miércoles, 5 de noviembre de 2008

Librería habanera

La Librería Canelo -Reina, entre Lealtad y Campanario- era la única que continuaba abierta. Un local estrecho y largo. Había una vidriera a la izquierda --con un búcaro grande de flores de papel, amarillentas y sucias, donde unos libros de derecho anteriores al triunfo revolucionario acumulaban polvo-- y una puerta de cristal, sobre cuyo marco aún continuaba funcionando un viejo aire acondicionado, que apenas servía para refrescar un poco el salón en el verano. Era casi imposible esquivar las gotas -de un agua herrumbrosa- que el equipo dejaba caer al que pasaba por debajo. Para entrar a Canelo había que mojarse.
Lo anterior forma parte de un relato que aparece en Letras de Cuaderno. Para leerlo, pinche aquí.
Fotografía: hombre leyendo en La Habana (Archivo).

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