miércoles, 10 de septiembre de 2008

La radio de la discordia


Cada vez que un huracán azota a una ciudad de Estados Unidos, por lo general se impone un toque de queda y se toman medidas para evitar saqueos. A ninguna emisora de radio en este país se le ocurría hacer un llamado al caos y la destrucción, y si lo hace sus directivos y dueños seguramente perderían la licencia, para decir la menor sanción en estos casos.
Sin embargo, desde la emisora Radio Mambí se vienen haciendo llamados a una explosión social en la isla, tras y durante el paso del huracán Ike, y no sólo por parte de los oyentes.
El lunes por ejemplo, el tal “profesor Bonachea” alentó al robo y la violencia en la isla, sin importarle en lo más mínimo las consecuencias de tal actitud irresponsable.
En el programa Mesa Redonda del lunes, en el horario comprendido entre seis y ocho de la noche, el que habla más como un “profesor de cachiporra” que como un conocedor de la realidad cubana, dijo que los “cubanos deben romperlo y todo y coger lo que les pertenece”.
Esto es una incitación a cometer delitos, por parte de un medio de prensa que se supone cumple con una serie de normas de responsabilidad. Y aquí en Miami se hace con total impunidad.
Nunca como en estos días, Radio Mambí ha jugado un papel tan divisivo dentro de la comunidad cubana exiliada. Incluso para los estándares de esta emisora y esta ciudad, han establecido un récord el derroche de afirmaciones falsas sobre lo que ha ocurrido en la isla, los comentarios mal intencionados y las opiniones que alardean de una falta total de compasión y respeto hacia quienes viven en la isla.
No sólo es la actitud revanchista y baja de desear que el fenómeno atmosférico destruyera por completo la isla, para que un pueblo muerto de hambre se levantara contra el gobierno, sino la celebración de la catástrofe con altanería y desprecio, al tiempo de querer asociarla con la celebración religiosa de la Virgen de la Caridad. Lo mejor del caso es que la mayoría de quienes así se expresan se consideran de vocación cristiana, y que están en el exilio porque en Cuba no se les permitió profesar libremente sus creencias religiosas.
Pero lo que más llama la atención es que quienes conducen los espacios radiales no sólo permiten esas opiniones, sino que las comparte y alientan. Al punto que es difícil distinguir quién miente más y tiene peores intenciones para quienes viven en Cuba, si los que llaman o los que están frente al micrófono.
Fotografía: un hombre sobre una llanta rema con las manos por una calle inundada de Batabanó, 50 kilómetros (31 millas) al sur de La Habana (Javier Galeano/AP).

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