jueves, 8 de enero de 2009

Comiendo bien a finales de los sesenta


Un relato sobre uno de los restaurantes de lujo que sobrevivía en La Habana de finales de los sesenta e inicios de los setenta, en Letras de Cuaderno:
''Valdés era una leyenda en El Monseigneur. Era el tercero de los tres empleados fundadores que quedaban en el restaurante. Los otros dos eran Castañeda, el carcelero del baño transformado en verdugo de la puerta, y otro camarero ahora suspendido por haber aceptado una propina. Era la época en que por decreto estaba prohibido que los camareros aceptaran propinas. Un paso más hacia la construcción acelerada del comunismo, que sólo había tenido como consecuencia un mal servicio generalizado. Sólo unos pocos clientes habituales se las ingeniaban para recompensar, de forma diversa (con dinero, cigarros u otros artículos necesarios), a quienes les atendían regularmente. Hace poco él le había regalado a Valdés un amperímetro, que necesitaba para el bote que aún conservaba. La persecución contra los que aceptaban propinas era en esos días implacable. Pronto lo sabrían todos los empleados del restaurante, al conocer que la suspensión temporal del camarero (cogido con un par de pesos debajo de un plato) tendría como consecuencia su traslado para un establecimiento de menor categoría, sin tener en cuenta su antigüedad en el local, su eficiencia y su popularidad entre los clientes''.
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Fotografía: Tres jóvenes caminan por el malecón habanero el 16 de noviembre de 2008. Sim importarles las enormes olas o más bien disfrutando de ellas. Aprovechando el frente frío que en esos momentos estaba azotando a la isla (stringer/AFP/Getty Images).

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