jueves, 4 de septiembre de 2008

¿El reformista McCain?


¿Alguien puede explicarme
cuál es el partido político al que pertenecen el senador John McCain y la gobernadora de Alaska Sarah Palin? Hasta el momento, la Convención Republicana no ha sido más que una mascarada dedicada a destacar las cualidades —reales o supuestas— de los aspirantes a la presidencia y la vicepresidencia, pero sin entrar en el análisis de los problemas que afectan a esa nación. Uno tras otro, los oradores se han dedicado a destacar las cualidades militares de McCain y su capacidad de mando, así como las virtudes domésticas de Palin, desde el llevar a los hijos a participar en eventos deportivos hasta acompañar a su esposo en cacerías y pesquerías, su breve labor al frente de un estado despoblado y extremadamente rico y su buena puntería. Todo parece indicar que hay intenciones de estimular de nuevo el espíritu bélico, para en cualquier momento futuro lanzarse a otra aventura guerrera. Pero lo que más llama la atención es el esfuerzo por presentar a los aspirantes como disidentes y reformadores.
Desconozco en qué se fundamenta esta última afirmación, que no es más que retórica de cara a las urnas y un recurso para contrarrestar la falta de popularidad del actual presidente George W. Bush. Basta revisar el historial de voto de McCain, para comprobar que en la mayoría de las ocasiones ha votado de acuerdo a Bush y la línea partidista. En muchas ocasiones, su independencia tiene que ver más con características personales que con un distanciamiento ideológico o político del partido gobernante, y tiene también la contrapartida en el marcado autoritarismo y empecinamiento que caracterizan al senador por Arizona, dos rasgos de carácter que no se mencionan, pero que conocen muy bien los que han trabajado cerca de él. Por su parte, Palin es el ejemplo típico de una figura desconocida, que surge tras largos años de una corrupción política tan grande que ha llegado a los tribunales, y cuyo reformismo tiene que ver más con un objetivo de poner orden (meritorio, por otra parte) que con un afán de transformación. Respecto a la gobernadora de Alaska, basta agregar que en buena medida la elevada popularidad de que goza en su estado se deriva que durante su mandato ha aumentado la bonificación derivada de la industria petrolera que recibe cada residente del lugar. Pero este reparto de ganancia no fue idea suya, ya que existe desde hace mucho tiempo, y ha podido aumentarse debido al elevado costo del crudo.
Sin embargo, desde que se inició la Convención Republicana da la impresión que se trata de un evento del partido de la oposición. No han faltado los llamados a votar por McCain, con independencia de las creencias políticas e ideológicas, las afirmaciones de que hay que “poner la nación por delante de los intereses partidistas”, como si los únicos patriotas fueran los que participan en el evento y las promesas de que el aspirante republicano es capaz de ser un mandatario que es capaz de alcanzar acuerdos bipartidistas y colaborar con los miembros del partido opositor. A mí, como ya hace ocho años me hicieron ese mismo cuento con Bush, y no me lo creí entonces, no van a convencerme con este último argumento.
Lo que sí está dejando bien claro la Convención Republicana es no sólo que se trata de conseguir un triunfo en las urnas para continuar el mismo rumbo de Bush, sino lo que es peor: aumentar la importancia del factor ideológico a la hora de tomar cualquier decisión gubernamental, cambiar definitivamente el perfil de la Corte Suprema, con jueces cada vez más reaccionarios, aumentar las perforaciones petroleras para mayor ganancia de las grandes compañías productoras de crudo, recurrir al poderío militar a la hora de cualquier conflicto internacional y limitar o acallar el papel de la prensa. John McCain, que ha declarado un desprecio absoluto por los problemas económicos, parece más interesado en hablar de su historial militar, apelar a conceptos como el honor y la patria y defender posiciones ideológicas de ultraderecha, lo que lo acerca, en actitud y puntos de vista, a los militares que imperaban a su antojo, hasta hace pocos años, en Latinoamérica, disponiendo de vidas y recursos sin tener que dar explicación alguna, y mucho menos a la prensa.
Fotografía: una voluntaria coloca materiales en los asientos de los delegados antes de la noche final de la Convención Nacional Republicana en Minnesotta (Charles Rex Arbogast/AP).

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