miércoles, 26 de noviembre de 2008

Un cubo de agua fría


Para el sector más vocinglero del exilio de Miami , este año a días de culminar ha sido un cubo de agua fría. La mayoría de los llamados ''intransigentes'' no quieren reconocerlo, se aferran a la victoria electoral de los tres congresistas cubanoamericanos del área como una victoria decisiva, cuando en realidad ha sido mucho lo perdido y poco lo ganado. No sólo el triunfo en las elecciones presidenciales del candidato al que se opusieron con ira y un furor que los llevó a lanzar una campaña de mentiras y juicios insensatos. Es la tranquilidad imperante en Cuba tras cuatro poderosos ciclones, las especulaciones más diversas sobre un hambruna generalizada y una situación de caos y posibles epidemias que llevaron a muchos insensatos a saborear una victoria demasiado anticipada por demasiados años.
Tras un año de rumores, alimentados principalmente por la radio, que hicieron creer a muchos que Fidel Castro estaba muerto o en sus horas finales, este 2008 ha transcurrido con el llamado “exilio vertical” obligado a observar los acontecimientos tras la barrera del Estrecho de la Florida. La solución emocional a la que han apelado estos combatientes de esquina es el retraimiento, encerrarse en sí mismos, practicar la política del avestruz y dar vueltas y vueltas sobre el pasado.
Basta sintonizar cualquier día el par de emisoras, que por conveniencia económica aún alienta las frustraciones de aquellos que se niegan a ver la realidad, para notar que su discurso es cada vez más limitado. Sus contactos con quienes viven en la isla reducidos casi a cero. Ni siquiera se escuchan ya las voces de los disidentes más afines a sus puntos de vista. La presentación de cualquier libro, en que algún participante en la lucha contra Fidel Castro cuenta su versión de lo ocurrido, transformada en acto de reafirmación contrarrevolucionaria. Se mira al pasado y se da la espalda al futuro.
Ha aumentado la distancia que separa a los análisis sobre el futuro de la Isla de la percepción y los deseos del exilio.
Mientras éstos han tratado —con mayor o menor éxito— de entender el panorama creado tras la sucesión-transición, con Raúl Castro como administrador de los asuntos cotidianos, las implicaciones económicas y la posibilidad de reformas —limitadas y casi detenidas en estos momentos—, los miembros de la llamada “línea dura” del exilio se han aferrado a la esperanza de una muerte inminente del gobernante, la malignidad del ministro del nuevo mandatario y hacer lo posible para que no se produzca intercambio alguno entre Cuba y Estados Unidos.
La consecuencia es que buena parte de lo que durante este año ha reflejado la prensa de Miami obedece más a una necesidad emocional de sus lectores, espectadores y oyentes que a la realidad imperante en la isla y a las posibilidades en un futuro inmediato. Este discurso más emocional que realista no ha podido impedir que impere un sentido generalizado de frustración, por parte de este sector llamado ''radical'' tras el triunfo de Barack Obama en las urnas.
El nuevo presidente tomará posesión el próximo año sin haber prometido ''llevar la libertad a Cuba'', con una declaración de levantar las últimas restricciones a los viajes y remesas de los cubanoamericanos impuestas por el gobierno de Bush y un gabinete en que ya se perfila habrá una notable presencia de altos funcionarios que tienen una visión distinta, respecto al caso cubano, de la que ha imperado durante los últimos ocho años.
Fotografía: Castillo de la Fuerza en La Habana. Cuaderno de Cuba agradece a Javier Santos por permitir el uso de esta foto.

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