jueves, 9 de octubre de 2008

Con su blanca palidez


En la misma medida en que los republicanos están alabando a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, reconocen a su pesar que la contienda electoral en estos momentos es cada vez menos favorable para su candidato presidencial, John McCain.
Escucho por la radio de Miami comentarios entusiasmado de que la multitudes acuden a los mítines de campaña de la Palin como si se tratara de ir a ver a una estrella de rock. Precisamente, eso es lo que está ocurriendo. Lo que no ve —o no quiere ver— el fervor partidista es que esa conclusión no es favorable a lo que resulta decisivo: un resultado electoral.
Colocando a un lado el hecho de que los estrategas de la campaña republicana han adoptado la táctica de que la aspirante a la vicepresidenta se presente en mítines políticos en zonas donde el electorado de su partido es fuerte, lo que en buena medida mueve a los participantes en dichos encuentros es la novedad, el embullo y la esperanza de encontrar un apoyo emocional en medio de noticias adversas. Nada de lo anterior resulta negativo, pero tampoco indica una ganancia electoral. Es decir, la función de Palin no es ganar nuevos votantes ni conquistar a los indecisos, sino brindar un impulso a una campaña decaída entre los más fieles seguidores.
Resulta positivo, para las aspiraciones republicanas, que Palin sea capaz de motivar a sus seguidores, pero no es convincente. Es muy posible que su presencia logre que miles de votantes republicanos se sientan más entusiasmados y echen a un lado el pesimismo y la pereza y salgan a votar, pero ello no resulta suficiente para establecer una diferencia.
Lo curioso en este caso es que lo que se despreciaba en el candidato presidencial demócrata, Barack Obama, se alabe en la gobernadora de Alaska. Hace apenas un par de meses —quizá antes— los anuncios de campaña de McCain pretendían burlarse de Obama y considerarlo una celebridad, un fenómeno mediático y (también) algo parecido a una estrella de rock. Pero, aclaraban con razón, eso no quiere decir que quienes van a verlo van a votar por él. ¿Por qué entonces es diferente en el caso de Palin? El fanatismo no responde a razones.
Un dato adicional, para ser un poco aguafiestas, las muchedumbres que logra reunir la atractiva candidata son mucho menores que las de Obama.
Otro dato interesante, los mismos estrategas de campaña han logrado que la candidata a la vicepresidenta republicana cambie de peinado y disminuya el exceso de maquillaje, que luzca menos antigua, más moderna, más joven. Es evidente que están considerando que el factor edad (no la de ella sino la de McCain) está actuando en contra de los republicanos. Sin duda una injusticia, ¿pero no es un principio republicano reconocer que la vida no es justa?
Fotografía: la candidata republicana a la vicepresidencia, Sarah Palin, durante un mítin político en el Complejo Deportivo de Waukesha, Wisconsin, el 9 de octubre de 2008 (Michael Sears/Milwaukee Journal Sentinel/MCT).

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