viernes, 31 de octubre de 2008

El papel de la derecha cristiana


Vale la pena señalar que en la actual contienda electoral norteamericana, el papel o la importancia de la extrema derecha cristiana ha sido reducido y en buena medida ejemplificado en su definición mejor: los discursos de campaña de la gobernadora Sarah Palin, quien no piensa en voz alta sino apenas “dice cosas”, como acertadamente la definió Peggy Noonan, la columnista conservadora de The Wall Street Journal. Ese decir de Palin, complaciente con el ala más retrógrada del republicano, arranca vítores pero poco influye para bien y hasta ahora ha brindado malos resultados al candidato McCain.
No fue así en la elección pasada. En el presidente George W. Bush fue natural ese llamado a la fe, que una y otra vez repitió en sus discursos de entonces, ya que desde la llegada al poder se había considerado un “mensajero de Dios”. Pero en su oponente, el senador John Kerry, cayó en lo mismo, y sus referencias religiosas de última hora siempre sonaron a desesperación ante la imposibilidad de lograr la delantera en los días finales antes del 4 de noviembre de 2004.
Kerry siempre llevó las de perder en ese terreno, y fue uno de los factores principales que contribuyó a su derrota. Entonces aproximadamente el 42 por ciento de los norteamericanos se consideran evangélicos o “nacidos de nuevo”. Hoy la religión cristiana continúa dividida en múltiples iglesias y sectas, aunque todas con el denominador común de una práctica religiosa protestante, pero aunque mantiene su poder social, hasta el momento no se ha destacado tan visiblemente en la campaña. Los millones de evangélicos que votaron en contra de Kerry, debido a la posición antidogmática de éste respecto al aborto, la investigación con células madre y los matrimonios homosexuales, confrontan los mismos problemas económicos que el resto de los norteamericanos, y por ello a la hora de votar no son tan homogéneos como hace cuatro años.
Desde su llegada al poder, Bush hizo del fundamentalismo cristiano la coraza ideológica que rige sus acciones. Incluso en varias ocasiones ha empleado el término “cruzada” para referirse a su guerra contra el terrorismo, lo que en más de una ocasión hizo necesarios desmentidos y aclaraciones —por parte de sus voceros y funcionarios— para no aumentar aún más las tensiones con los musulmanes del país y el resto del mundo. Palin es hoy quien ha recogido esa bandera, pero matizada por sus características personales, y al hecho de ser candidata a la vicepresidencia, que en cierta medida contribuyen a colocar este debate en un plano secundario. De hecho, el factor racial seguramente será más importante en la elección que el religioso.
Al tiempo que este alarde de fe es una de las características más notorias —y criticada— de la personalidad del mandatario, su apoyo sostenido a la causa cristiana fue siempre uno de los pilares electorales que mayores dividendos le brindó. Las iglesias actuaron como centros de reclutamiento de votantes, los pastores urgieron a sus feligreses que votaran por Bush y la multitud de fieles expresaron en más de una ocasión la creencia de que “Dios estaba usando al Presidente en su lucha contra el Maligno”.
Este apoyo también fue notable en la primera elección de Bush. Según una encuesta luego de las elecciones de 2000, realizada por la Universidad de Akron, más de dos tercios los que dijeron asistir al menos una vez por semana a la iglesia votaron por Bush.
El fundamentalismo cristiano obtuvo ciertos dividendos con la reelección de Bush, pero no todos los que esperaba. El Presidente les había ofrecido mayores recursos económicos a las instituciones benéficas de las iglesias y sectas, la continuación de la prohibición de fondos federales para las investigaciones con células madre y el proseguir la erosión de la distinción primordial entre Iglesia y Estado. En lo que respecta a los limites a las investigaciones científicas pudo cumplir lo pactado, pero los fondos a las instituciones benéficas se vieron limitados por los ajustes de presupuestos y a partir de la segunda mitad de su último mandato, con los demócratas al frente del Congreso, estos límites se hicieron mayores.
Lo que más les interesaba a la extrema derecha cristiana, que un segundo mandato de Bush implicará la nominación de uno o más magistrados a la Corte Suprema, también se logró en parte. Aunque se han multiplicado los jueces conservadores, Bush nunca logró que el Supremo se inclinara irremediablemente a la derecha, con la posibilidad de que el aborto fuera prohibido o limitado a los casos extremos. A John McCain ha quedado esta labor, de lograr ser electo, y ya ha dejado bien en claro que hará todo lo posible por nominar a jueces que favorezcan dejar las leyes sobre el aborto en manos de los estados.
El énfasis religioso que adquirió la campaña de 2004 no hizo más que ocultar la situación imperante en EEUU. Pero al producirse la crisis económica no ha sido posible apelar a una solución tan simple. Es cierto que una de las razones fundamentales, o la fundamental, que llevó a McCain a decidirse por Palin fue el lograr el apoyo de la extrema derecha cristiana, pero fue en una decisión impuesta, ya que sin el apoyo de este grupo quedaba descartado de entrada su triunfo.
La extrema derecha cristiana continúa siendo un factor importante en las elecciones, pero ya no es decisivo. En este sentido, en medio del retroceso político y económico del país, se puede decir que Estados Unidos ha avanzado.
Fotografía: George Cirilo (derecha), vestido como la candidata vicepresidencial republicana la gobernadora de Alaska Sarah Palin, y Shane Hladki (izquierda), vestido como Bristol, la hija de Palin de 17 años, se reúnen en el Castro District, en San Francisco, para una celebración pre-Halloween el 30 de octubre de 2008 (Tony Avelar/AP).

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