jueves, 1 de enero de 2009

La crisis que viene


Hay una diferencia fundamental entre un enigma y un misterio.
Un enigma ocurre cuando no sabemos lo suficiente sobre un hecho. Si contamos con la información necesaria, el enigma desaparece. Cualquiera puede descifrarlo, si tiene a su disposición los datos necesarios.
El misterio, por otra parte, elude las respuestas simples. Para resolverlo, se necesita tener una gran capacidad de juicio, la habilidad necesaria para evaluar incertidumbres, realizar un análisis lo menos apasionado posible y estar dispuesto a admitir la existencia de varias respuestas o de una respuesta muy amplia.
El estado actual de salud de Fidel Castro es un enigma. Lo que ocurrirá en Cuba tras su muerte es un misterio.
Si se publicaran informes médicos detallados, desaparecerían los rumores y las conjeturas sobre el destino de Fidel Castro. Aunque poco a poco los cubanos y el resto del mundo se han acostumbrado a que su presencia esté limitada a unos textos de importancia variable, que desde el inicio eludieron una definición mejor que la decretada por su autor, quien bajo la categoría de ''reflexiones'' a veces ofrece un simple ejercicio de cut-and-paste, de informaciones disímiles, y otras nos brinda su criterio sobre los hechos más diversos, pasados y presentes, aunque casi siempre eludiendo referirse directamente a los asuntos de la administración del Estado cubano, a cargo de su hermano, el presidente Raúl Castro.
''Reflexiones'' que, por otra parte, aparecen con una frecuencia arbitraria: a veces se amontonan en una semana y luego pasan días y días sin dar noticia de si Fidel Castro sigue ''reflexionando'' o no, lo que ha dado pie también a otra serie de especulaciones: ¿recaídas, estados depresivos, tratamientos más intensos?
Al tiempo que el gobierno de Raúl Castro ha ido afianzándose en el ejercicio cotidiano del poder, se ha mantenido el hermetismo decretado por el propio Fidel, como una forma de eludir el misterio de lo que ocurrirá a su muerte. Es más, ha declarado la ausencia del misterio: la sociedad cubana y el gobierno de la isla no cambiarán de rumbo. Esto, sin embargo, todo el mundo sabe que no es cierto.
Aunque el tiempo ha afianzado el proyecto de continuidad y cambios paulatinos y extremadamente lentos, no hay duda que la desaparición del líder de la revolución tendrá un efecto catalizador.
Sin embargo, una vez más en el exilio se ha confundido un efecto con una causa, y en vez de analizar las razones que explican la estabilidad del gobierno cubano, sus miembros más destacados se han empeñado en la apuesta, evidentemente o más o menos encubierta, de cifrar las esperanzas —mejor sería decir sus ilusiones— en la muerte de Fidel Castro.
Nada mejor para los intereses de La Habana que este desenfoque del exilio. En fin de cuentas, se trata de una jugada estratégica que ha rendido sus frutos, pero a la cual, involuntariamente o no, hemos colaborado todos.
O resolvemos el enigma con una simpleza —decimos que Fidel Castro está muerto desde hace algún tiempo— o encubrimos nuestra incapacidad de análisis sobre el futuro de Cuba con propuestas alejadas de la realidad y juicios fundamentados en premisas erróneas. Así de fácil lo ha resuelto buena parte del exilio de Miami. Así de equivocados están estos líderes comunitarios y analistas de la radio, la televisión y la prensa escrita.
Uno de los errores que más se repite en esta ciudad es confundir los términos. Tratar la situación que vivirá Cuba tras el fin de Fidel como si fuera un enigma, el cual se podría resolver si se contara con los datos necesarios. El problema con este enfoque es que, a diferencia de lo que ocurre con la salud del líder revolucionario, hay datos más que suficientes para poder imaginar al menos uno o varios escenarios posibles tras su desaparición.
En el año transcurrido desde que Raúl Castro asumió la presidencia del país, mucho se ha aclarado en la definición de esos escenarios posibles. Pero como gran parte de esa información puede no resultar adecuada para plantear un determinado objetivo, aquí en Miami se descarta.
Al final, quienes supuestamente deberían orientar al exilio —debido a su posición dentro de los diversos grupos existentes o por su labor como analistas políticos— ha terminado obviando el misterio y dejado sin resolver el enigma, por lo general entregados a la elaboración de vaticinios. Eso es lo que hacen los charlatanes y adivinos, sobre todo a finales de un año. Siempre con la esperanza de que sus predicciones quedarán olvidadas en los próximos meses, pero leídas en el momento de divulgarlas.
El ejemplo más burdo, pero no por ello menos ilustrativo, ocurrió en el programa Mesa Redonda, de la emisora Radio Mambí, el lunes de esta semana. Más que planes políticos, estrategias o proyectos, las dos horas de transmisión —además de las consabidas declaraciones en favor del presidente George W. Bush y las repeticiones de las promesas de acabar con los comunistas y otras sandeces— giraron en torno a diversas y aparentes profecías que vaticinaban el fin del “castrismo” tras que éste cumpliera 50 años de existencia. Aquello fue un derroche de una cabalística de la ignorancia salpicada con supuestas referencias bíblicas y obscuros textos aparecidos en periódicos de la isla hace… ¡50 años! Buen material para la antropología cultural del exilio miamense.
Sin entrar en detalles, hay informaciones conocidas que nos permiten analizar el futuro de Cuba durante el próximo año, con o sin la muerte de Fidel Castro:
-La economía cubana ha empeorado. No sólo por el paso destructor de los huracanes que azotaron la isla sino por la baja del precio en un renglón tan importante para las exportaciones de la isla como el níquel.
-Las empresas mixtas funcionan en renglones fundamentales, como el turismo y la explotación minera, pero las dificultades e incumplimientos de algunos pagos se han acentuado.
-Los planes de una necesaria reestructuración del Gobierno se han trasladado para el próximo año.
-El presidente Raúl Castro ha señalado que el próximo año será extremadamente difícil y anunciado recortes en lo que llama “gratuidades” y dejado en claro que el Gobierno será incapaz de resolver muchas importante necesidades de la población.
-La crisis de viviendas es aún mayor, acentuada por los ciclones.
-Hay importantes acuerdos económicos firmados y en marcha con Venezuela, Brasil, China y Rusia.
-El turismo ha crecido, aunque de forma limitada.
-La entrada de fondos desde el exterior, ya sea mediante las remesas de los inmigrantes o el pago por los servicios que prestan los médicos cubanos en el extranjero, no parece que disminuya en un futuro cercano. Más bien lo contrario.
-Los cálculos económicos que realizan las instituciones estatales, aunque aún no plenamente confiables, son mucho más cercanos a la realidad que en años anteriores.
-Los apagones se han reducido al mínimo y hay mejoras en el transporte.
-Los problemas en la entrega de alimentos y construcción de viviendas continúan golpeando duramente a la población.
-Las reformas de tipo económico producidas en los primeros meses del mandato de Raúl Castro, principalmente del tipo de autorización de ventas de determinados productos electrodomésticos, posibilidad de entrada en los hoteles y centros turísticos destinados a extranjeros, entregas de tierras en usufructo a campesinos y posibilidad de adquisición de aperos de labranza, no han sido continuadas con otras medidas similares o más amplias.
-Raúl Castro tiene el control total de las fuerzas armadas y el gobierno.
-Ha disminuido la presión ideológica, sin que esto afecte el control estatal.
-Aunque evidentemente no ha llegado el momento de asimilar la muerte de Castro, por el simple hecho de que no se ha producido, el país se ha acostumbrando a su ausencia de la toma de decisiones cotidianas. Al mismo tiempo, se ha mantenido —y hasta cierto punto intensificado— la creencia de que éste continúa participando en las decisiones importantes de Gobierno.
-Pese a que la población se ha acostumbrado a la ausencia de Fidel Castro, continúa hasta cierto punto a la espera sobre el destino final de Fidel Castro, sobre todo en las personas de mayor edad, quienes al mismo tiempo constituyen el mayor sector demográfico. Ve poco probable su regreso al poder, pero lo considera aún, en cierta medida, el gobernante del país. Castro sigue pesando en la mente de los cubanos, particularmente entre los más viejos, pero no hay que olvidar que la isla es un país con una población ''envejeciente''.
-La mejora más notable —reconocida incluso por la mayoría de los enemigos del sistema— es en el terreno de las relaciones internacionales. Cuba cuenta con el apoyo de la mayoría de las naciones latinoamericanas y Europa ha restablecido sus vínculos plenos con la isla, aunque aún, y en el ámbito de cada nación europea, no se ha vuelto a una total normalidad, como la existente ante de la ola represiva ocurrida en la primavera de 2003.
-El abandono del país continúa siendo percibido como la solución de los problemas, sobre todo por la juventud, más que la esperanza en un cambio de la situación en la isla.
-La posibilidad de que miles de cubanos puedan obtener la ciudadanía española influirá notablemente en los asuntos migratorios entre Cuba, Estados Unidos y Europa en el año que hoy comienza.
-La disidencia está más limitada que nunca en su papel y el periodismo independiente reducido a dos o tres figuras, vistos ambos aspectos con una óptica positiva.
-Los recursos provenientes desde Washington, tanto para disidentes como para otro tipo de grupos que realizan labores catalogadas como propias de la sociedad civil, según criterios elaborados en Estados Unidos, continúan siendo fuertemente cuestionados y posiblemente sean reducidos.
-El exilio ha quedado fuera de cualquier opción política respecto a la isla, no por voluntad del gobierno cubano sino por mandato de Washington.
-El elevado nivel de expectaciones, respecto a una posible mejora económica en un futuro cercano, ya sea por un aumento de los salarios e ingresos como por el incremento de los trabajos por cuenta propia, creado en la ciudadanía a comienzos de la presidencia de Raúl Castro, se ha transformado en una frustración generalizada.
-La única esperanza que queda en pie es un posiblemente mejoramiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, con el gobierno del presidente electo Barack Obama, o al menos un incremento en las remesas y los viajes de los familiares residentes en suelo norteamericano.
Todo lo anterior muestra un gobierno que hasta el momento puede exhibir una estabilidad política, un incremento en los nexos comerciales con otros países y un mayor apoyo internacional como cartas de triunfo, pero que al mismo tiempo necesita con urgencia un respiro económico. Ese respiro económico podría llegar de manos de la Casa Blanca, con una política más sensata hacia la isla. Las repercusiones de esta política en el futuro de Cuba merecen otro análisis. Lo que se sabe —y es bueno destacarlo aquí— es lo desacertado que resultaría un enfoque fundamentado en que finalmente ha llegado el momento de “apretar económicamente” a La Habana. Hay que esperar que Washington no tome ese rumbo, y nada parece presagiar que ello ocurra, si no se producen acontecimientos que invaliden esta panorámica.
Como otro factor en esta compleja situación, se debe señalar que la muerte de Fidel Castro significará el fin de la época de un régimen fundamentado en la ''legitimidad de origen'', obtenida por el triunfo frente a la dictadura de Fulgencio Batista, para dar paso a una ''legitimidad de ejercicio'', marcada por la promesa de una prosperidad económica, aunque está por ver hasta dónde los cubanos podrán de nuevo sus esperanzas en promesas de este tipo por parte de las mismas figuras que gobiernan actualmente. A partir de entonces, se verá si se produce un aumento de las presiones ciudadanas para que el gobierno sea más eficiente.
Es posible que estas presiones, en el limitado marco de legalidad que permite el gobierno de Raúl Castro, se incrementen en este año. Pero cualquier apuesta en este sentido es demasiado riesgosa.
Hasta aquí la lectura puede llevar a la tentación de afirmar que el gobierno de Raúl Castro ''está obligado'' a negociar con Estados Unidos, debido a la difícil situación económica. Sería una conclusión errónea. Cuba no negocia bajo presiones de este tipo. Hay un historial que lo demuestra. La pregunta clave en estos momentos es: quién dirigirá la negociación. Y la respuesta resulta relativamente sencilla: todo parece indicar que Fidel Castro. Si es él quien tiene a su cargo el asunto, ya debe haber decidido si lo hace a partir de una crisis o de un proceso paulatino. Y todo apunta que tras un tanteo inicial vendrá una crisis, si Washington no se apresura en una respuesta.
Las condiciones nacionales e internacionales, que de inmediato enfrentará el gobierno de Obama, hacen que Cuba no figure entre los temas principales a tratar de inmediato, salvo en lo relativo a una liberalización de los viajes de familiares y el envío de remesas. Es posible que La Habana considere entonces acudir a otros medios para llamar la atención de su vecino. Por supuesto que entre las muchas formas con que cuenta el gobierno cubano en este sentido están descartadas todas aquellas capaces de llenar de esperanza al exilio de Miami. Nada de agresividad bélica, ni incluso amenaza de un éxodo masivo (aunque esta alternativa siempre encierra una interrogante). De la decisión de Fidel Castro dependerá en buena medida que el gobierno de Raúl Castro continúe su proceso paulatino de transición al cabo de cien años, o un aumento de la represión, el caos y la intranquilidad.
Fotografía superior: una mujer permanece junto a un cartel alusivo a la revolución, en esta imagen del 31 de diciembre de 2008, en La Habana Vieja, un día antes de que se conmemore el 50 aniversario de la revolución cubana (stringer/EFE).
Fotografía izquierda superior: varias personas recorren el centro comercial Carlos III el 31 de diciembre de 2008, en La Habana, un día antes de que se conmemore el 50 aniversario de la revolución cubana (stringer/EFE).
Fotografía derecha superior: un viejo automóvil de fabricación estadounidense pasa junto a una bandera cubana, el 31 de diciembre de 2008, en La Habana Vieja, un día antes de que se conmemore el 50 aniversario de la revolución cubana (Alejandro Ernesto/EFE).
Fotografía izquierda inferior: un hombre cuelga un cartel y una bandera cubana en el balcón de un edificio habanero, el 31 de diciembre de 2009 (Darío López-Mills/AP).
Fotografía derecha inferior: una mujer vestida de blanco, lo que indica su creencia en los cultos afrocubanos, barre una calle en La Habana, el 30 de diciembre de 2008 (Javier Galeano/AP).
Fotografía inferior centro: un letrero en una puerta de La Habana, el 31 de diciembre de 2008 (Darío López-Mills/AP).

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