miércoles, 17 de septiembre de 2008

Televisión basura


Gracias a las leyes especiales que parecen regir en Miami, ayer por la noche pude presenciar un programa de TV Martí trasmitido por una emisora de televisión por cable local. Al poco tiempo de llegar a este país, conocía que no sólo una estación comercial no podía emitir programación del gobierno, sino que también esta última no podía utilizar una frecuencia que entrara en los receptores norteamericanos. Sin embargo, de alguna manera Radio y TV Martí llegan algún tiempo explotando un vericueto legal que les permite violar esta norma. Durante meses se escuchó la programación de Radio Martí a través de Radio Mambí, luego de las 12 de la noche. Eso ha cesado. Sin embargo, las trasmisiones por la TV Azteca continúan. Me imagino que esa es la única manera de que estos programas los vean algunos, ya que se sabe que TV no entra en Cuba.
Pues bien, ayer vi un programa espacial sobre las consecuencias del paso de los huracanes Gustav y Ike sobre la isla y la posible ayuda, tanto por parte del gobierno norteamericano como del exilio.
Se ha repetido que Radio y TV Martí son una especie de Welfare, y el programa de ayer fue un buen ejemplo de ello. No me disgusta la idea de que algunos en Miami se puedan beneficiar con un dinerito del gobierno, pero me parece que para que el objetivo se cumpla mejor, los cheques se debían enviar directamente a las casas. Así se evitaría que al menos por equivocación uno caiga en la tentación de continuar viendo tanta chapucería. Claro que nada obliga a no cambiar el canal, pero a veces uno es un poco masoquista.
Creo que en años no había visto igual muestra de chabacanería, incluso para los estándares de la televisión en esta ciudad. No sólo el programa fue malo, anticuado y carente de la menor muestra de talento. Es que evidenció tal desgana en su realización, que parecía que a quienes estaban ante las cámaras --o detrás de ellas-- les preocupaba poco el resultado, conscientes de que su esfuerzo era inútil, salvo por el dinero que iban a recibir en pago.
Sin embargo, lo más preocupante en este caso es que supuestamente los programas de Radio y Televisión Martí tienen que ser balanceados, objetivos, emitir sólo informaciones que han sido verificadas mediante dos fuertes independientes y éstas deben ser confiables. Al menos estas eran las normas establecidas cuando surgió Radio Martí y luego al unirse al proyecto la emisora de televisión. Pero todos estas regulaciones parecen que fueron echadas a un cesto de basura en los últimos años. En igual sentido, estaba expresamente establecido que estas emisoras del gobierno no podían servir de vehículo para agendas políticas, propaganda partidista y elogios gubernamentales. Sin embargo, ahora TV Martí no sólo se limita a ser una emisora que transmite propaganda en favor de la actual administración, sino que abiertamente hace campaña política para el legislador Lincoln Díaz-Balart. Como se trata de estaciones costadas con el dinero de los contribuyentes, creo que los fondos para su mantenimiento debían ser pagadas sólo por los partidarios de Díaz-Balart. Al menos, es indispensable este pequeño gesto de justicia y economía doméstica.
Fotografía: el director de Radio Y TV Martí, Pedro Roig, en esta foto de archivo de 2003, cuando fue nombrado a su cargo (Pedro Portal/El Nuevo Herald).

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...