viernes, 30 de enero de 2009

Las quejas de Roque


La disidente Martha Beatriz Roque plantea un problema esencial respecto a Radio Martí, sobre todo en momentos en que está sobre el tapete, por parte del gobierno del presidente Barack Obama, el ajustar la política hacia Cuba de acuerdo a la realidad actual y el enfoque sobre la situación internacional que trae la nueva administración, diferente a la anterior de George W. Bush.
Roque considera que es necesario revisar la programación de la emisora, y analizar si “no se cumplen los objetivos para el cual fue creada la emisora”. Coincido en lo primero, pero creo se debe ir más allá en lo segundo: Washington debe abandonar por completo la política de cambio de régimen hacia Cuba, que ha resultado un fracaso. Eso, por lo tanto, dejaría a Radio Martí con dos opciones: o se transforma o desaparece. Estoy a favor de una transformación que convierta a la emisora en una fuente de información y análisis balanceada, alejada del periodismo de barrica, un fin político inmediato que se exprese en un intento de subvertir el sistema cubano, algo que correspondería llevar a cabo a los cubanos y no a una emisora extranjera.
A partir de este punto, la mayoría de las quejas de Roque quedarían sin sentido. Tocaría a la disidencia, las organizaciones exiliadas, las plataformas políticas internacionales, los diversos partidos que en todo el mundo se identifican con la causa de la oposición pacífica y a muchos exiliados cubanos que tienen cuantiosas fortunas el contribuir financieramente y desde el punto de vista operativo con esta labor. Pero no a un Estado extranjero ni tampoco al dinero de los contribuyentes de ese Estado. Si el objetivo es la discusión, el análisis y el debate, tanto de los aspectos políticos como culturales y sociales, entonces es otra cosa. Pero ese contenido político que la disidente quiere que tenga la emisora, más cercano a una agenda partidista que a una labor de información, debe ser eliminado de Radio Martí, o en su lugar, privatizarla o que pase a manos de una corporación no lucrativa, que se mantenga mediante donaciones. Si de verdad el exilio cubano considera útil para la causa de llevar la democracia en la isla el mantener una emisora de este tipo, pues que comiencen las colectas.
Porque lo que se desprende del artículo de la economista disidente, aparecido hoy en las páginas de El Nuevo Herald, es un interés en beneficiarse con “lo mejor de dos mundos”.
“Los periodistas y el personal administrativo que trabajan en esta estación de radio, deben poner su corazón en lo que hacen. Es muy importante que reciban un salario, no se puede trabajar sin remuneración, pero el pago no puede estar vinculado solamente a la labor como profesionales, sino también al contenido político que tiene Radio Martí hacia dentro de Cuba”, escribe Roque.
Lo que se desprende de estas palabras es una propuesta de pago de acuerdo a la filiación política, la labor anticastrista desplegada y el celo ideológico. Este concepto de remuneración no he visto que se aplicara —al menos de forma tan descarnada— en los peores momentos en que se trató de imponer un régimen comunista. Me parece que la idea hubiera sido del agrado de Stalin. De acuerdo a este criterio de pago, un periodista estaría sometido a una escala que podría ser: excelente anticastrista, muy anticastrista, bastante anticastrista, anticastrista, poco anticastrista, y no suficiente anticastrista como causal de despido. Esto es marcartismo puro.
Por supuesto que el desconocimiento de la economista sobre las escalas salariales en una institución gubernamental norteamericana la han llevado a formular tamaño disparate, pues aquí una propuesta de este tipo implicaría de inmediato una acusación de discriminación por razones de credo o filiación política o preferencias ideológicas.
Roque menciona las quejas de los disidentes sobre el uso que hace el Departamento de Noticias de los despachos informativos que envían. “Sucesos represivos que son reportados desde Cuba no cuentan con la debida atención, ni seguimiento”. No sé cuánto puede haber de verdad en esta queja, pero sí tengo experiencia en leer, editar y trabajar con informaciones de periodistas independientes, y desde hace años vengo sosteniendo que muchas de ellas son, sencillamente, falsas, exageradas y más cercanas a un periodismo de opinión que a una nota informativa. También conozco las normas que rigen en las agencias de información del gobierno de Estados Unidos, en las que se exige que cualquier información debe ser verificada por dos fuentes independientes. Desconozco si Radio Martí cumple ese principio, incluso me atrevo a ponerlo en duda. Pero si las informaciones que mandan los periodistas independientes son valiosas y no llegan a ser reportadas por Radio Martí, por qué tampoco se difunden en cualquier otro órgano de información serio, luego de tantos años de existencia del periodismo independiente en la isla.
Admito que los corresponsales extranjeros son muy cautelosos, tímidos, reservados —y hay quienes los acusa de complacientes y cobardes— a la hora de hacer sus envíos ante el temor de ser expulsados. Esa también es una realidad, pero sigue en pie la pregunta, por qué no hay una mayor difusión de los hechos que denuncian, cuando más allá de los corresponsales acreditados hay tanto periodista encubierto viajando a la isla, son innumerables los reportajes que a diario salen sobre el país y hay un contacto estrecho entre los familiares que viven aquí y allá.
Por otra parte, existen en internet un buen número de sitios que reproducen las informaciones que llegan procedentes de la isla, por qué tampoco se genera una corriente de opinión a partir de los mismos. Reconozco que el servicio de internet está muy limitado en Cuba, pero no así otras formas de comunicación, desde el correo hasta las llamadas telefónicas.
Por qué, por último, las mayoría de las informaciones procedentes de periodistas independientes, que se escuchan en una emisora tan visceralmente anticastrista como Radio Mambí, no trascienden más allá de los minutos que le dedican en los noticieros. Pocas son las noticias que, durante más de una década, han sido primicias ofrecidas por los periodistas independientes. No niego que en Cuba hay represión, de lo que estoy en contra, desde hace años, es que se emplee como patente de corso para justificar el envío de informaciones carentes de valor.
Lo que me produce dudas adicionales es que estas críticas a Radio Martí, por parte de un sector de la oposición pacífica en Cuba, se hicieron públicas al final del mandato del ex presidente George W. Bush. No creo que la situación en la emisora del gobierno norteamericano cambiara tanto como para producir esta voz de alarma, a pocos días de que Bush, conocido por su política de financiamiento amplio a la oposición en Cuba, abandonara la Casa Blanca. Más que una queja ante la supuesta indiferencia de Radio Martí, no puedo dejar de sospechar que hay mucho de oportunismo en este reclamo de ciertos disidentes, además del temor de que el gobierno de Obama los deje fuera.
Para leer la columna de opinión de la disidente Martha Beatriz Roque, pinche aquí.
Fotografía: la disidente Martha Beatriz Roque en la votación simulada por la presidencia norteamericana que se llevó a cabo en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana en noviembre de 2004.

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