miércoles, 4 de febrero de 2009

Feo


La mezcla entre política nacional, local o regional, en cualquier país, y el exilio cubano, o el anticastrismo a secas, casi siempre ha resultado mala. Y por lo general y a la larga, somos los exiliados quienes cargamos con lo feo. Desde hace décadas viene ocurriendo en este país y también desde hace algún tiempo se está acentuando esta tendencia en España.
Basta contemplar las imágenes de la manifestación del domingo pasado en la capital española y ver por ejemplo a la escritora Zoé Valdés junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y a uno le resulta amargo que el reclamo de democracia y libertad para la isla se haga de la mano de una funcionaria pública que no sólo parece estar comprometida en un caso de espionaje al mejor estilo de Watergate, sino que también ha estado atacando al periódico que sacó a la luz el asunto.
Porque si Aguirre está libre de culpa, su manejo soez del asunto no puede ser más lamentable. Primero la emprendió contra el mensajero, en vez de enfrentar el problema, y cuando finalmente aceptó crear una comisión parlamentaria, para llevar a cabo una investigación sobre los casos de espionaje a altos cargos de su gobierno y del ayuntamiento de la capital —como había pedido la oposición—, hasta el momento todo hace sospechar que quiere emplear ese recurso para ocultar las explicaciones que debe a los ciudadanos.
Resulta por lo tanto difícil de admitir que alguien así pretenda dar clases de democracia a otros.
El propio Mariano Rajoy, líder del Partido Popular, ha avalado las informaciones del diario El País y contradicho la tesis de Aguirre, que insiste en que todo es una "gran mentira" urdida por ese periódico, a pesar de que se ha visto forzada a crear la comisión investigadora.
La respuesta de Aguirre, cuando le preguntaron sobre el supuesto espionaje, fue la siguiente: "¿Y por qué se cree usted lo que dice ese periódico?". Y tras negarlo todo inicialmente, luego ha adoptado el cinismo de decir que es la víctima de la trama que conocía desde hace dos años. Eso para no hablar de la actitud de bravuconería de su consejero, Juan José Güemes, que sin poseer datos con los que refutar lo publicado por El País, llegó a exigir que el periódico rectificara y pidiera perdón.
Lo que podría parecer un problema que no tiene nada que ver con los cubanos no lo es tal, desde el momento en que se recurre al apoyo y la representación de personajes de esa naturaleza para reclamar, entre otras cosas, la libertad de prensa en Cuba. Porque hay que tener claro que si ha salido a relucir el asunto del espionaje en la Comunidad de Madrid, no es precisamente por la voluntad de Aguirre, cuya actuación y personalidad demuestran que de poder hacerlo se comportaría como una represora similar a los que ella critica.
La fórmula adoptada por la Comunidad de Madrid y el Partido Popular se conoce muy bien en Estados Unidos, y especialmente en Miami, donde el anticastrismo ha servido para encubrir desde la ineficiencia hasta la corrupción. En España, la situación no es diferente.
Fotografía superior: de izquierda a derecha, el miembro de UPyD Mikel Buesa, la escritora cubana Zoé Valdés, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el eurodiputado del PP Jaime Mayor Oreja y el secretario de Relaciones Internacionales del PP, Jorge Moragas, se dejan fotografiar juntos durante la concentración convocada por la Asociación de Iberoamericanos por la Libertad (AIL) y la Asociación Española Cuba en Transición (AECT) con el lema "Cuba: medio siglo sin libertad" ( EFE).
Fotografía izquierda: la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se protege con un paraguas de la nieve que ha caído sobre Madrid, donde ha asistido a la concentración convocada por la Asociación de Iberoamericanos por la Libertad (AIL) y la Asociación Española Cuba en Transición (AECT) con el lema "Cuba: medio siglo sin libertad" (EFE).

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