones entre Chalabi y el premier iraquí Nuri al Maliki han llegado a tal deterioro este año, que los militares y diplomáticos norteamericanos terminaron cortando los contactos con él. En la actualidad, tanto el Departamento de Estado como las agencias de inteligencia de Estados Unidos lo consideran un ''charlatán''.
Se trata de una lección a tomar en cuenta por los cubanos, del exilio y de la isla.
También para cualquier político en Washington: desconfiar de todo exiliado que diga que una fuerza invasora será recibida con los brazos abiertos por las víctimas de una tiranía.
Hay otra consecuencia que debemos tener en cuenta frente a los frecuentes programas donde se analizan las diversas ''amenazas'' que representa el gobierno de La Habana para Estados Unidos.
Entre los funcionarios norteamericanos que ''alertaron'' sobre el peligro que significaba Hussein, para Estados Unidos y el mundo, se destacó el ex embajador norteamericano ante Naciones Unidas y ex subsecretario de Estado John Bolton.
Es bueno recordar también que a ese mismo Bolton le gustaba repetir que el gobierno cubano contaba con un programa de Ingeniería Genética y Biotecnología, el cual podría estar desarrollando investigaciones vinculadas con el bioterrorismo.
Bolton, alguien al que el fanatismo lleva a formular alarmas y advertencias con la misma frecuencia que otros van al supermercado, ha llegado incluso a criticar al gobierno de Bush, al cual ya no pertenece. En la actualidad Bolton considera que Washington no está mostrando su agresividad y poderío de una forma enérgica en el caso de Irán.
Para Bolton, una evaluación de inteligencia sobre Irán, realizada a finales del pasado año, la cual afirma que esta nación interrumpió su programa de armamentos nucleares en 2003, sólo sirvió para perjudicar la necesidad de que Estados Unidos adopte una posición dura frente a Teherán. El ex funcionario consideraba que el hallazgo de que Irán había interrumpido dicho programa podría significar simplemente que en la actualidad está mejor oculto que antes.
Esta actitud de Bolton es similar a la adoptada por un sector del exilio cubano de Miami: cuando no existe una amenaza, se fabrica. Cuando un informe de inteligencia no conviene, se echa a un lado y se afirma que no sirve o que es incompleto o prejuiciado, En realidad, lo que suelen hacer estos exiliados y sus "analistas'' favoritos es todo lo contrario: valorar, a la luz de la ideología que predican, cualquier informe de inteligencia. En última instancia, nunca se detienen a la hora de hacer afirmaciones que no están sustentadas en datos.
En esta ciudad hay dos o tres supuestos expertos, empecinados en hacerles la vida más risueña a algunos de mis amigos. No pasa mucho tiempo sin que uno de estos incansables batalladores se lance a formular peligros inexistentes. Del mosquito a la guerra cibernética, nada escapa a este celo pueril. No obstante, aprovecho este espacio para agradecer tantas buenas bromas escuchadas a cuenta de tan pertinaz empeño.
Quienes formulan estas acusaciones, que siempre encuentran espacio en los programas de la televisión nocturna, se enfrentan a un grave problema: si sus denuncias fueran serias, provocarían reuniones al más alto nivel de cualquier gobierno norteamericano. Como no lo son, se quedan en la burla fácil, el chiste socorrido, la gracia de ocasión.
Por supuesto que lo que les interesaba a Bush y a sus compinches no eran siquiera los pretextos para lanzar una guerra. La decisión estaba tomada. Lo demás fue buscar justificaciones, tratar de acallar a los contrarios, intoxicar al electorado norteamericano con falsedades.
En el caso de ciertos exiliados cubanos, sus ideas han sufrido tal erosión a lo largo de los años, que sólo les queda intentar agarrarse a una tabla de salvación falsa, ante el temor a ser arrastrados por la historia, la muerte o los acontecimientos, que se les presenta bajo el disfraz de gritos airados, llamados a la lucha y amenazas fabricadas.
Esta es mi columna semanal, que apareció el lunes 9 en El Nuevo Herald.
Fotografía superior: Miembros de las Fuerzas Iraquíes Libres, compuesta por unos 700 miembros, antes de sus ejercicios matutinos en una enclave cerca de Nasiriyeh, en Irak, el 12 de abril de 2003. La mitad de esta fuerza la integraban exiliados iraquíes, con edades desde la temprana adolescencia hasta hombres mayores de 50 años. El grupo expedicionario, que por supuesto no jugó un importante papel militar durante la guerra, apoyaba a Chalabi en sus intenciones de convertirse en el nuevo líder de Irak (Pauline Lubens/The San Jose Mercury).
Fotografía izquierda: Ahmad Chalabi durante una reunión en el Consejo de Relaciones Exteriores, en Nueva York (Richard Drew/AP).

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