domingo, 29 de junio de 2008

Incondicional el alza de sanciones


Según lo explica el analista político Phil Peters, en The Cuban Triangle, y aparece en el documento que recoge las Conclusiones del Consejo de Europa sobre Cuba, publicado en Encuentro en la red, el levantamiento definitivo de las sanciones diplomáticas, que Europa impuso a la isla en 2003 y suspendió temporalmente en 2005, fue completo y sin condiciones.
Como dice Peters, ''lo único que podría ser llamado 'una condición' está en el párrafo final, y tiene que ver con el nuevo ‘proceso de diálogo político' no con la decisión respecto a las sanciones''.
Las relaciones con Cuba serán evaluadas anualmente, y el diálogo continuará si el Consejo decide que ha sido efectivo.
''Así que se acabaron las sanciones. Si la Unión Europea (UE) no ve progresos en el terreno de los derechos humanos, el 'diálogo' formal podría finalizar, pero sería necesario llevar a cabo un nuevo debate y tomar decisiones al respecto, antes de volver a imponer las sanciones'', especifica Peters, quien añade: ''Esto parece muy difícil, considerando que las naciones que mostraron una mayor renuencia hacia el levantamiento de las sanciones, declinaron vetar la decisión, y si se desarrollará un nuevo intento de reimponer las sanciones, quienes se opusieran a las mismas podrían bloquear cualquier acuerdo e impedir que se alcanzara la unanimidad en la UE''.
Lo que tenemos, por lo tanto, es una decisión europea que establece oficialmente que las medidas en suspenso debían ser descartadas definitivamente. En la adopción de este criterio pesaron tanto la demostrada inutilidad de las medidas --para lograr cambio alguno de la posición del gobierno cubano-- como motivos de conveniencia, franco oportunismo económico y político, a los que se añade una apuesta a favor del gobierno de Raúl Castro y a un cambio paulatino de las condiciones de la isla.
Pero lo que llama la atención no es la naturaleza y los motivos de la decisión, sino la renuencia de algunos en aceptar que lo que Europa aprobó oficialmente fue un abandono de las presiones en favor una política de estímulos si se producen cambios. Es decir, de ahora en adelante la UE "premiará'', es decir impulsará la colaboración, si considera que hay avances al respecto, mientras que en caso de que éstos no se logren simplemente no hará nada. Que esta estrategia funcione está por ver. En otras ocasiones no ha ocurrido, pero en la actualidad se puede desarrollar una circunstancia en la isla que, de forma paralela, beneficie esta estrategia: una actitud en que se reconozca no sólo que los cambios son necesarios, sino que también es necesario que se produzcan más cambios.
Peters se pregunta si la decisión europea tendrá algún impacto más allá de la esfera diplomática. De momento creo que muy poco, si se piensa en términos de una influencia que trascienda las fronteras europeas. Lo adoptado en Bruselas no repercutirá en Washinton de inmediato, donde la política hacia Cuba será determinada fundamentalmente por los resultados de la próxima elección. La gran interrogante para mí, como apunté en otro comentario, es si en los próximos meses veremos un mayor avance en la esfera de colaboración, y vuelve a colocarse sobre el tapete el célebre acuerdo de Cotonú, de colaboración entre la UE y el grupo Africa, Caribe y Pacífico (ACP), al que pertenece Cuba. De momento, la férrea política de represión del gobierno cubano frente a la disidencia pacífica hace muy difícil que ello ocurra.
Fotografía: hotel Moka, en la Sierra del Rosario, Cuba. Cuaderno de Cuba agradece a Javier Santos por la autorización para publicar esta imagen.

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