miércoles, 21 de enero de 2009

Una elección literaria (desacertada)


Creo que en lo único en que coinciden quienes apoyan y quienes rechazan a Obama, es a la hora de juzgar el poema de Elizabeth Alexander. Los versos que ella recitó durante la investidura del nuevo presidente de Estados Unidos son malos. Más allá de la (desacertada) elección literaria del Presidente, el texto refleja el lado más débil del discurso de Obama, y del proceso que llevó a éste a la Casa Blanca: la retórica social con tonos religiosos.
Cuando digo débil me refiero a la posibilidad de un discurso que es fácil de manipular y puede tornarse demagógico. Hasta el momento, esto no por parte del mandatario, pero sí viene ocurriendo desde hace años por parte de otros. No desestimo la importancia del triunfo de Obama, tanto para la minoría negra como en un sentido histórico. Digo simplemente que la literatura es un terreno de mayor trascendencia, donde no bastan las buenas intenciones, los cantos de alabanza a los desposeídos y los llamados a sobreponerse, vencer las dificultades y elevar el espíritu; Y donde es muy difícil convertir lo cotidiano y la política en algo más que un discurso oportuno.
Alexander, además, enfrentó la enorme desventaja que representa hacer una obra en un terreno en que la literatura norteamericana tiene un peso enorme y una calidad excepcional, y donde sobran los buenos ejemplos de una poesía social con temas cotidianos y de himnos y cantos inspirados por los sueños y esperanzas de un pueblo.
El texto invita a esa versión de la parodia, que es en cubano el choteo o relajo. Luego de leer el poema de Alexander, Germán Guerra decidió hacerle una ''traducción al cubano-miamita'', que Cuaderno de Cuba pone a disposición de sus lectores:
Son de alabanza por el día
By Elizabeth Alexander

Todos los días vamos por el negocio, caminando el pasado de los otros, trancando o dejando caer los ojos de los otros, queriendo hablar hablando. Todo sobre nosotros es ruido. Todo sobre nosotros es ruido y salsa, pulla y bulla, con cada uno de nuestros abuelos en la lengua. Alguien está cosiendo una gema, maldiciendo cortésmente el hueco de un uniforme, parcheando un cansado, reparando las cosas que necesitan reparación.
Alguien está tratando de hacer música en algún lugar con un par de cucharitas de madera en un tambor de aceite, con celo, caja que explota, filarmónica, voz.
Una mujer y su hijo esperan la confronta.
Un campesino considera los cambios en el cielo, un maestro dice: “Sácate el lápiz. Dale”.
Nos encontramos unos a otros en las palabras, palabras espinosas o suaves, cuchicheadas o declamadas, palabras con sidra y recontrasidra.
Cruzamos caminos sucios y altas vías que marcan el testamento de alguien para que otro diga: “Necesito ver qué hay del otro lado, se que hay algo mejor bajando la loma”.
Necesitamos encontrar un lugar para escondernos, y caminamos rumbo a eso que no vemos todavía.
Dilo llanura, que muchos se han muerto por el día. Canta el nombre de los muertos que nos trajeron aquí, que se acostaron en la línea del tren, criaron los puentes, picaron el algodón y la lechuga, construyeron ladrillo a ladrillo los brillantes edificios para luego mantenerlos limpios y trabajarlos adentro.
Son de alabanza por la lucha, Son de alabanza por el día. Son de alabanza por cada señal escrita a mano. El figurín está afuera, en la mesa de la cocina.
Algunos viven amándose “como se ama a la mujer del vecino”.
Otros “primero no hacen daño” o “no toman más de lo que necesitan”.
Qué tal si la palabra del forzudo es amor, amor más que matrimonial, filial, nacional. Amor que lanza una expandible piscina de luz. Amor sin necesidad de preeminencia o agravios.
En la burbuja filosa de hoy, este viento de invierno, cualquier cosa se puede hacer, cualquier condena se puede comenzar.
En el borde, en el reboso, en la cúspide — Son de alabanza caminando adelante, en esa luz.
(traducción al cubano-miamita de Germán Guerra)
Germán Guerra (Guantánamo, Cuba, 1966): poeta, ensayista, fotógrafo y editor. Ha publicado Dos Poemas (1998), Metal (1998) y Libro de silencio (2007). En diciembre de 2006 ganó mención de honor en la novena entrega del Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén. Con su último libro ganó el Florida Book Award, en la categoría de Lengua Española, al mejor libro publicado en 2007 por un autor residente en el estado de la Florida. Textos y poemas suyos han aparecido en antologías y en numerosas revistas y periódicos de diversos países. Desde 1992 reside en Miami.
Cuaderno de Cuba agradece a Germán Guerra el envío de esta colaboración.
Fotografía: Elizabeth Alexander recita su poema durante la ceremonia de toma de posesión de Barack Obama, el martes 20 de enero de 2009 en Washington D.C. (Ron Edmonds-AP).

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